Resumen del articulo
Su experiencia como
vicepresidente de Bonnier Business Press le ha enseñado
un par o tres de cosas sobre las prácticas de
negocio más viables: su
editorial, un negocio familiar, lleva ya 200 años
en funcionamiento y se ha convertido en una de las empresas
mediáticas más grandes de Escandinavia. Partiendo
de la publicación de libros, Bonnier ha diversificado
su empresa con revistas, el diario más importante
del país, prensa económica y franquicias
de entretenimiento, entre ellas la cadena de cines más
grande de Suecia.
Bonnier visitó el campus del IESE el 9 de octubre
como ponente principal en la ceremonia de graduación
del Global Executive MBA. Es además miembro del
consejo asesor internacional del IESE. Una de sus funciones
como miembro del consejo es mantenerse al día con
las últimas tendencias empresariales y comunicarlas
a la escuela, al mismo tiempo que ésta se esfuerza
por satisfacer las verdaderas necesidades de los gerentes
de la actualidad.
De su conversación con la Revista del IESE destacamos
los elementos del éxito y la rentabilidad de su
empresa en el transcurso de siete generaciones: innovación
constante, confianza en la marca, valores empresariales
tales como la equidad, la transparencia y la responsabilidad
descentralizada, sin olvidar las ganas de pasárselo
bien.
Cuéntenos cuál es su relación
con el IESE.
Hace dos años que soy miembro del consejo asesor
internacional del IESE. Todo empezó cuando Marian
Puig me preguntó si estaría dispuesto a considerar
ser candidato para el consejo del IESE. Marian es un viejo
amigo que conozco gracias al Family Business Network, una
institución que ha desarrollado una gran actividad
en España. Yo comencé en la delegación
sueca del Family Business Network International y le conocí cuando
ambos éramos miembros del consejo de dicha asociación.
El análisis del negocio familiar como tal es algo
bastante reciente, desarrollado en torno a 1989 por algunos
profesores en Estados Unidos, entre ellos John Ward, de
Kellogg, y John Davis, de Harvard. En Europa, el programa
que lo hizo arrancar fue el de Alden Lank, profesor del
IMD en Suiza. Tras cursar este programa en 1991, me adentré en
el mundo de la empresa familiar. Fue precisamente en este
curso donde nos preguntaron si queríamos formar
una asociación, y así nació Family
Business Network. La primera conferencia contaba con veinte
participantes. En la decimoséptima conferencia mundial,
celebrada en Cannes en septiembre de 2006, contamos con
la participación de 450 personas en representación
de 20 delegaciones. Así que hemos visto mucho crecimiento,
y resulta que yo soy el actual presidente de dicha asociación
internacional.
De forma que fue este
interés en la empresa familiar,
compartido con Marian Puig, lo que me llevó a conocer
el IESE, y posteriormente contribuyó a mi nombramiento
como miembro del consejo del IESE.
En los primeros años de su carrera viajó a
Francia y Noruega. ¿Qué impacto
tuvo en forjar su perspectiva empresarial el vivir y trabajar
en el extranjero?
Para un aspirante a empresario, ésta es sin duda
la lección más valiosa, y mucho más
si se trata de una experiencia en un país donde
no se habla tu idioma y tienes que aprender otra lengua
para sobrevivir. Nuestra empresa surgió cuando un
antepasado se trasladó de Alemania a Dinamarca a
la edad de 20 años, asumió una nueva identidad
y publicó su primer libro a los 24 años.
Tres de sus hijos fueron a vivir a Suecia, a Estocolmo,
donde abrieron una librería y continuaron el negocio
de la editorial.
Después de licenciarme fui a trabajar a Francia
como gerente de marketing. Recuerdo que entonces me parecía
que Francia estaba muy lejos, y que España lo estaba
todavía más. Y ahora mis hijos, sobrinos
y sobrinas van a China a aprender mandarín. De forma
que, como ve, siempre hemos valorado la experiencia en
otros lugares que te permiten construir tu propia plataforma.
Creo que así, de abajo arriba, se aprende mucho.
Pero no todos necesitan viajar: hay quienes adquieren
competencia en su campo al escoger otros tipos de profesiones
dentro del negocio familiar, como el periodismo, por
ejemplo. Lejos de rehusar la integración empresarial de los
miembros de la familia, les acogemos con gusto. Lo más
importante es que de una forma u otra se produzca un desarrollo
personal.
Dicho esto, creo que
los jóvenes que se quedan
en su ciudad con su familia derrochan una oportunidad de
asumir nuevos desafíos y aprender lecciones de su
experiencia.
