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Y no fue desacertada la sugerencia. Al finalizar la segunda
guerra mundial, el rápido ascendiente de Estados Unidos en toda Europa
hizo que las potencias del Viejo Continente quisieran imitar, a todos los
niveles, los patrones americanos. Las relaciones humanas en la empresa,
la enseñanza de métodos y tiempos, o la productividad, fueron
puntos clave de ese afán de imitación. Por entonces, aparecieron
en Europa escuelas y organismos con características similares a lo
que más tarde sería el IESE. En 1952 nacía el IPSOA,
en Turín de corta vida, pues desaparecería trece años
después; al año siguiente 1953 se abría
el Centro de Gante (Bélgica); en ese mismo año, surgía
por iniciativa de Stephan Cambien, ex-alumno de la Universidad de Harvard,
l'Ecole d'Administration des Affaires, de Lille, en donde se miró
el IESE para dar sus primeros pasos; en 1957 nacía en Madrid la Escuela
de Organización Industrial; en 1961, la Comisión Nacional
de Productividad Industrial. En definitiva, son los tiempos de la posguerra,
en que aparece en Europa una intensa preocupación por las relaciones
humanas dentro de la empresa, siguiendo el patrón americano, respondiendo
quizás al dominio demócrata cristiano y socialista en los
gobiernos.
Primeras inquietudes
A partir de 1953 España empieza a mirar al exterior y se incorpora
rápidamente a este movimiento de productividad, saltando lo económico,
una vez más, por encima de lo político, y los cursillos sobre
tiempos y métodos se multiplican en las empresas junto con la formación
de instructores en relaciones humanas, como primera actividad de la Comisión
Nacional de Productividad Industrial.
Un grupo de empresarios, entre los que se contaba Antonio Valero, sintió
esas mismas preocupaciones. Jesús Azcárate, Alejandro Crespo,
Joaquín Cortada, Juan Joly y José Luis Valero, son nombres
que, directa o indirectamente, han tenido relación con los primeros
pasos del IESE. Este grupo de amigos formaba parte del consejo de administración
de RASA, empresa dedicada a impartir cursos de formación sobre productividad,
métodos y tiempos, gestión de empresa, ventas y control económico.
En un momento determinado pensaron que en este campo en el que estaban trabajando,
y de la manera como lo estaban haciendo, había que hacer algo para
que aprendiesen los directivos en España.
La preocupación ya estaba; el planteamiento, también; faltaba,
sin embargo, poner en práctica la idea. ¿Quién mejor
que una universidad para llevar a cabo este proyecto? Porque si una idea
se tenía clara es que debía hacerse con altura universitaria.
Sobre esto, Antonio Valero recuerda que fue Alejandro Crespo Calabria quien,
por propia iniciativa, se dirigió a las autoridades del entonces
Estudio General de Navarra proponiéndoles la puesta en marcha de
lo que hasta el momento eran sólo ideas. Así las cosas, la
entrevista que Antonio Valero, Alejandro Crespo y José Javier López
Jacoiste, representante de las autoridades académicas de Pamplona,
mantuvieron en agosto de 1957, en Las Arenas (Vizcaya), constituyó
el primer paso de la gestación del IESE.
En la tercera página del informe elaborado por Antonio Valero
en junio de 1958, y que envió a estos amigos de RASA, se lee: "Tipo
de centro: crear un centro de estudios de dirección, organización
y administración y gestión de actividades privadas y públicas,
del que nacerán las funciones siguientes: investigación básica,
investigación aplicada, enseñanza, publicaciones"; el
plan de estudios se podría llevar "en correspondencia con Lille,
y quizá también con Harvard»; el primer programa sería
de "veinte semanas. Después podemos pasar a treinta y, por último,
si es viable, cambiar el plan al arriba indicado de dos cursos»; el
número de alumnos en el primer programa no pasaría de veinte,
pudiendo llegar a un máximo de treinta y cinco; el método
de enseñanza sería mixto: conferencias y casos; y el profesorado
que podían ser personas provenientes de la ingeniería,
el derecho o la economía, estaría compuesto por un grupo
"más dedicado", y contaría también con la
presencia de profesorado extranjero(4).
La Universidad de Navarra fue, pues, la destinataria de la propuesta.
