España se aproxima
al euro
El lanzamiento de la Unión Económica y Monetaria (UEM)
está a la vuelta de la esquina, y éste es el año clave
para saber si España estará en el grupo de cabeza a partir
del 1 de enero de 1999. Para esto, debemos aprobar un examen que consta
de cinco materias: inflación, tipos de interés, deuda, déficit
público y tipo de cambio.
En los últimos meses nuestra economía ha experimentado
claros signos de recuperación, tanto en términos de inflación
como en el ajuste fiscal y endeudamiento, lo que ha provocado una ola de
"euro optimismo" de que aprobaremos el examen de Maastricht. Un
breve repaso a la situación de la economía frente a estos
criterios, deja en claro que el optimismo es justificado.
Inflación
España y Grecia son los dos únicos países que actualmente
no cumplen con el criterio de inflación.
Sin embargo, la evolución de los precios el año pasado
en nuestro país, que alcanzó la tasa del 3,6%, permite ser
optimistas. Las predicciones de inflación para el año en curso
apuntan al cumplimiento de los límites exigidos por Maastricht, en
un rango que fluctúa entre el 2,7 y el 2,9%. Esta estabilidad de
precios podría verse afectada por la volatilidad de precios energéticos
y el crecimiento de los salarios durante el año en curso. Este riesgo
puede ser minimizado a través de reformas estructurales en los mercados
de bienes y trabajo, que aumentarían la competitividad y permitirían
un crecimiento no inflacionista acompañado de creación de
empleo.
Tipos de interés
El criterio de tipos de interés no debe revestir dificultad. De
hecho, en 1996 y lo que va de 1997 hemos observado sucesivas reducciones
en los tipos de interés, provocadas por la reducción de la
inflación, la reducción del déficit público
y las expectativas de que España estará en la UEM. Sin embargo,
este último elemento es volátil. Una reacción contraria
de los mercados a la participación española en la UEM podría
frenar la recuperación económica y hacer peligrar el cumplimiento
de los criterios de convergencia.
Tipo de cambio
El cumplimiento del criterio de estabilidad del tipo de cambio se allanó
con la ampliación de las bandas de intervención a ±
15% en 1993. En los último tiempos, la peseta se ha mantenido estable
y el Banco de España ha intervenido sólo para evitar su apreciación
con vista a la fijación futura respecto al euro. Esto puede cambiar
a medida que nos aproximemos a la fecha de inicio de la moneda única,
cuando los participantes de la UEM sean seleccionados y las tasas a las
cuales las monedas se fijarán respecto al euro sean dadas a conocer.
Los mercados pueden reaccionar a la incertidumbre generada por el proceso
y atacar a las monedas percibidas como débiles.
Déficit público
Los presupuestos para 1997 muestran un ajuste que permitirá una
aproximación a los criterios de Maastricht. Las predicciones del
Gobierno y de la Comisión Europea apuntan a un déficit público
del 3%. Sin embargo, instituciones como el FMI prevén una cifra del
3,4%, mientras que el Deutsche Bank apunta a un 3,7%. Las principales dificultades
que enfrenta el Gobierno para poder alcanzar la meta prevista, son dos:
· Primero, sus proyecciones de ingresos fiscales están
basadas en un crecimiento del PIB nominal del 6%, cifra altamente optimista
que supone un crecimiento real de la economía española muy
superior a la media europea.
· Segundo, las proyecciones están basadas en un
fuerte control en el gasto, incluidos aquellos gastos que tienen carácter
automático (por ejemplo, la Seguridad Social) y aquellos que el gobierno
central no controla (Autonomías y Ayuntamientos). Si, a medida que
avance el año, estos últimos se desvían de las previsiones,
el Gobierno se verá obligado a ajustar el presupuesto para lograr
el objetivo, con todas las dificultades políticas y económicas
que esto implica.
Deuda pública
Finalmente, está el criterio de la deuda, el cual de acuerdo
con las proyecciones de la Comisión Europea lo cumplirían
sólo Francia, Luxemburgo y el Reino Unido. Este hecho, sumado a que
España es uno de los países con una menor proporción
de deuda sobre PIB, hace que la posición de nuestro país no
sea preocupante. Sin embargo, hay que recordar que el Tratado dice que,
en caso de no cumplimiento, la proporción deuda/PIB debe ser decreciente.
