Historia de un proyecto


La fundación del IESE
(1956-1958)

Tomás López
Javier Pampliega

CENTRO DE DOCUMENTACIÓN HISTORICA-IESE

 

  &laqno;A mes amis de l'IESE, avec mes voeux pour qu'ils trouvent tout le succès qu'ils méritent ­l'oeuvre entreprise par l'IESE a une importance qui ne peut être exagérée dans notre monde moderne. Cela a été pou moi un privilège d'être associé au démarrage de cette Ecole, dans un pays attachant comme l'est celui-ci.» Estas palabras de Gérard Lignac, profesor de l'Ecole d'Administration des Affaire des Facultés Catholiques, de Lille, estampadas en el primer libro de firmas del IESE el 4 de marzo de 1959, muestran el prestigio que, en poco tiempo, alcanzó el IESE fuera de nuestras fronteras.

¿El objetivo?, enseñar la ciencia de la alta dirección; ¿el modo de hacerlo?, a nivel universitario; ¿el destinatario?, el hombre de vértice, el alto directivo. Estos fueron los pilares sobre los que se asentaría lo que más tarde sería el IESE. Y el reto era grande, dado que "aunque pueda parecer extraño, antes de 1945 no existía en Europa ninguna escuela de Business Administration semejante a la de la Universidad de Harvard u otras escuelas americanas. Sí que existían numerosas escuelas de comercio de mayor a menor calidad, pero sin concederles nunca un rango universitario"(1). Este era el panorama de Europa por lo que a escuelas de Dirección de Empresas se refiere, y en este ambiente nacerá lo que en un primer momento llegó a llamarse "Centro de Estudios de la Empresa en Barcelona"(2) y, semanas más tarde, antes de iniciar su larga carrera, Instituto de Estudios Superiores de la Empresa.

Cuando el 25 de noviembre de 1958 el IESE inició su primer Programa de Alta Dirección de Empresa, ya se llevaba mucho tiempo acariciando la idea de poner en marcha una iniciativa dirigida a la formación de altos directivos. En palabras de Francisco Ponz, que fue Rector de la Universidad de Navarra entre 1966 y 1979, "Monseñor Escrivá de Balaguer había sugerido en varias ocasiones, ya avanzados los años cuarenta, la conveniencia de que se estableciera en Barcelona un Centro Educativo dedicado a la preparación de empresarios profesionalmente competentes y con buena formación cristiana"(3).

 1956-58





Edificio A en noviembre de 1958









Antonio Valero, Director General del IESE de 1958 a 1967
 


Y no fue desacertada la sugerencia. Al finalizar la segunda guerra mundial, el rápido ascendiente de Estados Unidos en toda Europa hizo que las potencias del Viejo Continente quisieran imitar, a todos los niveles, los patrones americanos. Las relaciones humanas en la empresa, la enseñanza de métodos y tiempos, o la productividad, fueron puntos clave de ese afán de imitación. Por entonces, aparecieron en Europa escuelas y organismos con características similares a lo que más tarde sería el IESE. En 1952 nacía el IPSOA, en Turín ­de corta vida, pues desaparecería trece años después­; al año siguiente ­1953­ se abría el Centro de Gante (Bélgica); en ese mismo año, surgía por iniciativa de Stephan Cambien, ex-alumno de la Universidad de Harvard, l'Ecole d'Administration des Affaires, de Lille, en donde se miró el IESE para dar sus primeros pasos; en 1957 nacía en Madrid la Escuela de Organización Industrial; en 1961, la Comisión Nacional de Productividad Industrial. En definitiva, son los tiempos de la posguerra, en que aparece en Europa una intensa preocupación por las relaciones humanas dentro de la empresa, siguiendo el patrón americano, respondiendo quizás al dominio demócrata cristiano y socialista en los gobiernos.

Primeras inquietudes

A partir de 1953 España empieza a mirar al exterior y se incorpora rápidamente a este movimiento de productividad, saltando lo económico, una vez más, por encima de lo político, y los cursillos sobre tiempos y métodos se multiplican en las empresas junto con la formación de instructores en relaciones humanas, como primera actividad de la Comisión Nacional de Productividad Industrial.

Un grupo de empresarios, entre los que se contaba Antonio Valero, sintió esas mismas preocupaciones. Jesús Azcárate, Alejandro Crespo, Joaquín Cortada, Juan Joly y José Luis Valero, son nombres que, directa o indirectamente, han tenido relación con los primeros pasos del IESE. Este grupo de amigos formaba parte del consejo de administración de RASA, empresa dedicada a impartir cursos de formación sobre productividad, métodos y tiempos, gestión de empresa, ventas y control económico. En un momento determinado pensaron que en este campo en el que estaban trabajando, y de la manera como lo estaban haciendo, había que hacer algo para que aprendiesen los directivos en España.

