Qué es mejor: ¿montar una ONG o invertir en las existentes?
Lo importante es sentirse apelado a construir un mundo mejor, a contribuir a paliar una situación injusta o de precariedad. Puede que creando una ONG o sumándose a una, pero esto es secundario. Todas las fórmulas bien llevadas y realizadas con sinceridad y con ánimo de contribuir son buenas.
¿Qué motivos llevan a un directivo a colaborar con una ONG?
Existe una escala de motivaciones que van desde las más íntimas y sentimentales a las meramente instrumentales y ligadas a la moda. Algunas personas pueden haber vivido en su familia o en su entorno una situación de carencia y desean contribuir a paliarla. Otros consideran que la colaboración con una ONG es un factor de cohesión para la empresa, con los colaboradores y los trabajadores. Se trata de facilitar que los miembros de la empresa tengan una opción más de expresar su solidaridad.
Por último, también podríamos hablar de otros motivos más extrínsecos, como por ejemplo los beneficios en términos de imagen. Pero estos últimos son más frágiles y a la larga no dan la credibilidad que otorga el hacer estas colaboraciones de una manera genuina.
¿De qué manera se involucran los directivos en una ONG?
En primer lugar, prestando su tiempo y sus conocimientos. Y, en segundo lugar, involucrando a su empresa de diversas maneras: con aportaciones dinerarias, sería la más sencilla; haciendo que los miembros de la empresa reciban información y se puedan sentir motivados a colaborar en las ONG; cediendo, por ejemplo, parte de su logística y capacidad excedente, o canalizando a través de los instrumentos de comunicación y distribución de una empresa los mensajes y materiales de una ONG. Es decir, hay fórmulas muy diversas.
¿Cuáles son las principales restricciones que encuentran actualmente las ONG cuando piden colaboración a las empresas?
Para mí, existen tres muy importantes. Una es que existe una gran demanda por parte de muchas ONG y todas vamos a pedir a las mismas puertas; dos, que las empresas están formalizando y priorizando a qué se dedican y a qué no, y la tercera, es que a las ONG se nos pide que presentemos las cosas muy bien hechas.
Esto implica que ¿estamos ante un proceso de profesionalización de estas entidades?
Por suerte, hoy en día, la mayoría de las ONG han adquirido unos altos niveles de profesionalidad y rigor en lo que a su actividad de proyección hacia el público se refiere, equiparable al de las empresas. Pero en el caso de las ONG, la contraprestación no es material, lo único que das es intangible, la satisfacción de haber colaborado en algo, das tranquilidad de conciencia, información, satisfacción personal, prestigio... Por ello, es vital que las personas que gestionan una ONG sean profesionales y aporten talento tanto desde el punto de vista de gestión como de creatividad, de la ejecución de los programas, de detección de necesidades, de proyección a la sociedad. Y, como en cualquier otra empresa, nuestro gran reto es conseguir talento y retenerlo.
¿Qué otros retos se afrontan al gestionar una ONG?
En una empresa, la medida del éxito es una cuenta de resultados económica positiva sostenida en el tiempo, aunque no es la única. En una ONG se ha de considerar tanto la cuenta de resultados económica como la no económica adquirida con las Administraciones Públicas, con los que se quiere servir, con los que quieren colaborar... Es decir, también se ha de saber gestionar y tener un balance positivo de credibilidad, de adhesión de los voluntarios, de los donantes, de los patrocinadores, etc. Una ONG tiene una complejidad muy particular que no sólo requiere de voluntariado, sino también de profesionalidad, mucha dedicación y mucho talento, igual que necesita una empresa.
¿Qué es lo más difícil?
Lo más difícil de la gestión de una ONG es elegir lo que no se hace, como denominaba Peter Druker el organized abandonment. Esto implica que hemos de transformar las buenas intenciones en algo tangible, en algo que realmente implique el cambio. A ello se une también otro aspecto difícil de la gestión, que es el rigor en la prestación de servicios. Las ONG deberíamos ser excelentes en esto. La calidad de servicio y la gestión de tiempos y de expectativas son fundamentales. Por tanto, además de las finanzas y la contabilidad hemos de saber hacer tangibles las cosas y de manera impecable. No por ser una ONG hemos de ser menos rigurosos. No se ha de confundir voluntarismo con falta de rigor. Las ONG hemos de trabajar finísimo, porque estamos usando recursos que alguien nos ha confiado.
¿Cómo dar seguridad a las personas y empresas que deciden colaborar con una ONG?
La única manera de dar cuenta es dar información y, evidentemente, cumplir todos los trámites que requieren las entidades fiscales y civiles. En el caso de nuestra Fundación, por ejemplo, aportamos información escrita y personal a los donantes, les explicamos qué hacemos con su dinero, les informamos periódicamente, les enviamos nuestras memorias, tienen información en la web... Las ONG respondemos delante de nuestros donantes y de nuestros beneficiarios y delante de la legislación fiscal y civil que nos regula.
Y por último, personalmente, ¿qué le aporta trabajar en una ONG?
Igual que el IESE, las ONG somos entidades de servicio cuya finalidad es mejorar la vida de las personas. Esto no nos hace ni mejores ni peores personas que las que trabajan en otros sectores. Por tanto, para mí es muy satisfactorio pensar que mi trabajo puede llegar a influir positivamente en la vida de otro. Es un privilegio. Pero los empresarios también han de sentirse muy orgullosos de crear y mantener puestos de trabajo, ya que esto es la gran aportación social. Sin empresas que creen riqueza no hay riqueza que distribuir ni que ofrecer a los demás.