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Emprender: No hay nada imposible



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“No he trabajado un solo día de mi vida, todo ha sido diversión”. Así se expresaba Thomas Edison, fundador de General Electric, cuya extraordinaria carrera empresarial ejemplifica el espíritu emprendedor: una persona inquieta que ve la vida llena de oportunidades, de emociones y, por supuesto, también de riesgos y errores. Emprender no es solo poner en marcha una empresa, sino mucho más. Steve Jobs no inventó el iPhone, fue Apple, pero Jobs fue, sin duda, el catalizador. Y esta es la verdadera definición del emprendedor: alguien con la visión y la determinación de reunir las ideas, el talento y las finanzas para hacer real lo posible.

“La palabra ‘emprender’ tiene una dimensión muy amplia”, asegura Juan Roure, profesor de Iniciativa Emprendedora y fundador de la Red de Inversores Privados y Family Offices del IESE. “La clave radica en identificar una oportunidad y ser capaz de darle una respuesta rentable: eso es común a cualquier tipo de emprendimiento”, asegura el profesor Pedro Nueno, titular de la Cátedra Fundación Bertrán de Iniciativa Empresarial del IESE. Pero emprender no siempre es sinónimo de crear un proyecto nuevo, también se puede emprender dentro de la empresa en la que trabajamos, invirtiendo en los proyectos de otros… y, por supuesto, a cualquier edad.

Convertirse en business angel

Sin duda, invertir en una empresa es una forma de emprender. “No hay iniciativa emprendedora sin inversión”, afirma Jürgen Rilling (MBA ‘99), fundador y director general de Mirablau, grupo alemán de inversión y consultoría. Rilling es inversor de FINAVES, el fondo de capital semilla del IESE creado por el profesor Nueno en el año 2000. FINAVES “financia, con el apoyo de inversores privados e institucionales, proyectos empresariales liderados por antiguos alumnos del IESE”, explica el  profesor Alberto Fernández Terricabras, director de la gestora de sociedades de capital riesgo FINAVES.

Rilling trabajó en diversas compañías antes de centrarse en su faceta inversora. A la hora de apostar por un proyecto tiene en cuenta varios factores, pero el principal son las personas que hay detrás de aquel. “Para atraer al inversor la credibilidad es fundamental”, comenta el profesor Christoph Zott. Así, los emprendedores que lideran el proyecto han de ser capaces de trasmitir la pasión que sienten por su idea. Además, es importante que compartan con el inversor la forma de entender los negocios. La relación inversor-emprendedor es un win-win. El emprendedor gana “un amigo que le acompaña” y un consultor con experiencia que le asesora en su puesta en marcha, y el inversor actualiza sus conocimientos, conoce nuevos sectores y tiene la satisfacción de contribuir a hacer realidad un sueño.

Para Pere Botet (PADE ‘94), “invertir te enriquece como persona y como profesional”. Hasta el 2001 se dedicó en cuerpo y alma a Caprabo, cadena de supermercados de la que es cofundador. Cuando iniciaron el proceso de profesionalización de la compañía, decidió dedicarse a invertir. Actualmente es administrador de Inderhabs Investment y colabora con FINAVES. Este empresario e inversor considera que su experiencia previa es “esencial”. No es solo un acto de financiación, sino “una aportación y creación de valor junto a los emprendedores”.

A futuros inversores privados les advierte de que “hay muchas posibilidades de que el proyecto por el que apuesten fracase”, pero también aclara que “las iniciativas que salen bien compensan a las que no, y el beneficio obtenido va más allá del dinero”. De hecho, no recomienda optar por la inversión privada si solo se busca rentabilidad económica, pues para ese fin “existen otras opciones mejores”.

Néstor Farías Bouvier (MBA ‘68) se convirtió, muy joven, en emprendedor. Una vez finalizado el programa MBA del IESE, volvió a su Argentina natal con una idea de negocio bajo el brazo. El entonces director del IESE, Juan Ginebra, le propuso llevar a su país la consultora SAPIN, en la que el profesor Ginebra trabajaba junto a otros empresarios. El objetivo era crear puentes de colaboración entre España y Latinoamérica. SAPIN España desapareció un año después, pero Farías Bouvier ya había puesto en marcha la consultora en Buenos Aires, Caracas y Río de Janeiro. Así, de la noche a la mañana, se vio convertido en un emprendedor en busca de proyectos y de inversores. Actualmente sigue presidiendo esta empresa,  también presente en Brasil y con socios en China y en la India.

