Fluctuaciones bursátiles
y burbujas periodísticas

Javier Estrada

Seguramente, un crash vende más periódicos, produce más entrevistas y genera más demanda de consultoría que una corrección o simplemente unas fluctuaciones mayores a las usuales. Pero los datos no muestran,ni remotamente, una situación similar a la de 1987


 

RESUMEN - SUMMARY

La crisis financiera asiática puso en movimiento fuerzas que ejercieron, al final del mes de octubre, una fuerte presión hacia abajo en las bolsas de todo el mundo. Esta caída, sin embargo, lejos de ser un crash con consecuencias duraderas, tendrá muy poco (quizá ningún) impacto sobre el desenvolvimiento futuro de las empresas españolas. Dentro de unos meses, el episodio de finales de octubre quizá se recuerde como la semana en la que muchos inexperimentados inversores españoles aprendieron que los mercados pueden tanto subir como bajar.

The Asian financial crisis set off forces that put, at the end of last October, a strong downward pressure on securities markets around the world. This market plunge, however, far from being a crash with lasting consequences, will have little impact (if any) on the future performance of Spanish companies. A few months from now, the episode of last October may only be remembered as the week in which many inexperienced Spanish investors learned that markets may go up as well as down.


 

Aunque a muchos economistas no nos guste, a veces tenemos que conceder que, en el muy corto plazo, el mercado puede estar parcialmente gobernado por factores psicológicos. Esto no quiere decir, desde ya, que las reacciones de los inversores durante la última semana de octubre hayan sido irracionales. Sólo quiere decir que, durante breves períodos de tiempo, el precio de una acción puede separarse del precio de equilibrio determinado por los factores de los cuales una empresa deriva su valor real (los así llamados fundamentals). La hipótesis de este artículo es que, aun cuando ciertos factores psicológicos puedan predominar sobre las decisiones de los inversores en el muy corto plazo, puesto que tarde o temprano (generalmente temprano) los precios de mercado vuelven a reflejar fundamentals, los sucesos ocurridos a finales de octubre tendrán un efecto insignificante sobre las empresas españolas.

Sin embargo, antes de desarrollar argumento alguno, conviene cuestionar la importancia que se le ha dado a este crash. En realidad, a lo largo de este artículo la palabra crash será utilizada simplemente por claridad de exposición. Pero los datos cuestionan la cobertura periodística exagerada de los eventos de la última semana de octubre. Es cierto que el mercado cayó algo más del 4% los días 27 y 28 de octubre (llegando a caer más del 14% durante el día 27, pero recuperándose luego), pero subió casi un 6% el 29 de octubre. En realidad, el viernes 24 de octubre, el IGBM cerró a 581,09 puntos, y el viernes siguiente (31 de octubre) cerró a 560,94; es decir, habiendo perdido sólo un 3,5%. Por otra parte, el mercado abrió la "fatídica" semana del 27 de octubre a 555,47, y la semana siguiente (del 3 de noviembre) a 566,46; es decir, luego de haber ganado casi un 2%. Por tanto, este artículo cuestiona de entrada la importancia de los eventos que tanto han dado que hablar y del cual tantos artículos (éste incluido) se han escrito. Habiendo dicho esto, veamos por qué se espera que el impacto de este crash sea pasajero e insignificante para las empresas españolas.

El Crash y los Cash Flows Esperados

El precio de las acciones de una empresa puede caer básicamente por dos motivos: una caída en los cash flows esperados de la empresa, o un incremento en su coste de capital. Comencemos por los cash flows. Se podría argumentar que la caída de la bolsa española fue en parte motivada por las así llamadas devaluaciones competitivas asiáticas; es decir, variaciones en el tipo de cambio que buscan abaratar las exportaciones de (y encarecer las importaciones a) estos países. Bajo esta hipótesis, las empresas españolas saldrían perjudicadas porque podrían exportar menos a los países asiáticos que devaluaron (y a los que se espera que quizá deva-lúen) su moneda. Por tanto, los cash flows esperados de estas empresas serían menores. En el caso español, este problema se vería agravado por el impacto sufrido por los intereses de españoles en empresas latinoamericanas, las que por el mismo motivo tendrían mayor dificultad de exportar a países asiáticos.

