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Iniciativas con impacto social


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¿Qué resultados esperamos obtener de nuestra empresa? Beneficios. ¿Solo? Devolver a la sociedad parte de lo que nos ha dado ya está en la agenda de muchos empresarios y directivos. La Responsabilidad Social Corporativa es algo más que palabras. La dificultad empieza en la implementación: ¿cómo hacerlo? o ¿cómo hacerlo mejor? Fundaciones y ONG andan un paso por delante. Estas son algunas historias protagonizadas por Alumni del IESE que invierten todo su “saber hacer” en proyectos que construyen un mundo mejor. 

Desarrollar proyectos sociales es positivo para cualquier empresa porque genera una energía contagiosa en todo el equipo”, explica Antonio González Barros (PADE ‘01) presidente del Grupo Intercom. El año pasado pusieron en marcha la iniciativa “Micro Business Angels”, que consiste en invertir en emprendedores en países en desarrollo que necesitan capital para iniciar su sueño: crear su empresa y crear empleo. Actualmente han invertido en cinco empresas de Camerún, Brasil y Perú, y este año esperan llegar a diez.

De hecho, se trata de un proyecto a largo plazo: “lo invertido y los beneficios que se generen serán reinvertidos indefinidamente en nuevos proyectos similares”, asegura González Barros. Además, tienen previsto compartir públicamente todo lo que aprendan durante el proceso, para ayudar a quienes deseen invertir en estos países.

Otra iniciativa en la que González Barros tiene puestas grandes expectativas es en Teaming, un proyecto que han desarrollado conjuntamente con la consultora Everis. Creado por Jil van Eyle en 1998, Teaming se basa en una idea sencilla: animar a los empleados de cualquier empresa a que donen voluntariamente un euro al mes de su nómina al proyecto social que ellos mismos decidan. Actualmente, ya hay mil empresas de cuarenta países “haciendo Teaming”, como por ejemplo Volkswagen. Es una cantidad simbólica, pero la suma de estos pequeños gestos ya supera los 200.000 euros al mes. Además, el dinero donado se destina íntegramente a causas sociales y no se cobran comisiones, gracias a la colaboración de Banca Cívica y de otras entidades que se van sumando a la iniciativa.

La idea de aprovechar Internet para que Teaming pueda llegar a las fundaciones y a cualquier persona interesada surgió de forma natural en el Grupo Intercom. De momento, la versión online del proyecto solo está disponible en España, pero está previsto ir incorporando paulatinamente más países, ya que gracias a Internet estas microdonaciones podrán llegar a todo el mundo.

Jan Levy (MBA ‘01): Three Hands

Three Hands también pone en contacto empresas y ONG con el objetivo de producir un impacto positivo en la sociedad, explica su director general,  Jan Levy.

¿Hay algo que pueda motivar más a un grupo de trabajadores que enfrentarse a un reto real? Eso mismo se preguntó el fundador de Three Hands. En el 2003, pusieron en marcha el primer programa, el Children’s Hospital Playbox Challenge, en colaboración con Pfizer y la ONG Action for Sick Children, de Escocia, cuyo objetivo es hacer más agradable la estancia de los niños en los hospitales a través del juego.

Para desdramatizar la estancia hospitalaria, les daban unas cajas, las Playbox, que incluyen disfraces de enfermeros, ambulancias de juguete, libros… El equipo de ventas de Pfizer tenía cinco días para conseguir el dinero suficiente para fabricar más cajas de juegos y repartirlas por los hospitales. El resultado no pudo ser más positivo: consiguieron el triple del dinero que se habían propuesto y pudieron llevar las Playboxes a veintitrés hospitales y dar visibilidad al proyecto a través de los medios de comunicación.

Con esta iniciativa, los trabajadores de Pfizer fortalecieron sus vínculos y desarrollaron nuevas competencias para trabajar en equipo y perseguir un objetivo común; los niños enfermos pudieron disfrutar de nuevos juegos y compartirlos con sus compañeros; y la ONG consiguió dinero para seguir trabajando. Los tres pilares de Three Hands salieron beneficiados: empresas, personas y comunidades. Desde entonces, han trabajado con otras empresas en el Reino Unido, como Sky, O2, Guardian News, Danone, Fujitsu…

Levy quería trabajar en el mundo de la empresa, pero también lograr un impacto positivo, y está convencido de que con Three Hands puede tener “lo mejor” de estos dos campos.