A lo largo de estos años ha emprendido otros muchos proyectos en sectores muy diversos: telefonía pionera en Latinoamérica, comunicaciones terrestres, construcción, software… Farías Bouvier forma parte de la Red de Inversores Privados y Family Offices del IESE, que describe como “un ámbito de discusión en el que se comparten buenas prácticas y se crean sinergias muy útiles”. Además, esta plataforma permite contactar con otros inversores con los que coinvertir, algo “muy recomendable”, según el profesor Roure, no solo para minimizar riesgos, sino porque permite aprender de otros inversores. El profesor del IESE recomienda también diversificar,  ya que “los proyectos jóvenes siempre implican cierto riesgo”. Además, así los inversores viven una experiencia “más variada y más enriquecedora”.

Nunca es tarde

Una de las ventajas de convertirse en business angel, nombre con el que se conoce a los inversores privados, es que este tipo de emprendimiento permite regular el grado de implicación según la disponibilidad, explica el profesor Roure. Por eso, muchos inversores empiezan compatibilizándolo con su actividad profesional y luego algunos acaban convirtiéndolo en su actividad principal. Esta flexibilidad hace que muchas personas vean la inversión como una buena forma de emprender cuando se tiene cierta edad. “Entonces, la actividad inversora está relacionada con la segunda carrera profesional”, apunta el profesor.
Es el caso de Javier Cebrián (MBA ‘78). Presidente y fundador del grupo Bonsai Enterprises, desde hace más de una década invierte en los sectores de Internet desde Bonsai Venture Capital SCR. “Buscamos integrar la ambición y el rigor de un venture capital, la proximidad y la implicación de un business angel y la pasión de un emprendedor que apoya a otros emprendedores”, explica. Cree que el capital riesgo en España y en Europa tiene un enfoque “excesivamente financiero, olvidando con frecuencia la importancia de las personas”.

Antes de animarse a invertir, este ingeniero puso en marcha varias empresas, a nivel nacional, y joint ventures internacionales. En su caso, el espíritu emprendedor tiene su origen en “una mezcla de genética, formación y circunstancias”. Su padre le transmitió la cultura de aventura empresarial, que él intenta infundir a sus hijos. Reconoce que en su caso tuvo una influencia clave el profesor Nueno, que “alimentó” su entusiasmo por emprender.  Y es que “para crear y desarrollar una nueva empresa se necesitan cantidades ingentes de optimismo y energía, así como una gran capacidad para sobrevivir en aguas turbulentas”, afirma Antonio Dávila, profesor y director del Departamento de Iniciativa Emprendedora del IESE.

Cebrián fue uno de los primeros inversores en unirse a FINAVES, de la que destaca “la importante aportación” que hace al espíritu emprendedor, “tan necesario hoy”. “Emprender es una de las cosas que más necesita nuestra sociedad”, señala el profesor. Con cincuenta años, Cebrián vio en la inversión “una forma de continuar emprendiendo y aprendiendo” de las nuevas generaciones.  Desde entonces, Bonsai Venture Capital ha invertido y ha acompañado a más de 30 proyectos en Internet.  

“Es una forma de mantenerse al día”, añade el profesor Nueno. Explica que emprender en la madurez es cada vez más habitual, porque la esperanza de vida ha aumentado: cada vez se viven más años y con buena salud. “Si te prejubilan a los 55 años, ¿qué haces el resto de tu vida?”, se pregunta el profesor. Él mismo responde: “Puedes vivir a costa de la sociedad o ser productivo”. Pone como ejemplo a los economistas Paul Samuelson y Peter Drucker, a quienes unía una estrecha relación, y que se mantuvieron en activo hasta que murieron, con más de 90 años.
La edad no ha de verse como una limitación, sino como una fuente de ventajas. En primer lugar, porque la experiencia ofrece un bagaje que es de gran ayuda a la hora de poner en marcha un proyecto. En segundo lugar, porque “te conoces mejor a ti mismo, conoces tus valores y tus limitaciones, y eso te hace más eficiente”, asegura Santiago Corredoira (GEMBA ‘11).