Sin embargo, este razonamiento difícilmente pueda justificar las fluctuaciones de la bolsa española durante la última semana de octubre, por dos motivos. Primero, porque las exportaciones españolas a Asia son una proporción muy pequeña (5,6%, incluyendo Japón) del total de exportaciones. (El mismo argumento es aplicable a los intereses españoles en Latinoamérica; el porcentaje de exportaciones argentinas al sudeste asiático, por ejemplo, es sólo del 3,3%.) Y segundo, porque si una acción abre a 1.000 pesetas, cae luego a 850 pesetas y cierra el mismo día a 950, difícilmente esta volatilidad podría explicarse por cambios tan bruscos en las expectativas de exportación (y, por tanto, en los cash flows) de las empresas españolas.

Podría también argumentarse, quizá plausiblemente, que dada una bajada brusca en la bolsa, los inversores se perciban "más pobres" y reduzcan por tanto su demanda de bienes y servicios. Si esto fuese así, los cash flows esperados de las empresas disminuirían, explicando así al menos parte de la caída en el precio de las acciones. Estimaciones para Estados Unidos indican que una caída de 100 dólares en la capitalización del mercado induce a los consumidores a reducir sus gastos de consumo en algo menos de 3 dólares; es decir, alrededor de un 3%. (Por tanto, siguiendo con el caso norteamericano, una caída del 10% en un mercado de unos 10 trillones de dólares podría llevar a una reducción de consumo de 30 billones, lo que es significativo teniendo en cuenta que el aumento de consumo del pasado año fue de 120 billones.) Si algo similar pasará o no en España, dependerá en gran medida del impacto que este efecto riqueza tenga en los consumidores españoles. Si los inversores invierten en el mercado sus fondos excedentes, y si estos fondos son reservados para consumo en un futuro lejano, el impacto del crash en el consumo presente (y, por tanto, en los cash flows de las empresas), probablemente sea insignificante.

En síntesis, de las variaciones en el mercado observadas durante la última semana de octubre, sólo una proporción muy pequeña se podría deber a una caída en los cash flows esperados de las empresas. Pero lo importante es que el razonamiento es revertible; es decir, los sucesos de la última semana de octubre deberían tener un impacto muy pequeño en las empresas españolas. En otras palabras, la caída en los precios y la caída en los cash flows esperados parecen estar, en este caso, poco correlacionados.

El Crash y el Coste de Capital de las Empresas

Como dijimos más arriba, el segundo motivo por el cual puede caer el precio de una acción es un incremento en el coste de capital de una empresa. A efectos de analizar brevemente este tema, conviene recordar que el coste de capital viene determinado por la rentabilidad promedio requerida por los inversores a los instrumentos financieros emitidos por una empresa. Dicha rentabilidad, a su vez, depende positivamente del riesgo soportado por los inversores que compran estos instrumentos. Y dicho riesgo, a su vez, depende positivamente de las fluctuaciones en los precios de estos instrumentos. En pocas palabras, cuanto más fluctúen los precios de una acción (con respecto a las fluctuaciones de mercado), más rentabilidad requerirán los inversores y más tendrá que "pagar" la empresa en términos de rentabilidad para convencer a los inversores a que compren sus acciones.

Ahora bien, supongamos (plausiblemente) que las fluctuaciones de precios observadas durante la última semana de octubre son un fenómeno transitorio. Supongamos, además, que tras un breve período de alta volatilidad el mercado retornará a su nivel normal de fluctuaciones (el nivel vigente antes del crash), y que los inversores esperan que esto ocurra. Pues bien, si la volatilidad esperada en el futuro es la normal, la rentabilidad requerida por los inversores también será la normal y, por tanto, el coste de capital de las empresas no aumentará.