Sir
Martin Sorrell –entrevista en el número
102 de la Revista– nos explicaba que «la empresa
más difícil de dirigir es una que, como la
nuestra, ha crecido a base de adquisiciones y no de forma
orgánica». Su compañía también
ha crecido gracias a la adquisición de diversos
objetivos mediáticos. ¿Coincide con Sir Martin
Sorrell? ¿Cómo consigue mantener la cohesión?
Sin duda resulta mucho más fácil mantener
la unión de una empresa que ha crecido de forma
orgánica. En la evolución de nuestra compañía,
los años de la segunda guerra mundial y el período
de la posguerra marcaron un momento de alejamiento, en
los que la quinta generación abrió la empresa
a industrias y ramas que no estaban relacionadas de ninguna
manera con el negocio principal. Sirva como ejemplo la
diversificación de inversiones que tuvo lugar en
las industrias de pasta de papel, maquinaria de imprenta
y tinta, como también los sectores del mobiliario,
el embalaje y el transporte.
Más tarde, el negocio familiar se tuvo que deshacer
de este conglomerado industrial. Creo que, en cierta forma,
esta experiencia sirvió para mantener a la familia
unida, ya que para volver a descubrir la esencia de nuestra
empresa original vivimos un conflicto creativo. Volvimos
a concertar nuestros esfuerzos en torno al negocio base
de la empresa, que siempre había sido la especialización
y expansión en el sector editorial, porque eso es
lo que a la familia le gusta, le parece divertido y además
creemos que se nos da bien.
¿Es ésa la progresión natural del
ciclo de crecimiento empresarial: el éxito inicial
seguido por un período de expansión tras
el cual se hace obligatorio tener que reordenar la empresa
en base a las competencias esenciales?
Efectivamente, ésta ha sido nuestra experiencia.
Es necesario podar el árbol. En nuestro caso, llegamos
a este punto después de varias generaciones. Por
lo menos, al ser una empresa familiar, teníamos
limitaciones naturales que regían nuestro ritmo
de expansión. Cuando no puedes financiar tus adquisiciones
con la bolsa, es imposible llevar a cabo todas las que
te gustaría. Te ves obligado a gastar menos y, al
mismo tiempo, ser más inteligente.
Ha explicado en numerosas ocasiones que para garantizar
que la familia y el negocio sigan mano en mano en el futuro
es imprescindible involucrar a la próxima generación. ¿Puede
dar algunos ejemplos de cómo lo está logrando?
Yo procuro que ellos mismos se involucren. Por ejemplo,
ofrecemos seminarios y una asociación que llamamos
Gutkind & Co. –el fundador de la empresa se llamaba
Gutkind–, pensada para propietarios o hijos de propietarios
de entre 16 y 32 años. Las reuniones tienen lugar
como mínimo una vez al año; algunos años
se organiza un evento que dura varios días, y además
tienen lugar varios encuentros invernales. Tienen su propio
comité de dirección, cuyo presidente también
es miembro del comité del Family Foundation. Organizan
diversos proyectos y mantienen un diálogo directo
con la dirección de la empresa, que son los ejecutivos
externos a la familia. Un día pueden escuchar una
presentación de un redactor jefe y al siguiente
trabajar con el grupo de televisión, y muchas otras
cosas. Lo que resulta más importante es que tienen
la oportunidad de conocerse, de respetar las ideas de los
demás y de pasárselo bien en grupo. Si consiguen
llevarse bien cuando son jóvenes, confío
que cuando sean mayores no estén tan interesados
en vender la empresa.
Menciona
la importancia de pasárselo bien. También
ha dicho que una de las claves del éxito es contar
con directivos satisfechos y comprometidos con el producto. ¿Cómo
consigue la satisfacción de sus directivos?
Equidad. Transparencia. La estructura de gobierno debe
ser práctica e imparcial, debe estar en un marco
de legitimidad social –cumplir con las leyes– y
debe mantener una transparencia que le permita tener el
punto de mira en los asuntos importantes. Sobre todo, es
crucial permitir que la dirección –los editores– lleve
a cabo su trabajo con autonomía. Cada editor es
el empresario de su sector y, como tal, debe contar con
el respaldo para poder desarrollar su organización
de la mejor forma, sea cual sea la competencia interna.
La descentralización de la responsabilidad es la
clave.
Una de las innovaciones
más recientes de Bonnier
Group ha sido la creación de periódicos locales
gratuitos en varias ciudades de Suecia. Parece que ésta
es la última tendencia en el mundo del periodismo. ¿Hacia
dónde cree que nos lleva este rumbo?