Corredoira se ha reinventado en varias ocasiones desde que inició su trayectoria profesional. Tras estudiar Derecho, trabajó como asesor jurídico en varias empresas. En el 2001 se unió a Lanetro, un proyecto que sufrió el estallido de la burbuja de Internet y las circunstancias hicieron que sus funciones fueran más allá del ámbito jurídico. “Necesitaban a alguien versátil: que fuera capaz de negociar los aspectos comerciales de los contratos y a la vez supervisar los temas jurídicos del desarrollo de negocio”. Lejos de asustarse, Corredoira se sintió “muy cómodo”. Más tarde ocupó una posición directiva en una empresa tecnológica, Zed, y de ahí dio el salto a Silicon Valley, donde actualmente dirige una pequeña consultoría, StepOne, que asesora a compañías españolas que quieren aterrizar en Estados Unidos.

Desde entonces ha participado en varias iniciativas empresariales, pero asegura que es ahora, a los 43 años, cuando realmente se siente “fundador” de su propio proyecto. Animarse a emprender le llegó de forma “natural”. En San Francisco, donde dirige el Spain Tech Center, una incubadora del Gobierno español que ayuda a star-tups tecnológicas a levantar el vuelo, conoció a “dos grandes profesionales” con los que comparte intereses y valores, y pronto surgió la ilusión por trabajar juntos en un proyecto común. De hecho, asegura que lo que le animó a emprender fue el equipo. “Encontrar a las personas adecuadas para emprender no es sencillo y no es fácil que suceda durante la juventud”, explica.

Luz Ferrer (PDG ‘08) conoció a su actual socio en las aulas del IESE. En su caso, emprender también supuso un cambio de rumbo en su trayectoria profesional. Tras 19 años trabajando en el sector bancario, el inicio de la crisis afectó directamente al área de negocio que dirigía y fue entonces cuando se planteó dejarlo para poder dedicar más tiempo a sus tres hijos. “Era la responsable nacional de pymes, comercio y autónomos de Barclays. Disfrutaba de mi trabajo, pero los horarios y los continuos viajes eran incompatibles con mi vida familiar”, explica.

Tras tomar la decisión, Ferrer estuvo seis meses trabajando en el plan de negocio de su nuevo proyecto: ‘Hoy no cocino’, comida casera para llevar “preparada con cariño”, como explican en su página web. El primer local abrió en Aravaca (Madrid) en el 2009. El éxito le animó a abrir un segundo establecimiento en Alcobendas. Para ello, contó con la ayuda de Roberto Núñez (PDG ‘08), que desde entonces es su socio, ocupación que compagina con su trabajo como consultor en Everis. Actualmente están a punto de abrir dos locales más, en la Gran Vía y en Puerta de Hierro.

Ferrer asegura que ha ganado en calidad de vida y que le resulta más fácil conciliar trabajo y familia. “Ahora soy yo quien gestiono mi tiempo”. Reconoce, eso sí, que emprender requiere mucho esfuerzo, constancia y prudencia, y le gustaría que hubiera más apoyo por parte de la banca y de las instituciones.

John Erceg (MBA ‘96), fundador del portal de reservas Budgetplaces.com, recomienda compaginar el lanzamiento del nuevo proyecto con el empleo que se tenga, siempre de forma ética. “Crea tu empresa en tu tiempo libre, en ese tiempo que otras personas dedican a su hobby, pero sin desatender tu trabajo actual”. Erceg trabajaba en Hewlett Packard cuando lanzó su primer proyecto empresarial, que fracasó al poco tiempo. “Las dos primeras ideas de negocio que puse en marcha fracasaron, pero aprendí mucho de ellas”, explica este californiano que encuentra en el fracaso una “dura pero gran escuela”. En julio de 2011, tras 10 años de bootstrapping  (autofinanciación), Erceg vendió una participación mayoritaria de Budgetplaces.com a Palamon Capital Partners. Actualmente, la empresa emplea a 100 personas y tiene su sede en Barcelona.