Un argumento un tanto más sofisticado pasa por recordar que los mercados (eficientes) compensan a los inversores sólo por soportar riesgo sistemático, es decir, riesgo que no se puede diversificar. Desde este punto de vista, los sucesos de la última semana de octubre no aumentarán el coste de capital de las empresas, simplemente porque estos sucesos no afectaron a una empresa en particular. Afectaron a todo el mercado (en realidad, a todos los mercados), y por ser sucesos no diversificables no deberían aumentar el coste de capital de una empresa dada.

Hay, sin embargo, un argumento que se podría esgrimir en contra de lo dicho anteriormente. Este argumento es válido para muchos mercados europeos, y particularmente para el mercado español. El punto pasa por notar que la cultura de invertir en acciones es relativamente reciente en España. Peor aún es el hecho que los inversores españoles no han experimentado crashes o correcciones; en general, están acostumbrados a que los precios de las acciones vayan sólo hacia arriba. Por tanto, existe la posibilidad que estos inversores interpreten el crash como una señal de lo que les espera en el futuro. En otras palabras, si los inversores esperan que estos sucesos se repitan en el futuro, requerirán entonces una mayor rentabilidad (especialmente si no están diversificados). Si esto sucede, el coste de capital de las empresas podría aumentar. Sin embargo, si los inversores perciben, plausiblemente, que los fenómenos de la última semana de octubre son extraordinarios y poco probables de volver a repetirse, el coste del capital empresarial no debería variar significativamente.

En cuanto al impacto del crash en el coste de la deuda empresarial, los argumentos arriba expuestos son aplicables. En tanto y en cuanto los bancos juzguen que los sucesos de la última semana de octubre no tendrán un impacto negativo significativo en los cash flows de las empresas, no tendrán motivos para aumentar las tasas a las que prestan dinero a éstas. Esto refuerza el argumento que el impacto esperado del crash en el coste de capital de las empresas españolas será insignificante.

El Crash y las Salidas a Bolsa

Donde quizás el crash pueda tener su impacto más significativo es en las salidas a bolsa. Empresas que tenían planeado emitir acciones entre octubre y fines de año probablemente encuentren inversores dispuestos a pagar algo menos de lo que hubiesen pagado antes de los sucesos de octubre. La empresa checa Bonton, la alemana Stella y la italiana Algol, han decidido recientemente posponer su salida a bolsa. La empresa alemana Volkswagen, por otra parte, ha decidido posponer una ampliación de capital.

Sin embargo, no todas las empresas ven el panorama tan oscuro. La empresa austríaca Austria Tabak, la portuguesa Brisa Highway y la húngara Matav, han decidido seguir adelante con su planeada salida a bolsa. La empresa española Aceralia, por otra parte, también planea seguir adelante con la venta del 52% de su capital accionario.

El punto interesante aquí es similar al contemplado más arriba. Si los inversores perciben que el crash es transitorio y que no impactará significativamente la capacidad generadora de cash flows de las empresas que planean salir a bolsa, entonces el precio que están dispuestos a pagar por las acciones de estas empresas no debería cambiar.

Conclusion

Vale la pena resaltar una vez más que la cobertura que han recibido las fluctuaciones del mercado durante la última semana de octubre ha sido exagerada. Seguramente, un crash vende más periódicos, produce más entrevistas y genera más demanda de consultoría que una corrección o simplemente unas fluctuaciones mayores a las usuales. Pero los datos no muestran, ni remotamente, una situación similar a la de 1987. Quizás el impacto más significativo de este crash esté en la distorsión que ha generado en la asignación de recursos: todos los que hemos escrito o hablado sobre el tema seguramente podríamos haber estado haciendo algo más productivo.

 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Si la volatilidad esperada en el futuro es la normal, la rentabilidad requerida por los inversores también será la normal y, por tanto, el coste de capital de las empresas no aumentará
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


Las empresas que tenían previsto emitir acciones antes de fin de año encontrarán ahora inversores dispuestos a pagar algo menos de lo que hubiesen pagado antes de octubre


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