Los empresarios cristianos ante el mundo de la marginación

Cardenal Ricard María Carles
Arzobispo de Barcelona


Recogemos aquí el texto de la intervención del Excmo. y Rvdmo. Sr. Cardenal Arzobispo de Barcelona en una sesión de trabajo que tuvo con un grupo de Antiguos Alumnos del IESE, directivos y profesores, el pasado 9 de junio. El objetivo de esa reunión era tener un diálogo abierto y constructivo, en el que se contrastasen las inquietudes y experiencias de algunas personas, creyentes o no, con especiales responsabilidades en el ámbito socioeconómico, con las preocupaciones del Sr. Cardenal sobre temas relacionados con el desempleo, la marginación y la justicia social. La promoción y coordinación de esa actividad en el IESE responde al espíritu que le anima desde sus comienzos: fundamentar sus enseñanzas en una recta concepción de la persona, de la empresa y de la sociedad, dentro de la doctrina de la Iglesia católica, y ayudar a todos los que se relacionan con él a adquirir una mayor conciencia de sus responsabilidades personales y sociales, de modo que puedan desarrollar sus capacidades profesionales y humanas para llevarlas a cabo.

1. La razón de nuestro interés

El objeto de esta reunión es un cambio de impresiones ­que deseo sea abierto y profundo­ sobre cuestiones que a ustedes les preocupan y que a mí también me preocupan vivamente. Durante estos últimos meses he tenido unos contactos más intensos que los que habitualmente mantengo con la clase obrera y con el mundo de la marginación. A la vez, tuve una serie de diálogos ­a veces casuales y a veces buscados­ con algunos empresarios de nuestra ciudad.

Por todo ello, cuando surgió la posibilidad de este encuentro, lo consideré providencial, porque les confieso que estoy muy preocupado por el endurecimiento ­o por la estratificación­ de ciertos niveles de marginación con quienes tienen capacidades de decisión, o por lo menos de influencia, en el mundo de la economía.

Me dicen que en este tipo de sesiones se parte de un caso, que presenta el visitante, y que después los asistentes debaten y se busca la solución con todo interés y con toda honestidad. Pero he de subrayar que para mí es muy difícil objetivar el caso y tratarlo fríamente, como sería el caso de una dolencia en un enfermo concreto, si ustedes y yo mismo fuésemos médicos y ésta fuese una sesión de análisis clínico.

No vamos a tratar el caso de un paciente ajeno a mí ­del que hipotéticamente me tocase presentar el caso­. Es algo semejante a lo que sucedería si el médico en cuestión presentara el caso clínico de su propio hijo a sus colegas. Creo que en este caso, él mismo y sus colegas pondrían un mayor interés que el que podríamos calificar como mero interés profesional.

Por lo que a mí se refiere, los casos de los que voy a hablar afectan a hijos e hijas de Dios de esta diócesis, y en este sentido son hijos del que es su pastor y su obispo. Y por lo que toca a ustedes, creo que esas personas son hermanos y hermanas suyos en Cristo, y creo que no son ajenos a su conciencia, a su responsabilidad e, incluso, a su sensibilidad.

Uno de los últimos casos que he conocido es el de una mujer joven, que tiene 30 años, y que a los 18 comenzó a entrar en el mundo de la droga por la influencia del mismo barrio en que vivía. Ha pasado por la delincuencia; ha pasado por la cárcel; ha pasado por el hospital... Ha pasado por muchos sitios... y a los 30 años confiesa esto: "He pensado muchas veces en suicidarme, pero nunca lo he hecho porque creo que la vida es un don de Dios".

Para una persona que tiene esposo o esposa, que tiene familia, que es respetada y querida, que es ayudada, no es difícil decir que la vida es un don de Dios. Pero tiene mucho mérito que lo diga una muchacha que -como dicen los marginados- ha vivido el círculo infernal de prisión, hospital, calle, hambre, prostitución, cárcel, hospital, calle...

En la prensa de esta mañana he leído que el concejal responsable de Educación, a propósito de ciertos problemas del barrio de La Mina, que son muy graves, ha dicho que hay que sacar a los adolescentes de La Mina, de ese círculo infernal que tiene tres estadios sobre todo: la calle, la cárcel y el hospital. Que los políticos y los dirigentes hablen ya de ese "círculo infernal" me hace respirar un poco, porque pensaba que les era un lenguaje desconocido éste de la marginación.

Cuando uno visita el barrio del Raval, puede ver adolescentes que uno podría ver también en el paseo de Gracia de Barcelona. Pero quienes conocen la realidad, te dicen: "Si esta muchacha de 13 años no sale de este barrio, a los 14 acabará siendo una prostituta". Y te dicen después: "Si este muchacho no sale del barrio, acabará vendiendo droga, porque no tiene otra manera de ganarse la vida. Y por tanto acabará en la cárcel". Para mí, oír estas cosas es muy triste... Y cuando uno visita la cárcel, se siente impresionado, no tanto por los rostros de hombres de 50 años, sino, sobre todo, por los rostros de jóvenes ­ellos y ellas­ que parecen jóvenes totalmente normales, pero que han llegado a la cárcel porque vivían en barrios marginales y no tienen otra manera de vivir ­no exagero­, no tienen ninguna otra manera de vivir que la que les ha llevado a la cárcel.

