Akihiro Kasai cuenta que muchos japoneses
van a Estados Unidos para hacer
el MBA. Pero cuando su banco, Bankof Tokyo-Mitsubishi, le ofreció una
beca para cursar el suyo, prefirió conocer
de primera mano la cultura empresarial
europea. Al graduarse, en 1995, el
banco rentabilizó rápidamente la inversión.
Le enviaron a Londres, donde pronto
fue nombrado director de proyectos
estratégicos, primero para Reino Unido
y luego para toda Europa, del proyecto
de implantación de la nueva plataforma
informática global de la entidad bancaria.
De vuelta a Tokio, Kasai sigue supervisando
la implantación informática en la
división global de operaciones y sistemas
de información. El Bank of Tokyo-Mitsubishi tiene más de 30.000 empleados
en más de 40 países y forma parte
del Mitsubishi UFJ Financial Group, la
décima institución financiera del mundo
por capitalización bursátil (105.400 illones
de dólares).
A pesar del ya legendario largo horario
laboral japonés, Kasai saca tiempo
para coordinar la Agrupación Territorial
de Antiguos Alumnos del IESE en Japón,
creada hace cuatro años. Como tal, tuvo
un papel destacado en la celebración del
50 aniversario del IESE celebrado en Tokio
el pasado mes de abril (ver página 108).
En estos momentos hay 53 Antiguos
Alumnos del IESE viviendo y trabajando
en Japón, pero cuando estaba haciendo
su MBA había muy pocos. ¿Por qué
escogió el IESE?
El banco me dio la beca con la condición
de que escogiera una escuela de primera
fila. El IESE tenía una muy buena
reputación en formación de directivos y,
por tanto, encajaba. A ello se unió que
un compañero del banco había estudiado
allí y la empresa tenía muy buenas
referencias.
Muchos japoneses prefieren ir a escuelas
en Estados Unidos, pero yo veía muchísimo
potencial de crecimiento en Europa, y
me pareció realmente importante conocer
el mercado europeo y su cultura empresarial.
A nivel global, las tres áreas de negocios
más importantes son Estados Unidos,
Europa y Asia. Muchos japoneses piensan
sólo en América, pero Europa también es
un área clave, y no muchos japoneses tienen
la oportunidad de conocer su entorno
empresarial.
La tercera razón fue puramente cultural,
quería aprender español y pensé que me
resultaría útil.
¿Cuáles fueron las lecciones más valiosas
del MBA?
Como es lógico, adquirí muchos conocimientos
prácticos, como finanzas y dirección
general, que son muy importantes
para cualquiera que trabaje en el sector
bancario. También aprendí a resolver
problemas en un entorno internacional.
Nunca había estado en un entorno así,
con gente de tantos países debatiendo los
casos y resolviendo problemas, compartiendo
conocimientos y experiencias locales.
Para mí fue algo nuevo e interesante.
En el IESE aprendí mucho sobre la forma
de pensar de los europeos y del trabajo
en equipo, en especial la importancia de
la colaboración y la comunicación. Al trabajar
en equipo para resolver los casos,
me di cuenta de que la forma de pensar
asiática no es la única posible. Al analizar
los casos desde otra perspectiva, con las
aportaciones de gente de otras culturas
y con otras formas de pensar, vi que la
respuesta correcta no era necesariamente
la más evidente.
También me di cuenta de lo importante
que es aquí la familia, ya que mucha
gente, especialmente mis compañeros
de clase, me preguntaban siempre por
ella, algo no muy común en las empresas
japonesas.
¿Qué hiciste después de tu MBA?
El banco me envió a Londres y estuve
allí hasta 2004, un total de nueve años.
Nuestros tres hijos nacieron allí, mi hija
Eri, de 11 años, y mis hijos Hiroki y Yuta,
de 8 y 6 años, respectivamente.
En Londres trabajé en varios departamentos,
como tesorería y gestión de riesgos,
antes de pasarme al proyecto de implantación
de la nueva estructura informática
a nivel europeo. Tras completar la primera
fase del proyecto en Reino Unido
en 2003, volvimos a Japón y empecé a
trabajar en la segunda fase para el resto
de países europeos. Ahora estamos en la
tercera fase, que incluye España y Bélgica
y que debería estar acabada a finales de
noviembre.
Es un proyecto enorme que cambia la
estructura informática por completo. Al
ser un banco tan grande había muchos
sistemas distintos y había que tener una
gran plataforma única y al mismo tiempo
incrementar la funcionalidad y la creación
de información para toma de decisiones.
Me imagino que no fue fácil.
¿Cuáles
fueron los mayores desafíos del proyecto
y cómo aplicaste las habilidades desarrolladas
durante el MBA?
El sistema fue desarrollado en Tokio, y los
europeos a veces no estaban de acuerdo
con nuestras ideas, y allí he tenido
que usar mi experiencia en resolución
de problemas. Mis conocimientos culturales
han sido muy útiles, convenciendo
a otros, por ejemplo, de la necesidad de
seguir directrices concretas.
Desde el punto de vista de gestión de
proyectos, hay que tener en cuenta las
limitaciones (es decir, tiempo, dinero y
calidad), los resultados deseados y los
factores de riesgo. Intentamos escuchar
las opiniones de todos, pero hay que
encontrar un equilibrio entre eso y la
necesidad de acabar el proyecto a tiempo.
Si hiciéramos todo lo que nos piden
los equipos locales costaría muchísimo
más dinero, complicaría el proyecto y
retrasaría los plazos.
Intento negociar para que todo el mundo
entienda en qué dirección quiere ir el
banco y para conseguir el apoyo de todos
y hacer que acepten un término medio.
La idea es utilizar esta plataforma de
forma global para servicio al cliente y
seguridad, y como interfaz. Aparte de
ajustarnos a los requerimientos de cada
normativa local, no queremos añadir funcionalidades
distintas para cada país.
¿Tienes algún consejo para Antiguos
Alumnos del IESE que estén pensando
visitar Japón?
Aunque sólo estén 24 horas, lo más
importante es que contacten con algún
Antiguo Alumno, que les ayudará e
incluso les puede llevar a ver algún sitio
turístico o a comer sushi. Por otro lado,
también nos gustaría que vinieran profesores
aprovechando sus visitas a China
(estamos a un paso de Shanghai), para
poder organizar más eventos.