La preocupación ya estaba; el planteamiento, también; faltaba, sin embargo, poner en práctica la idea. ¿Quién mejor que una universidad para llevar a cabo este proyecto? Porque si una idea se tenía clara es que debía hacerse con altura universitaria. Sobre esto, Antonio Valero recuerda que fue Alejandro Crespo Calabria quien, por propia iniciativa, se dirigió a las autoridades del entonces Estudio General de Navarra proponiéndoles la puesta en marcha de lo que hasta el momento eran sólo ideas. Así las cosas, la entrevista que Antonio Valero, Alejandro Crespo y José Javier López Jacoiste, representante de las autoridades académicas de Pamplona, mantuvieron en agosto de 1957, en Las Arenas (Vizcaya), constituyó el primer paso de la gestación del IESE.

En la tercera página del informe elaborado por Antonio Valero en junio de 1958, y que envió a estos amigos de RASA, se lee: "Tipo de centro: crear un centro de estudios de dirección, organización y administración y gestión de actividades privadas y públicas, del que nacerán las funciones siguientes: investigación básica, investigación aplicada, enseñanza, publicaciones"; el plan de estudios se podría llevar "en correspondencia con Lille, y quizá también con Harvard»; el primer programa sería de "veinte semanas. Después podemos pasar a treinta y, por último, si es viable, cambiar el plan al arriba indicado de dos cursos»; el número de alumnos en el primer programa no pasaría de veinte, pudiendo llegar a un máximo de treinta y cinco; el método de enseñanza sería mixto: conferencias y casos; y el profesorado ­que podían ser personas provenientes de la ingeniería, el derecho o la economía­, estaría compuesto por un grupo "más dedicado", y contaría también con la presencia de profesorado extranjero(4).

La Universidad de Navarra fue, pues, la destinataria de la propuesta. Y Navarra lo elevó a la autoridad competente, al Gran Canciller. Y así las cosas ­como recuerda Antonio Valero­, en el verano de 1956 ó 1957 le preguntaron de la Vicaría Regional del Opus Dei en España si quería aceptar el encargo de pensar en algo apostólico y educativo en el área de la empresa.

A partir de ese momento, el profesor Valero empezó a estudiar, a explorar posibilidades sin salir de España. "Me dediqué a recoger información, estructurar una propuesta y, una vez aprobada ésta, poner por obra lo que sólo eran ideas"(5).

Entre diciembre de 1957 y enero de 1958 se redactaron dos alternativas. Una, que se podría denominar prudente ­asequible­, y otra, ambiciosa, que la mayoría consideraba irrealizable. A los pocos meses se recibió la contestación del Gran Canciller, en la que decía que el IESE había sido erigido como obra corporativa del Opus Dei, que estaba también erigido como Centro Superior de la Universidad de Navarra y que su actividad académica empezaría el otoño próximo: era la propuesta ambiciosa.

De poco tiempo se disponía y era mucha la tarea a realizar antes de ver hecho realidad el primer programa. En el mes de marzo de 1958, Antonio Valero se entrevistó en Madrid con Juan Manuel Elorduy ­futuro profesor del IESE­. Cualquier persona sin muchas ambiciones hubiera salido desanimada de aquella entrevista de Madrid. Cuenta Juan Manuel Elorduy que Antonio Valero le dijo que tenía el encargo de hacer algo a nivel universitario para empresarios. El profesor Elorduy le contestó que aquello sería una pérdida de tiempo, que nadie iría a estudiar ninguna lección, sino que deberían llevar determinadas situaciones de su empresa y que todos los demás deberían resolver aquel problema.

Cuatro meses después, el 8 de julio de 1958, mantuvieron una segunda entrevista, esta vez en el Parador Nacional del Monte Jaizkibel (Guipúzcoa). Allí, Antonio ya lo tenía todo pensado: el primer programa sería para Altos Directivos ­el PADE­, constaría de 600 horas ­entre sesiones y trabajo personal­, la matrícula sería de 40.000 pesetas ­el precio de un utilitario­, y debería ser en Barcelona. Todos estos referentes le parecieron desproporcionados a Juan Manuel Elorduy, y orientados al más seguro fracaso, pero no dudó en calificar de impresionante la labor de Antonio Valero, quien en cuatro meses había visto claro todo lo que había de hacer.

Más allá de las fronteras

Félix Huerta, Fernando Pereira, Anton Wurster, Juan Farrán y unos jóvenes ingenieros ­entre los que se encontraba Carlos Cavallé­ fueron depositarios de las inquietudes de Antonio Valero. El profesor Valero, junto con el equipo de colaboradores citados, viajó por Europa, visitó las escuelas recientemente creadas y, especialmente, la escuela de Lille, donde encontró amplia acogida. Es oportuno hacer constar la cordialidad y colaboración ofrecida por Stephan Cambien, el General de la Chapelle y Philippe Bayart, quienes formaban parte de la dirección de dicha Escuela. Gracias a Joaquín Cortada ­amigo y socio de Antonio Valero­ se supo que en Lille, Francia, había una escuela en la que enseñaban por un método especial, dialogando. Allí permaneció Antonio durante una semana y pudo conocer de cerca la aplicación del método del caso. A su regreso vino con unas ideas muy definidas: iniciar una escuela de dirección de empresas; utilizar el método del caso y empezar tomando como alumnos, en un Programa de Perfeccionamiento de larga duración, a altos directivos de empresa, presidentes de sociedades y directores generales.