Y Navarra lo elevó a la autoridad competente, al Gran Canciller.
Y así las cosas como recuerda Antonio Valero, en el verano
de 1956 ó 1957 le preguntaron de la Vicaría Regional del Opus
Dei en España si quería aceptar el encargo de pensar en algo
apostólico y educativo en el área de la empresa.
A partir de ese momento, el profesor Valero empezó a estudiar,
a explorar posibilidades sin salir de España. "Me dediqué
a recoger información, estructurar una propuesta y, una vez aprobada
ésta, poner por obra lo que sólo eran ideas"(5).
Entre diciembre de 1957 y enero de 1958 se redactaron dos alternativas.
Una, que se podría denominar prudente asequible, y otra,
ambiciosa, que la mayoría consideraba irrealizable. A los pocos meses
se recibió la contestación del Gran Canciller, en la que decía
que el IESE había sido erigido como obra corporativa del Opus Dei,
que estaba también erigido como Centro Superior de la Universidad
de Navarra y que su actividad académica empezaría el otoño
próximo: era la propuesta ambiciosa.
De poco tiempo se disponía y era mucha la tarea a realizar antes
de ver hecho realidad el primer programa. En el mes de marzo de 1958, Antonio
Valero se entrevistó en Madrid con Juan Manuel Elorduy futuro
profesor del IESE. Cualquier persona sin muchas ambiciones hubiera
salido desanimada de aquella entrevista de Madrid. Cuenta Juan Manuel Elorduy
que Antonio Valero le dijo que tenía el encargo de hacer algo a nivel
universitario para empresarios. El profesor Elorduy le contestó que
aquello sería una pérdida de tiempo, que nadie iría
a estudiar ninguna lección, sino que deberían llevar determinadas
situaciones de su empresa y que todos los demás deberían resolver
aquel problema.
Cuatro meses después, el 8 de julio de 1958, mantuvieron una segunda
entrevista, esta vez en el Parador Nacional del Monte Jaizkibel (Guipúzcoa).
Allí, Antonio ya lo tenía todo pensado: el primer programa
sería para Altos Directivos el PADE, constaría de
600 horas entre sesiones y trabajo personal, la matrícula
sería de 40.000 pesetas el precio de un utilitario, y debería
ser en Barcelona. Todos estos referentes le parecieron desproporcionados
a Juan Manuel Elorduy, y orientados al más seguro fracaso, pero no
dudó en calificar de impresionante la labor de Antonio Valero, quien
en cuatro meses había visto claro todo lo que había de hacer.
Más allá de las fronteras
Félix Huerta, Fernando Pereira, Anton Wurster, Juan Farrán
y unos jóvenes ingenieros entre los que se encontraba Carlos
Cavallé fueron depositarios de las inquietudes de Antonio Valero.
El profesor Valero, junto con el equipo de colaboradores citados, viajó
por Europa, visitó las escuelas recientemente creadas y, especialmente,
la escuela de Lille, donde encontró amplia acogida. Es oportuno hacer
constar la cordialidad y colaboración ofrecida por Stephan Cambien,
el General de la Chapelle y Philippe Bayart, quienes formaban parte de la
dirección de dicha Escuela. Gracias a Joaquín Cortada amigo
y socio de Antonio Valero se supo que en Lille, Francia, había
una escuela en la que enseñaban por un método especial, dialogando.
Allí permaneció Antonio durante una semana y pudo conocer
de cerca la aplicación del método del caso. A su regreso vino
con unas ideas muy definidas: iniciar una escuela de dirección de
empresas; utilizar el método del caso y empezar tomando como alumnos,
en un Programa de Perfeccionamiento de larga duración, a altos directivos
de empresa, presidentes de sociedades y directores generales.
Y fue en el número 9 de la Vía Augusta de Barcelona, en
el despacho de los arquitectos Juan Ignacio de la Vega y Joan Rius, donde
el IESE dio sus primeros pasos durante el verano de 1958. En estos pequeños
locales se tradujeron los primeros casos. Como explica Carlos Cavallé,
cuando fue a esta primera sede, Antonio Valero le dio el libro de casos
de Pearson Hunt, junto con otros casos en francés, procedentes de
la escuela de Lille, para traducir al castellano. El primer caso traducido
se llamaba "Tivergien Frères", que se denominó "Cervecerías
el Halcón".
