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Cruzando fronteras

La transformación del IESE en una organización internacional.


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El pasado 30 de marzo, en Ciudad de México, el Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (IPADE) celebró su 50 aniversario con una cena de gala a la que asistieron líderes empresariales y académicos de todo el mundo. Además del estreno de una pieza sinfónica compuesta para la ocasión por el músico mexicano Samuel Zyman, diversas personalidades destacaron el papel del IPADE en el ámbito empresarial del país azteca. No era para menos, pues la institución cumplía medio siglo convertida en una de las principales escuelas de dirección de Latinoamérica. 

Entre los invitados, se encontraba una delegación del IESE, y también para ellos se trataba de un acontecimiento muy especial. Y es que, allá por 1967, el IESE ayudó a los impulsores del IPADE a crear la escuela.  Se trataba de la  primera vez que nuestra escuela, fundada en 1958, iba más allá de las fronteras españolas. En estos cincuenta años el IESE también ha crecido, así como su actividad internacional. Tras colaborar en el despegue de 15 escuelas de dirección de empresas, ha abierto campus en Múnich y Nueva York, además de oficinas en São Paulo. Todo ello, acompañado del desarrollo de numerosos programas internacionales y de un alumnado que, en el caso del MBA, abarca  60 nacionalidades. 
¿Cómo se transformó el IESE en una organización global? ¿Hacia dónde debe evolucionar a partir de ahora?

Cómo llegar a ser internacional

“Las organizaciones no dan saltos al vacío; al menos, no las buenas”, asegura el profesor Jordi Canals, director general del IESE entre el 2001 y el 2016. “Todo lo que hemos construido, lo hemos hecho sobre los pilares de los que partíamos”. En términos parecidos se expresa el profesor Carlos Cavallé, director general de la escuela entre 1984 y el 2001: “No pulsas un botón y te conviertes en una organización internacional. Se trata de  un proceso que tiene varias etapas: unas sencillas y otras más complejas”.

Podría decirse que la fundación del IPADE fue el primer capítulo de ese proceso, pero, aun así, tiene un prefacio. En 1963, durante la reunión inaugural del Comité Harvard Business School-IESE, el asesoramiento estadounidense contribuyó al lanzamiento del programa MBA del IESE. Un año después, entre los alumnos del programa se encontraban los primeros estudiantes extranjeros de la escuela, toda una demostración de su ADN internacional. 

Con todo, el IPADE no fue una iniciativa del IESE. En 1966, un grupo de empresarios mexicanos pidieron a la Harvard Business School que les ayudara a establecer una escuela de dirección en el país, y se les sugirió que acudieran al IESE. Varias podrían haber sido las razones. En primer lugar, la afinidad lingüística y cultural sería mayor, y la comunicación, más fluida, con una escuela española. En segundo lugar, dado que había comenzado su trayectoria apenas ocho años antes, el IESE conocía de primera mano los retos y las dificultades que entrañaba la apertura de una nueva escuela. El proyecto contaba con el respaldo de san Josemaría Escrivá de Balaguer, Gran Canciller de la Universidad de Navarra en aquel momento, y fue aprobado por Antonio Valero, el primer director general del IESE. 

Un año después, en 1967, se creó el Comité IESE-IPADE siguiendo el modelo del comité que nuestra escuela tenía con Harvard. El IESE proporcionó al IPADE asesoramiento y formación del profesorado, además de enviar varios miembros de su claustro en calidad de profesores visitantes. El profesor Cavallé recuerda que, durante el primer año del IPADE, “viajé cinco veces a México, y por entonces no era tan fácil como ahora. Tuvimos que invertir mucho dinero, tiempo y esfuerzo. Pero, a la vez, quedamos impresionados con todo lo que podíamos aprender de la comunidad empresarial mexicana. Y eso animó a muchos a seguir adelante”.