Y fue en el número 9 de la Vía Augusta de Barcelona, en el despacho de los arquitectos Juan Ignacio de la Vega y Joan Rius, donde el IESE dio sus primeros pasos durante el verano de 1958. En estos pequeños locales se tradujeron los primeros casos. Como explica Carlos Cavallé, cuando fue a esta primera sede, Antonio Valero le dio el libro de casos de Pearson Hunt, junto con otros casos en francés, procedentes de la escuela de Lille, para traducir al castellano. El primer caso traducido se llamaba "Tivergien Frères", que se denominó "Cervecerías el Halcón".

A Lille fue también Fernando Pereira, en el curso 1958-59, por indicación de Antonio Valero. En esa institución tomó contacto con algunos de los profesores que posteriormente vendrían invitados al IESE para impartir diversas sesiones: Stephan Cambien, el General de La Chapelle y Gérard Lignac.

Pearson, 21

Llega el momento decisivo de iniciar la actividad académica, de poner en práctica, en definitiva, lo que se llevaba pensando y estudiando desde hacía varios años. Para entonces ya se había constituido el Consejo Patronal del IESE, formado por Antonio Valero, como presidente; Juan Farrán, como secretario y, como vocales, un nutrido grupo de empresarios, entre los que se contaban Rafael Pich, Juan Vidal Gironella, Félix Peig, Lorenzo Dionis, Casimiro Molins, José Roca, Rafael Termes, José Luis Valero y Eduardo Tarragona(6). Los componentes de este patronato tuvieron el mérito de ser los primeros que comprendieron la necesidad de ser alumnos de una escuela de dirección de empresas. Durante todo un año se sometieron a un proceso de revisión y aprendizaje, para contrastar sus propios conocimientos, a la par que adquirir otros nuevos, preparándose así para el cambio que exigía el crecimiento industrial que España estaba sufriendo.

El IESE se trasladó a los actuales terrenos de la barcelonesa Avenida Pearson poco antes del inicio de sus actividades académicas. Así se deduce del texto del Acta de la segunda reunión del Consejo Patronal, que tuvo lugar el 13 de noviembre de 1958: "Después de haber cambiado impresiones, los asistentes se dirigieron a Avda. Pearson, 21, y Juan de Alós, 19, para visitar los locales del IESE. La totalidad de los miembros del Consejo manifestó su agrado por el magnífico edificio, sede del IESE, y pudo comprobar lo avanzadas que se hallaban las obras de adaptación y reforma de los locales"(7).

El terreno original, en un principio, era la parcela que en la actualidad alberga los edificios "A" y "B", comprada a Inmobiliaria Textil Algodonera, cuando el edificio "A" aún no estaba acabado y el "B" no existía. Antonio Valero y Juan Farrán, con otros colaboradores, se trasladaron a esta casa ­todavía sin terminar­ hacia mediados de octubre del año 1958. Una de las primeras tareas que debieron realizar consistió en finalizar la instalación ­traslado de muebles, colocación de los últimos cuadros...­ de día y de noche.

Así nació el IESE. Con él aparecía, dentro de la universidad española, la primera escuela de dirección de empresas, y al ser el IESE una institución nacida al calor de la empresa privada, lo hacía respondiendo a una necesidad de esta parte de la sociedad.


* Para la elaboración de este artículo se han utilizado algunas de las entrevistas realizadas por los responsables del Centro de Documentación Histórica-IESE, así como otro tipo de material custodiado en el Archivo.

(1) Huerta Herrero, Félix:"Breve reseña sobre el desarrollo del IESE", marzo de 1994, pág. 1.

(2) Así es como Antonio Valero titula un documento de junio de 1958 en el que expone las coordenadas básicas de lo que tenía que ser el IESE.

(3) Ponz Piedrafita, F.: "IESE: 25 años", en Revista de Antiguos, nº 15, 1984, pág. 6.

(4) Centro de Estudios de la Empresa en Barcelona, junio de 1958.

(5) Valero y Vicente, Antonio: "1958: Año de iniciación del IESE", en Revista de Antiguos, nº 32, 1988, pág. 37.

(6) Se conservan las actas de las cinco primeras reuniones de dicho Consejo Patronal (1958-1966). La primera reunión tuvo lugar el 4 de noviembre de 1958, en el Colegio Mayor Monterols, de Barcelona, sólo veintiún días antes del inicio del primer Programa.

(7) Acta de la Segunda reunión del Consejo Patronal del IESE (23 de noviembre de 1958).



Datos recopilados por el Centro de Documentación Histórica del IESE, Dr. Tomás López y Dr. Javier Pampliega.


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