La contribución social de la dirección de empresa

Estos son solo unos ejemplos de que la formación que estos empresarios y directivos recibieron en el IESE les ayudó a ir más allá, entendiendo más profundamente la contribución social que se puede realizar desde la direción de una empresa y su responsabilidad en el progreso de la sociedad.

Sin duda, el éxito a largo plazo de la empresa y el desarrollo de las personas que trabajan en la misma ya es una responsabilidad en sí pero siempre se puede aportar algo más y allí entran en juego las ONG, las fundaciones o las inversiones con impacto social. Varios antiguos alumnos han aceptado el reto de gestionarlas.

Alejandro Díaz Garreta (EMBA ‘98): Fundación Teléfonica

El enfoque social no está reñido con el mundo de la empresa. En Telefónica lo saben muy bien. En 1998 decidieron poner en marcha la Fundación Telefónica para articular la acción social y cultural de todas sus empresas. “Es importante garantizar que todos los proyectos que llevamos a cabo estén alineados con la estrategia que hemos definido”, asegura Alejandro Díaz Garreta, que como director de la Oficina de Gestión de Programas de Fundación Telefónica, se encarga de este cometido.

La actividad de la Fundación se centra en facilitar el acceso al conocimiento al mayor número de personas posible, a través de la intervención social directa, y de la generación y gestión de este conocimiento. Está presente en veinte países y en todos ellos, Díaz-Garreta destaca “la pasión y sensibilidad social que muestran las personas que trabajan en ella”, rasgos que, asegura, son comunes en todos aquellos que colaboran con fundaciones.

Aunque existen diferencias entre este tipo de entidades y las empresas, señala que tienen un punto de conexión: ambas necesitan directivos que han de gestionar personas y recursos, y que están obligados a tomar decisiones cada día.

Pedro A. Fábregas (PDG ‘78): Fundación Gas Natural Fenosa

La formación directiva es útil para los dos ámbitos, aunque las escuelas de dirección deberían prestar más atención a los requerimientos específicos del tercer sector, que “demanda una formación más especializada”, explica Pedro A. Fábregas, director general de la Fundación Gas Natural Fenosa.

“En la gestión de una fundación hay elementos comunes con la empresa, como la necesidad de una visión estratégica, la orientación a resultados, o la eficiencia y la eficacia de las actuaciones. Sin embargo, al no perseguir beneficios deben desarrollarse otros mecanismos alternativos para poder controlar los resultados”. En este contexto, la transparencia y el buen gobierno cobran mayor relevancia, dice Fábregas. Consciente de ello, la Fundación Gas Natural Fenosa puso en marcha el pasado diciembre un Código de Buen Gobierno.

Esta fundación nació en 1992 como un instrumento orientado a mejorar la interlocución con la sociedad, en los ámbitos de la energía y el medio ambiente, y de preservar la historia de la compañía, de casi 170 años. Con estos objetivos, organizan regularmente seminarios sobre ambos temas, cuentan con un Centro de Formación de la Energía que prepara a profesionales para la industria del gas y la electricidad –tanto a nivel nacional como internacional– y acaban de inaugurar el Museo del Gas, donde se presentan el pasado y el futuro del sector energético y su relación con el medio ambiente. “Trabajar en una fundación tiene un plus adicional de nuevo humanismo, gracias a las aportaciones que hacen a la sociedad este tipo de organizaciones”, concluye Fábregas.