El IPADE fue un éxito rotundo. Tras los programas de alto nivel dirigidos a los ejecutivos mexicanos, inició su propio MBA en 1970. Ocho años después, obtuvo la autorización para ejercer como centro universitario con el nombre de Universidad Panamericana. 

El IPADE sería la primera de una larga lista de instituciones similares apoyadas por el IESE. Entretanto, nuestra escuela debía acometer su propio desarrollo con el fin de convertirse en una organización internacional.

La internacionalización empieza por uno mismo

Ya en los primeros tiempos del IESE, la escuela empezó a enviar a sus profesores a Estados Unidos y Europa para que cursaran un doctorado, una actividad que mantuvo y amplió a partir de los setenta. De ese modo, cada vez más programas fueron impartidos por profesores que se habían doctorado en universidades de fuera de España. Este paso fue triplemente beneficioso para el IESE.

En primer lugar, mejoró la capacitación académica y profesional de los profesores, así como su dominio del inglés. En segundo lugar,  contribuyó a la creación de una red de contactos personales muy provechosa tanto para ellos como para la escuela. Y, por último, favoreció un intangible que el profesor Cavallé considera fundamental: “La internacionalización es un proceso, y una parte esencial del mismo es inculcar una mentalidad internacional en las personas. No me refiero a acumular sellos en el pasaporte. La internacionalización empieza por uno mismo. Enviábamos a los profesores al extranjero y, cuando regresaban, habían cambiado”.

Otro paso clave fue el lanzamiento del MBA en inglés, en 1980. Al principio, constituía una pequeña sección: las clases se impartían íntegramente en inglés durante el primer año, mientras que, en el segundo, se combinaba con el español, para que los alumnos extranjeros adquirieran un conocimiento práctico del idioma. No fue fácil. Además de que los profesores tenían que sentirse cómodos debatiendo los casos en inglés, había que traducir estos y otros materiales académicos, y la escuela debía estar preparada para funcionar en otro idioma.

El MBA en inglés no solo hizo del IESE una escuela más atractiva para los alumnos extranjeros, sino que también le brindó la oportunidad de contratar a profesores de otros países, lo cual amplió enormemente su bolsa de talento. Además, allanó el camino para los primeros programas de intercambio con escuelas como The Wharton School, la Kellogg School of Management, HEC París o la London Business School, que pudieron disfrutar los alumnos de segundo curso. Actualmente, el IESE tiene convenios de intercambio con más de 25 escuelas de todo el mundo. Así, el MBA en inglés no tardó en ser un gran éxito, hasta tal punto que, en unos pocos años, las solicitudes de admisión quintuplicaron las plazas disponibles.

Después, vinieron los programas conjuntos y las alianzas, otro paso importante del proceso de internacionalización. Según el profesor Cavallé, “comprendimos la importancia de forjar buenas alianzas académicas. Por entonces, éramos una escuela española poco conocida, por lo que, solos, nos iba a resultar difícil atraer directivos para un programa internacional de alto nivel”.

Una de las primeras alianzas académicas se estableció con la Stephen M. Ross School of Business de la University of Michigan, con la que el IESE ofreció su primer programa internacional de alta dirección en 1994, cerca de Lausana (Suiza). Su éxito vino seguido de muchos otros programas. A la lista de las alianzas académicas del IESE se sumaron pronto Harvard, Stanford, la MIT Sloan y la CEIBS.

También crecieron y se estrecharon los lazos con las empresas internacionales. En 1989, se constituyó el Consejo Asesor Internacional del IESE (IAB, por sus siglas en inglés), formado por presidentes y CEO de grandes compañías. Junto con el claustro de la escuela, los miembros del Consejo analizan las tendencias socioeconómicas y cuál debe ser la respuesta de instituciones académicas como el IESE a las necesidades cambiantes del mundo empresarial. Durante los años noventa, la escuela afinó los programas a medida para las empresas, los Custom, que aumentaron en número, como consecuencia del creciente perfil internacional del IESE. “En cuanto te acreditas como escuela internacional, las empresas se interesan y vienen a ver si tienes algo para ellos”, reflexiona el profesor Cavallé.

