EL IESE EN EL MUNDO DE LA DIRECCIÓN DE EMPRESAS



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Prof. Josep M. Rosanas, profesor del IESE y coordinador de este número especial de la Revista


Este es un número especial de la Revista del IESE. Lo hemos escrito, para conmemorar el 50 aniversario de la institución, los profesores que estamos en activo, tenemos más de 60 años y llevamos más de 30 en ella. Entre todos, pues, sumamos varios cientos de años en la casa. Nos ha parecido que con ello podríamos contribuir a recordar y mantener el espíritu que la inspiró desde el primer momento y, a la vez, podríamos en alguna medida actualizar su mensaje.
Hemos tratado de reflejar lo que nos ha parecido relevante de nuestra experiencia. En algún caso, en términos del objeto de las enseñanzas de la institución y su evolución; en otros, en términos de la historia; en otros, una mezcla de las dos cosas. Pienso, como coordinador de este número, que no nos ha salido del todo mal, y que el lector puede encontrar aquí bastante de lo que el IESE ha ido predicando a lo largo de los años, sigue predicando hoy y espero que siga predicando en el futuro. A la vez, e inevitablemente, le vendemos al lector algo de nostalgia, que estamos seguros que los Antiguos, principalmente los de los primeros años, compartirán con nosotros.

Los contenidos de los artículos que componen este especial no son, pues, en absoluto homogéneos ni en su tema, ni en su planteamiento, ni en su desarrollo, sino que más bien responden a las diferentes personalidades de los que hemos participado. Como es lógico, por otra parte. Afortunadamente, somos distintos, tenemos habilidades distintas y nos sale a cada uno lo que nos sale. Pero la coherencia de fondo está garantizada, que era lo que pretendíamos al lanzar este número. En parte, porque compartimos en su momento y seguimos compartiendo hoy inquietudes y ambiciones en la enseñanza y en la investigación. En parte, porque hemos tratado de orientarlo en esta dirección. Y yo, como coordinador del número, tengo que agradecer infinito a mis colegas el entusiasmo que le han puesto a esta tarea. ¡Qué fácil ha sido coordinar este número! El 100% ha colaborado, la inmensa mayoría ha entregado los originales mucho antes de la fecha límite, a pesar de las cargadas agendas que todos conocemos.

Esto ha permitido que la secuencia corregir – sugerir – animar – reorientar fuera sencilla, breve y placentera. Ningún mérito por mi parte, pues. Aunque conste como coordinador, la verdad es que esto se ha coordinado prácticamente solo y yono hubiera hecho ninguna falta, excepto porque quizá pueda haber algún error, que será, por consiguiente, enteramente culpa mía por no haberme dado cuenta.
Quisiera, en esta introducción, referirme en primer lugar al mérito que tuvo en su momento iniciar una aventura como la del IESE cuando el management estaba tan poco de moda que ni siquiera se sabía qué significaba la palabra. En el mundo universitario oficial español relacionado con la economía, incluso hubo alguna expresión de menosprecio con respecto a lo que se enseñaba aquí. Un conocido catedrático, por ejemplo, calificó a la institución como “la Academia Cots para hijos de papá”1. Otro conocido catedrático aludió a lo que se impartía de su materia en el IESE como una “vulgarización de conceptos elementales para semianalfabetos”.

ECONOMÍA Y MANAGEMENT

Antonio Valero, el primer director del IESE, que era catedrático de Economía en la Escuela de Ingenieros de Terrassa, insistía siempre en que lo que hacíamos en el IESE era algo completamente diferente de la economía convencional que se enseñaba en las facultades. Tratábamos de acercarnos a los problemas del mundo real y de ayudar a los directivos a resolverlos, lo que para empezar significa que los problemas económicos son un pequeño subconjunto de los problemas reales. La economía, considerada por muchos la reina de las ciencias sociales, es una disciplina organizada, con un cuerpo teórico bastante desarrollado, y en algunas partes, un grado de formalización y una elegancia altísimos. El management era más modesto, menos estructurado, pero de mucho mayor impacto en la vida diaria de millones de personas y motor de cualquier movimiento económico.

El desarrollo español no se comprende sin el desarrollo del management, en el que el IESE puede reclamar un papel de primera magnitud.

De hecho, muy poco tiempo después de su fundación, el IESE estaba teniendo ya un claro impacto en la práctica de la dirección en su entorno inmediato, que entonces era Barcelona, esencialmente. Algunos de los que llevamos años en la casa hemos comentado algunas veces cómo, cuando a finales de los sesenta y principios de los setenta ibas a una empresa por razones de investigación o de consultoría, se notaba si alguien de la empresa había pasado por el IESE o no. En parte, por la existencia de un lenguaje común, cuya creación es una tarea mucho más importante de lo que normalmente reconocemos: sin lenguaje común no nos entendemos.

En parte, por la manera de analizar los problemas y por conocimientos específicos. Y por muchas otras cosas de las que sería imposible hacer una lista exhaustiva. El impacto del IESE, muy desde el principio, no se limitó a España. El IESE tuvo una vocación internacional ya desde los inicios, y ayudó y contribuyó en diferentes aspectos en la creación de diversas escuelas, primero en la América de habla hispana y después ya en otros países. El IPADE de México, el IAE de Buenos Aires, el PAD de Lima/Piura, el IEEM de Montevideo, el IDE de Ecuador, el Inalde de Bogotá, el ISE de São Paulo, el ESE de Santiago de Chile, la Lagos Business School de Nigeria, la Strathmore Business School en Kenia, el Tayasal de Guatemala y la School of Management de la Universidad de Asia y el Pacífico, de Filipinas, son testigos de esta vocación internacional del IESE.

