Los tiempos están cambiando, han cambiado y seguirán cambiando.
No puedo cuanto menos hacerme esta reflexión al empezar este artículo.
Cuando se habla de internacionalización de la empresa española,
recuerdo allá en el año 1987, cuando me incorporé al
IESE. Ya sé que no hace de hecho mucho tiempo, pero han sido diez
años muy fructíferos para la economía española.
Hacía poco que nos habíamos incorporado a Europa y la fecha
de 1992 empezaba a asomar por el horizonte. La economía española
ya estaba expuesta a los avatares de la competencia internacional, pero
todavía se explicaba por qué era importante estar en el mundo.
Lo normal es que te dijeran que sí, que la internacionalización
sonaba muy bien, pero que todavía quedaba lejos. Por otro lado, las
excepciones a la regla existían, y un número de empresas tenía
ya una sólida posición internacional.
Hoy, sin embargo, nos dicen que el sector exterior es el motor de la
economía. El crecimiento de las exportaciones en los últimos
años no es únicamente consecuencia de la evolución
de la paridad dólar/peseta ni de una integración en la economía
mundial por parte de España. El crecimiento de las exportaciones
viene acompañado del crecimiento en la presencia de empresas españolas
en el exterior, o, dicho de otro modo, del crecimiento de la inversión
directa en el extranjero por parte de empresas españolas. Sé
que es repetitivo el decir que no estamos ante un fenómeno coyuntural,
sino que es una tendencia irreversible por la que, queramos o no, y a pesar
de lo que algunos políticos europeos quisieran, vamos hacia una mayor
integración económica a todos los niveles.
Aun a pesar de esta evolución positiva de la presencia española
en el extranjero, como país, estamos en desventaja. Hace unos días
me chocaba un anuncio de una empresa española. El anuncio decía:
"la primera multinacional española". Y tienen razón.
A nuestro pesar, España no es un país con una presencia internacional
relevante. Tenemos, a nivel país, poca experiencia en los aspectos
internacionales del desarrollo empresarial. Por ello, comentaré en
este artículo dos aspectos de la internacionalización. El
primero, las razones de la internacionalización; y el segundo, las
dificultades de la misma.
Razones para la internacionalización
Deberemos pensar, en primer lugar, en las razones estructurales que empujan
a sectores concretos de actividad a ser más internacionales que otros
sectores. Habiéndose desarrollado la economía española
en un entorno más cerrado que abierto, deberemos tener en cuenta
esta razón más que otras. En primer lugar, porque según
el sector en el que nos encontremos es difícil, por no decir imposible,
desarrollar nuestra actividad a futuro sin desarrollar actividades internacionales.
Empresas que fabrican componentes para los fabricantes de primer equipo
en el sector del automóvil tienen requisitos explícitos de
internacionalidad. Casos como el de FICOSA, que ha sabido defenderse y desarrollar
una estrategia internacional, no son abundantes en nuestro país.
Empresas que no supieron reconocer esta realidad fueron adquiridas al abrirse
España.
Estos sectores intrínsecamente internacionales suelen tener factores
comunes como: las características internacionales de los clientes,
la presencia de competidores multinacionales o una cierta intensidad tecnológica.
Son éstos los factores que empujan a la internacionalización
desde el punto de vista de la demanda.
Otros factores son originados por las características de la cadena
de valor del sector. Si entendemos la cadena de valor como la secuencia
de actividades de negocio dentro de la empresa, nos podemos encontrar que
las compras dentro de un sector son internacionales, y no podemos, manteniendo
nuestra competitividad, hacerlas localmente. La emergencia de las economías
del Sudeste asiático es, en parte, debida a las ventajas de coste
al producir en estos países. Una de las decisiones importantes son
las de configuración de la cadena de valor de los negocios en los
que estamos. Donde hay que decidir qué es o qué vamos a hacer,
en qué país, y si lo vamos a hacer nosotros o vamos a externalizar
la actividad concreta vía algún tipo de acuerdos de colaboración.
Sabiendo que, bien por las características de nuestros clientes,
bien por las de las actividades concretas de la cadena de valor con la que
nos enfrentamos, pueden empujarnos a la internacionalización de nuestras
actividades, existe una tercera razón que juzgo como la más
poderosa, ésta es el aprendizaje.
Economías de escala aparte, la ventaja competitiva más
difícil de imitar de aquellas empresas que desarrollan sus actividades
globalmente es la capacidad de aprender de los distintos mercados a los
que se enfrentan. Los cambios en la distribución en España
son relativamente recientes comparados con los que se han dado en Francia
o Estados Unidos. Ello implica que una presencia previa en esos mercados
nos permitiría avanzar esos cambios en nuestro país y desarrollar
acciones que nos ayuden a incorporarlos. Esta sería la primera aproximación.
Salir al exterior para aprender cuáles son los motivos de la competencia
en lugares donde ésta es más fuerte.
Por otro lado, si consideramos el estudio del profesor Michael Porter
sobre "La ventaja competitiva de las naciones", veremos que uno
de los factores que considera más importante es la dureza de la competencia
del mercado local, así como el desarrollo de capacidades compartidas
a nivel local que no son propiedad de una sola empresa, sino que son compartidas
en un determinado entorno geográfico. Dándole la vuelta, podríamos
concluir que las empresas deben ir allá donde estén esas capacidades,
para incorporarlas a su negocio actual y mejorar su posición competitiva.
Si una empresa quiere tener futuro en un sector, debe aprender a buscar
esas capacidades a nivel global, utilizándolas e incorporándolas
allí donde se hallen. Por otro lado, la empresa competitiva debe
