25 años de una tertulia en el IESE



El lunes 27 de noviembre de 1972, por la mañana, el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer, Fundador del Opus Dei, estuvo en el IESE. Se reunió en el Auditorio con directivos, profesores, participantes en programas, miembros y personal no docente, algunos de ellos acompañados de su cónyuge. Por su tono familiar, el encuentro fue una gran tertulia. Los asistentes contaban algo o preguntaban, y el Padre ­así llamábamos al Beato Josemaría­ respondía con rapidez. Veinticinco años después, el profesor Fernando Pereira ­entonces director general del IESE­ relata sus impresiones de aquel encuentro. Por su parte, el Dr. Domènec Melé, actual capellán del IESE, comenta la tertulia.

Contemplativos en medio de la calle. Frenando Pereira
Trabajo y virtudes del empresario


Contemplativos en medio
de la calle
Fernando Pereira

 

Desde el 20 al 30 de noviembre de 1972, Monseñor Josemaría Escrivá estuvo en Barcelona y Girona, en uno de los viajes que, especialmente en los últimos años de su vida, realizó a distintos países del mundo. Viajes apostólicos, porque su propósito era siempre el de hablar con las personas con las que se reunía como "sacerdote de Jesucristo", dicho con sus propias palabras.
La primera visita que realizó durante esa su estancia en Barcelona fue a la Virgen de la Merced. A sus pies rezó, confiando a la intercesión de nuestra Madre los frutos humanos y sobrenaturales de los numerosos encuentros que iba a mantener a lo largo de los días siguientes.
El 27 de noviembre visitó el IESE, donde encontró un Auditorio desbordado en su capacidad por el número de personas que le esperaban: el personal del Instituto y antiguos alumnos que, de diferentes formas, habían tenido conocimiento de su visita.
Esa numerosa asistencia estaba justificada, porque fue Monseñor Josemaría Escrivá quien propuso a la Universidad de Navarra, de la que fue Fundador y primer Gran Canciller, ampliar sus actividades de docencia y de investigación al mundo de la empresa. Y este proyecto cristalizó en el IESE.
¿Y qué nos dijo en nuestro Auditorio? No vino a contar novedades; como repitió innumerables veces su Fundador, el mensaje del Opus Dei es viejo, como el Evangelio, y como el Evangelio, nuevo. En su mayor parte, lo que hizo fue responder a las preguntas de los asistentes, como era habitual en sus viajes apostólicos, armonizando el sentido común (que incluye el buen humor) y el sentido sobrenatural.
Nos dijo que el valor de un trabajo no depende de su contenido, sino de la entrega humana y del amor de Dios que pone en su desempeño el que lo realiza. Nos recordó que Jesucristo valoró mucho el oficio de empresario, como lo puso de manifiesto en sus parábolas, desde el comerciante de perlas al inmobiliario que compra y vende terrenos. Y nos invitó a no perder la serenidad ante las dificultades, como el empresario pesquero que encuentra en sus redes peces buenos y malos, o el agricultor que ve crecer en su campo las malas hierbas junto con el trigo.
¿Y cuál es la virtud más importante para el empresario? La unidad de vida, tan insistentemente predicada por Monseñor Josemaría Escrivá, nos proporciona una respuesta inmediata: la caridad. La justicia es necesaria, pero no suficiente. Limitándonos a ella, la convivencia empresarial sería seca, inhumana.
Monseñor Josemaría Escrivá terminó su estancia en el IESE extendiendo las manos para pedirnos una oración: "para que sea bueno y fiel".
Y del IESE fue al cercano Monasterio de Santa María de Pedralbes. A nosotros nos había animado a ser contemplativos en medio de la calle. A las religiosas clarisas, Cooperadoras del Opus Dei, iba a animarles también a ser contemplativas en el retiro de su claustro.


Trabajo y virtudes del empresario
Domenech Melé

 

Aun siendo conscientes de que un texto escrito no es equiparable a la viveza de la voz, queremos hacer partícipes de esta tertulia a nuestros lectores transcribiendo algunas intervenciones destacadas, con algún breve comentario adicional para una mejor comprensión del contexto.


Una tertulia con mucha gente


La tertulia tuvo un tono distendido y amigable desde el principio. El Beato Josemaría era el Gran Canciller de la Universidad de Navarra, a la que pertenece el IESE. Lo recordó al principio, pero sus palabras fueron en todo momento muy sacerdotales, sencillas y entrañables.

"Me da mucha alegría estar con vosotros ­empezó diciendo­ (...) como Gran Canciller de la Universidad de Navarra, mi puesto es éste; pero lo cierto es que soy de lo más ignorante que hay en cuestión de dinero. Cuando veo tres reales juntos, me mareo."

