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La demanda de sanidad por parte de la población no tiene límites.
Todos deseamos vivir más y vivir con más calidad. Así,
mientras en España gastamos un 7% del PIB en sanidad, en el resto
de Europa llegan al 11%, y en Estados Unidos, al 14%. Nuestra sanidad no
es mala, sin embargo, y ha mejorado continuamente, por lo que el grado de
satisfacción de la población es todavía aceptable.
En los últimos años, la necesidad de reducir el gasto público
ha llevado a tensiones presupuestarias importantes en el campo de la sanidad.
Es evidente, y todos los ponentes lo aceptaron así, que hace años
que se viene presupuestando mal la sanidad. El resultado ha sido la creación
de una deuda de más de 200.000 millones de pesetas. El grueso del
problema lo soporta el sector de los productos sanitarios en forma, fundamentalmente,
de un creciente incremento del período de cobro.
En España, el plazo de pago promedio al sector de los productos sanitarios
supera los 300 días. Algunos hospitales pagan a 1.000 días.
La morosidad no tiene color político, porque las autonomías
de Andalucía, Cataluña y Valencia destacan por sus dificultades.
Las empresas no pueden seguir financiando el desfase. Muchas tienen parte
de sus costes relacionados con el dólar y están sufriendo
las consecuencias. Otras son pequeñas y no pueden incrementar indefinidamente
su endeudamiento. Los administradores de hospitales, presionados también
por sus presupuestos, aprietan a la hora de comprar. Los márgenes
se reducen. En Estados Unidos se ha contenido algo el crecimiento del gasto
sanitario mediante soluciones tales como agrupación de ofertas y
de compras y consolidación de servicios.
Pero empieza a notarse un cierto malestar en pacientes y médicos.
Si bien hay acuerdo en el problema, no lo hay en las soluciones. Desde todas
las perspectivas políticas se considera necesario cumplir con los
criterios de la Unión Monetaria Europea. Pero si hay que destinar
fondos a la sanidad, hay que sacarlos de algún sitio.
Incrementar impuestos es poco popular. Pasar parte del coste sanitario al
paciente, también. Aplicar impuestos especiales a determinados productos
(tabaco, alcohol) tiene sus límites. Reducir las asignaciones a otras
partidas (Obras Públicas, Educación, etc.), es complicado.
Las posibles mejoras a base de incrementar la eficiencia de nuestro sistema
sanitario, aunque nadie las niega, todo el mundo considera que darán
poco de sí. Por tanto, será preciso buscar una convergencia
de posturas en la que habrá que tomar un poco de cada perspectiva
política.
Frente a un problema tan candente, tan difícil y tan sensible políticamente,
todos los participantes agradecieron la disponibilidad del Ministro de Sanidad,
Excmo. Sr. Don José Manuel Romay Beccaria, del President de la Generalitat
de Catalunya, Hble. Sr. Jordi Pujol, así como de los Consellers de
Presidencia Xavier Trías, y de Sanidad, Eduard Rius, así como
de quienes asistieron al encuentro y recibieron de los organizadores (Fenin
e IESE) y de los participantes la expresión directa de la problemática
del sector.
Merecen una mención especial las reflexiones presentadas por el profesor
Ramón Tamames, de la Universidad Autónoma de Madrid, sobre
la sostenibilidad del gasto sanitario y la necesidad de definir algún
límite compatible con nuestro nivel de desarrollo económico.

- La necesidad de reducir el gasto público ha derivado en tensiones
presupuestarias cuyo resultado ha sido una deuda de más de 200.000
millones de pesetas.
-Las empresas no pueden seguir financiando el desfase presupuestario.
-Para solucionar el problema es preciso buscar una convergencia de posturas
en la que habrá que tomar un poco de cada perspectiva política.
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Jordi Pujol, presidente de la Generalitat de Catalunya,
durante su intervención |
Mientras en España gastamos
un 7% del PIB en sanidad, en el resto de Europa llegan al 11%, y en Estados
Unidos, al 14%
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