¿Le preocupa que sus hijos quieran ser especuladores?

Pedro Videla

Los especuladores en los mercados financieros, como todos los mortales, están sujetos a las imperfecciones humanas. Sin embargo, no es cierto que se enriquezcan
a costa del resto de la sociedad


 

RESUMEN - SUMMARY

Habitualmente se argumenta que los mercados financieros en general, y el mercado bursátil en particular, no aportan nada al bienestar de la sociedad. Además, el ciudadano medio ve a los agentes en estos mercados como si se tratara de jugadores de casino vestidos con trajes de marca, que en nada incrementan la riqueza del país. En este artículo se argumenta que ésta es una percepción equivocada del papel de los especuladores en los mercados financieros.

It is often argued that the financial markets in general and the stock market in particular do not contribute to society's well-being. What is more, the average citizen views the agents operating on these markets rather like casino gamblers ­ wearing designer suits ­ who in no way increase the country's wealth. In this article, it is argued that this is a mistaken perception of the role of financial market speculators.


 

"El mercado bursátil es sólo especulación. Los especuladores apuestan a las distintas acciones como en un juego de azar." Esta frase recoge bien el desdén del ciudadano medio hacia las actividades de los mercados de capitales, especialmente la bolsa. A diferencia de quienes se ganan la vida produciendo bienes y servicios para satisfacer necesidades, ser inversor en los mercados financieros se considera una actividad carente de valor para la sociedad. Muchas veces se utiliza el término especulador de manera peyorativa, y se les trata como a enemigos de los que trabajan en la economía real, porque dicen se enriquecen de la mala fortuna y de la ingenuidad de sus conciudadanos.

En la raíz de esta caricatura está la creencia de que los mercados de capitales están totalmente divorciados del resto de la economía. Y ese divorcio es de tal magnitud que las malas noticias sobre la marcha de la economía tienen, aparentemente, efectos positivos sobre el precio de las acciones. Todo parece indicar que el comportamiento de los inversores es irracional, e incluso el vocabulario que utilizan contiene frases como "burbujas especulativas", "profecías autocumplidas", "psicología del mercado", etc., que no sugieren mucha racionalidad. Y a pesar de esto, se hacen millonarios.

Los especuladores en los mercados financieros, como todos los mortales, están sujetos a las imperfecciones humanas. Sin embargo, no es cierto que se enriquezcan a costa del resto de la sociedad. Uno de los fundamentos de toda transacción especulativa es que se requiere de dos partes para que se realice. Por cada comprador que espera un alza en el precio de un activo, hay un vendedor que espera su descenso. Cuando se realiza la transacción, la ganancia de uno es la pérdida del otro; no es cierto que ambos ganen a costa del ciudadano de a pie.

Más aún, este proceso permite que el precio de la acción, bono, moneda o cualquier otro activo financiero, refleje los distintos puntos de vista de los agentes del mercado. Este es un importante servicio para la sociedad.

El papel de los mercados

El economista austríaco Friedrich von Hayek decía que la belleza de los mercados radica en su capacidad para procesar la información. Mediante la condensación de toda la información relevante sobre un producto en el precio del mismo, las fuerzas del mercado facilitan la toma de decisiones de los agentes económicos.

Así, por ejemplo, si cae una helada sobre los cafetales de Brasil, los consumidores no necesitan saber cuál fue el impacto sobre la cosecha para ajustar sus compras. Sólo se necesita saber cuánto se ha incrementado el precio del café, y así ajustarán su consumo.

En los mercados no financieros pueden existir distorsiones en el proceso de determinación de los precios que impiden que éstos reflejen el verdadero coste de oportunidad de los recursos. Las distorsiones más comunes se deben a monopolios, costes de transacción, etc. Esto hace que los precios se ajusten lentamente en presencia de nuevas condiciones del mercado.

Por el contrario, los mercados financieros, con muchos compradores y vendedores atomizados, y con costes de transacción mínimos, reflejan rápidamente la nueva información en los precios de los activos financieros. Así, por ejemplo, los precios de las acciones, el tipo de cambio y los tipos de interés recogen rápidamente las cambiantes condiciones del mercado.