A Lille fue también Fernando Pereira, en el curso 1958-59, por
indicación de Antonio Valero. En esa institución tomó
contacto con algunos de los profesores que posteriormente vendrían
invitados al IESE para impartir diversas sesiones: Stephan Cambien, el General
de La Chapelle y Gérard Lignac.
Pearson, 21
Llega el momento decisivo de iniciar la actividad académica, de
poner en práctica, en definitiva, lo que se llevaba pensando y estudiando
desde hacía varios años. Para entonces ya se había
constituido el Consejo Patronal del IESE, formado por Antonio Valero, como
presidente; Juan Farrán, como secretario y, como vocales, un nutrido
grupo de empresarios, entre los que se contaban Rafael Pich, Juan Vidal
Gironella, Félix Peig, Lorenzo Dionis, Casimiro Molins, José
Roca, Rafael Termes, José Luis Valero y Eduardo Tarragona(6). Los componentes de este patronato tuvieron
el mérito de ser los primeros que comprendieron la necesidad de ser
alumnos de una escuela de dirección de empresas. Durante todo un
año se sometieron a un proceso de revisión y aprendizaje,
para contrastar sus propios conocimientos, a la par que adquirir otros nuevos,
preparándose así para el cambio que exigía el crecimiento
industrial que España estaba sufriendo.
El IESE se trasladó a los actuales terrenos de la barcelonesa
Avenida Pearson poco antes del inicio de sus actividades académicas.
Así se deduce del texto del Acta de la segunda reunión del
Consejo Patronal, que tuvo lugar el 13 de noviembre de 1958: "Después
de haber cambiado impresiones, los asistentes se dirigieron a Avda. Pearson,
21, y Juan de Alós, 19, para visitar los locales del IESE. La totalidad
de los miembros del Consejo manifestó su agrado por el magnífico
edificio, sede del IESE, y pudo comprobar lo avanzadas que se hallaban las
obras de adaptación y reforma de los locales"(7).
El terreno original, en un principio, era la parcela que en la actualidad
alberga los edificios "A" y "B", comprada a Inmobiliaria
Textil Algodonera, cuando el edificio "A" aún no estaba
acabado y el "B" no existía. Antonio Valero y Juan Farrán,
con otros colaboradores, se trasladaron a esta casa todavía
sin terminar hacia mediados de octubre del año 1958. Una de
las primeras tareas que debieron realizar consistió en finalizar
la instalación traslado de muebles, colocación de los
últimos cuadros... de día y de noche.
Así nació el IESE. Con él aparecía, dentro
de la universidad española, la primera escuela de dirección
de empresas, y al ser el IESE una institución nacida al calor de
la empresa privada, lo hacía respondiendo a una necesidad de esta
parte de la sociedad.
* Para la elaboración de este artículo se
han utilizado algunas de las entrevistas realizadas por los responsables
del Centro de Documentación Histórica-IESE, así como
otro tipo de material custodiado en el Archivo.
(1) Huerta Herrero, Félix:"Breve reseña sobre el desarrollo
del IESE", marzo de 1994, pág. 1.
(2) Así es como Antonio Valero titula un documento de junio de 1958
en el que expone las coordenadas básicas de lo que tenía que
ser el IESE.
(3) Ponz Piedrafita, F.: "IESE: 25 años", en Revista de
Antiguos, nº 15, 1984, pág. 6.
(4) Centro de Estudios de la Empresa en Barcelona, junio de 1958.
(5) Valero y Vicente, Antonio: "1958: Año de iniciación
del IESE", en Revista de Antiguos, nº 32, 1988, pág. 37.
(6) Se conservan las actas de las cinco primeras reuniones de dicho Consejo
Patronal (1958-1966). La primera reunión tuvo lugar el 4 de noviembre
de 1958, en el Colegio Mayor Monterols, de Barcelona, sólo veintiún
días antes del inicio del primer Programa.
(7) Acta de la Segunda reunión del Consejo Patronal del IESE (23
de noviembre de 1958).
Datos recopilados por el Centro de Documentación
Histórica del IESE, Dr. Tomás López y Dr. Javier Pampliega. |