El Auditorio estaba lleno a rebosar. No fue ésta la única tertulia del Beato Josemaría con un grupo numeroso de personas. Poco antes había tenido otras tertulias parecidas, algunas con casi cinco mil personas, como las que tuvo en la Escuela Deportiva Brafa de Barcelona.
Antes había recorrido diversos lugares de la Península Ibérica, haciendo una gran catequesis, recordando puntos básicos de la doctrina cristiana, en unos momentos de grave crisis en la Iglesia y de mucha confusión religiosa. Pero la tertulia del IESE tuvo sus características propias. Una de ellas fue la actividad profesional de las personas asistentes, la otra fue algo inusual en las tertulias anteriores. El Beato Josemaría apareció con un libro no muy grande en el que se veían varios registros, y empezó a leer. Enseguida se supo que quería hablar de la empresa y de los negocios citando diversos pasajes del Evangelio.
"Emplearé el Nuevo Testamento ­dijo­ para que el maestro, durante unos minutos, sea Jesús Nuestro Señor."

Elogio del empresario

A principio de los años setenta, mucha gente, sin duda por influencia de conocidas corrientes ideológicas, no veía con buenos ojos a los empresarios. Apenas se reconocía su contribución a proporcionar bienes y servicios de modo eficiente, a crear riqueza y a generar o mantener puestos de trabajo. Estaba extendida una imagen del empresario como alguien poderoso que fácilmente se aprovecha de su situación para abusar de los demás. El Beato Josemaría sale al paso de estos infundios y hace un merecido elogio del empresario:

- A los que tenéis que manejar cuartos, os miran con recelo. Yo, no. Y no manejo dinero. Desde hace unos cuantos años no sé lo que es una moneda. Está muy mal hecho. Obro mal y vosotros muy bien: ¡mea culpa!
A vosotros os debe la sociedad esa cantidad de puestos de trabajo que creáis. El país os debe la prosperidad. A vosotros os deben, tantas gentes, esta promoción de la vida nacional. Hacéis, por tanto, una labor muy cristiana... Me encanta vuestro trabajo, vuestras tareas, que para mí son algo ­hace un ademán de cosa grande, incomprensible­... No sé; no lo sabría explicar.

Soy catalán y aragonés y, por cariño vuestro, barcelonés: tengo que deciros por fuerza la verdad. No os enfadéis... No sé por qué algunos murmuran de los que trabajáis en los negocios, y de los que os preparáis para realizarlos cada día mejor, más abundantes y con más provecho... Es el Señor quien recomienda vuestro trabajo. Jesús cuenta cosas muy divertidas...

Tras esta breve introducción, el Beato Josemaría empieza a buscar la primera cita del Evangelio:

- Es de San Lucas, en el capítulo XIX. Había una persona poderosa que se tenía que marchar. Reparte su dinero entre sus criados para que lo administren. A uno le da una parte; a otro, otra... Cuando vuelve, y comprueba que uno no ha multiplicado el capital, le dice: "¿por qué no pusiste mi dinero en el banco para que yo, al regresar, lo recobrara con los intereses?" ¿No es esto un negocio? Un negocio modesto; de ésos que a vosotros no os gusta hacer. Y el Señor lo alaba. Yo no tengo más remedio que alabaros también.

El Beato Josemaría habla con buen humor, se ríe, y con él todos los asistentes. Uno de ellos diría a la salida: &laqno;Escuchando al Padre me pareció estar leyendo el Evangelio por primera vez». Otro, aseguraba: &laqno;Pocos quizás esperábamos esos comentarios del Padre, que difunden tanta confianza. Diría que nos acerca a Dios a fuerza de buen humor. Y pensar que nunca había caído en la cuenta de que el Evangelio toma a veces, como protagonistas de las parábolas, a los empresarios: de fincas rurales, de joyería, de pesca...

- San Mateo recoge todavía otra parábola: la de la red barredera. Aquí las cosas van regular, porque en la red se meten peces buenos, peces malos... Tienen que tener paciencia. Arrastran la red a la orilla: cogen los buenos y los meten en los cestos. Y los malos... ¡fuera! Hay negocio, pero no el esperado. Como la gente de mi Cataluña, que dice: "bueno... no me puedo quejar".

Serenidad ante las dificultades

- A veces hay en nuestros negocios muchas dificultades. En el Evangelio de San Mateo se nos recuerda al sembrador que siembra buena semilla... Viene el enemigo, el contrincante, y le siembra cizaña. ¿Qué hace? Tiene paciencia: esto lo dejamos ahí, y no lo movemos; ya llegará el momento. Y viene el tiempo oportuno y lo siega todo... Y ha hecho negocio. Ha vencido la dificultad.

A continuación, añadió:

­Mañana, en la Santa Misa ­hoy tenía razones para ocuparme de otra cosa­ os tendré especialmente presentes a vosotros. Pediré al Señor que os bendiga; que nos dé la serenidad del dueño del campo, cuando le plantan cizaña.

