Utilizo el término inglés, team building, en parte por su
brevedad y, en parte, por su difusión en la literatura científica
y en círculos profesionales. Se puede traducir por "haciendo
equipo", en el sentido de que son una serie de actividades dirigidas
a conseguir que un grupo pequeño de personas se convierta en un equipo
eficiente y eficaz. Este proceso tiene variantes según el estado
de desarrollo del equipo. Así, una primera variante es cuando se
trata de que varias personas que van trabajar juntas en la resolución
de un problema "formen equipo", en el sentido de que desarrollen
unas relaciones mutuas satisfactorias y un modo de trabajar eficiente. Una
segunda variante es el "autoexamen" que hace un equipo ya en funcionamiento
para mejorar su modo de trabajar. Una tercera variante se da cuando un equipo
con problemas importantes de funcionamiento recaba la ayuda de un consultor
para diagnosticar sus problemas, ponerlos sobre la mesa y explorar soluciones.
A continuación, describiré los elementos básicos de
estas tres variantes.
Cuando un grupo de personas se reúne por primera vez para abordar
un problema o elaborar un proyecto, es conveniente que dé varios
pasos, a fin de que lo que es un mero conjunto de personas se convierta
en un equipo eficaz, con todos sus ingredientes: objetivos claros, confianza,
comunicación sincera, apoyo mutuo, etc. En esencia, se trata de acelerar
el proceso de "cristalización" del equipo. Estos pasos,
básicamente, son los siguientes(1):
1 Presentación de los miembros del equipo: funciones y responsabilidades
en la organización, formación, experiencia, etc.
2 Clarificar los objetivos: esto es, asegurarse de que todos sus
componentes tienen una misma idea de los objetivos y se sienten comprometidos
con ellos. Para lograr esto, es muy útil escribir los objetivos en
un panel en términos satisfactorios para todos.
3 Compartir prioridades: ¿hasta qué punto el tiempo
y el esfuerzo requerido por el equipo encaja en las prioridades y en las
disponibilidades de cada miembro?, ¿hasta qué punto pueden
"contar" con cada uno de ellos?
4 Compartir expectativas: ¿qué grado de tiempo y de
esfuerzo se requerirá para cada miembro?, ¿qué plazo
se prevé para completar el trabajo del equipo?
5 Organización: periodicidad, duración y lugar de las
reuniones; división del trabajo; reglas de juego, etc.
Una segunda variante de esta práctica es el "autoexamen"
que un equipo ya formado ha de hacer periódicamente para mejorar
su funcionamiento permanentemente. Esta práctica está descrita
en un trabajo mío anterior, que reproduzco a continuación.
A lo largo del funcionamiento de un equipo se producen cosas que reducen
su eficacia y que, sin embargo, no se airean. Por ejemplo, los objetivos
no están claros para todos, se trabaja de un modo poco ordenado,
se producen excesivas interrupciones, sus miembros no se escuchan bien,
etc. De estas cosas, habitualmente, no se habla. Consiguientemente, el equipo
difícilmente puede mejorar su funcionamiento, con la consiguiente
insatisfacción de sus miembros. La mejor vía para avanzar
es que el equipo haga una pausa en su trabajo y realice un autoexamen.
El autoexamen no es un paso fácil. Requiere una mezcla de coraje
y de tacto. Hay varios métodos a seguir. Me centraré en dos.
Un método suficientemente experimentado es que los componentes del
equipo completen un breve cuestionario (véase Cuadro 1), lo tabulen,
analicen sus respuestas y desarrollen planes de mejora. La idea de mejora
es siempre positiva. No se trata de criticar, sino de trabajar mejor.
Antes de poner en marcha esta práctica conviene debatir su conveniencia
y sondear la disposición de los componentes del equipo. Este paso
no puede imponerse. El autoexamen procede más fluidamente cuando
los miembros del equipo adoptan la precaución de evitar referencias
directas a personas, de no hacer juicios de valor y de centrarse en la conducta
del equipo en cuanto tal.
Otro modo de hacer el autoexamen es identificar el grado en que los miembros
del equipo cumplen las diversas funciones requeridas para que sea eficiente
y eficaz. Recordemos que un equipo es un "organismo social" que,
por un lado, ha de rendir, y por ello la necesidad de que cumpla ciertas
"funciones de rendimiento". Por otro lado, en el curso de sus
actividades, el equipo experimenta "rozamientos", que pueden reducir
su eficiencia. Por esta razón, la importancia de que el equipo ponga
"lubricante" en su funcionamiento y que, consiguientemente, sus
miembros cumplan las "funciones de mantenimiento" que garantizan
su permanente eficiencia. El Cuadro 2 contiene una lista de estas funciones.
El ejercicio a realizar consiste en anotar los nombres de los miembros del
equipo y marcar las funciones que cada uno está cumpliendo. Este
análisis permite detectar que alguna función no se cumple
por nadie, lo cual puede explicar el mal funcionamiento del equipo. Con
esta información, un miembro del equipo, más hábil
para cumplir esta función, puede comprometerse a cumplirla.
La tercera variante de esta práctica es cuando un equipo con graves
problemas de funcionamiento recaba la ayuda de un consultor para resolver
sus problemas. Esta práctica incluye varios pasos:
1 Entrevista preliminar del consultor para explicar
los objetivos y el contenido de esta práctica y para asegurarse la
disposición de todos los componentes del equipo a airear sus problemas
y buscar una solución. Cuando se trata de un equipo formado por una
unidad de la organización, con el superior jerárquico, la
buena disposición de éste es absolutamente esencial. La experiencia
nos enseña que el buen o mal funcionamiento de un equipo depende
en gran parte de la conducta de la persona que lo dirige. Esto implica que
la conducta de esta persona va a estar en el centro del análisis
subsiguiente.
2 Entrevista con cada miembro del equipo para
explorar su versión de los problemas de funcionamiento. Esta entrevista
puede completarse con un cuestionario que permitirá cuantificar la
gravedad de estos problemas. El contenido de esta entrevista tiene carácter
confidencial, a menos que el entrevistado manifieste lo contrario. Se trata
de recoger información salvando el anonimato. La experiencia del
autor es que la mera presencia del consultor abre las puertas a la comunicación
y rompe barreras a la expresión de sentimientos hasta entonces ocultos.
Nunca dejo de sorprenderme de la facilidad con que las personas reaccionan
ante esta clase de intervención, que para muchos es una oportunidad
única de desvelar sus reservas y sus insatisfacciones.
3 Con la información recogida en las
entrevistas, el consultor construye una lista de problemas que presenta
en una reunión del equipo, a fin de que todos juntos trabajen en
clarificarlos, interpretarlos, diagnosticarlos y formular planes de mejora.
El éxito de este paso depende de la valentía del superior
jerárquico para escuchar los comentarios y del tacto de los colaboradores
para expresar sus quejas y sus sentimientos. La experiencia del autor es
que si se siguen y se respetan estos pasos, el resultado es un equipo más
unido y más eficiente.
(1) Véase Dyer, W. G., &laqno;Team
Building: Issues and Alternatives», Addison Wesley, Reading, Mass.,
1977. |
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