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Programa de Liderazgo en la Gestión Pública

Un reto superado con nota

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En el campus de Madrid nos encontramos tranquilamente con tres personas: Arnaud de Sury, primer consejero de la Embajada de Francia en Madrid, Ana Torme, diputada y viceportavoz en el Congreso por el Partido Popular, y Antoni Vives, director de la Fundació Ramon Trias Fargas y directivo de Convergència Democràtica de Catalunya.

Los tres tienen una cosa en común: participaron, el curso pasado, en la primera edición del Programa de Liderazgo en la Gestión Pública. En la actualidad, son los tres monitores que ayudan a los participantes de la segunda promoción a entrar en el programa y conocer el método del caso y cualquier otro aspecto referido a su funcionamiento. Mientras en el interior del aula BBVA se desarrolla una sesión dirigida por el profesor Miguel Ángel Ariño –el caso Southwest Airlines–, aprovechamos para charlar un rato con estos dos políticos y el diplomático.

Ana Torme, con un pie en Madrid y otro en Valladolid –provincia por la que fue elegida diputada–, explica –entre llamada y llamada recibida del Congreso– que ella se animó a participar «gracias a un compañero». Al igual que sus compañeros, valoró mucho el método  del caso y la calidad de los profesores del IESE.

Por su parte, Antoni Vives destaca que el programa «te transmite dos o tres parámetros muy útiles para iniciar la diagnosis de una situación, e intentar acercarte a la solución del modo más eficiciente posible. También me ha servido para analizar precisamente la capacidad de otras personas con las que trabajas y ver de qué manera se enfrentan a los problemas. Son algunos parámetros que no obtienes si no pasas por un programa de este tipo».

Antoni agradece la posibilidad de encontrarse en un ambiente distendido con personas de ideologías tan distintas: «No existen tantos foros en los que puedas compartir tanto y con tanta sinceridad», señala. ¿Cómo se ha logrado? Lo explica tal vez quien observándolo "desde fuera" puede tener una visión más "objetiva". Arnaud de Sury señala sin dudarlo que la clave está «en el respeto a la persona, por encima de lo que indique su tarjeta». Por su parte, Antoni Vives añade que el IESE es «una buena escuela para conseguir esto».

Arnaud de Sury explica que su paso por el programa ha sido extremadamente útil  «para comprender el país con mayor profundidad», conociendo a un buen número de personas con responsabilidades públicas.

Para Ana Torme, el programa también es una excelente ocasión «para reflexionar. Todos tenemos a alguna persona a nuestro cargo, por ejemplo, y hoy se está explicando en el programa cómo liderar equipos... También hay sesiones sobre contabilidad, pero no te convierten en un experto en contabilidad. Lo que sí se consigue son las herramientas para entenderla e interpretarla correctamente...».
Y, como en todos los programas del IESE, los participantes son los verdaderos protagonistas, tal como explica Arnaud de Sury: «Los alumnos también aportan de modo directo al desarrollo del programa sus experiencias, que comparten con los demás».

Un programa único

Asistir a una sesión del IESE con caso de por medio es una experiencia única. En este caso, es Miguel Ángel Ariño es el que reparte el juego entre los participantes, extrayendo de sus comentarios las mejores ideas, que a continuación anota en la pizarra. Antonio Núñez, director del programa, señala a algunas personas mientras comenta quién es, qué cargo ocupa, etc., para explicar la variedad de perfiles y el alto nivel de los participantes. En cierta medida, el aula recuerda a un parlamento, pero con diferencias sustanciales: el que dirige la sesión es un profesor, los políticos son los alumnos y no están colocados por grupos.

Llega el descanso y, mientras toman un café, conocemos a otros participantes. Diplomático de carrera, Jorge Domecq estuvo trabajando como jefe de gabinete de Javier Solana –actual responsable de política exterior de la UE– durante su paso por la OTAN. En la actualidad es jefe de la oficina de Gibraltar en el Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación, un cargo que le ha comportado la obligación de asumir trabajo de gestión. «Esta semana he estado tratando con los responsables de Iberia, con los aviación civil y AENA, para tratar sobre los aterrizajes de aviones en Gibraltar; he tratado temas relacionados con las pensiones, con el Ministerio de Trabajo, etc. Hoy, lo que es diplomacia pura es únicamente una parte de mi trabajo cuando nos sentamos con gibraltareños y británicos. Aprender, a mí siempre me ha gustado, y creo que es algo que descuidamos en la Administración española.»

Según Jorge Domecq, una de las claves del programa consiste en que ayuda «a sistematizar muchos conocimientos, que es posible que tengas pero que rentabilizas mucho más con un poco de método».

Interrumpiendo una conversación, logramos también la opinión de Enrique López,  magistrado de la Audiencia Nacional y portavoz del Consejo General del Poder Judicial. Explica que en el IESE ha encontrado «un remanso para reflexionar sobre muchos aspectos sobre los que no puedes pensar durante el día a día». Para este magistrado, los objetivos del curso fueron determinantes para animarse a participar en el programa. «En mi opinión, se trata de estudiar y aplicar criterios de gestión de organizaciones privadas y tratar de trasladarlos a las organizaciones públicas», explica. Enrique López conocía el método del caso porque es el que también se emplea en la Escuela Judicial.

Según este magistrado, con el programa, los participantes pueden «recordar y asumir una serie de valores que en el ámbito político corres el riesgo de ir olvidando. Este tipo de valores, que están al margen de las diferentes ideologías, pueden ser compartidos por todos: el esfuerzo, el sacrificio, la competitividad, pero a la vez, una profunda formación humana, sin olvidar que las organizaciones están compuestas por personas para alcanzar fines que una sola persona no podría alcanzar... En definitiva, valorar a la persona y recordar que en el sector privado y, por supuesto, en el público, todos trabajamos para las personas».

Minutos antes de que los participantes regresen al aula para la última sesión de la jornada, Antonio Núñez nos presenta a Jorge Mijangos, un joven diplomático destinado en la actualidad a la Presidencia dell Gobierno, en la Secretaría General de la Presidencia, con el cargo de consejero técnico.

«Me pareció una buena oportunidad –nos explica–, en una escuela como el IESE, dedicada hasta el momento al sector privado. Del mismo modo como en éste a los directivos se les exige cada vez más, ¿por qué no va a mejorar también la gestión pública si se especializa la gente? Mucha gente concibe la trayectoria en el sector público como el acceso a una plaza de funcionario... No creo que deba ser así. La empresa pública requiere cada vez más de los que formamos parte de ella. Por eso, debemos intentar adaptar las ventajas del sector privado al sector público para ser más eficaces y eliminar uno de los lastres de las Administraciones.»

Jorge Mijangos ha llegado a la conclusión de que los planteamientos de la empresa privada «no son siempre aplicables a la gestión pública, pero eso no quiere decir que no hayan muchas cosas trasladables. En esta última clase, por ejemplo, estábamos hablando de resultados. En la empresa privada serán económicos; en las Administraciones, probablementen serán de otro tipo, pero eso no significa que no debamos intentar alcanzar unos objetivos».

Los participantes regresan al aula y, analizando lo que hemos observado a lo largo de la tarde, llegamos a una conclusión: una vez más, el IESE ha ganado una apuesta que a priori parecía imposible, tan difícil como reunir en un aula a sesenta políticos, sindicalistas, diplomáticos y jueces en un ambiente de máxima cordialidad.

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