Este es un número especial de la Revista del IESE.
Lo hemos escrito, para conmemorar el 50 aniversario
de la institución, los profesores que estamos
en activo, tenemos más de 60 años y llevamos
más de 30 en ella. Entre todos, pues, sumamos
varios cientos de años en la casa. Nos ha parecido
que con ello podríamos contribuir a recordar y mantener
el espíritu que la inspiró desde el primer momento y, a la
vez, podríamos en alguna medida actualizar su mensaje.
Hemos tratado de reflejar lo que nos ha parecido relevante
de nuestra experiencia. En algún caso, en términos del
objeto de las enseñanzas de la institución y su evolución; en
otros, en términos de la historia; en otros, una mezcla de
las dos cosas. Pienso, como coordinador de este número,
que no nos ha salido del todo mal, y que el lector puede
encontrar aquí bastante de lo que el IESE ha ido predicando
a lo largo de los años, sigue predicando hoy y espero que
siga predicando en el futuro. A la vez, e inevitablemente,
le vendemos al lector algo de nostalgia, que estamos seguros
que los Antiguos, principalmente los de los primeros años,
compartirán con nosotros.
Los contenidos de los artículos que componen este especial
no son, pues, en absoluto homogéneos ni en su tema, ni
en su planteamiento, ni en su desarrollo, sino que más bien
responden a las diferentes personalidades de los que hemos
participado. Como es lógico, por otra parte. Afortunadamente,
somos distintos, tenemos habilidades distintas y nos
sale a cada uno lo que nos sale. Pero la coherencia de fondo
está garantizada, que era lo que pretendíamos al lanzar este
número. En parte, porque compartimos en su momento y
seguimos compartiendo hoy inquietudes y ambiciones en la
enseñanza y en la investigación. En parte, porque hemos tratado
de orientarlo en esta dirección. Y yo, como coordinador
del número, tengo que agradecer infinito a mis colegas el
entusiasmo que le han puesto a esta tarea. ¡Qué fácil ha sido
coordinar este número! El 100% ha colaborado, la inmensa
mayoría ha entregado los originales mucho antes de la fecha
límite, a pesar de las cargadas agendas que todos conocemos.
Esto ha permitido que la secuencia corregir – sugerir – animar – reorientar fuera sencilla, breve y placentera. Ningún mérito
por mi parte, pues. Aunque conste como coordinador, la
verdad es que esto se ha coordinado prácticamente solo y yono hubiera hecho ninguna falta, excepto porque quizá pueda
haber algún error, que será, por consiguiente, enteramente
culpa mía por no haberme dado cuenta.
Quisiera, en esta introducción, referirme en primer lugar al
mérito que tuvo en su momento iniciar una aventura como la
del IESE cuando el management estaba tan poco de moda que
ni siquiera se sabía qué significaba la palabra. En el mundo
universitario oficial español relacionado con la economía,
incluso hubo alguna expresión de menosprecio con respecto
a lo que se enseñaba aquí. Un conocido catedrático, por
ejemplo, calificó a la institución como “la Academia Cots para
hijos de papá”1. Otro conocido catedrático aludió a lo que se
impartía de su materia en el IESE como una “vulgarización de
conceptos elementales para semianalfabetos”.
ECONOMÍA Y MANAGEMENT
Antonio Valero, el primer director del IESE, que era catedrático
de Economía en la Escuela de Ingenieros de Terrassa, insistía
siempre en que lo que hacíamos en el IESE era algo completamente
diferente de la economía convencional que se enseñaba
en las facultades. Tratábamos de acercarnos a los problemas
del mundo real y de ayudar a los directivos a resolverlos, lo que
para empezar significa que los problemas económicos son un
pequeño subconjunto de los problemas reales. La economía,
considerada por muchos la reina de las ciencias sociales, es una
disciplina organizada, con un cuerpo teórico bastante desarrollado,
y en algunas partes, un grado de formalización y una
elegancia altísimos. El management era más modesto, menos
estructurado, pero de mucho mayor impacto en la vida diaria
de millones de personas y motor de cualquier movimiento económico.
El desarrollo español no se comprende sin el desarrollo
del management, en el que el IESE puede reclamar un papel de
primera magnitud.
De hecho, muy poco tiempo después de su fundación, el IESE
estaba teniendo ya un claro impacto en la práctica de la dirección
en su entorno inmediato, que entonces era Barcelona,
esencialmente. Algunos de los que llevamos años en la casa
hemos comentado algunas veces cómo, cuando a finales de
los sesenta y principios de los setenta ibas a una empresa por
razones de investigación o de consultoría, se notaba si alguien
de la empresa había pasado por el IESE o no. En parte, por la
existencia de un lenguaje común, cuya creación es una tarea
mucho más importante de lo que normalmente reconocemos:
sin lenguaje común no nos entendemos.
En parte, por la
manera de analizar los problemas y por conocimientos específicos.
Y por muchas otras cosas de las que sería imposible hacer
una lista exhaustiva.
El impacto del IESE, muy desde el principio, no se limitó a
España. El IESE tuvo una vocación internacional ya desde los
inicios, y ayudó y contribuyó en diferentes aspectos en la
creación de diversas escuelas, primero en la América de habla
hispana y después ya en otros países. El IPADE de México, el
IAE de Buenos Aires, el PAD de Lima/Piura, el IEEM de Montevideo,
el IDE de Ecuador, el Inalde de Bogotá, el ISE de
São Paulo, el ESE de Santiago de Chile, la Lagos Business
School de Nigeria, la Strathmore Business School en Kenia,
el Tayasal de Guatemala y la School of Management de la
Universidad de Asia y el Pacífico, de Filipinas, son testigos
de esta vocación internacional del IESE.
