Entrevista al profesor Antoni Subirà, coautor del informe «Creating an Innovative Europe»
«Europa pierde peso a pasos agigantados»

Todos los años, la Unión Europea pierde peso en el contexto de la economía mundial, con índices de crecimiento estancados y numerosos problemas por resolver, como la innovación. Antoni Subirà considera que todavía existe margen de maniobra para invertir esta tendencia, «pero no disponemos de mucho tiempo».


Europa no innova, a pesar de los buenos propósitos. Las autoridades de la UE, conscientes de la situación, acudieron a un grupo de expertos –Esko Aho, ex primer ministro de Finlandia; Jozef Cornu, vicepresidente ejecutivo de Alcatel Telecom; Luke Georghiou, director general asociado de Investigación de la Manchester Business School; y el profesor Antoni Subirà. Los expertos han analizado y redactado un informe presentado por el comisario de Ciencia e Investigación Janez Potocnik el 13 de marzo en Bruselas, y analizado en el Consejo Europeo de los días 23 y 24 de marzo.

¿Tan mal estamos?
La verdad es que el panorama no es muy alentador. Los miembros de la Unión Europea, con excepciones, innovan poco, su productividad es baja y, además de Estados Unidos, aparecen otros países capaces de competir, como China. Mucha gente cree que en China sólo se fabrica, pero su nivel de innovación está creciendo rápidamente. Como resultado, Europa está perdiendo peso a pasos agigantados. A esta circunstancia hay que añadir que en Europa contamos con el sistema social más avanzado del mundo, que no se podrá mantener si la economía no funciona. No se trata de cambiarlo, sino de hacerlo sostenible, de afrontar las reformas necesarias para que en un futuro sobreviva. Por esta razón, necesitamos mejorar nuestra productividad e impulsar el esfuerzo innovador.

Se habla mucho de innovación, pero cada año perdemos posiciones... ¿Qué está fallando?
Éste es el principal error: se habla mucho de innovación, pero se actúa poco y se fijan mal los objetivos. En el fondo, no se ha realizado un diagnóstico preciso de la situación, por lo que resulta imposible tomar decisiones correctas. Uno de los factores que ha contribuido a perpetuar esta ineficacia es pensar que el problema de la innovación se solucionará únicamente con más gasto. Ciertamente, el gasto en innovación es ínfimo, especialmente si se compara con el apoyo que reciben sectores más tradicionales. El problema se encuentra en que confundimos indicador con objetivo. El objetivo es que las empresas innoven. No se trata de obsesionarse con alcanzar un determinado porcentaje de inversión en innovación. Ése es el indicador, lo que nos ayuda a saber cómo están evolucionando las tendencias. Debemos encontrar explicación a hechos tan preocupantes como los bajos índices de innovación de las empresas y que cuando éstas lo hacen, se vayan de Europa, a Estados Unidos o China.

En el informe señalan que una de las causas que frenan la innovación es la fragmentación del mercado y la escasa demanda de nuevos productos. ¿Qué nos sucede a los consumidores europeos?
Las empresas no encuentran en Europa una masa crítica de mercado que absorba rápidamente los productos innovadores, a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos. Allí, el gobierno federal incentiva la innovación, pero también lo hace el mercado, que la demanda. Además, las empresas que innovan disponen de un mercado mucho más amplio, por lo que la recompensa a la innovación es mayor y llega antes. En Europa existen mercados permeables a los nuevos productos, como el nórdico, pero son mercados pequeños. En Estados Unidos, por ejemplo, las empresas de capital riesgo se especializan por sectores, porque les compensa: cuentan con masa suficiente y, una vez especializados, evalúan mejor los riesgos. En Europa no es así, y la percepción del riesgo es distinta. Por eso nadie se debería extrañar al comprobar que la inversión media de capital riesgo sea en Estados Unidos seis veces mayor que en Europa.

¿Qué factores convierten un teórico mercado único de 450 millones de consumidores en veinticinco mercados distintos?
La fragmentación se produce por diversas causas. Una de ellas es la heterogeneidad de normativas, que complican la vida a los consumidores e impiden a las empresas pensar en una sola Europa en el momento de diseñar nuevos productos o servicios. Se pueden poner muchos ejemplos. Uno muy tonto: los enchufes. Cualquier persona que se mueva por Europa se encontrará con sistemas diferentes cada vez que entre en un país. O los sistemas de peaje automático que se están desarrollando en la actualidad, que son diferentes en cada país...

