“Las personas no nos reinventamos porque tampoco nos ‘inventamos’; nos desarrollamos, nos adaptamos o nos descubrimos”, aclara Luis Manuel Calleja, profesor del IESE. Las empresas también necesitan una puesta al día continua.En este reportaje reflexionamos sobre los motivos que llevan a una empresa y a una persona a plantearse nuevos horizontes.
Henry Ford dijo una vez que si hubiera hecho caso de sus clientessolo habría inventado un coche de caballos más veloz. “Las empresas tienen que pensar sistemáticamente en su futuro”, destaca el profesor del IESE Mike Rosenberg. Comenta que no poder predecirlo no es excusa para no intentarlo y sentencia que “no pensar en el futuro es una garantía de que cuando llegue estarás en el lugar equivocado”.
Por su parte, la profesora del IESE Beatriz Muñoz-Seca coincide con Mike Rosenberg en la importancia de adelantarse a los cambios del contexto y tener iniciativa. “Si esperas que sea el entorno el que te reinvente, siempre vas a la zaga y eso te impide ser proactivamente eficiente”, aclara. Las empresas han de renovar el modelo de eficiencia, repensar la forma de hacer las cosas y conseguir que los trabajadores se sientan parte de la organización.
Reclama también ir más allá del corto plazo, porque “con la obsesión actual por reducir costes, se está olvidando que la reducción de costes no lleva a la eficiencia, pero la eficiencia conduce a la reducción de costes”. Una nueva forma de hacer las cosas obliga a replantear los modelos de relación interna de la empresa. “En las empresas hemos de conseguir que el cerebro de obra haga lo que tú quieres que haga, y que eso sea lo que lo que ellos quieren hacer”, explica la profesora Muñoz-Seca, “hay que olvidarse de controlar, no es eficiente ni sostenible”.
Otra forma de ponerse al día las empresas es reinventando su modelo de negocio, es decir, repensando su mercado objetivo (a quién venden), cuál es su propuesta de valor (qué venden) y cómo ganar dinero vendiendo esa propuesta de valor al mercado objetivo, explica el profesor Philip Moscoso. Señala, a su vez, que los cambios suelen estar motivados por la necesidad.
Cuando Nokia vio que cada vez había más volumen de negocio pero menos margen, decidió apostar por los servicios y ofrecer aplicaciones y mapas inteligentes para el móvil. A veces, son los propios clientes los que obligan a la empresa a cambiar. El Grupo TATA es un buen ejemplo de este tipo de adaptación. En otras ocasiones, la reinvención puede venir forzada por el contexto: cambios en la regulación, aparición de nuevas tecnologías… El “Just in time” que Toyota desarrolló en los años setenta surgió para dar respuesta a las transformaciones del entorno. En realidad, la reinvención no depende tanto de la genialidad de una persona como de contar con mecanismos capaces de detectar estos tres tipos de cambios, apunta el profesor Moscoso.
La mayoría de las modificaciones significativas suelen estar provocadas por situaciones de crisis, porque “cuando las cosas van bien es difícil cambiar”, explica el profesor Juan Roure. Sin embargo, tras pasar una etapa crítica, muchas empresas llevan a cabo una identificación sistemática de oportunidades a todos los niveles de forma periódica. “Con este objetivo”, añade, “algunas organizaciones obligan a sus colaboradores a cambiar de puesto de trabajo cada dos años, para evitar que se acomoden y animarles a emprender dentro de la empresa”. El intrapreneurship demuestra que emprender no siempre es sinónimo de irse a otra compañía.
Emprender es una actitud
No hay que confundir tener espíritu emprendedor con ser joven y crear una empresa. “Todos deberíamos ser emprendedores, cada uno a su manera”, asegura Luis Manuel Calleja, profesor de Dirección Estratégica. Explica que ese espíritu es necesario para todo, desde organizar un concierto hasta ayudar al necesitado, porque “emprender es una actitud de vida –añade el profesor Roure– y no tiene edad”.
Se trata de entender la reinvención como una actitud personal. “Reinventar las cosas en tu ámbito de actividad de forma constante”, explica la profesora M. Julia Prats. Añade, además que la actitud proactiva de un buen directivo debería ser ir un paso por delante de su actividad diaria, y para ello es primordial tomarse el tiempo necesario para reflexionar.
Se puede emprender a los cuarenta o decidir cambiar el rumbo de la trayectoria profesional y probar en nuevos ámbitos. Pasarse al tercer sector o a la política, dedicarse al arte, o hacer lo mismo que se hacía hasta el momento pero variando la relación con la empresa, por ejemplo, asociándose por proyectos con otros profesionales. Es lo que se conoce como segunda carrera, y “puede consistir en redescubrirse o en sobrevivir”, según el profesor Calleja.
El profesional se plantea su segunda carrera profesional cada vez más pronto, fruto de la insatisfacción o del desajuste entre capacidades y gustos. Y dado que cada vez vivimos más años y con mejor calidad de vida, hay personas que incluso pueden llegar a vivir una tercera carrera profesional.
Formarse para el cambio
“No es fácil preparar a la gente para el cambio”, reconoce el profesor Evgeny Kaganer, que ha redefinido su trayectoria profesional varias veces. De hecho, estudió medicina pero actualmente enseña tecnología en el programa MBA.
Asegura el profesor Kaganer que el ambiente internacional del IESE, donde conviven diversas culturas y ninguna prevalece, es una buena forma de que los estudiantes aprendan a convivir con la diversidad y a aceptar que la incertidumbre forma parte de la vida.