2. Un muchacho de La Mina

Conozco a un muchacho de La Mina que es gitano, al que he conocido bastante bien y con el que he comido en casa con su familia. Es un buen cristiano. La segunda o tercera vez que hablé con él, me presentó a una pandilla de amigos y amigas suyos. Otro día, yo le pregunté: "¿Cómo van tus amigos?". Mirándome a los ojos, me respondió: "¿Cree usted, señor Arzobispo, que mis amigos y amigas pueden vivir de otra manera estando donde están?". Quiero decir que no escogen el hospital, que no escogen la cárcel, que no escogen la delincuencia. Lo que sucede es que no tienen otra manera de vivir. Es como estar atrapado en esa especie de remolinos del agua, en los que uno, como no escape de ellos, acaba hundiéndose necesariamente.

Y respecto del paro, es obvio que no es el problema de una persona, sino que es un problema que, aunque afecte a uno solo de sus miembros, repercute en toda la familia. Ante el joven sin trabajo, ante el adulto en paro y sin posibilidad de encontrar trabajo, el trauma no es sólo personal, sino familiar. Esto significa que existen muchas familias que sufren casos dolorosísimos de depresión a causa del paro.

3. La experiencia de Cáritas

Muchas de las personas que ayudamos a través de Cáritas Diocesana, según me explican sus dirigentes, viven esta tragedia: o se deciden por pagar el alquiler, y entonces no tienen recursos para poder comer; o comen, y entonces no pueden pagar el alquiler y se ven abocados al desahucio.

En concreto, entre el gran número de familias a las que ayudamos, a 869 les pagamos el alquiler y a 420 familias les ayudamos cada mes para que no acumulen una deuda que les obligaría a quedarse sin hogar. Si sumamos estas dos cifras, nos situamos ante unas 1.600 familias que, para no tener que vivir en la intemperie, piden una ayuda a Cáritas. Y eso en una Barcelona en la que también se dan situaciones muy distintas...

En nuestra diócesis, según un estudio reciente, sobre una población de 4.400.000 habitantes, hay 618.000 personas que se sitúan por debajo de la mitad de la renta media per cápita de Cataluña -que es un criterio generalizado para calificar una situación que ya es en realidad de pobreza-. Y todavía hay quienes están en peor situación: en la diócesis tenemos 18.500 personas que sólo cuentan con 12.000 pesetas al mes, y que por lo mismo están en situación de extrema pobreza.

Pero tenemos también 107.000 personas que viven la pobreza grave, porque están entre el 15 y el 25% de la renta media. Los que están entre las 22.000 y las 30.000 pesetas al mes, que se considera pobreza moderada. Son 232.000.

Cáritas intenta que muchas de estas personas puedan llegar a obtener el certificado de estudios primarios. Piensen que el 28% de los parados tienen estudios primarios incompletos. Normalmente son personal muy joven, que en un 21% de los casos han llegado sólo al certificado de estudios primarios.

Resulta, además, que la pobreza cada vez es más joven, y también es cada vez más joven la población de nuestras cárceles. El promedio de edad de quienes viven en situación de pobreza extrema ya no son los que tienen 60 ó 70 años, sino que son los 31 años. Si a esa edad uno se encuentra en situación de pobreza extrema, tienen que producirse muchos milagros morales para que no se defiendan robando, o vendiendo droga, o prostituyéndose, para acabar al final en el hospital o en la cárcel.

Hay, por otra parte, un grupo extremadamente doloroso, que son los parados que tienen más de 45 años. Según el registro de nuestra Cáritas, en el pasado mes de abril, de los parados que tienen hasta 26 años, que eran 27.000, se han colocado prácticamente todos. En cambio, de los 7.000 parados que tienen más de 45 años, sólo han podido encontrar trabajo 3.000.

4. El caso del FORCEM

Dejando otros datos, les quiero hablar del FORCEM, la fundación para la formación continuada. Esta fundación tenía entre 2.000 y 3.000 millones de pesetas al año como presupuesto para pagar a las empresas que permiten a sus obreros realizar cursos de reciclaje laboral. Lo curioso es que de esa cantidad, en los últimos ejercicios, siempre sobraba dinero, quizá porque las empresas no se lo tomaban en serio. Quizá por falta de sentido social.

Pues bien, estos días la prensa nos ha informado de que la dotación para el FORCEM ha aumentado hasta los 90.000 millones. Sería deseable que las empresas utilizaran esta cantidad -que es elevadísima, dadas las cifras en que nos movemos en la Iglesia- para hacer que los obreros puedan reciclarse realmente y así tener una mayor posibilidad de integrarse en el mundo del trabajo y no caer en el paro.

Y ahora deseo escucharles a ustedes. Y de nuevo les agradezco que hayan querido asistir a esta reunión, que supongo que es bastante peculiar en relación con sus habituales reuniones de cuestiones económicas. Y les doy las gracias por su atención.