Otro paso adelante fue el International Faculty Program (IFP), iniciado en 1991 con el apoyo de la Comisión Europea. Fue concebido tras la caída del comunismo para ofrecer preparación a los profesores de las escuelas de dirección de los países de Europa del Este, de modo que pudieran educar a la nueva generación de líderes empresariales. Cuando la Comisión dejó de apoyar el proyecto, el IESE se hizo cargo del programa y amplió su alcance. En el 2000, acogía a profesores de Europa, Asia, África y América, muchos de los cuales enseñaban en alguna de sus escuelas asociadas, cada vez más numerosas. 

Las escuelas asociadas

En 1978, representantes de un grupo de empresarios argentinos pidieron al IESE que les ayudara a abrir una escuela de dirección en Buenos Aires, iniciativa de la que nació el IAE. A partir de entonces se intensificó la creación de escuelas asociadas. Las siguientes fueron la PAD (Perú, 1979), la AESE (Portugal, 1980), el INALDE (Colombia, 1985), el IEEM (Uruguay, 1986), la LBS (Nigeria, 1991), el IDE (Ecuador, 1992), la CEIBS (China, 1994), la School of Business Administration de la UA&P (Filipinas, 1995), el ISE (Brasil, 1996), el ESE (Chile, 1999), la MDE (Costa de Marfil, 2003) y la SBS (Kenia, 2005). Además, la guatemalteca Tayasal Escuela de Negocios (UNIS Business School), fundada por el IPADE, se convirtió en escuela asociada del IESE en 1996. Más recientemente, AESE, la escuela asociada al IESE en Portugal, ayudó a fundar la ASM en Angola en el 2008. 

La mayoría de estos proyectos tenían varias características en común: las escuelas estaban promovidas por emprendedores locales, iniciaban sus actividades con un programa AMP y  tenían una misión muy similar a la del IESE. La escuela compartía con todas ellas sus conocimientos, y muchas incluso contaban con el apoyo moral del Opus Dei, que aporta el sentido de la misión para formar emprendedores y directivos con un marcado espíritu de servicio y valores éticos. Así, no solo eran escuelas completamente autónomas, sino que la presencia de un sólido grupo de impulsores locales se consideraba fundamental para su éxito. 

El profesor Vicente Font ha participado en el desarrollo de escuelas de dirección en Latinoamérica durante casi treinta años. Entre otros países, ha visitado y enseñado en Chile, Uruguay, Argentina, Perú, Ecuador, Costa Rica y Colombia. Describe así su experiencia: “Lo más difícil es encontrar buenos profesores. Queremos que las escuelas no tengan que depender de profesores visitantes extranjeros, pero no es fácil al principio, sobre todo cuando se sigue un método de enseñanza tan particular como el de los casos. No puedes recurrir simplemente a un recién graduado y ponerlo al frente de la discusión del caso.” 

Por ello, en la fase inicial, la mayor parte de las clases las imparten profesores del IESE y otras escuelas asociadas, que, además, instruyen a los profesores locales para que, llegado el momento, les sustituyan. Este mentorado también es una forma de transmitir la cultura del IESE a estas escuelas, que son completamente independientes. Pablo Regent, decano del IEEM (Uruguay), explica así el proceso: “A veces, los profesores jóvenes se muestran sorprendidos por la asistencia que reciben de los veteranos. Pero es lo que nos legaron los profesores que vinieron a ayudarnos al principio. Esa cultura ha impregnado nuestra institución”. 

Enase Okonedo, decana de la LBS, añade: “Noto cómo los profesores aprenden el concepto de espíritu de servicio. Ven la entrega de los profesores del IESE y se dan cuenta de que lo suyo no es tanto un trabajo como una forma de servir, de construir una sociedad mejor”.