El profesor Christoph Zott considera que todos deberíamos estar preparados para alteraciones significativas en nuestra vida profesional. Explica también que en el futuro será habitual cambiar de empresa y de lugar de residencia por cuestiones de trabajo. “Las empresas modifican sus estrategias y cuando esto sucede, sus trabajadores también han de modificarlas, o la compañía deberá buscar nuevos profesionales que respondan a esas nuevas necesidades”, aclara por su parte el profesor Bruno Cassiman. La idea de un trabajo para toda la vida forma parte del pasado.
“La clave está en descubrir quiénes somos, qué podemos hacer y hacerlo”, asegura el Luis Manuel Calleja. Recomienda “no limitarse a analizar la trayectoria y centrarse en lo que somos”. Se trata de encontrase a uno mismo y averiguar cuál podría ser nuestra misión en la vida. Tradicionalmente a esto se le llamaba “encontrar la vocación”. ¿Alguien se imagina a Mozart haciendo negocios o a Steven Spielberg en un archivo clasificando papeles?
Cambiar la trayectoria profesional de forma significativa siempre es un reto, pero es mayor a medida que aumenta la edad, cuando se pasa de asalariado a trabajador independiente o emprendedor, y cuando se vive una situación crítica en el entorno, como podría ser la pérdida de un puesto de trabajo.
Lo importante, explica el profesor Juan Roure, es adoptar una actitud proactiva. “Cada minuto de tu vida estás construyendo tu futuro”, asegura. Sin olvidar que es necesario prepararse. Hay que ir desarrollando capacidades, adquiriendo experiencia, aprendiendo, formándose, reciclándose. También es importante tener una red de contactos (networking), formar parte de asociaciones, relacionarse con otros profesionales… Todo esto se puede gestionar, aunque a veces se piense que depende solo de la suerte y el azar, que también influye.
Además, a lo largo de este trayecto profesional y personal, cada uno de nosotros va dejando una huella, que puede ser consciente y trabajada o totalmente espontánea. Es la marca personal. Jordi Collell (PDD ‘92), fundador de Soymimarca, recomienda aprovechar este activo y trabajarlo. “Todo profesional, lo quiera o no, deja huella, así que no tiene sentido que la tenga fuera de su control”, explica. Trabajar la propia marca implica tres pasos básicos: (1) el autoconocimiento, que permite definir lo que queremos, (2) preparar una estrategia –la hoja de ruta a seguir– para darnos a conocer, y (3) tener visibilidad, porque “si no nos ven, no existimos”, asegura Collell.
Todo cambio es una oportunidad
“Para relanzar nuestra vida profesional lo primero que hay que hacer es llegar a la conclusión de que ya no somos felices en el trabajo que realizamos y que no podemos posponer la decisión por más tiempo”, explica Carlos Alonso (PDD ‘96), fundador de CA Grupo de Comunicación y autor del libro Reinventarse profesionalmente. A partir de ese momento, el conocerse a uno mismo y conocer la dirección hacia la que avanza el mercado son claves.
Aunque iniciar una nueva aventura profesional no siempre es sinónimo de dejar de trabajar por cuenta ajena. José María Corbí (PDD’04) lo hace en una empresa por las mañanas y, por las tardes, se dedica a su pasión: el marketing digital. Con este espíritu creó 130 Caracteres, de la que es socio director. Asegura que “reinventarse es tener la posibilidad y la valentía de hacer aquello que te gusta y lanzarlo al mercado”.
A la hora de reflexionar sobre la propia trayectoria profesional hay que tener en cuenta la dimensión profesional, pero también la familiar y el desarrollo personal de cada uno, apunta Juan Roure. Reconoce que es difícil equilibrar todas estas dimensiones en todo momento, por lo que recomienda buscar el equilibrio en conjunto, a lo largo de la vida.
Un criterio importantísimo a tener en cuenta a la hora de reinventarse, añade Luis Manuel Calleja, es saber desechar lo insuficientemente atractivo, todo aquello que no encaje como anillo al dedo con las capacidades y circunstancias personales de cada uno. Y recuerda que “lo profesional no es lo más importante ni lo único en la vida”.
Por su parte, Mike Rosenberg advierte de que “no cuenta tanto el resultado como el viaje”. Lo ideal sería “dar con aquello que te apasiona”, aunque sin dejar de ser realistas. Por ejemplo, es difícil cambiar de trabajo, de sector y de país al mismo tiempo, pero se puede ir cambiando poco a poco. Y a veces, añade, la pasión compensa la falta de experiencia.
Sin embargo, muchas veces la reinvención no es una elección personal, sino que viene impuesta por un factor externo, como un despido. En estos casos, “no podemos ni deberíamos querer borrar lo anterior que hemos vivido, porque todo ello nos sirve como punto de partida. Valorar lo que has aprendido te permite construir de una forma más eficaz. “El ver rémoras en el pasado es una forma de ponerse límites”, explica la profesora M. Julia Prats.
Para valorar este bagaje, la profesora propone hacer una autorreflexión sobre lo que se ha hecho anteriormente, a dos niveles: sobre conocimientos, tanto a nivel profesional como personal y, lo más importante, sobre habilidades: qué capacidades se han desarrollado y se pueden trasladar a otros contextos. Se trata, en definitiva, de mirar en nuestra caja de herramientas para ver qué hay y cómo podemos aprovecharlo.
Decía Confucio que no hay nada tan constante como el cambio. Ante esta realidad, ¿quieres ser protagonista o espectador?, se pregunta el profesor Cosimo Chiesa en su último libro, que lleva por título precisamente esta disyuntiva. En sus páginas nos invita a tomar las riendas de nuestra vida y nos anima a transformar las situaciones adversas en oportunidades. Explica que es posible reinventarse tras un suceso dramático y que siempre se puede salir reforzado. “Tú eres el responsable de decidir qué hacer con lo que te sucede”, afirma el profesor Chiesa.