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Graduación de la XXV promoción del Executive MBA, formato quincenal

Un punto y seguido

Punto y seguido porque dejan las, aulas pero no el IESE. Por primera vez, se ha graduado un grupo del Executive MBA-Q, es decir, pertenecientes al formato quincenal que el IESE lanzó año y medio atrás. Ahora, con los participantes de los dos formatos graduados, la promoción está completa.




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El 13 de julio, el campus del IESE en Madrid acogió el acto de graduación de la primera promoción del Executive MBA en formato quincenal, en el que se graduaron 59 alumnos. Hecho que llevó al profesor Pin a calificar esta promoción de “especial”, ya que además se graduaba la XXV promoción del EMBA. Sin duda, un cúmulo de circunstancias que convirtieron aquella tarde de viernes en un solemne acontecimiento.

Tras recibir sus diplomas de graduados en el IESE, José Ignacio Goirigolzarri, consejero delegado del BBVA, no quiso dejar escapar la ocasión de mostrar su satisfacción por poder apadrinar el acto, «una efeméride tan relevante como la que representan los 25 años». Goirigolzarri centró su discurso en claras reflexiones sobre cómo afecta la realidad empresarial y sus cambios a todos los profesionales de la empresa. Por ello, advirtió que «el cambio ha existido siempre, pero cada vez es más acelerado». Para demostrarlo, expuso un ejemplo ilustrativo: la evolución de la capacidad de almacenamiento de los soportes musicales, para luego afirmar que «el mundo está creciendo de una manera extraordinaria».

Después de demostrar los cambios de los distintos retos empresariales a lo largo de la historia, como la cadena de valores, Goirigolzarri advirtió: «Toda esta situación supone un entorno de grandes retos, grandes oportunidades, especialmente para las empresas españolas de tamaño medio, lo que se convierte en una gran noticia».

A continuación, el consejero delegado del BBVA se refirió a la importancia que tienen todos estos cambios para la persona. Reconoció que si éstos «tienen un fuerte impacto en la definición estratégica empresarial», lo tienen también, y más si cabe, en las formas de dirección y comportamiento de las personas que trabajan en las empresas, lo que provoca que «los patrones de comportamiento personal cambien». Y dio todavía más importancia al papel de la persona en la empresa, al constatar que «las empresas que triunfan son las compuestas por los mejores equipos, los más compactos, los más alineados y motivados». Pero para ello, recordó que es esencial que la empresa «debe presentarse como un proyecto atractivo en el que las personas sientan que pueden aportar porque sus aportaciones son escuchadas y valoradas».

Para finalizar, Goirigolzarri se refirió a un tema muy importante, y complejo: el del liderazgo. Afirmó que «en la vida real, un proyecto de este tipo requiere dosis masivas de liderazgo a lo largo de toda la organización», y reconoció creer «en los liderazgos institucionales, en los que la organización sea un semillero de líderes». El consejero delegado del BBVA finalizó su intervención asegurando que la principal contribución que se puede hacer por una empresa para la que se trabaja es «contribuir a la creación de un proyecto atractivo y una realidad ilusionante para la gente».

No podían faltar las palabras del profesor Pin, director del EMBA, que echó un vistazo atrás para recordar los “dieciocho meses de torbellino y esfuerzo” en el que la meta del IESE era ayudar a los alumnos a realizar «una transformación en la manera de enfrentarse a los problemas de la vida profesional y, también, la personal y familiar».

Después de esta mirada rápida al pasado reciente, el profesor Pin calificó al EMBA como «un programa transformador, en el que no se trata sólo de añadir comentarios», sino de transformar a los alumnos «en personas reflexivas y analíticas, capaces de captar la realidad en todas sus dimensiones». Además de los criterios financieros, contables o comerciales que el IESE haya podido aportar a sus alumnos, el profesor Pin afirmó que lo que realmente esta escuela quiere transmitir son «criterios de integridad, de la capacidad de equilibrar la vida profesional, personal y familiar; y el de dar sentido generoso al quehacer». En definitiva, en «mejores personas, lo que consiste en buscar el bien de los demás».

Seguidamente, el profesor Pin habló de la «competición», es decir, de «competir para ser los mejores, sin dejar, a la vez, de cooperar con los demás». Una idea que el IESE ha intentado y seguirá intentado transmitir a cada unos de sus alumnos. Y el director del EMBA añadió que lo importante de ser los mejores es ?beneficiar a los demás.

Para que los graduados no se acomoden, el profesor Pin advirtió que «no todo está hecho, porque el proceso transformador que ha supuesto el Executive MBA es sólo un paso más», ya que deben seguir este proceso de transformación, sobre todo para no defraudar a todos aquellos que han confiado en ellos. Les recordó que son «la esperanza de muchos».

Por su parte, Jordi Canals, director general del IESE, realizó un repaso a la importancia que ha tenido la empresa durante el siglo XX: «Ha impulsado el proceso de crecimiento económico más importante de la historia de la humanidad, ha permitido salir de la pobreza a millones de personas, ha promovido la creación continua de puestos de trabajo y se ha convertido en un motor de la formación y del conocimiento». Pero recordó que todo ello no habría sido posible sin la figura del empresario y del alto directivo, a menudo criticada, por «los conflictos de intereses, el oportunismo y, en algunos casos, una conducta delictiva».

Canals expuso las claves del buen empresario, como «tener un buen conocimiento de las funciones básicas de una empresa y saber operar en ellas, trabajar con personas, vender, organizar y gestionar los recursos económicos y tecnológicos». También aseguró que, aunque las capacidades son indispensables, son insuficientes; ya que un empresario «debe saber, y debe saber hacer».

Uno de los consejos más importantes que dio Jordi Canals fue: «sin conocimiento propio, no hay dominio de sí; sin auto dominio, no hay mejora, y sin esfuerzo por mejorar no cabe intentar que otros mejoren». Es decir, que uno debe gobernarse a sí mismo antes que intentar gobernar, porque es «el dominio de sí lo que impulsa a servir a los otros». Sólo con este “espíritu de servicio”, el empresario podrá gozar del «respeto o la confianza de los colaboradores de los clientes». Y esto es lo que ha intentado el IESE, recordó el profesor Canals, formar excelentes profesionales de la dirección «que aspiren no sólo a lograr éxitos tangibles, sino también a servir», que es lo que necesita la sociedad hoy más que nunca.

Lo que ha aportado el IESE a los alumnos del EMBA es a «redescubrirse un poco más y a saciar la inquietud por aprender», afirmó con rotundidad el presidente del EMBA-Q, Antonio Peco. Durante su discurso, hizo un repaso divertido de las experiencias y curiosidades vividas durante un año y medio, para concluir que «hemos contribuido, con la ayuda de nuestro profesores, a redescubrirnos un poco más y a saciar la inquietud que nos trajo a esta casa, la inquietud por aprender». Y no dudó en reconocer que después del paso por el EMBA-Q, la más beneficiada es «nuestra libertad», a la vez que se van «impregnados de humanidad».
Peco recordó a todos los alumnos «que hay vida después de esta graduación y aún queda todo por hacer». Y les animó a que luchen toda la vida para hacerse imprescindibles y que cada uno «siga alimentando la inquietud por aprender».

   
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