Los vientos intelectuales soplaron favorables. Si hay alguna
disciplina que haya tenido éxito en los últimos años, tanto
en la teoría como en la práctica (como en la enseñanza, cabe
añadir), ésta es sin duda el management. Curiosamente, no
tenemos en español ni un buen nombre para ella. Personalmente,
la falta de nombre la tengo resuelta desde hace años.
Le llamo siempre management y me quedo tan tranquilo. Odio
los anglicismos como el que más y trato de evitarlos, pero es
que, de hecho, management es una palabra de raíz latina
aunque la hayamos importado del mundo anglosajón. Viene
del italiano maneggiare e indica, como ninguna otra palabra,
la visión de conjunto que debería presidir el concepto en lugar
de muchas visiones estrechas al uso, a las que después me
referiré. Por esta razón uso esta palabra y la usaré aquí sin
comillas sin ningún rubor.
El problema fundamental del management no tiene que ver
con el nombre, sino con el contenido. Hay concepciones de él bastante distintas, incluso incompatibles. Algunas, de cierta
raíz ideológica; otras, se distinguen entre ellas por la idea
básica de qué es o qué no es una ciencia y si el management
lo es o no. Otras, en el concepto de persona humana y en sus
consecuencias prácticas. Otras, en el tipo de análisis y soluciones
que se aplican. Resulta entonces por lo menos curioso que
el éxito que decíamos, reflejado por ejemplo en el número
de peticiones de alumnos que han intentado entrar a la universidad
española para cursar estudios relacionados con ella
(incluyendo por supuesto la citada licenciatura, pero también
la diplomatura en empresariales, la ingeniería de organización,
la diplomatura de relaciones laborales, etc.; y a nivel
posgraduado, la hoy ingente cantidad de títulos máster que
se imparten) sea bastante indiscriminado. Los alumnos suelen
apuntarse a esos estudios sin tener una idea muy clara de cuál
es el contenido, ni qué distingue una escuela o facultad de
otra, excepto quizá su fama o en qué número están en algún
tipo de rankings. Y en cambio, la verdad es que detrás de
expresiones parecidas o incluso idénticas se suelen esconder
realidades muy distintas.
CÓMO EMPEZÓ TODO
Si hacemos un pequeño recorrido histórico por nuestras latitudes,
en España, la introducción al management moderno
se produjo a través de IESE y ESADE. En el acaso del IESE
fue esencialmente a través de programas posgraduados y
en el otro de una licenciatura; y que en ambos casos resulta
extraordinariamente meritorio el haberse avanzado a lo que
después ha sido el lanzamiento a tumba abierta de docenas
de instituciones, públicas y privadas, sobre la disciplina. Cierto,
hay que reconocer que con anterioridad, las antiguas Escuelas
de Comercio (que se convirtieron después en Escuelas Universitarias
de Ciencias Empresariales) habían desarrollado
una meritoria labor en muchos terrenos (la contabilidad, por
ejemplo) que había ayudado a la mejora de la gestión. Pero
lo que se enseñaba en ellas no se parecía demasiado a lo que
justo empezaba a estar en boga en el mundo, que era lo que
para entendernos podemos llamar “la concepción norteamericana”.
A mediados de los años cincuenta no había business
schools de tipo americano no sólo en España, sino tampoco
en Europa. Incluso un autor muy conocido de la época, Jean-
Jacques Servan-Schreiber, en su libro “Le défi americain”,
atribuía su existencia en Estados Unidos a la ventaja de la
economía americana sobre la europea. Y en este contexto se
produce el nacimiento del IESE, del que conmemoramos el 50
aniversario.
La concepción norteamericana no era, a pesar de todo, una
concepción uniforme y monolítica. Diferentes escuelas tenían
puntos de partida distintos y sus enseñanzas podían llegar
a ser de naturaleza sustancialmente diferente. Con algunos
rasgos comunes para la generalidad de las escuelas de notable
importancia, sin embargo, como pueden ser el pragmatismo
que suele atribuirse a Estados Unidos o el perfeccionismo y
el espíritu de trabajo que también forman parte de sus características,
pero con diferencias sustanciales en contenidos,
métodos y concepciones. La Harvard Business School, la
mayor y más conocida, tenía como método fundamental el
del caso, tanto en investigación como en docencia, aunque los
expertos de esta universidad hayan dejado muy claro que los
casos docentes y los casos de investigación son dos cosas muy
distintas. En el otro extremo, la escuela de la Universidad de
Chicago tenía la economía como disciplina de base, lo que
hacía que el enfoque de sus enseñanzas fuera notablemente
distinto. El artículo que viene a continuación analizará los diferentes
conceptos de esta disciplina en el contexto de algunas
controversias actuales.
El IESE, como es de todos sabido, se situó mucho más cerca de
la primera que de la segunda, pero con algunos rasgos de personalidad
propia que son el objetivo principal de este número
especial de la Revista. Sería bueno que muchas de aquellas
ideas iniciales, que siguen teniendo validez hoy, siguieran
teniendo la influencia que tuvieron en su momento.