aprender a enfrentarse a los competidores más aventajados. Debe ir
a buscarlos antes de que ellos vengan a buscarnos a nosotros.
Dificultades para la internacionalización
En ningún momento quiero sugerir que haya que ir a buscar el suicidio
vía enfrentamiento con el más poderoso, ni que la búsqueda
de capacidades ha de hacerse sin tener en cuenta los objetivos concretos
de desarrollo de negocio rentable. Las consideraciones de los párrafos
anteriores deben basarse siempre en el criterio de la prudencia, debido
al equilibrio que debe presidir toda gestión estratégica de
la empresa entre el desarrollo de negocio y generación de fondos,
y la selección y desarrollo de aquellos recursos y capacidades que
son clave para la futura competitividad del negocio. Este equilibrio entre
el corto y el largo plazo no es fácil, dado que la existencia del
corto plazo asegura poder pensar en el largo plazo, pero las acciones que
podamos tener en cuenta en el largo dependen de los cimientos que vamos
poniendo en el día a día para lograrlo. Cuando Telefónica
empezó con su estrategia de inversiones en el extranjero participando
en los procesos de privatización en el cono sur americano, surgieron
grandes dudas al respecto. Sólo con su participación en acuerdos
de colaboración con gigantes de las telecomunicaciones, se ha visto
que, además de ser inversiones rentables por sí mismas, son
inversiones que aportan activos que permiten el posicionamiento de la empresa
a largo plazo.
Por otro lado, la internacionalización no está únicamente
abierta a aquellas empresas que se vean empujadas a ella por el entorno
sectorial. La internacionalización depende, como en la mayoría
de las acciones empresariales, de la voluntad proactiva de realizar operaciones
de negocio en el extranjero adaptando el negocio a las necesidades locales
de donde se pretenda operar.
Como siempre, la internacionalización depende de la implantación
y encuentra sus mayores dificultades en la adaptación a los nuevos
entornos de las filosofías de negocio que se han desarrollado en
los mercados de partida. Ello conlleva un compromiso de recursos, tanto
directivos como financieros, que implican un compromiso irreversible para
el desarrollo del negocio internacional. Los recursos financieros necesarios
son conocidos por todos; la pregunta clave es si necesitamos directivos
distintos para acceder a lo internacional.
Cuáles son las características específicas de esos
directivos internacionales que los hacen distintos de los mal llamados locales?
En primer lugar, esos directivos tiene que tener una mayor capacidad de
liderazgo porque van a desempeñar su trabajo en un entorno más
hostil o, cuando menos, más desconocido. Ello implica que deberán
ser capaces de construir y mantener redes dentro de su organización
internacional. Es decir, el directivo debe mantener los contactos dentro
de la organización de la casa madre, que es lo que le puede ayudar
a solucionar problemas. Por otro lado, los directivos internacionales deben
ser gente "dura", capaces de pensar que ellos pueden dominar el
entorno, pues en caso contrario será el entorno el que los dominará
a ellos, con el consiguiente distanciamiento de la filosofía de la
casa original. Ello implica también que la empresa con vocación
internacional debe tener unos sistemas de dirección más desarrollados,
que permitan coordinar y controlar operaciones lejanas sin necesidad de
esa relación diaria que puede darse en las operaciones locales.
Conclusión
Estos son los desafíos con los que se encuentra una empresa con
vocación internacional. En primer lugar, debe aprovecharse de la
obtención de economías de escala y alcance mediante la racionalización
de sus actividades. Tendrá, por otro lado, que concentrarse en aquellas
actividades que le resulten rentables, ya sea por razones meramente económicas,
como porque son aquellas en las que residen sus competencias diferenciales
y por eso el cliente está dispuesto a pagar por ellas, lo que implica
la externalización de algunas de sus actividades.
Las empresas que empiezan su proceso de internacionalización deben
identificar aquellas razones que les han permitido desarrollar su negocio
localmente y analizar su adecuación a los distintos mercados en los
que intentan entrar. Para ello, no deben dejarse enamorar de aquellas operaciones
internacionales, como las exportaciones ocasionales, de cierto volumen,
pero que no les permiten aprender en los nuevos entornos. Las empresas con
un cierto desarrollo internacional existente deben aprender de esa presencia
multinacional para poder desarrollar capacidades esenciales que les permitan
convertirse en competidores cada vez más fuertes en base a la coordinación
del desarrollo de las competencias esenciales de su empresa en los distintos
mercados en los que operan. Es por ello que el mayor desafío al desarrollo
de operaciones internacionales es el aprendizaje. La ventaja competitiva
duradera se basa en el desarrollo de capacidades y activos estratégicos,
para el que deben aprovecharse del conjunto de sus operaciones, y no sólo
de las locales. Ello implica un nivel de coordinación estratégica
importante, dado que cada una de las unidades locales debe ser responsable
del desarrollo y coordinación de capacidades estratégicas
importantes. Sólo el aprendizaje en todos los mercados es lo que
ha de permitir a la empresa beneficiarse de su posición internacional. |
|
 El
crecimiento de las exportaciones en los últimos años no es
únicamnete consecuencia de la evolución de la paraidad dólar/peseta
ni de una integración en la economía mundial por parte de
España

 La
internacionalización no está únicamente abierta a aquellas
empresas que se vean empujadas a ella por el entorno sectorial

 El
mayor desafío al desarrollo de operaciones internacionales es el
aprendizaje

 Sólo
el aprendizaje en todos los mercados es lo que ha de permitir a la empresa
beneficiarse de su posición internacional

|