5. Intervención después del diálogo

Nuestro diálogo ha sido profundo, rico y muy variado. Me marcho esperanzado, porque la reacción de ustedes ha sido mucho más positiva de lo que ya pensaba que sería.

La primera intervención ha subrayado la necesidad de llegar al contacto personal con el otro. Esto, para mí es fundamental. Cierto es que se puede ayudar con un donativo, firmando un talón, pero el contacto personal es imprescindible. En los comienzos de mi estancia en Barcelona -donde ya llevo siete años- visité el barrio de La Mina. Y una cosa que me impresionó favorablemente fue que entre los jóvenes y adultos -e incluso algún matrimonio- que trabajaban en el barrio, había personas de Sarrià y Sant Gervasi, y que iban allí de una manera programada, cada fin de semana. Y me dije: "¡Bendito sea Dios, porque se va creando una comunicación directa entre quienes tienen, pueden y saben más y quienes no tienen, no pueden o no saben!".

Conozco dos muchachas que ayudan a esas personas en una cosa concreta: en ayudarles a sacar el carnet de conducir, con lo que podrán abrirse camino mejor. En otros casos, será ayudarles a obtener el certificado de estudios primarios. En otro, será que pueda entrar en una escuela de hostelería.

Esta es la manera de concretar los valores a los que ustedes han aludido en sus intervenciones. Así como hay una línea de transmisión en nuestra sociedad de los valores negativos, también existe una línea de transmisión de los valores positivos. Esos valores que, por desgracia, no "son noticia", porque no interesa lo que es noble, lo que es leal, lo que representa esfuerzo, lo que es positivo.

6. La enseñanza en todos los niveles

Los medios de comunicación causan un grave daño a nuestra sociedad. Pero no toda la responsabilidad es de los medios. También han aludido ustedes, en algunas de sus intervenciones, a la cultura que se comunica actualmente en la enseñanza en todos los niveles educativos, desde la escuela primaria hasta la universidad. Necesitamos una educación que valore la solidaridad y la capacidad concreta de ayuda a las personas en su promoción personal y colectiva. Quizá sería bueno promover iniciativas como las que ustedes han indicado, unos foros de debate en los que obreros y empresarios estudiaran las posibilidades de actuación en el mundo actual y en las concretas condiciones sociales en que nos encontramos.

7. La comunicación eclesial

También me ha impresionado lo que ustedes han dicho sobre la comunicación en la Iglesia, sobre la comunicación de la Iglesia con la sociedad y sobre la imagen -a veces poco cuidada- que la Iglesia da de sí misma. Pienso a veces que sería bueno hacer como un "libro blanco" de todo lo que realiza la Iglesia, pues es en buena parte desconocido: en el ámbito cultural, en el de la justicia social, en el de la beneficiencia, en la atención a los enfermos... Creo que esto ayudaría a que incluso los no creyentes vieran con simpatía lo que la Iglesia está haciendo. Por ejemplo, casi nadie sabe que la Iglesia y sus instituciones han sido -y siguen siendo- pioneras en la creación de pisos y de otros servicios de atención y acompañamiento para los enfermos de sida de nuestra sociedad.

8. Trabajar todos contra la marginación

Llegamos ya al final de nuestro encuentro. Les agradezco todo lo que han dicho, que me ha sido -y me será muy útil-, ya han visto que he tomado nota de todo ello. Les invito a trabajar unidos -todos juntos- ayudando también a la Iglesia con recursos económicos- para solucionar, o por lo menos para suavizar, los casos más agudos y más hirientes.

Les invito a trabajar, desde sus respectivos puestos de responsabilidad, para que no aumente, y para que se reduzca todo lo posible, la marginación en nuestra sociedad. Es una responsabilidad a la que todos hemos de sentirnos llamados. Me impresiona cuando, al preguntar a algún sacerdote por el estado de su parroquia o de su barrio, me contesta: "Ya estamos entrando en la marginación". Es muy triste ver que un barrio, con espacios verdes y equipamientos cuando fue construido, hace ahora diez años, está entrando en una situación marginal.

Por ciudadanía y por nuestra fe cristiana, todos estamos llamados a hacer todo lo que podamos para reducir y para evitar la marginación de todos, de manera especial de nuestra juventud. Como recuerdo de lo que he intentado decirles, les dejo el estudio sobre la pobreza en la archidiócesis de Barcelona, realizado hace tres años, bajo los auspicios de Cáritas Diocesana, pero cuyas cifras siguen siendo fundamentalmente válidas.

Gracias a todos por su atención y por su colaboración



El texto completo de la intervención del Cardenal Carles y un resumen de las intervenciones de los participantes ha sido publicado por el IESE. Los que lo deseen, pueden solicitarlo al IESE, Tel.: 93 - 253 42 00.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

"Sería deseable que las empresas utilizaran la dotación del FORCEM para que los obreros puedan reciclarse realmente"


Portada | En 10 minutos | A fondo | Tendencias | Reflexión
Es noticia | Agrupación de Miembros | Ultimas noticias | Servicios

REVISTA DE ANTIGUOS
© IESE 1997