Ciertamente, el IESE contempla esa colaboración con las escuelas asociadas como un modo para incidir en su misión, y esta ayuda es una iniciativa institucional. Lluís Renart, exdirector de The Africa Initiative, lo resume así: “Vimos la importancia de crear instituciones que educaran no solo desde un punto de vista técnico, sino también humanista, de las que salieran directivos competentes, capaces de crear riqueza desde la ética y ayudar a sus países a desarrollarse y crecer”. El IESE también forma en sus campus a los profesores de las escuelas asociadas. Además del IFP, pueden cursar el Master of Research in Management e, incluso, finalizar su doctorado. La colaboración con las escuelas asociadas no se reduce a la formación del profesorado. Además de proporcionarles casos y demás material académico, pueden aprovechar el conocimiento del IESE sobre la gestión de una escuela de dirección, desde las tareas administrativas generales hasta cómo montar una biblioteca o una asociación de antiguos alumnos, y aplicarlo. La profesora Okonedo explica que “el hecho de que los directores de programas, administradores o directores de marketing de nuestra escuela puedan ir al IESE y aprender las mejores prácticas ha tenido un impacto tremendamente positivo en la calidad de nuestra labor”.

Claro que, como subraya el profesor Font, “se ha de saber distinguir lo esencial de lo accidental”. Por ejemplo, aporta el profesor Regent, “la idea de que la enseñanza es lo fundamental, de que la escuela debe estar dirigida por profesores y cultivar la excelencia, también está presente en el IEEM. Pero lo que hace que una sesión sea fenomenal probablemente varíe de Montevideo a Barcelona”.

El programa inicial que ofrecen las escuelas asociadas casi siempre es el Advanced Management Program (AMP), dirigido a altos directivos. Se trata de un modelo que replica la propia experiencia del IESE, ya que la escuela arrancó con un programa equivalente, el Programa de Alta Dirección de Empresas (PADE). El énfasis en la formación de CEO y ejecutivos sénior permite a una nueva escuela: 

1) Convertir a estas personas influyentes en embajadoras que la recomienden a sus colegas.

2) Maximizar el impacto inicial que puede tener en la comunidad.

Si el programa AMP tiene éxito, la escuela puede crecer después de arriba abajo y ofrecer programas a ejecutivos más júnior, seguidos, al final, de un MBA. La mayoría de  las veces, estos programas se imparten en instalaciones temporales, incluso en hoteles, hasta que la escuela se consolida y adquiere o construye su propia sede. 

El proceso de maduración puede prolongarse unos quince años. El IESE considera que una escuela asociada está plenamente desarrollada cuando cuenta con dos profesores de alto nivel a tiempo completo en cada área y ofrece un catálogo exhaustivo de programas. Actualmente, todas nuestras escuelas asociadas han alcanzado ese punto o les falta poco para llegar a él, lo que las convierte en casos de éxito. Pero, ¿y ahora qué? “Hemos colmado nuestras expectativas, por lo que ahora nos planteamos crecer a nivel internacional. Es algo que nos llena de emoción”, asegura Regent. “Todavía somos una escuela joven”, explica, por su parte, Okonedo. “Durante nuestros primeros veinte años de existencia nos hemos centrado en Nigeria, ya que no había ningún tipo de formación avanzada para directivos. Pero ahora estamos ampliando nuestras aspiraciones, que pasan por dotar a África y a todo el mundo de directivos socialmente responsables”, añade. 

Y mientras las escuelas asociadas se plantean su futuro, el IESE ha forjado sus propios anhelos internacionales. 

Hacia el IESE global

En el 2005, el IESE empezó a impartir el AMP en Múnich y, por primera vez, la escuela dispuso de instalaciones permanentes fuera de España. Diez años después, el IESE inauguró un campus propio en la ciudad alemana. En el 2007, fue la primera escuela de dirección europea en abrir una sede permanente en Nueva York. Y, desde la década del 2000, el IESE ofrece diversos programas en São Paulo, en colaboración con el ISE. Estos pasos constituyeron un punto de inflexión en la estrategia internacional del IESE: por primera vez desarrolló su actividad en otros países con su marca y con instalaciones propias. 