Emprender dentro de la empresa

“Hoy en día, las compañías buscan crecer de forma rentable, y el intrapreneurship es una excelente forma de lograrlo”, expone M.ª Julia Prats, profesora de Iniciativa Emprendedora del IESE. De hecho, el crecimiento rentable es el principal objetivo del intraemprendimiento.

Se puede emprender a tres niveles, sin salir de la empresa: con iniciativas que ayuden a crecer, poniendo en marcha proyectos rompedores y buscando una transformación estratégica. La clave, explica la profesora Prats, es cómo integrar la iniciativa emprendedora dentro de la empresa, y esto puede conseguirse con una organización flexible y que sepa cómo lanzar proyectos de forma sistemática para ir renovando la empresa, a través de adquisiciones, como en el caso de ISS; a base de joint ventures o de corporate venture capital, o creando una incubadora de proyectos, como ha hecho Telefónica con Wayra, lanzada originalmente con el objetivo de acelerar los proyectos innovadores nacidos en el seno de la compañía y que, desde hace un tiempo, impulsa iniciativas externas. A través de la Academia Wayra y de la organización de diferentes eventos, buscan las mejores ideas de negocio en el entorno digital para hacerlas crecer.

Ariel Gringaus (GCLA ‘10) fue jurado de la Wayra Week Chile 2012, una convocatoria que se realiza en diversas ciudades del mundo, como Madrid, Alemania y Londres. El objetivo es seleccionar 10 proyectos emprendedores que luego contarán con el apoyo de Wayra para su puesta en marcha. Gringaus es socio-fundador de la Asociación de Emprendedores de Chile y emprendedor Endeavor, una distinción que reconoce a los emprendedores con mayor impacto alrededor del mundo. Desde sus años de estudiante, ha creado varias empresas. Su última aventura emprendedora es Colegium, que desarrolla herramientas de gestión para escuelas. “Los principales colegios de Latinoamérica utilizan este sistema para su gestión y para comunicarse con las familias. Durante los próximos años esperamos poder exportarlo a Europa”, explica.

Otro aspecto a tener en cuenta a la hora de emprender dentro de la empresa son los recursos disponibles, si se prefiere recurrir a financiación externa o a dinero propio. No hay que olvidar que “el objetivo es lograr un crecimiento sostenible”, apunta la profesora Prats. En PricewaterhouseCoopers optaron por el intrapreneurship para el desarrollo interno y lo hicieron con fondos propios. En el caso de IBM, en algunas ocasiones recurren a financiación externa, según explica Phil Westcott (MBA ‘11), que se unió a la empresa en el verano de 2011. Al estudiar la cartera de servicios, le sorprendió descubrir que algunos buscaban conseguir un planeta mejor y más inteligente. Sin embargo, echó en falta alguna línea de trabajo centrada en reducir la desigualdad global. Fruto de esta inquietud nació Smarter Impact, que Westcott puso en marcha compaginándolo con su trabajo como consultor de estrategia.
Smarter Impact es en realidad un nuevo enfoque que persigue el desarrollo económico inclusivo. Se trata de encontrar soluciones basadas en datos que promuevan el desarrollo económico de las zonas menos desarrolladas. Un ejemplo: solo el 50% de las personas en la India tiene una cuenta bancaria, pero el 90% tiene un teléfono móvil. “Esto representa una gran oportunidad: esta conectividad es una fuente de datos muy útil”, dice Westcott. Añade que el reto es aprovechar, consolidar y dar sentido a estos datos para que los líderes de todos los sectores dispongan de los indicadores necesarios para lograr el crecimiento económico inclusivo, una tarea en la que han de colaborar empresas y Gobierno.

Poner en marcha un proyecto de intrapreneurship no es un proceso sencillo ni lineal, advierte M.ª Julia Prats “ Los directivos han de estar preparados para afrontar los contratiempos que aparecerán a lo largo del proceso”, añade. Además, hay que hacer frente a las limitaciones estructurales de la empresa (cambiar procesos y ganar flexibilidad sin perder eficacia) y superar las resistencias internas de los trabajadores y directivos (cambiar modelos mentales y costumbres e incentivar nuevas formas de hacer las cosas).