En este sentido, la Unión Europea puede estimular la innovación definiendo estándares que permitan ampliar la perspectiva de mercado: ya lo hemos conseguido en el caso de la telefonía móvil y funciona, Europa es líder en este sector. Se trata de un buen ejemplo de cómo se pueden y deben hacer las cosas. Se trata, en definitiva, de tomar medidas para unificar el mercado y que éste aprecie las innovaciones. Las Administraciones pueden desarrollar en parte este papel, mediante sus políticas de compras, que deberían de ser más audaces. En la actualidad, las compras públicas son extremadamente conservadoras: sólo se adquieren productos probados y nadie se atreve a apostar por las novedades por el riesgo que supondría fallar.

En el informe señalan algunas áreas de crecimiento...
La situación es crítica, pero existen posibilidades de cambiar la tendencia, sobre todo en algunos sectores. Por este motivo, hemos puesto algunos ejemplos, sin ánimo de ser exhaustivos. Uno de ellos es la sanidad. En Europa tenemos unos sistemas sanitarios avanzados, pero cada país los ha construido de modo diferente. Si se unificaran algunos elementos clave de los distintos sistemas, lograríamos abaratar los costes y mejorar el servicio que ofrecen. Pienso, por ejemplo, en las compras o en los historiales médicos. Si se desarrollaran protocolos de comunicación adecuados, un paciente español que enferme en Alemania podría ser atendido partiendo de su historial médico... Dar este paso supondría también desarrollar una tecnología propia, con importantes consecuencias.

También hablan de los transportes y logística. Es evidente que todavía estamos lejos de conseguir la unificación.
Sí. En Europa, las mercancías en el sistema ferroviario circulan a una velocidad media de 15 kilómetros por hora. Eso quiere decir que el tren pasa mucho tiempo parado. Un lastre, pero también una oportunidad. Lo mismo sucede con las autopistas, de las que ya hemos hablado, y los sistemas de peaje automático, que son todos incompatibles. La gestión del agua, los contenidos digitales... Son algunos ejemplos que dan que pensar, en lugar de obsesionarse con el hito del 3%, que, insisto, es un indicador y no un objetivo.

Sin embargo, existe la intención de incrementar las inversiones en innovación.
Y será tirar el dinero sin resolver el problema. ¿A qué se dedicará? Se absorberá y ya está. Es la consecuencia nefasta de confundir objetivo con indicador. Está claro que debemos invertir, pero debemos asegurarnos que lo hacemos con eficacia.

¿Qué medidas deben tomarse para lograr esta eficacia?
Un campo clave es la investigación. Las Administraciones deben ser muy selectivas con las innovaciones científicas y ser valientes para cortar las inversiones en unidades subestándar. La investigación debe orientarse al mercado, a los usuarios, por eso debe estar en permanente contacto con la industria. Y en la actualidad, la universidad y los centros de investigación frenan esta colaboración. El informe propone fomentar la rotación de los investigadores, para que entren en contacto directo con las empresas. Un investigador no puede pasar toda su carrera encerrado y sin pisar una empresa, protegiéndose tras los muros de su centro de investigación. Todas estas instituciones están orientadas y decididas a proteger su statu quo. Por el contrario, si nos fijamos en Estados Unidos, todas las grandes universidades tienen contratos importantes con la industria. En este aspecto, nos llevan ventaja.

Esta recomendación puede resultar bastante impopular...
Y una decisión difícil de tomar por parte de los políticos. ¡Qué le vamos a hacer! Para eso están. Los líderes políticos deben pensar en el futuro. Europa es rica, sí, pero no podrá mantener su nivel actual si no reacciona. La tentación es cerrar los ojos mientras nos deslizamos por la pendiente y esperar una muerte dulce. Está bien que la gente piense que el Estado no va a permitir que se queden desamparados, pero o se avanza en la dirección de las reformas propuestas o el sistema se derrumbará. Este informe muestra crudamente los desafíos a los que Europa se enfrenta. Subraya la necesidad de que los líderes europeos actúen, y nosotros les damos algunas ideas.


Subir