La capacidad de "anticipación" es una habilidad exigida
a los profesionales de la acción en general y a los empresarios y
directivos en particular. Anticipar las consecuencias de una acción
u omisión es uno de los requisitos para ser un buen profesional de
aquello en lo que se le supone a uno experto, sea médico, ingeniero,
político, conductor de autobús o empresario. También
es un don para actuar como ciudadano, como padre de familia, como cónyuge,
etc.
Otro rasgo distintivo de la persona comprometida con un objetivo o resultado
a conseguir es esa actitud permanente y esforzada que lleva a estar "atento
a todo" lo que ocurre a nuestro alrededor: estáte en lo que
haces... Actitud ésta que conlleva grandes beneficios a los demás
y a uno mismo (1).
La anticipación y la atención son dos dones y dos hábitos.
Son dones en aquellas personas cuya inteligencia dominante es más
práctica que especulativa, si es que cabe tal distinción.
La anticipación y la atención a lo concreto, al detalle, en
apariencia al menos, no cuesta a tales personas. Y en ese sentido cabría
interpretar que ambas cosas fueran sendos dones. Pero me inclino a creer
más bien que la capacidad de anticipación y de atención
son dos hábitos, adquiridos con la práctica y con esfuerzo
en muchas ocasiones.
Se puede leer el periódico como mero pasatiempos, o con afán
de informarse, o bien con disposición de ser útil a los demás,
por ejemplo recortando alguna noticia que se supone útil a otra persona.
Es razonable pensar que el grado de esfuerzo a poner, y la atención
a prestar en las tres situaciones descritas, es diferente. La primera puede
conducir a la somnolencia y es perfectamente legítima en determinadas
circunstancias. Por ejemplo, cuando lo que se quiere es eso: quedarse dormido.
La segunda es más comprometida y hasta requiere una postura física
diferente a la primera... La tercera exige mucho más: hay que estar
muy atento no sólo a los eventuales intereses de uno, sino de quienes,
aun sin mayor esfuerzo, se tienen presentes casi de continuo. ¿Es
eso un don? Hombre, yo diría que es un hábito que, con frecuencia,
requiere esfuerzo.
Y lo mismo cabría decir de casi todas las actividades que realizamos.
Por ejemplo, abrir el correo... de forma más o menos mecánica
y apresurada, o se puede abrir con ligereza, pero atendiendo a si algún
conocido hace colección de sellos extranjeros, a si el remitente
es persona cuyas señas quizá no estén actualizadas
en el fichero y a si el sobre es reutilizable, etc. En este segundo caso
puede ocurrir que de la misma acción (abrir una carta) se desprendan
diversas acciones eventualmente útiles para los demás: porque
se acuerda uno de aquel filatélico, porque se recortan aquellas señas
o porque se recupera un sobre para segundo uso. Pero ello requiere la tijera
o abrir el sobre con cuidado. O sea, requiere "estar".
Estos dos ejemplos de estar atento (el del periódico y el del
sobre), pueden replicarse en casi cualquier cosa. Y lo mismo ocurre con
la anticipación. Si anticiparse es prever consecuencias, en el devenir
de cualquier actividad cabe una actitud inquisitiva sobre el "qué
pasará", o una postura necia, como la de las vírgenes
que se quedaron sin aceite en sus lámparas, esperando...; o perezosa,
como la del que enterró su talento... también esperando.
Y ahí nacen los "es que, pensé que, creí que...".
Excusas de falta de compromiso personal, de actitud de servicio y de inmadurez.
Porque el compromiso, la actitud de servicio y la madurez, que es asunción
de todas las consecuencias buenas y malas de nuestros propios actos y omisiones,
no admiten todas estas excusas, que al fin y al cabo no pasan de ser disculpas.
El compromiso personal puede llevar a un "¡vaya hombre, me equivoqué;
corrijamos!", mucho más sencillo y directo, y menos retórico
y justificativo. Porque no se trata de justificarse, sino de hacer lo que
se debe y estar en lo que se hace. Y así habrá que recurrir
menos al "es que, pensé que, creí que...".
(1) Véase Vázquez-Dodero, J. C., &laqno;Crédulos
frente a verificadores», Revista de Antiguos, diciembre de 1995, págs.
36-37. |
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 &laqno;La
capacidad de anticipación y de atención son dos hábitos
adquiridos con la práctica y con esfuerzo»

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