Entrevista con el Gran Canciller de la Universidad de Navarra

"La perfección humana es
una componente importante del trabajo cristiano"

Michelle Brambilla


He acudido a la sede del Opus Dei, en el barrio romano del Parioli, para conversar con Monseñor Javier Echevarría, Prelado de la Obra, segundo sucesor (el primero fue Alvaro del Portillo) del beato Josemaría Escrivá de Balaguer, el fundador. Madrileño, 64 años, con dos doctorados, Prelado desde 1994, Javier Echevarría no suele conceder entrevistas a la ligera. Por eso, escuchar lo que piensa sobre el Opus Dei, y sobre otros temas, me parece de notable interés. Esta fue la conversación que mantuvimos.

Cómo se acercan las personas al Opus Dei?

De un modo natural, con la amistad real que nace entre las personas. Todo sucede con normalidad: cuando alguien conoce a un fiel de la Prelatura nota que tiene defectos, como cualquier otro, pero también se esfuerza por vencerlos, y que procura ser un buen trabajador, un padre o una madre ejemplar, un amigo leal. Con el tiempo, tiene la intimidad suficiente para saber que ese amigo se dirige a Dios como un hijo a su Padre, y que ése es el sentido de su vida. Y nacen los primeros interrogantes sobre el sentido de la propia vida...
Después viene el descubrimiento de la posibilidad de hacerse del Opus Dei. Como siempre ha sucedido en la Iglesia, constituye un paso muy íntimo: afecta a la orientación de la propia vida, que se decide cara a cara con Dios. Es la pregunta esencial. En la vida de muchos hombres y mujeres, cuando se descubre a Cristo que pasa en la vida de los demás, y en la propia, es como si saliera el sol. Ilumina, da calor, y ya no se pone jamás.

Subrayan a menudo que el Opus Dei no es un movimiento, sino "una espiritualidad para los laicos". Cuál es la diferencia?

El Opus Dei es una Prelatura personal, es decir, una institución jerárquica de la Iglesia universal, formada por sacerdotes y laicos bajo la dirección del Prelado, que se ocupa de esta porción del pueblo de Dios. Su finalidad pastoral es recordar a multitud de cristianos que Dios les busca en su propio lugar en el mundo, en su propia situación, y que allí es donde deben intentar vivir heroicamente las virtudes cristianas. Los fieles del Opus Dei son católicos corrientes y ciudadanos corrientes. Ser un fiel de la Prelatura no modifica en modo alguno su estado en la Iglesia y en la sociedad. Las personas del Opus Dei no forman un grupo ni actúan como grupo. Reciben la formación cristiana y luego la difunden, desperdigados por el mundo.

Dicen que hay que santificar el trabajo de cada día. Lo entiendo para un médico, un escritor o un profesor, pero el beato Escrivá hablaba de "Juan el lechero", que todas las mañanas, antes de entregar las cántaras de leche, entraba en la iglesia y decía: "Señor, te ofrezco el trabajo de hoy". Cómo se "santifica" el trabajo de un repartidor de leche? O de un obrero que aprieta tornillos en una cadena de montaje, o de un mecánico?

Y cómo se trabaja como carpintero durante años siendo el Hijo de Dios, el Redentor? Jesús lo hizo, y lo hizo muy bien: es una de las cosas que el Evangelio testimonia con claridad. Me conmueve pensar en un Dios "que durante años ha estado apretando tornillos", como usted dice. Bajo esta luz, el beato Josemaría predicaba que delante de Dios no hay trabajos importantes y trabajos insignificantes: la categoría divina de un trabajo no se mide con valoraciones puramente humanas. Su valor depende del amor que pongamos: tendrá un valor eterno si lo vivimos como hijos de Dios. Hablando en términos humanos, si los tornillos no están bien apretados, toda la estructura se derrumba.

Los miembros del Opus Dei tienen el deber de destacar en el trabajo, de ser los mejores? Es necesario triunfar para ser santos?

Sucede más bien lo contrario: hacerse santos es el único triunfo que importa de veras para la vida eterna. Y como esto equivale a identificarse cada día más con Cristo -a pesar de las debilidades de cada uno, siempre que se procure combatirlas-, se descubre la gran responsabilidad que tenemos ante el mundo: nos importa seriamente lo que sucede a nuestro alrededor, y deseamos contribuir, en la medida de lo posible, a mejorarlo. La perfección humana es una componente importante del trabajo cristiano. Pero eso no significa ni perfeccionismo ni búsqueda del éxito por el éxito. Significa trabajar bien, ser generosos, ponerse de verdad al servicio de los demás. El éxito no es la cima de las aspiraciones personales: lo que da valor a la propia vida es algo muy distinto.

Cómo es su relación con Juan Pablo II?

Filial, afectuosa, confiada. He estado con él para confirmar una vez más la plena adhesión del Opus Dei al Magisterio del Papa y su guía, como Pastor de toda la Iglesia, como sucesor de San Pedro, el vicario de Cristo.

Usted ha vivido durante veinte años junto a Josemaría Escrivá de Balaguer. Qué tipo de persona era?

Un sacerdote de Dios, un hombre de gran categoría, un padre cariñoso y un santo muy humilde y muy alegre. El resultado de esas dotes era que junto a él se estaba realmente bien. Contagiaba la alegría de ser cristiano. Entre lo mucho que le debo destaca el ejemplo práctico que me dio: fue su ejemplo, antes aun que sus palabras, lo que me enseñó cómo se puede encontrar a Dios en los asuntos de cada día. He tenido la enorme suerte de haber conocido de cerca a un gigante del espíritu como el fundador del Opus Dei. Una fortuna que me llena de responsabilidad.

Cuenta Vittorio Messori, en su libro "Opus Dei. Una investigación", que cuando entró en la sede central se quedó impresionado por la solidez de la construcción, por los suelos de mármol, las columnas... y el joven que le acompañaba le explicó: "es para ahorrar. Todo esto debe durar siglos". Cree de veras que en el futuro de la Iglesia estará siempre el Opus Dei?

Sí. Lo creemos, porque cuando Dios se empeña es más fiel que los hombres, más fuerte que nuestras debilidades. Será lo que Dios quiera. Tenemos la certeza de que el Señor no abandona al hombre si el hombre no lo abandona a él.


Reproducimos aquí un extracto de la entrevista de Michelle Brambilla, periodista del "Corriere della Sera", al Gran Canciller de la Universidad de Navarra, Monseñor Javier Echevarría, publicada en febrero de 1997 en la revista italiana "Tracce".

 

"Hacerse santos es el único triunfo que importa de veras para la vida eterna"
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


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