“No es algo que sucede porque sí. No podríamos haberlo hecho en los ochenta, ni siquiera en los noventa, no habría tenido sentido”, aclara el profesor Canals. “Pero vimos que las empresas con las que trabajábamos eran cada vez más globales, así que también debíamos serlo nosotros”. E insiste: “Si lo hemos logrado, es gracias a lo que ya se había hecho antes”. 

En efecto, los nuevos campus son el símbolo más evidente de la creciente talla internacional del IESE, pero otras iniciativas sentaron sus bases. Por ejemplo, en el 2001 se puso en marcha el Global Executive MBA, un programa MBA modular para altos directivos de todo el mundo. En el 2003, el MBA empezó a impartirse en inglés en su totalidad. A partir de ahí, fue creciendo progresivamente el catálogo de programas en inglés, incluidos los de alta dirección. 

Por otro lado, el MBA añadió una cuarta sección en el 2010 y una quinta en el 2015, un claro reflejo de su éxito. Estos avances han contribuido a que el alumnado sea más diverso que nunca y se beneficie de convenios de intercambio con escuelas de todo el mundo. En el 2017, el programa MBA se ha iniciado con 712 alumnos y un 84% de ellos proviene de fuera de España. 

Las oficinas de Shanghái, Singapur, Tokio y Hong Kong han impulsado la inscripción de alumnos asiáticos, además de haber ayudado a tejer relaciones con las empresas de la región. El IESE también ha estrechado aún más su relación con la CEIBS, la escuela de dirección de Shanghái que promovió el profesor del IESE Pedro Nueno en 1994. En el marco del Global CEO Program for China, 60 altos directivos chinos visitan el campus de Barcelona todos los años, a los que hay que sumar los cientos de alumnos del MBA que viajan en ambas direcciones gracias a los programas de intercambio.

El claustro del IESE también se ha vuelto aún más internacional si cabe. Así, el año pasado fue nombrado director general Franz Heukamp, el primer profesor no español que ocupa el cargo. La investigación de la escuela, con cerca de 70 artículos publicados en revistas científicas de referencia en 2016-17, también tiene un alcance internacional. Además, de los 47 alumnos con los que contaba el programa doctoral el año pasado, un  93% provenía de fuera de España.

También se han incorporado a la plantilla del IESE más profesionales extranjeros, y no solo a nivel académico. Hoy trabajan en la escuela personas de más de 40 nacionalidades. “En los últimos años, el IESE ha acometido un proceso de internacionalización de envergadura, cuyo resultado es una mayor diversidad en nuestros alumnos, equipos y profesores”, corrobora el profesor Heukamp. 

Asimismo, el IESE ha potenciado las actividades de la Alumni Association, que hoy cuenta con 36 agrupaciones territoriales y más de 46.000 miembros. En el 2000 celebró su primera Global Alumni Reunion fuera de España, en Ámsterdam, y, desde entonces, este evento anual ha tenido lugar en ciudades como São Paulo, Múnich o Nueva York. El profesor Canals define así la estrategia internacional que ha seguido el IESE: “No se trataba de marcar casillas o de ir plantando banderas en un mapa. Lo que queríamos era aumentar nuestra presencia internacional de manera orgánica, allí donde fuera más lógico hacerlo y donde pudiéramos tener un impacto positivo”.

Esa estrategia se seguirá desarrollando en los próximos años. Según el profesor Heukamp, “de cara al futuro, debemos seguir fortaleciendo nuestra presencia en Norteamérica, Latinoamérica y Europa Central. También hemos de reflexionar sobre la que tenemos en Asia, más allá de las iniciativas actuales”. 

¿Cómo será el IESE en el 2067?

