Dirección de la diversidad en la empresa internacional

Carlos Sánchez-Runde
Javier Quintanilla

Al final, lo que normalmente tenemos son empresas norteamericanas, japonesas o alemanas exportando al resto de países de operación los modos empresariales americano, japonés o alemán. Y la mezcla es explosiva cuando esos "modos" inciden en el núcleo más íntimo de la dirección de personas, las prácticas de recursos humanos


Diversidad de culturas nacionales
Diversidad de prácticas de dirección de recursos humanos
Diversidad de culturas nacionales y dirección de recursos humanos

RESUMEN - SUMMARY

La internacionalización de la actividad económica plantea importantes retos de dirección de la diversidad, especialmente los referidos a operar en una pluralidad de naciones con culturas distintas. Por un lado, estos retos se suman a los de diseñar e implantar sistemas más o menos plurales de dirección de prácticas de recursos humanos. Por otro, el panorama se complica aún más al analizar la interacción resultante de la diversidad de culturas nacionales y la diversidad de prácticas de personal.

The internationalization of business activity raises significant diversity management challenges, particularly those related with operating in multiple countries with different cultures. On the one hand, these challenges are added to those of designing and implementing more or less plural human resources management systems. On the other hand, the situation becomes even more complex when analyzing the interaction between the diversity of national cultures and the diversity of personnel practices.


Simplificando las cosas, puede decirse que el reto fundamental de las compañías internacionales se centra en el gobierno de la diversidad. Estas organizaciones operan en distintos mercados y países, con muchos productos y servicios en distintas líneas de negocio, y atendiendo a requerimientos crecientes de un creciente número de instancias - empleados, clientes, proveedores, accionistas, sindicatos, competidores, consumidores, gobiernos, ecologistas, medios de comunicación, entre otros. En este artículo vamos a centrarnos muy brevemente en tres aspectos de esa diversidad:

- El primer aspecto se refiere a la diversidad cultural derivada de operar en distintos países.

- El segundo aspecto se refiere a la diversidad organizativa de la formulación e implantación de prácticas de dirección de personal y relaciones laborales.

- El tercer aspecto se refiere a la interacción entre la diversidad de culturas nacionales y la diversidad de prácticas de recursos humanos que acabamos de citar.

Con este ejercicio sólo pretendemos arañar muy modestamente la superficie de esos aspectos. Por encima de lo limitado de estas páginas -y de nuestra capacidad-, estamos ante problemas de esos, los realmente complejos e interesantes, que no admiten soluciones definitivas, sino alivios pasajeros.

DIVERSIDAD DE CULTURAS NACIONALES

Como causa o como efecto -o como ambas cosas a la vez-, lo cierto es que la internacionalización de las actividades económicas lleva a las empresas a establecerse en múltiples países. Por supuesto, la dirección de organizaciones se complica considerablemente a medida que aumentan las diferencias culturales entre el "país de origen" y el "país de operaciones" de la compañía. Más aún, la mayoría de empresas con que se relaciona el ciudadano medio de un país económicamente desarrollado actúa no en uno o dos, sino en muchos más países. Fijémonos, por ejemplo, en nuestros automóviles. Uno de los autores de este artículo conduce regularmente en Inglaterra un coche alemán comprado en España. El otro autor pilota en España un vehículo japonés ensamblado en Canadá y comprado en Estados Unidos (permítasenos añadir que tal vez sólo nuestros amigos comunes conozcan realmente la diferencia entre la conducción y el pilotaje). Si además trazáramos el origen de los componentes de ambos coches, cubriríamos sobradamente la cincuentena de naciones. O sea, que la internacionalización de intercambios no se limita a las actividades internas de la empresa, sino que se acentúa con la intervención de clientes intermedios y finales operando a escala mundial. No se trata sólo, pues, de coordinar la actividad del personal de producción con la del de ventas, o de estrechar las relaciones entre vendedores y clientes, sino de asumir las particularidades y diferencias entre todos esos sujetos: al "saber" de dirección de empresas tenemos que añadir el de movernos con fluidez entre diversas culturas, con los correspondientes modos de entender y relacionarse.