No obstante, existen mecanismos para incentivar la iniciativa dentro de la empresa. Según Westcott, ya desde la selección de personal se puede intentar detectar “la chispa emprendedora”. Además, hay que incluir la iniciativa emprendedora en los programas de formación y alentar la búsqueda de nuevas ideas a través del mentoring. En este sentido, es muy recomendable permitir a los empleados que dediquen parte de su tiempo de trabajo a desarrollar sus propios proyectos y premiar esta iniciativa a través de bonus y en los procesos de promoción, explica Westcott. Por último, anima a crear una plataforma que ayude a encontrar financiación, porque esto “hará que el empleado trabaje en su idea con la convicción de que podría ponerse en práctica”.

Un plan de negocio para un mundo mejor

A Mar Alarcón (PDD ‘08) siempre le motivó todo lo relacionado con la sostenibilidad y la optimización de recursos. Colaboró con el Grameen Bank, en Bangladesh, y tras fundar Social Energy, una empresa de energías renovables, en China, decidió volver a España. Al llegar, lo primero que hizo fue comprarse un piso y un coche, casi por acto reflejo. Un año después, se dio cuenta de que había llenado el depósito del automóvil una sola vez. Descubrió entonces el incipiente movimiento global de consumo colaborativo y algunas iniciativas de alquiler de coche entre particulares que existían en otros países, y decidió importar el concepto a España. En julio del 2011 nacía Social Car, dedicada a la gestión de alquiler de coches entre particulares.

Pese a las dificultades iniciales, hoy tienen más de  3.000  propietarios dispuestos a alquilar sus coches y una comunidad de 9.000 personas interesadas en usarlos. Alarcón asegura que sus clientes “quedan tan satisfechos que repiten”, e incluso acaban creando vínculos entre ellos.
Puede parecer un simple gesto, pero Eduardo Balarezo (GCLA ‘09) está convencido de que las pequeñas decisiones pueden generar grandes cambios. Con esta filosofía creó Lonesome George & Co. en 2006, que pretende lograr transformaciones sociales a través de la formación de agentes de cambio. Balarezo se inspiró en Solitario George, el último ejemplar de tortuga gigante de Pinta que quedaba en las Islas Galápagos y que murió en 2012. Advierte que “en los últimos años, la actividad humana ha alterado drásticamente los ecosistemas. Necesitamos un cambio, una nueva forma de pensar y actuar que sea más responsable con nuestro entorno”.

Puso en marcha el proyecto para evitar la extinción de cualquier otra especie, lenguaje, cultura o comunidad, porque “siempre hay un Solitario George en nuestro entorno por quien luchar”. Social Car  y Lonesome George & Co. son ejemplos de compañías sociales, porque sitúan el beneficio social y el cuidado del entorno al mismo nivel que los beneficios económicos. “Este tipo de emprendedores ponen sus empresas al servicio de la sociedad. Crean compañías dotadas con esta clara vocación, se obligan a sí mismos a mantener un compromiso ético y moral con la sociedad”, explica Lucio A. Muñoz (PDD ‘09), fundador de Eurogroup Human Resources y autor del libro El nuevo emprendedor socialmente responsable (EUNSA, 2012). “Evidentemente –añade-  sin olvidar los criterios de rentabilidad económica, puesto que ambos conceptos son perfectamente compatibles”.

“Si quieren garantizar su sostenibilidad, han de velar también por los aspectos económicos”, coincide con el profesor, Fernández Terricabras. Por eso, el producto o servicio que ofrecen ha de ser  de calidad y tener un precio razonable, porque “nadie va a comprar sus productos por el hecho de ser sociales si no son buenos”, aclara.

Como en cualquier empresa, el objetivo es la creación de valor para sus grupos de interés o stakeholders (accionistas, empleados, clientes y proveedores). La diferencia es que, en las compañías con vocación social, “el objetivo social se convierte en un stakeholder más”, según Sven Huber (MBA ‘01). Es socio y fundador de boolino, una red social dirigida a padres que quieren fomentar la lectura entre sus hijos.