El valor de la información

El precio de una acción, por ejemplo, indica a los directores de la empresa cuáles son las expectativas del mercado acerca de la situación futura de dicha empresa. Si el precio de la acción cae, está indicando que los agentes del mercado desconfían de la situación futura de la empresa. La caída en el precio de la acción encarece el acceso al capital; debido a esto, la empresa hará lo que es mejor para la economía: reducir su volumen de inversión. El capital que ella libera lo podrán usar otras empresas, a las que el mercado ve con un futuro más prometedor, es decir, aquellas cuyas acciones han subido de precio.


  El precio de una acción indica a los directores de la empresa cuáles son las expectativas del mercado acerca de la situación futura de dicha empresa



Los precios de otros activos financieros, como por ejemplo los bonos del Gobierno, también reflejan la información relevante para los agentes económicos. El retorno de los bonos a largo plazo cambia de acuerdo a las expectativas de inflación de los agentes económicos: a mayores expectativas sobre la futura tasa de inflación, mayor será el rendimiento requerido que los agentes demandarán. Esto proporciona al Gobierno y al sector privado una información útil sobre cómo perciben los mercados las políticas gubernamentales. Que los gobiernos decidan considerar o no esta información, es otra historia.

Respecto a los mercados de divisas, son bien conocidas las declaraciones del Primer ministro de Malasia en contra del ya célebre especulador G. Soros, acusándole de lucrarse con el sufrimiento de su pueblo. Pero la verdad es que cuando los mercados deciden jugar en contra de una moneda, es porque tienen buenas razones.

Tanto en el caso de México, a fines de 1994, como en el de las economías asiáticas, en el año en curso, los mercados han respondido a claras inconsistencias en sus políticas. Por tanto, los ataques especulativos a las monedas tienen que interpretarse como el síntoma, y no la causa, de los problemas. Si se eliminan las señales de que la política económica no es percibida como la adecuada, al final el ajuste será inevitable, y aún más doloroso.

¿Y si los inversores se equivocan?

Las señales de los mercados serán útiles sólo si los inversores aciertan. Pero, obviamente, pueden equivocarse al hacer sus predicciones de los acontecimientos futuros. Para analizar esto conviene distinguir entre dos tipos de inversores: los que llevan a cabo arbitraje en los mercados y los que especulan en los mismos.

Aunque los mercados de activos están dispersos espacialmente entre los distintos países del mundo, están unificados por una sutil competencia entre todos los participantes del mercado. Esta competencia descansa en redes de comunicación e información modernas y costes de transacción reducidos. Una fuerza poderosa que mantiene en línea a los precios de activos similares en diferentes lugares es la búsqueda de oportunidades de arbitraje por parte de los participantes del mercado.

El arbitraje es la compraventa simultánea de activos en diferentes mercados, con el propósito de obtener una ganancia segura en base a la diferencia entre el precio de compra y el de venta. Por tanto, el arbitrajista no toma riesgos ni apuesta; él sólo explota las diferencias de precios de activos relacionados.

La labor de arbitraje es más complicada de lo que parece, porque requiere explotar diferencias poco evidentes entre precios de activos débilmente relacionados, como los precios de derivados (opciones, futuros y swaps) y los de sus "fundamentales" (los activos sobre los que se basan los derivados). Al encontrar y explotar estas diferencias, los arbitrajistas no sólo obtienen beneficios, sino que además están incrementando la consistencia de los precios y mejorando la eficiencia del mercado.

El otro tipo de inversores es el especulador, que, a diferencia del arbitrajista, está tomando riesgos continuamente, apostando en el mercado y buscando ganancias a partir de las variaciones en los precios de los activos. En esta función, los especuladores están enviando continuamente señales a la economía, señales que pueden estar equivocadas si ellos se equivocan.

Sin embargo, los especuladores son bastante más racionales en sus acciones que lo que habitualmente se cree. Por ejemplo, se escucha habitualmente que los especuladores se preocupan mucho del corto plazo, centrándose en los beneficios corrientes de las empresas y castigando aquellas que tienen una estrategia de más largo plazo.