Es difícil moverse entre distintas culturas? Sí, mucho, por varias razones. Primero, porque, en general, y a nivel de las personas una a una, no estamos demasiado acostumbrados a ello. Segundo, porque moverse en otra cultura no requiere un mero "aprender" de una nueva materia (como se aprenden las matemáticas, por ejemplo), sino aprender una nueva forma de concebir las materias (el modo coreano de entender las matemáticas, por ejemplo, dista mucho del modo español). Lógicamente, nadar como pez en el agua entre "saberes de fondo" más o menos distintos a los nuestros, que informan los "saberes de superficie" (los que básicamente podríamos dominar a base de libro y codos), resulta, en el extremo, absolutamente imposible: el conocimiento y vivencia de una cultura ajena siempre tiene algo de mestizo, por conocerse y vivirse desde la propia cultura. Tercero, pues, moverse entre distintas culturas significa avanzar en un proceso que no culmina nunca, que pone radicalmente a prueba nuestra capacidad de empatía con lo extraño, a base, muchas veces, de suspender provisionalmente nuestra valoración de lo extranjero.

Resulta claro que al llevar estas consideraciones al ámbito de la empresa, acabaremos concluyendo que convivir con diferentes culturas multiplicará por mucho la complejidad de las ya de por sí complejas tareas directivas. Veámoslo con un ejemplo.

Se ha convertido en casi un tópico afirmar que, en las relaciones internacionales, el que compra puede hacerlo en su propio idioma, mientras que el que vende debe hablar el idioma local. Nada más falto de realismo. Por un lado, en un mundo de relaciones económicas complejas, una empresa puede comprar y vender, al mismo tiempo, productos y servicios a otra misma empresa, dependiendo del tipo de relación entre ellas. Por otro lado, el dinamismo de los papeles concretos de comprador y vendedor cambia radicalmente si nos referimos a transacciones que se repetirán más o menos continuamente en el tiempo, pues esas transacciones suelen generar y requerir lógicas procedimentales que se basan más en la confianza y la consideración mutuas que en el interés exclusivista del beneficio propio. Pero es que, además, siguiendo con nuestro ejemplo, cuando los intercambios tienen lugar entre organizaciones de distintas culturas, cuestiones como la del uso del idioma adquieren una importancia, cuando menos simbólica, que va más allá de la instrumentalidad del lenguaje. En esas circunstancias, resulta extremadamente burdo y simplificador enmarcar la marcha de la transacción en esquemas que descansan en criterios como el del mayor o menor poder negociador de la parte compradora o vendedora.

A través del ejercicio de principios de coordinación y control, las empresas desarrollan e implantan sistemas homogeneizadores de los procesos de análisis y toma de decisión. Obviamente, esa homogeneización de procesos es más difícil en las relaciones externas entre empresas que en la relaciones internas. Consecuentemente, aunque por un lado el potencial de conflicto entre diversas culturas es mayor en el ámbito intraorganizacional que en el ámbito interorganizacional, por otro lado, las empresas tienen también una mayor capacidad de superar esos conflictos internos en la medida en que la determinación de los fines, objetivos y medios de la empresa, así como el marco fundamental de valores que anime esa determinación, asuma mínimamente modos culturales plurales de entender la actividad empresarial, especialmente aquellos modos con mayor representación en la organización.

Hasta aquí, pues, nada nuevo. Desde siempre hemos sabido que las tensiones internas se alivian en la medida en que se logran ciertos niveles de consenso en torno al porqué y al cómo de la organización. Lo novedoso radica en el hecho de que ese consenso implique, cada vez más, instancias y personas con culturas diversas.

DIVERSIDAD DE PRACTICAS DE DIRECCION DE RECURSOS HUMANOS

Una de las polémicas más en boga en materia de recursos humanos se centra en si el diseño y aplicación de prácticas debe regirse por un criterio de "bebida a la carta" o "café para todos". Los partidarios del primer enfoque argumentan que la dirección de personal y relaciones laborales debe tener en cuenta de manera particularísima las características específicas de la empresa y del entorno para la formulación e implantación de prácticas de recursos humanos. Es decir, que distintas formas de competir deben reflejarse en -y reflejar- distintas prácticas de personal y relaciones laborales. En cambio, los partidarios del enfoque "café para todos" ponen énfasis en la conveniencia de encontrar un mínimo común entre las prácticas de recursos humanos que beneficien de manera general a toda la empresa. Ya se ve que, al menos sobre el papel, el enfoque "contingente" -variedad de prácticas acorde con la variedad de situaciones competitivas- tiende a garantizar un ajuste más fino entre necesidades de competitividad y prácticas de personal al coste de un mayor engorro de coordinación y administración, mientras que el enfoque "universalista" -unidad de "prácticas excelentes" para toda la organización- capitaliza en la sencillez organizativa sacrificando un mejor encaje entre necesidades competitivas y dirección de recursos humanos. Esta polémica, que tiene virtualmente dividido en dos bandos irreconciliables a los teóricos de la dirección de recursos humanos, manifiesta en el fondo las ambigüedades y dificultades de la dirección de la diversidad en las empresas. Nadie duda de que el "traje a medida" le siente a uno mejor que el "listo para llevar". Pero también hay que contar con el coste de cada alternativa.