Las noticias, cada vez más se consiguen de forma
gratuita, así que para poder venderlas, tienen que
ser noticias de carácter especial. Pero aunque sería
legítimo cobrar más por noticias especializadas,
el público no está dispuesto a pagar, ya
que por Internet se puede conseguir de todo sin tener que
pagar nada. Ésta es nuestra competencia.
Lo que resulta interesante
de la prensa gratuita es que la gente que normalmente
no leería un periódico
sí lee un periódico gratuito. Como consecuencia,
hay más y más gente interesada en leer la
prensa. De esta forma, aunque hay menos periódicos
de pago en circulación, en realidad el número
total de ejemplares va en aumento, si consideramos la circulación
total, contando la prensa gratuita. En otras palabras,
hay más gente que está adquiriendo el hábito
de la lectura. Esto me resulta fascinante, porque se está garantizando
el futuro de los libros y la producción de otros
materiales que requieren la lectura.
Hace diez años nos preocupaba que por ver demasiado
la televisión nuestros hijos acabasen con los "ojos
cuadrados". Un día apareció Harry Potter,
y ahora los niños se han aficionado mucho más
a la lectura. De forma que continuamente somos testigos
de la aparición de nuevos lectores, lo que es para
nosotros es una buena noticia.
Hay analistas que alegan
que la prensa gratuita, sumada al conglomerado de propietarios
en el mundo del periodismo, reduce la cantidad de fuentes
independientes de información
y constituye por tanto una amenaza a la diversidad en los
medios de comunicación, a la libertad de expresión
y a la pluralidad
Estoy de acuerdo en que es una observación válida,
aunque no creo que represente una dificultad. Todavía
existe mucha diversidad en los medios de comunicación.
Podemos remontarnos a lo que dije anteriormente en relación
a la descentralización de la responsabilidad. Tomemos
como ejemplo a Rupert Murdoch, que al parecer empieza el
día diciéndoles a sus editores jefe lo que
opina, y su opinión es lo que ese día acaba
plasmándose en las editoriales o en las pantallas
de televisión. Pero la opinión de Murdoch
no es la noticia. Opino que deberíamos trabajar
al revés, hacer todo lo posible para fomentar perspectivas
diversas a través de la responsabilidad descentralizada.
La responsabilidad de crear el contenido de una edición
recae sobre cada editor en particular. Hay que admitir
que el contenido es lo que cuenta. Y si el contenido es
bueno, vende. La creación de este contenido es una
responsabilidad que se deja a la discreción de cada
editor. Así es cómo yo me he enfrentado a
este tema en mi propia empresa.
Otra noticia reciente
es que Bonnier Business Press ha comenzado un importante
proceso de expansión en
Europa del Este. ¿Por qué escogieron esta
región?
Porque, de entrada, hay menos competencia. Hemos desarrollado
desde cero un producto totalmente nuevo en Europa del Este
que llamamos prensa rosa empresarial. Me he involucrado
mucho en este proyecto. Estamos presentes en Rusia, Estonia,
Letonia, Lituania, Polonia, Ucrania, Bulgaria, Croacia
y Eslovenia. La circulación global de Financial
Times es de 400.000 ejemplares, mientras que nosotros,
sólo en estos países, vendemos más
de 300.000 ejemplares al día.
Nuestra expansión a otras áreas del mundo
depende en gran parte del tipo de producto en cada caso.
En Estados Unidos, por ejemplo, no hemos desarrollado un
producto original, sino que nuestro Magazine Group firmó un
acuerdo de adquisición con un socio americano para
publicar revistas especializadas en ese mercado.
En China, la cultura
de los medios de comunicación
es muy diferente, especialmente en su funcionamiento diario.
Nuestro producto requiere cierto nivel de capacidad y los
periodistas tendrían que aprender a ser mucho más
críticos de lo que son. Sería muy difícil
abrirnos camino en China, porque además de las dificultades
típicas, nos veríamos obligados a traducir
toda una cultura.
Sin embargo, en Europa
del Este nos encontramos con desafíos
muy parecidos. En algunos países de la antigua Unión
Soviética permanece la mentalidad de soborno y corrupción,
por lo que no se acaban de fiar de lo que se escribe en
el periódico. También existe la tradición
en esas sociedades de que las noticias provienen del Gobierno,
y por tanto, no son una lectura interesante. Pero al mismo
tiempo, si mantienes un alto nivel periodístico
y cuentas todo lo que sucede, sin meterte siquiera en las
irregularidades ocultas, acabas recibiendo amenazas. De
forma que en algunos de estos países nos enfrentamos
a un enorme reto. Tenemos que invertir mucho tiempo en
la formación de periodistas mejor capacitados.
¿Y este reto
le interesa?
Absolutamente. Me encantaría seguir con Bielorrusia.