“El hábito de lectura a una edad temprana influye en el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje, así que incentivarlo aumenta sus posibilidades educativas y profesionales”.  Aunque de momento solo está presente en España, boolino tiene una clara proyección internacional y está previsto que a lo largo del 2014 llegue a Europa y a Latinoamérica.

Huber anima a todo aquel que esté pensando en lanzar un proyecto con vocación social a que lo haga, porque “la felicidad profesional tiene que ver mucho más con el contenido y el entorno de tu trabajo que con el aspecto económico”, siempre que las necesidades básicas estén cubiertas.

Tras una década trabajando en el grupo Bertelsmann, Huber sintió la necesidad de iniciar un proyecto propio. Apostó por el sector editorial, que conocía muy bien tras haber sido el director general de Librerías Bertrand. Dice que los puntos clave para que el proyecto saliera adelante fueron la creación del equipo, “aprender a conseguir mucho con pocos recursos” y la búsqueda de financiación, que “no fue nada fácil”.

Esta es una de las principales dificultades que encuentran los emprendedores al poner en marcha su proyecto. Conscientes de esta realidad, Fernanda Rodríguez (G-EMBA ‘03), Jaime Ferrer Dalmau (G-EMBA ‘07) y  Pablo Turletti (G-EMBA ‘07) han creado Hope Project, que pretende ser el punto de encuentro entre emprendedores e inversores sociales. Esta plataforma digital inicialmente contó con el apoyo de Victoria Velázquez (G-EMBA ‘10) como strategic advisor, que hizo de ella un verdadero medio de inversiones de impacto para los emprendedores sociales, que, además de hallar apoyo económico, pueden encontrar otro tipo de ayuda, como recursos materiales (alguien que les ceda un espacio en su oficina, que les preste ordenadores…) y voluntarios dispuestos a echarles una mano.

Catalina Parra (MBA 96) y José Martín Gutiérrez de Cabiedes (MBA ‘96) también encontraron en Internet el lugar ideal para emprender. En 1999 crearon Canalsolidario.org,  “el primer sitio web vertical del mundo de la solidaridad”, explica Parra. Más tarde llegó Hacesfalta.org, una web que pone en contacto voluntarios y ONG. Desde entonces han lanzado varios proyectos con un denominador común: impulsar la interacción y la participación de la sociedad en causas solidarias utilizando las nuevas tecnologías.

“Nuestra función es ser catalizadores entre la sociedad civil, las empresas y las ONG, contribuyendo a que las cosas buenas sucedan”, asegura Parra. Añade que es esencial que las empresas sociales tengan clara su misión y sepan transmitírsela a sus colaboradores. El trabajo en equipo es la clave para que estos proyectos funcionen: “los emprendedores sociales han de entender que ellos no son los protagonistas de la iniciativa que ponen en marcha, sino parte del colectivo que conseguirá sacar la adelante”. Pese a la crisis, Parra considera que están surgiendo “decenas de emprendedores sociales”. Precisamente a ellos se dirige su último proyecto, UEIA, la primera aceleradora de emprendimiento social basada en las nuevas tecnologías de España y una de las pocas del mundo. Ya han recibido más de 100 propuestas, de las que solo 10 llegarán a la fase de incubación, aunque en un futuro tienen previsto abrir nuevas convocatorias. Además, no solo ofrecen financiación, sino también formación.

Parra y  Martín Gutiérrez de Cabiedes decidieron emprender en pareja. No es algo nuevo, aunque cada vez es más común. “Incluso hay multinacionales que han nacido de la mano de un matrimonio”, comenta el profesor Nueno. Un ejemplo es Tous, empresa fundada por Salvador Tous (PADE ‘98) y su esposa, Rosa Oriol (PADE ‘98), y que actualmente está liderada por la tercera generación de la familia. 

Todas estas experiencias nos muestran que la iniciativa emprendedora no entiende de edad, de ocupación, ni de situación personal o profesional. El primer paso para emprender es querer. Como decía el filósofo Lao Tzu, “Un camino de mil millas comienza con un solo paso”.


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