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Investigar a través de los casos

Los casos no sólo son un método pedagógico, también pueden emplearse como método de investigación cualitativa (Research Case). «Contribuyen a generar nuevos conocimientos científicos, especialmente en un contexto de descubrimiento y exploración conceptual», asegura el profesor Lluís G. Renart, y «son muy útiles en la fase inicial del proceso de investigación, en especial si hay poca bibliografía sobre el tema». El profesor Renart es un apasionado del método del caso. Ha escrito muchos a lo largo de su carrera académica, y cinco de ellos han recibido la distinción de la European Foundation of Management Development (EFMD).

En primer lugar, «es muy importante definir el fenómeno que se desea analizar y limitar el ámbito de estudio de forma muy rigurosa». Entonces se hace un muestreo de conveniencia y se escogen diversos casos, cuyo análisis permitirá conocer mejor el fenómeno y observar las regularidades y discrepancias, establecer factores de éxito y de fracaso. «Es un proceso largo –puntualiza-; y es importante que el redactor sea neutral y no incluya juicios de valor ni falsee la realidad.» A partir de las conclusiones obtenidas, se pueden enunciar proposiciones «sino universales, de aplicación en un gran número de casos», añade. Después, estas hipótesis pueden verificarse mediante un proceso estadístico, pero esto ya no formaría parte del caso en sí mismo.

Para escribir casos es imprescindible la participación de las empresas, que también pueden beneficiarse del proceso de redacción. Para lograr su colaboración, hay dos factores clave. El primero es «no engañar nunca; escribir un caso requiere tiempo y dedicación», advierte el profesor Renart; el segundo es que «el redactor debe ofrecer el compromiso incondicional de confidencialidad total, asegurar que hasta que no se tenga el permiso por escrito de la empresa, no se publicará nada».

Las motivaciones de la compañía para aceptar el reto son diversas. Pueden hacerlo por razones altruistas. O porque busquen «reflexionar sobre una situación concreta, sistematizarla y llegar a comprenderla mejor», explica Lluís G. Renart, siempre entendiendo que «los investigadores no están haciendo de consultores». En esto coincide Niko Muñoz (MBA’ 96), que escribió con el profesor Renart el caso “The Metro Group position in RFID in June 2005”, y asegura que «en el ajetreado mundo actual en el que lo urgente muchas veces quita tiempo a lo importante, la redacción de un caso es la disculpa perfecta para parar, ver, pensar y sacar conclusiones sobre el pasado». Ramón Añaños (PDD ‘95), que colaboró en la redacción del caso Imaginarium, explica que «me sirvió para conocer mejor mi empresa, profundizando en áreas funcionales ajenas a las mías». Gary Andrew Lewis (MBA ‘93), que redactó el caso de Chupa Chups Vending, reconoce que «el tener que explicarle lo que sucedió a una tercera persona te obliga a tener los conceptos muy claros y te ayuda a comprender mejor la situación».

Además, cuando se presenta el caso en clase, se invita a la empresa a asistir a la sesión y tienen la oportunidad de escuchar las opiniones de otros directivos y conocer otros puntos de vista. «Y si el proyecto sigue vivo, te ayuda a orientarlo hacia el futuro», asegura Lewis. Y los beneficios no acaban aquí. Protagonizar un caso puede ser sinónimo de prestigio, en especial si lo que se reproduce es una situación de éxito, genera conocimiento de marca y ofrece una cierta notoriedad. Añaños coincide con estas ventajas y añade otra: el networking, «gracias al contacto personal directo con el equipo investigador, con la propia escuela y con directivos y alumnos que participan en sesiones en las que se imparte el caso». Además, si el material se acaba reproduciendo en un libro, como le sucedió a Lewis, la notoriedad de marca se multiplica.

 


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