Cuando el IESE aceptó ayudar a la creación de una escuela de dirección en México en 1967, seguramente pocos podían imaginar lo que llegaría a alcanzar cincuenta años después. Pero, a pesar de lo recorrido, queda mucho camino por delante. En un mundo cada vez más cambiante y dinámico, ¿qué rumbo tomará la internacionalización del IESE? ¿Cómo acentuar ese proceso? ¿Qué opciones pueden explorarse? ¿Y qué papel desempeñarían las escuelas asociadas? 

Tal vez dentro de otros cincuenta años, cuando el IPADE celebre su centenario, miremos hacia atrás y volvamos a maravillarnos de lo que las personas y las instituciones podemos lograr juntas.  

Para saber más: 

Pampliega, J., “El IPADE de México (1966-1967)”, Historia del IESE, tomo III, 6 de diciembre del 2016, pp 105-136.
Pampliega, J., “Las escuelas asociadas del IESE”, 19 de agosto del 2010. 

 

Hitos  
de la internacionalización del IESE

1958 El IESE empieza a enviar a sus profesores a EE. UU. y a Europa para que cursen el doctorado.
Una parte esencial del proceso de internacionalización es “inculcar una mentalidad internacional en las personas”, explica el profesor Cavallé.

1963 Se crea el comité Harvard Business School-IESE, la primera alianza académica. 
El asesoramiento de los profesores de Harvard ayudó a lanzar el programa MBA del IESE en 1964. Entonces, la escuela dio la bienvenida a sus primeros alumnos internacionales. A la lista de alianzas académicas se sumaron pronto Stanford, la MIT Sloan y la CEIBS.

1967 El IESE ayuda a crear el IPADE en México. 
Esta institución, completamente independiente, fue la primera de las 15 escuelas asociadas al IESE.

1980 Se inicia el MBA bilingüe. 
Este paso hizo la escuela más atractiva para los alumnos y el profesorado internacional, y allanó el camino para las alianzas internacionales y programas de intercambio. Actualmente, el IESE cuenta con convenios de intercambio con más de 25 escuelas de todo el mundo. 

1989 Se constituye el IESE International Advisory Board.
En este Consejo, los presidentes y CEO de grandes compañías ayudan a la escuela a través del análisis de las tendencias socioeconómicas
y las necesidades del mundo empresarial. 

1991 Abre sus puertas la LBS, primera escuela asociada al IESE en África 
Fue la primera, pero no la última, ya que la MDE se creó en Costa de Marfil en el 2003 y la SBS, en Kenia en el 2005. Además, el IESE apoyó a la AESE cuando ayudó a fundar la ASM en Angola en el 2008.  

1994  El IESE estrecha las relaciones con Asia.
El profesor Pedro Nueno promovió la fundación de la CEIBS en Shanghái en 1994. El IESE, conjuntamente con la CEIBS, imparte el Global CEO Program y el Global CEO Program for China. 

2001 Nace el Global Executive MBA. 
Altos directivos internacionales cursan un programa MBA modular por todo el mundo.

2002 Arranca el AMP en São Paulo. 
En el campus del ISE, el IESE ofrece los programas AMP, PMD –que se inició en el 2004– y, desde el 2014, el Executive MBA. Además, un módulo electivo del MBA y un módulo optativo del GEMBA también tienen lugar en São Paulo. 

2006 El AMP llega a Varsovia.
Polonia se convierte en el tercer país europeo en acoger programas del IESE, tras España y Alemania. 

2010 Se inaugura el campus de Nueva York. 
En el 2007, el IESE se convirtió en la primera escuela de dirección europea en disponer de una oficina permanente en Nueva York y, tres años después, inauguró su propio campus en la ciudad. 

2015 El IESE abre un nuevo campus en Múnich.
Una década después de lanzar el programa AMP en Múnich, el más reciente de los campus del IESE abrió sus puertas en la ciudad alemana. 


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