Carlos Hornstein: Global Play

Nelson Mandela afirma que “la educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”, y esta es, en parte, la esencia que describe a la mayoría de las organizaciones sin ánimo de lucro. Y es el caso de la Fundación Global Play, que considera que la clave para lograr un futuro mejor para los niños y niñas de África subsahariana pasa por una buena educación. Fieles a esta misión, dotan a escuelas públicas en medios rurales de infraestructuras, proveen materiales varios e implementan programas sociales (formación en gestión informática, alfabetización, asistencia médica, actividades extraescolares) para crear un entorno educativo mejor y sostenible. Carlos P. Hornstein es el fundador y presidente de la Fundación y director asociado del Departamento de International Executive Education del IESE. En su opinión, compaginar las dos tareas requiere “mucha autodisciplina, buena gestión del tiempo y una alta motivación”, pero asegura que el esfuerzo “merece la pena”. Hornstein cree que “toda empresa debería desarrollar políticas de RSC y poner al alcance de la sociedad las capacidades y competencias, tanto de la compañía como de las personas que la forman”.

Laura Castán (PDG ‘09): Fundación Codespa

Por su parte, Laura Castán coincide con Hornstein en que “las empresas pueden dotar de mayor significado el trabajo de los empleados a través de la RSC” y concretamente con los programas de voluntariado corporativo. Fundación CODESPA, de la que es presidenta, ofrece esta posibilidad. El voluntariado corporativo consiste en que los trabajadores de una empresa realicen una actividad voluntaria con fines sociales, con el apoyo de la organización para la que trabajan, que es la que impulsa la iniciativa. El 96% de las empresas que han puesto en marcha una iniciativa de este tipo la valoran como satisfactoria o excelente, según el “Informe de voluntariado corporativo en España 2010”, realizado por el profesor del IESE Sandalio Gómez. “En la mayoría de los casos, las empresas manifiestan que los programas de voluntariado se traducen en una mejora de la imagen corporativa, una mayor motivación y sentido de pertenencia a esta y en un mayor rendimiento de los trabajadores”.

Fundación CODESPA es una ONG, de cooperación internacional que trabaja en dieciseis países. Su principal objetivo es reducir la pobreza a través del desarrollo económico y social. Ofrece una oportunidad a las personas más desfavorecidas para que, a través de su propio trabajo y de una formación profesional, tengan la posibilidad de desarrollar sus capacidades y hacerse cargo de su propia prosperidad, de la de sus familias y de sus comunidades. “No damos el pescado, enseñamos a pescar y no solo eso, les apoyamos para que compren la caña y les enseñamos para que vendan el pescado”, explica Castán.

Un ejemplo: en Vietnam detectaron la baja productividad de las cosechas de arroz –la única fuente de ingresos de millones de familias– porque las lluvias se llevaban el fertilizante que utilizaban. CODESPA estudió la situación y diseñaron una máquina capaz de producir el fertilizante idóneo, pero había que crear también la oferta y la demanda. Para ello, incentivaron la  creación de microempresas que produjeran y distribuyeran el fertilizante y, para darlo a conocer, pusieron en marcha una campaña de sensibilización, en colaboración con la Unión de Mujeres del Partido Comunista. El resultado es que 50.000 familias han aplicado el nuevo fertilizante, incrementando la productividad de sus fincas hasta un 30% y se han creado cientos de microempresas, gracias a este proyecto financiado por la AECID y Ebro Foods.

La inquietud de Castán empezó cuando estuvo trabajando una década en el área de banca corporativa de Citibank. Siempre le llamó la atención “el gran desequilibrio que existía entre los datos macroeconómicos y el porcentaje de población que representaban a nivel mundial”. Entró en contacto con Fundación CODESPA en el 2009 y poco a poco se fue involucrando, hasta hoy. “Saber que tu trabajo busca contribuir a algo muy valioso motiva enormemente”, asegura.

Antoni García Prat (PDG ‘86): Fundación Josep Carreras

Para Antoni García Prat también es “una gran satisfacción ver que tu trabajo puede aliviar el dolor de otros”. Es el gerente de la Fundación Josep Carreras, que lucha contra la leucemia. Desde allí gestionan el Registro de Donantes de Médula Ósea, financian proyectos de investigación y prestan servicios sociales a pacientes y familias con escasos recursos económicos. Además de estar presentes en España, tienen sedes en Estados Unidos, Suiza y Alemania.

García Prat se especializó en administración de servicios sanitarios en Harvard y siempre ha trabajado en este sector. Insiste en que toda empresa cumple con la responsabilidad social esencial de crear riqueza, empleo y progreso para todos. “Sin ellas, no hay bien común ni tercer sector, ni justicia social”. Pero puntualiza que en una fundación no hay solo una cuenta de resultados económica, sino muchas más: la de la credibilidad y la confianza, la del impacto social, la de la sensibilización y el desarrollo de personas, etc.