Pero esta crítica no es correcta. Dado que las acciones reflejan el valor de los activos de las empresas, si los mercados se centran sólo en el corto plazo, las acciones de empresas con bajos beneficios corrientes, pero de alto valor presente, estarían infravaloradas. Quien compre estas acciones recibirá altos beneficios en el futuro, cuando las ganancias de la empresa se realicen.

Sería sencillo para ciertos inversores explotar la miopía del mercado. Por ejemplo, si fuera cierto que el mercado asigna poco valor a la inversión en I+D de las empresas, pocos inversores podrían obtener grandes beneficios comprando acciones de empresas con altos presupuestos en I+D, por lo que, en el proceso, el precio de las acciones de estas empresas aumentaría, dejando de estar infravaloradas.

Si esto le suena como algo muy abstracto, considere la siguiente evidencia de que los inversores sí se preocupan del largo plazo: los precios de las acciones de muchas empresas de biotecnología e informática, algunas de las cuales no han obtenido nunca beneficios, son los que han tenido un mayor crecimiento en los últimos años. De hecho, otra crítica común a los especuladores es que hacen subir excesivamente el precio de las acciones de alta tecnología. En otras palabras, parece ser que se preocupan demasiado, y no muy poco, del largo plazo.

¿Como se explica la variabilidad de los mercados?

Si los especuladores son tan buenos prediciendo el futuro, ¿por qué el mercado muestra tanta variabilidad? ¿Por qué hemos visto fuertes caídas en el precio de las acciones y una casi inmediata y total recuperación, a finales de octubre pasado?

Primero, hay que dejar en claro que los datos de las principales bolsas del mundo parecen indicar que la volatilidad de los precios de las acciones es menor hoy en día que en las dos décadas anteriores. La evidencia no es irrefutable, porque depende de qué acciones o grupo de acciones se utilizan en la muestra. En segundo lugar, hay que tener en cuenta que si el mercado incorpora toda la información relevante, ésta tiene que reflejarse en los precios a medida que está disponible.

A pesar de lo anterior, en momentos determinados, los precios de las acciones son bastantes más volátiles que los "fundamentales" (los datos micro o macroeconómicos que determinan teóricamente el valor de una acción, como los beneficios esperados de las empresas, la expectativa de tipos de interés, etc.). De hecho, es difícil pensar que caídas del 15% en un día reflejen cambios en los "fundamentales".

Una explicación alternativa a la idea de que los especuladores analizan los "fundamentales" de las empresas para determinar el precio de las acciones, es que ellos se analizan unos a otros. Si concluyen que los otros especuladores se retirarán del mercado, ellos tratarán de hacerlo antes, forzando la caída de las acciones. Si, una vez ocurrida la caída, concluyen que otros comprarán a los (ahora bajos) precios, nuevamente reaccionarán (comprando) y los precios del mercado se incrementarán. Si esto es realmente lo que pasó en la caída y recuperación de la bolsa en octubre pasado, entonces estamos ante el típico caso de "profecías autocumplidas".

¿Limitar el papel de los especuladores?

Aun cuando el comportamiento de los especuladores esté guiado a veces por cierta "exuberancia irracional", en palabras de Alan Greenspan, es difícil pensar en mejores alternativas que dejar que los especuladores apuesten en el mercado. Ellos no son infalibles, pero no hay razones para pensar que los gobiernos lo harán mejor.

Los mercados financieros tienen un gran incentivo a hacerlo bien: los especuladores están apostando con su dinero (o el de sus clientes), lo que les lleva, además, a tener incentivos para enmendar el rumbo más rápidamente que los gobiernos, cuando están equivocados. Las medidas para restringir la actividad de los especuladores puede que traigan consigo peores consecuencias.

Está claro que las predicciones de los especuladores no siempre son las correctas. Sin embargo, debido a que se basan en la interacción de un gran número de agentes del mercado que a menudo están en desacuerdo entre sí, esas predicciones son lo mejor que la sociedad puede tener para guiar sus decisiones y para enviar señales al resto de la economía. Los políticos y los tecnócratas pueden decir que ellos saben más, pero confiar en ellos, en vez de hacerlo en el mercado, sería una apuesta que ni el más irracional de nosotros aceptaría.


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