En su visita a Kenia en 2005, el profesor Lluís Renart estuvo encantado de poder hacer una visita de campo a una empresa local de alquiler de vehículos. Al fin y al cabo, le habían invitado a la Strathmore Business School de Nairobi para desarrollar algunos estudios de casos prácticos basados en la realidad de las empresas locales, y el viaje le daría un punto de vista del terreno. Pero no estaba preparado para el choque con la realidad que estaba a punto de tener.
«Me había imaginado un lugar en el centro de la ciudad parecida a una oficina de Hertz o Avis, con un ampliio abanico de coches buenos, buena señalización, lo que uno espera encontrar en los Estados Unidos», recuerda.
Pero cuando entró en una nave industrial destartalada, por lo visto desierta, en las afueras de la ciudad, a Renart le dio la ligera impresión de que se trataba de algo muy diferente. «No había ninguna señal. Llamé a la puerta y se abrió con un chirrido. Al no haber ascensor, tuve que utilizar las escaleras. Tras recorrer un pasillo oscuro encontré un par de cubículos. En uno de ellos había un tipo en un escritorio de segunda mano, con un ordenador también de segunda mano. "He venido a visitar la empresa de alquiler de coches", le dije. Y él repuso: "Es esto".»