Los vientos intelectuales soplaron favorables. Si hay alguna disciplina que haya tenido éxito en los últimos años, tanto en la teoría como en la práctica (como en la enseñanza, cabe añadir), ésta es sin duda el management. Curiosamente, no tenemos en español ni un buen nombre para ella. Personalmente, la falta de nombre la tengo resuelta desde hace años.

Le llamo siempre management y me quedo tan tranquilo. Odio los anglicismos como el que más y trato de evitarlos, pero es que, de hecho, management es una palabra de raíz latina aunque la hayamos importado del mundo anglosajón. Viene del italiano maneggiare e indica, como ninguna otra palabra, la visión de conjunto que debería presidir el concepto en lugar de muchas visiones estrechas al uso, a las que después me referiré. Por esta razón uso esta palabra y la usaré aquí sin comillas sin ningún rubor.

El problema fundamental del management no tiene que ver con el nombre, sino con el contenido. Hay concepciones de él bastante distintas, incluso incompatibles. Algunas, de cierta raíz ideológica; otras, se distinguen entre ellas por la idea básica de qué es o qué no es una ciencia y si el management lo es o no. Otras, en el concepto de persona humana y en sus consecuencias prácticas. Otras, en el tipo de análisis y soluciones que se aplican. Resulta entonces por lo menos curioso que el éxito que decíamos, reflejado por ejemplo en el número de peticiones de alumnos que han intentado entrar a la universidad española para cursar estudios relacionados con ella (incluyendo por supuesto la citada licenciatura, pero también la diplomatura en empresariales, la ingeniería de organización, la diplomatura de relaciones laborales, etc.; y a nivel posgraduado, la hoy ingente cantidad de títulos máster que se imparten) sea bastante indiscriminado. Los alumnos suelen apuntarse a esos estudios sin tener una idea muy clara de cuál es el contenido, ni qué distingue una escuela o facultad de otra, excepto quizá su fama o en qué número están en algún tipo de rankings. Y en cambio, la verdad es que detrás de expresiones parecidas o incluso idénticas se suelen esconder realidades muy distintas.

CÓMO EMPEZÓ TODO


Si hacemos un pequeño recorrido histórico por nuestras latitudes, en España, la introducción al management moderno se produjo a través de IESE y ESADE. En el acaso del IESE fue esencialmente a través de programas posgraduados y en el otro de una licenciatura; y que en ambos casos resulta extraordinariamente meritorio el haberse avanzado a lo que después ha sido el lanzamiento a tumba abierta de docenas de instituciones, públicas y privadas, sobre la disciplina. Cierto, hay que reconocer que con anterioridad, las antiguas Escuelas de Comercio (que se convirtieron después en Escuelas Universitarias de Ciencias Empresariales) habían desarrollado una meritoria labor en muchos terrenos (la contabilidad, por ejemplo) que había ayudado a la mejora de la gestión. Pero lo que se enseñaba en ellas no se parecía demasiado a lo que justo empezaba a estar en boga en el mundo, que era lo que para entendernos podemos llamar “la concepción norteamericana”.

A mediados de los años cincuenta no había business schools de tipo americano no sólo en España, sino tampoco en Europa. Incluso un autor muy conocido de la época, Jean- Jacques Servan-Schreiber, en su libro “Le défi americain”, atribuía su existencia en Estados Unidos a la ventaja de la economía americana sobre la europea. Y en este contexto se produce el nacimiento del IESE, del que conmemoramos el 50 aniversario.

La concepción norteamericana no era, a pesar de todo, una concepción uniforme y monolítica. Diferentes escuelas tenían puntos de partida distintos y sus enseñanzas podían llegar a ser de naturaleza sustancialmente diferente. Con algunos rasgos comunes para la generalidad de las escuelas de notable importancia, sin embargo, como pueden ser el pragmatismo que suele atribuirse a Estados Unidos o el perfeccionismo y el espíritu de trabajo que también forman parte de sus características, pero con diferencias sustanciales en contenidos, métodos y concepciones. La Harvard Business School, la mayor y más conocida, tenía como método fundamental el del caso, tanto en investigación como en docencia, aunque los expertos de esta universidad hayan dejado muy claro que los casos docentes y los casos de investigación son dos cosas muy distintas. En el otro extremo, la escuela de la Universidad de Chicago tenía la economía como disciplina de base, lo que hacía que el enfoque de sus enseñanzas fuera notablemente distinto. El artículo que viene a continuación analizará los diferentes conceptos de esta disciplina en el contexto de algunas controversias actuales.

El IESE, como es de todos sabido, se situó mucho más cerca de la primera que de la segunda, pero con algunos rasgos de personalidad propia que son el objetivo principal de este número especial de la Revista. Sería bueno que muchas de aquellas ideas iniciales, que siguen teniendo validez hoy, siguieran teniendo la influencia que tuvieron en su momento.


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