Asegura que todo lo que aprendió y sigue aprendiendo en el IESE, donde es profesor extraordinario del área de Contabilidad y Control, es “enormemente útil” en su trabajo y que además le ha ayudado a mejorar como persona

Antoni Sansalvadó (PDG ‘72): Banc dels Aliments

El concepto de “Banco de los Alimentos” nace en Arizona en 1966 de la mano de John van Engel, para aprovechar los excedentes de alimentos que eran perfectamente comestibles, pero no comercializables. Dos décadas después, en 1987, se funda el Banc dels Aliments en Barcelona, el primero del estado. “La nuestra es una empresa al revés, los clientes vienen sin buscarlos (las entidades benéficas que reparten los alimentos entre los necesitados) y en cambio los proveedores hay que convencerlos de que nuestra fundación actúa con rigor  y eficacia”, comenta Antoni Sansalvadó, presidente de la Fundación Banc dels Aliments.  Quien también aclara que cada vez son más las empresas que se contagian de esta solidaridad y entusiasmo por el proyecto, y que al hacerlo consiguen, además, una desgravación fiscal importante.  Actualmente, la Fundación trabaja con más de 312 entidades benéficas que atienden a unas 120.000 personas.

Juan Carlos Vázquez-Dodero: Fundación Amigos de Rimkieta (FAR)

A veces los proyectos de ayuda se focalizan en una zona concreta, en una población o incluso en un barrio, este es el caso de la Fundación Amigos de Rimkieta. Su misión es contribuir al desarrollo económico y social del barrio de Rim-kieta en Ouagadougou, capital de Burkina Faso, uno de los seis países con peor  HDI (Índice de Desarrollo Humano) del mundo. Su presidente y fundador, el profesor del IESE Juan Carlos Vázquez-Dodero explica  que “con solo cuarenta empleados locales y una europea al frente hemos contribuido a la mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, en especial de las mujeres y niños. Nos hemos centrado en aspectos básicos y fundamentales como la educación, la alimentación y la sanidad, así como a la promoción social y profesional de la mujer. Todo ello con una filosofía de acción basada en una mentalidad completamente empresarial para la implantación de soluciones acordes a la realidad social, cultural y medioambiental de la zona”. La Fundación opera  siguiendo el principio de “un euro aquí, un euro en Burkina”, es decir, el 100% de los donativos van a los proyectos de Burkina sin que se gaste ni un euro en administración de la Fundación cuyo coste total es asumido por los patronos.

Luis Boza (PDG ‘98): Teleespectadors Associats de Catalunya

El paso por las aulas del IESE fue para Luis Boza el “espaldarazo definitivo” para su dedicación profesional a Teleespectadors Associats de Catalunya (TAC). Es el director general de esta asociación sin ánimo de lucro que  nació en 1985 fruto de la preocupación de unos padres por los contenidos que las televisiones ofrecían a sus hijos.

El TAC vela por la defensa de los derechos de los menores en el mundo audiovisual. Cada año reconocen los programas de televisión de más calidad con unos premios, en los que acaban de añadir dos categorías: videojuegos e iniciativas en Internet. Además, ofrecen a las instituciones educativas el programa “Aprender a mirar”, que enseña a los niños a ver la televisión con espíritu crítico, a seleccionar los programas que ven, a escoger los videojuegos más adecuados para cada edad y a hacer un uso responsable del móvil.

Licenciado en Medicina, dirigió un centro de formación juvenil antes de dedicarse por completo a TAC. Esa experiencia le permitió descubrir la importancia que tienen los medios audiovisuales en la vida de  niños y jóvenes.

