Resumen
del articulo
¿Es preferible seguir y, en ese caso, qué hay
que hacer? Es difícil seguir... en ese caso, ¿hasta
qué punto es posible vender? Probablemente sea
una de las decisiones más difíciles e importantes
en la carrera de un empresario. El estudio de los procesos
de declive empresarial pone de manifiesto que suele darse
en la dirección una cierta actitud de autoengaño.
Vista de lejos, objetivamente, desde fuera, sorprende que
todo un equipo directivo pueda engañarse durante
años de declive, conviviendo día a día
con variables medibles que reflejan la sistemática
caída.
Para un empresario
es muy difícil considerar la
venta de su empresa de una forma rigurosa y objetiva. Sin
embargo, en muchos casos, la venta de la empresa puede
ser la mejor solución para ésta y para el
empresario. Este artículo no pretende prescribir
a toda costa la venta, pero sí presentar el máximo
número de encrucijadas en las que una acción
potente es necesaria y la venta puede ser la alternativa.
Si la acción potente no ocurre, el resultado es
el inicio de un proceso de declive, con pérdida
de valor en la empresa. Este proceso puede ser irreversible.
Desde una perspectiva
de responsabilidad social, es más
satisfactorio el esfuerzo del emprendedor que se lanza
a crear una nueva empresa que el del empresario que tira
la toalla y vende la suya. Pero cuando una empresa se vende
es porque hay otro empresario (el equipo directivo, otra
empresa) dispuesto a comprarla. Se da el mejor de los mundos:
alguien va a seguir luchando por sacar adelante la compañía
objeto de la transacción y el empresario vendedor
dispondrá del valor creado con su esfuerzo emprendedor
y podrá aplicarlo a otras iniciativas proporcionadas
a sus circunstancias personales en aquel momento. Obviamente,
el peor de los escenarios es aquel en el que la empresa
entra en declive, pierde su valor y acaba cerrando. Todos
los días son noticia empresas que han sufrido ese
proceso.