Resumen del articulo
El mundo actual es muy diferente de
cualquier otro anterior y, seguramente, posterior. Pero
nosotros, los hombres, somos aproximadamente lo mismo que
siempre hemos sido, porque la "materia prima"
no ha cambiado. Por eso, en la naturaleza del hombre, el
ansia de poder continúa siendo uno de los resortes
vitales que actúa con mayor fuerza en el comportamiento
de las personas, de modo que en la actualidad todavía
afecta de modo especial y en sus ámbitos respectivos
a empresarios y directivos. La cuestión crucial no
radica en si el deseo de poder es o no recto y bueno, sino
en cuál es el motivo por el que se desea ser poderoso.
Juan
A. Pérez López escribió una deliciosa
nota titulada “El poder, ¿para qué?”,
en la que planteaba, dentro de su esquema general de las
motivaciones humanas, una triple razón para desear
el poder, que voy a resumir así: para el propio medro,
para el propio goce y para el servicio a los demás
identificados como alguna causa que no se confunda con las
de uno mismo, a pesar de que puedan ser perfectamente legítimas.
Me
he permitido releer el "Julio Cesar" de Shakespeare
e interpretar tres personajes magníficos, enfrentados
los tres a un grave dilema: su admiración y respeto
por la persona de César frente a las maneras dictatoriales
que el emperador había adoptado. Tres personas con
tres actitudes diferentes: Marco Antonio, el joven “político”,
hábil y traicionero; Casio, el complejo urdidor,
agitado y contradictorio, y Marco Bruto, el idealista generoso,
siempre pendiente del bien común.