Inversiones con impacto

Otro sector que ha ido creciendo en importancia es el de las inversiones de impacto, es decir, aquel donde los rendimientos financieros están inseparablemente ligados al impacto social. “Los inversores han empezado a darse cuenta de que sus modelos ya no son sostenibles si no tienen en cuenta el impacto a largo plazo que el negocio subyacente va a suponer para la sociedad. Del mismo modo, los directivos de las empresas han visto que los aspectos no financieros de rendimiento de sus negocios se han convertido en un factor cada vez más importante en las expectativas de valor de los inversores y, por lo tanto, en la creación de valor de las empresas”, asegura el profesor Heinrich Liechtenstein.

En este ámbito, los beneficios para la sociedad y la rentabilidad financiera están tan estrechamente entrelazados en el modelo de negocio que es imposible separarlos. “Las tecnologías limpias son un claro ejemplo de lo que llamamos ‘doble potenciador’: cuanto mayor sea el impacto, mayor también la rentabilidad económica, y mayor será el impacto. Se trata de un círculo virtuoso”, explica el profesor Liechtenstein.

Sonja Patscheke (MBA ‘08): FSG

Sonja Patscheke (MBA ‘08) también quería unir trabajo y sociedad, y encontró la respuesta a esta inquietud en las inversiones de impacto, el punto de encuentro entre la empresa, la filantropía y los Gobiernos. Trabaja como consultora sénior de FSG en Ginebra, una empresa sin ánimo de lucro especializada en maximizar el impacto social de las organizaciones. Colaboran con empresas, ONG y Gobiernos en la puesta en marcha de proyectos y les ayudan a establecer alianzas estratégicas con organizaciones de la sociedad civil. Aunque es un sector todavía muy joven, las inversiones de impacto permiten llegar allí donde la filantropía o los Gobiernos por sí solos no podrían, en ámbitos como la salud, la vivienda, la salubridad… a menudo en países en desarrollo.

Patscheke explica que una interesante innovación en este ámbito son los bonos sociales de impacto, que se lanzaron en el Reino Unido en 2010. Se trata de contratos con el sector público, donde el inversor paga por las iniciativas sociales que pueden reducir el gasto de este sector. Si la iniciativa tiene éxito, el Gobierno compensa el bono con los beneficios, en función de los resultados sociales obtenidos. Una propuesta muy útil, en un momento en el que los presupuestos gubernamentales se reducen a diario.

Su interés por el impacto positivo que pueden tener las organizaciones en la sociedad le llevó a poner en marcha la conferencia internacional sobre responsabilidad social empresarial “Doing Good & Doing Well”, que desde entonces se celebra cada año en el IESE, organizado por los MBA y que se ha convertido en todo un referente.

Anna-Marie Harling (MBA ‘12): Promotora Social México

Anna-Marie Harling también se ha involucrado en empresas con impacto social. Ha sido directora de inversiones en una organización de capital riesgo social llamada Promotora Social México (PSM), que lleva a cabo inversiones de capital riesgo en empresas de sectores como salud, la educación y el desarrollo económico, con el objetivo de reducir las desigualdades en ese país. Actualmente y tras su experiencia en PSM, Harling acaba de empezar trabajar como consultora con la Europea Venture filantropía Association (EVPA).

“Después de haber participado con Uli Grabenwarter y Heinrich Liechtenstein en una investigación del IESE sobre el papel de las inversiones con impacto, decidí que quería vivirlo desde dentro. Hasta la fecha, mi experiencia laboral se había centrado en los mercados desarrollados por lo que decidí buscar una oportunidad en uno emergente. Tras haber aprendido español mientras estudiaba en el IESE, Latinoamérica fue la mejor elección”, asegura.

“Para mí lo mejor es que estoy trabajando con gente con mucho talento y utilizando los principios del capital riesgo, pero aplicados a empresas cuyo modelo de negocio trata de resolver un problema social. Me siento orgullosa de poder poner en práctica lo aprendido en el MBA, sabiendo que estamos teniendo un impacto positivo”, añade Harling. “La desventaja es que las inversiones de impacto todavía siguen siendo una actividad marginal para muchos inversores, y existe un gran número de interrogantes en cuanto a si el sector puede absorber los importes necesarios de participaciones de grandes inversores, como por ejemplo los fondos de pensiones y donaciones. La  cuestión entonces es: si no se involucran estos grandes inversores, ¿pueden realmente las inversiones con impacto crecer y lograr su objetivo?”


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