Las proyecciones de la Comisión Europea apuntan a una reducción
en el caso de España; sin embargo, éstas serían menores
que las de otros países.
Este breve repaso a la situación de España frente a los
criterios de convergencia, deja un balance positivo. Contrariamente a lo
que se podría haber dicho hace sólo un año, hoy en
día la situación económica apunta a que es muy probable
que España cumpla con los criterios establecidos en el Tratado de
Maastricht. Sin embargo, en las últimas semanas han surgido voces,
especialmente en Alemania y Países Bajos, que estiman que en la decisión
final deben considerarse aspectos adicionales. El cumplimiento de los criterios
de Maastricht sería una condición necesaria, pero no suficiente,
para pertenecer al grupo de avanzada de la moneda única.
Pero el euro se aleja
Hasta ahora se entendía que los criterios para entrar a la moneda
única se estipularon en el Tratado de Maastricht. Ahora parece que,
debido a que existe el riesgo de aceptar en la primera ronda a países
que han logrado acercarse a los criterios de Maastricht a través
de ajustes de corto plazo, existe la necesidad de establecer criterios de
estabilidad fiscal de largo plazo que no comprometan la estabilidad del
euro desde su inicio.
Los argumentos esgrimidos por los proponedores de criterios adicionales
se basan en que los tres criterios nominales inflación, tipos
de interés y tipo de cambio pueden ser cumplidos sin problemas
por la mayoría de los países. Las proyecciones de inflación
y tipos de interés prevén que con la excepción
de Grecia todos los países cumplirán estos criterios.
A su vez, el criterio de estabilidad de tipos de cambio pasó a ser
irrelevante desde que en 1993 se ampliaron las bandas a ± 15%. De
hecho, el Reino Unido argumenta que este criterio no es válido, para
así dejar abierta la opción de participar en la UEM.
En estas condiciones, se dice, los criterios relevantes para aprobar
el examen son los fiscales. Sin embargo, son éstos los que se prestan
a una mayor ambigüedad en su interpretación, de acuerdo con
el Tratado. Así, por ejemplo, en el artículo 104 C se establece
que el criterio de déficit público se considera aprobado si
éste ha descendido "sustancial y continuadamente" y se
"aproxima" al valor de referencia o lo sobrepasa "excepcional
y temporalmente". De igual manera, el criterio de deuda pública
requiere que disminuya "lo suficiente" y se "aproxime a un
ritmo satisfactorio".
La ambigüedad de los criterios se ha visto exacerbada por el comportamiento
de la Comisión Europea, organismo que, junto al Instituto Monetario
Europeo (IME), tiene el mandato de evaluar el cumplimiento de los criterios
de convergencia. La Comisión ha permitido que los países realicen
todo tipo de malabarismos contables. Así, de los múltiples
artificios presupuestarios propuestos por Bélgica, España,
Francia e Italia, entre otros, la Comisión sólo ha bloqueado
una iniciativa belga. Y en septiembre del año pasado aceptó
la más aberrante de todas, en la cual France Télécom
paga al Gobierno francés una suma aproximada al 0,5% del PIB por
el traspaso de las pensiones de sus trabajadores, permitiendo una disminución
significativa del déficit público corriente.
De momento, no parece que a los mercados financieros les preocupe demasiado
este proceder, y el diferencial de tipos de interés con los tipos
de referencia alemanes se ha reducido notablemente en todos los países.
Sin embargo, la ductilidad de criterios, en la que todos los países
son candidatos potenciales de la UEM, puede ser vista en los mercados de
capitales como un signo de la futura debilidad del euro. No es de extrañarse,
entonces, que autoridades de bancos centrales especialmente de Alemania
y Países Bajos estén nerviosas con esta perspectiva.
Una muestra del nerviosismo alemán es que haya propuesto el Plan
de Estabilidad, recientemente aprobado, el cual establece restricciones
al tamaño de los déficit fiscales de los países miembros
una vez dentro de la UEM.