Analizando el coste de las alternativas, vemos unos primeros criterios de solución. En función del tema de este artículo, lo primero que podemos tener en cuenta es el tamaño de la organización. En este sentido, parece claro que las presiones de los efectos negativos de la diversidad de prácticas de recursos humanos normalmente se dejarán sentir con más fuerza en empresas grandes, aunque sólo sea por su mayor potencial de diversidad organizativa. En cambio, en empresas pequeñas, el precio del traje a medida será normalmente menor, aunque sólo sea por la menor capacidad organizativa de generación de estructura -esto es, menor capacidad de generación de "cuerpos a vestir". O sea, que empresas pequeñas -y normalmente de mayor sencillez estructural- parecen de entrada mejores candidatas al diseño e implantación idiosincrático de sus prácticas de recursos humanos, mientras que, de nuevo en principio, empresas mayores -y normalmente de mayor complejidad organizativa- harán mejor en adecuar más rigurosamente los modos de competir y dirigir personas.

En la medida, pues, en que empresas con mayor implantación internacional -básicamente estamos ahora pensando en empresas multinacionales- tienen mayor tamaño y complejidad organizativa que empresas con menor implantación internacional -básicamente, empresas locales-, veremos crecer la tendencia al desarrollo de prácticas comunes, estandarizadas, compatibles, universales o "de mínimos" de dirección de recursos humanos. Paradójicamente, esas prácticas tienden por definición a homogeneizar los sistemas organizativos a que nos referíamos en el apartado anterior, con los riesgos consiguientes para el fomento del pluralismo dentro de la empresa.

DIVERSIDAD DE CULTURAS NACIONALES Y DIRECCION DE RECURSOS HUMANOS

Claro, los problemas de química más difíciles son aquellos en que se mezclan distintas sustancias. La tendencia organizativa de las mayores empresas internacionales -aquellas con mayor diversidad de culturas nacionales- a establecer sistemas comunes de dirección de recursos humanos choca frontalmente con la necesidad de esas mismas empresas de proteger la diversidad que la pluralidad de culturas manifiesta. Pues resulta además muy complejo, por no decir inviable, el diseño e implantación "pancultural" de prácticas comunes de dirección de personal y relaciones laborales que buscan asumir un hipotético "carácter conjunto" de todas las culturas. En ocasiones, por ejemplo, se ha sugerido que el problema de algunas organizaciones internacionales, como las Naciones Unidas, radica en la falta de personalidad nacional que resulta de la amalgama de distintas culturas que, en el fondo, coexisten sin llegar a mezclarse mínimamente. Igualmente desencarnado resultaría el intento de acoger simplemente "lo mejor" de cada cultura, dejando de lado "lo peor" de ellas, pues las culturas son todos consistentes que difícilmente aceptan ese tipo de particiones. Al final, lo que normalmente tenemos son empresas norteamericanas, japonesas o alemanas exportando los modos americano, japonés o alemán, al resto de países de operación. Y la mezcla es explosiva cuando esos "modos" inciden en el núcleo más íntimo de la dirección de personas -las prácticas de recursos humanos-.

Qué se puede hacer en estas situaciones? La verdad es que los intelectuales no tenemos respuestas muy precisas al respecto. Hace falta un equilibrio entre "personalidad nacional única" y "personalidad nacional plural" de la empresa. Y ese equilibrio se debe materializar en los distintos sistemas, procesos y estructuras de la organización. Aquí nos hemos centrado, aunque muy someramente, en el sistema de prácticas de recursos humanos y su interacción con las culturas nacionales representadas en la empresa. En la realidad, el análisis tiene que extenderse al resto de sistemas de la organización y al ajuste de los distintos sistemas entre sí, no sea que lo que se consiga con un sistema se "desconsiga" con otro. Estamos tocando el fondo de la necesidad de compatibilizar unidad y diversidad en la empresa internacional, uno de los grandes retos de la organización del siglo que viene.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Nadie duda de que el "traje a medida" le siente a uno mejor que el "listo para llevar". Pero también hay que contar con el coste de cada alternativa

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 
Hace falta un equilibrio entre "personalidad nacional única" y "personalidad nacional plural" de la empresa

 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 


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