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La capacidad de "anticipación" es una habilidad exigida
a los profesionales de la acción en general y a los empresarios y
directivos en particular. Anticipar las consecuencias de una acción
u omisión es uno de los requisitos para ser un buen profesional de
aquello en lo que se le supone a uno experto, sea médico, ingeniero,
político, conductor de autobús o empresario. También
es un don para actuar como ciudadano, como padre de familia, como cónyuge,
etc.
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El sector de servicios ocupa un lugar destacado en la actividad económica
y en la vida familiar. Nos resulta imprescindible recurrir a ese sector
para tareas tan distintas como la compra del pan, la curación de
una enfermedad o la negociación de unas acciones en bolsa. Pero,
¿qué le pedimos a las personas encargadas de prestarnos los
"pequeños servicios"? Cada consumidor pedirá prestaciones
distintas, de modo que, dependiendo del grado de competencia en el mercado
y de la naturaleza del servicio de que se trate, acabaremos escogiendo un
proveedor u otro, no ya por el servicio que nos presta, que muchas veces
será el mismo, sino teniendo en cuenta otras cualidades como la sonrisa,
el trato afable, la paciencia o un trabajo ejecutado con rapidez.
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