Además, las autoridades del Bundesbank han sido tajantes en anunciar
sus preferencias por una UEM de dos velocidades.
Debido a esto, es muy probable que la decisión final de los participantes
del sistema se base en negociaciones políticas y no en un escrutinio
estadístico imparcial.
¿Cuáles son
los escenarios?
Los escenarios más probables de estas negociaciones son los siguientes:
1. El primero es una interpretación flexible de los criterios
de convergencia, aceptando a aquellos países que hayan mostrado un
esfuerzo de ajuste fiscal. La participación española está
asegurada en este escenario, en que sólo Grecia se quede fuera de
la UEM. La probabilidad de este escenario es muy baja, debido a que cuenta
con la dura oposición de Alemania.
2. Un segundo escenario es el de la interpretación estricta de
los criterios de convergencia. Esta posibilidad depende crucialmente de
si Alemania y Francia logran un déficit inferior al 3% del PIB durante
el año en curso. Alemania tiene alto riesgo de no cumplir con tal
objetivo, pues, a pesar que el Gobierno alemán proyecta un déficit
de 2,9% para 1997, el incremento en el paro del último mes pone en
duda esa proyección. Una interpretación estricta también
complicaría la situación de Austria, Bélgica y Países
Bajos, debido a que la deuda pública no está disminuyendo
de manera sostenida y/o porque sus déficit están próximos
al límite tolerado.
Si Francia y Alemania no cumplieran con los criterios de manera estricta,
queda la posibilidad que la UEM se retrase por un período de un año,
para permitir a los países poner en orden sus finanzas. Sin embargo,
la incertidumbre que un retraso en el inicio de la UEM introduciría
en los mercados pondría en peligro la recuperación económica
europea y dificultaría aún más el cumplimiento de los
criterios de convergencia.
3. El tercer escenario sería de consenso con dos velocidades:
un grupo que entraría en 1999, y el resto lo haría antes del
2002. El grupo de avanzada estaría conformado por Alemania, Austria,
Finlandia, Francia, Países Bajos, Irlanda y Luxemburgo. Los casos
difíciles para llegar al consenso serían dos. Por un lado,
estaría Bélgica que, a pesar de su alto nivel de deuda, recibiría
el apoyo incondicional de Alemania. El segundo sería Italia que,
a pesar de su esfuerzo por cumplir con los criterios de convergencia y a
que es un miembro fundador de la Unión Europea, debería entrar
en la segunda vuelta.
Un acuerdo respecto a que Italia se quedase temporalmente fuera seguramente
implicaría que España y Portugal tendrían que hacer
lo mismo. Si éste fuera el caso, estos países exigirían
que se les asegure de antemano la entrada definitiva y el compromiso del
Banco Central Europeo de intervenir para defenderles de ataques especulativos.
Otras exigencias podrían incluir la reserva de uno a dos asientos
en el Consejo Ejecutivo del Banco Central Europeo.
En definitiva, la participación de España en la UEM dependerá
no de un escrutinio estadístico imparcial, sino de duras negociaciones
políticas entre los distintos países.
Esto no significa que el esfuerzo desplegado para cumplir con los criterios
de convergencia no haya sido importante y necesario; sin él no estaríamos
negociando.
La incertidumbre de Madrid es mejor que la certeza de Atenas. |
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 Contrariamente
a lo que se podría haber dicho hace sólo un año, hoy
en día la situación económica apunta a que es muy probable
que España cumpla con los criterios establecidos en el Tratado de
Maastricht

 Los
argumentos esgrimidos por los proponedores de criterios adicionales se basan
en que los tres criterios nominales inflación, tipos de interés
y tipo de cambio pueden ser cumplidos sin problemas por la mayoría
de los países

 Es
muy probable que la decisión final de los participantes del sistema
se base en negociaciones políticas y no en un escrutinio estadístico
imparcial

 La
incertidumbre que un retraso en el inicio de la UEM introduciría
en los mercados pondría en peligro la recuperación económica
europea y dificultaría aún más el cumplimiento de los
criterios de convergencia
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