El Beato Josemaría conoce la presión del entorno al que están sometidos empresarios y directivos, así como ciertos tópicos muy extendidos; entre ellos, el afán de éxito que a menudo se presenta como el objetivo último de la acción.

- No olvidéis el sentido cristiano de la vida. No os gocéis con vuestros éxitos. No os sintáis como desesperados si alguna cosa fracasa. Además, si tenéis cien cosas en movimiento, alguna tiene que ir mal, porque las otras noventa y nueve van bien. Acordaos de los que tienen menos que vosotros.

Un hombre sin respetos humanos

Una nueva cita en el Nuevo Testamento, esta vez la historia de Zaqueo, lleva al Beato Josemaría a hablar de no tener miedo al ridículo ni a los respetos humanos:

- Atravesaba Jesús la ciudad de Jericó, donde vivía un hombre muy rico... pero al que no le importaba nada lo que pudieran pensar de él. Hacía bien. ¿Os imagináis a un hombre muy rico en una ciudad pequeña, que se sube a un árbol porque pasa entre la muchedumbre un personaje? No tiene miedo al ridículo. Y este hombre, llamado Zaqueo, jefe principal entre los publicanos, hacía diligencias para conocer a Jesús, al menos de vista. Y no pudiendo, a causa del gentío, porque era de pequeña estatura ­otra razón para esconderse­, se adelantó, se subió a un árbol... Y el Señor, que estaba mirando los atrevimientos de aquel hombre, que vencía todas las dificultades, le dice: Zaqueo, festinans descende, baja enseguida de este árbol, que hoy conviene que yo me vaya contigo a comer a tu casa. Zaqueo bajó, recibió a Jesús en su hogar y le ofreció un gran banquete. Los demás se dedicaron a murmurar de Jesucristo, porque comía con los ricos y los pecadores...

Una decision trascendente

- Mañana me ocuparé de vosotros en la Santa Misa ­prosigue­, para que el Señor os dé la decisión de comprar el campo donde está el tesoro; que os dé el empujón necesario para ir detrás de la margarita preciosísima.

A su vez, les pide que recen por él:

- Que recéis por mí: es lo mejor que podéis hacer para ayudarme. Rezar por mí, para que sea bueno y fiel. Esto sí que lo tomo como la margarita preciosísima y el tesoro escondido. El tesoro de vuestra bondad, y la margarita, la perla de esa corazón inmenso que tenéis como catalanes, y muchos de vosotros como barceloneses.

La labor del IESE

Ahora, cerrando el Evangelio, pero sin apartarse de él, prosigue:

- Hijos míos, vuestros negocios están metidos en el Evangelio. El Señor os mira con cariño a todos, a los alumnos, a los antiguos alumnos, a los... ¿Cómo es el nombre técnico que os dais? Sí: miembros del IESE. ¡Es bonito!... A los profesores, a los administrativos y a los que cuidan de estas casas que están estupendamente bien. Yo también os miro a todos con un afecto especial. Os he alabado con palabras de Jesucristo, palabras que suscribo porque soy sacerdote suyo.

Un profesor explica que, a veces, se quiere encasillar al IESE en una determinada ideología o tendencia socioeconómica, cuando en el IESE caben diferentes enfoques. El Beato Josemaría lo tranquiliza y aprovecha para explicar qué espera del IESE, institución que él mismo impulsa, aunque dejando toda la iniciativa a sus promotores:

- Esta labor es necesaria para que muchos, en esta España nuestra, y fuera de España, tengan criterio cristiano en su labor de empresa. Y lo vais logrando. Ya eran muy cristianos, pero ahora cada día son mejores. No te preocupes. Con sólo que abran los ojos, la realidad echa abajo esas afirmaciones. Estate tranquilo. Aquí hacéis una labor de almas... ¡con pesetas!

No apegarse a las riquezas

Otro profesor se interesa por la virtud cristiana de la pobreza, el desprendimiento de los bienes materiales, requerido para seguir e imitar a Cristo. Pregunta cómo conjugar esta virtud con el manejo habitual del dinero. La respuesta viene acompañada de una vivencia muy clarificadora:

- Tú sabes que el hecho de manejar dinero, o de tenerlo, no quiere decir que se esté apegado a la riqueza. Te voy a poner un ejemplo. Conocí a un pobrecito que iba a un comedor de caridad y no tenía siquiera la tarjeta que daban a los necesitados; acudía a recibir un poquito de lo que sobraba. Era un tiempo duro para el corazón de un cristiano: ver aquella gente con verdadera hambre. Para comer, todos llevaban sus cacharros. El traía su puchero roto. Pero sacaba su cuchara de peltre, de la hondura de un bolsillo, y la miraba con satisfacción. Los otros no tenían cuchara. Se ve que pensaba: esto es mío, esto es mío. Y con su cuchara comía los garbanzos y el caldo que le daban. Después, la volvía a mirar apasionadamente, como un avaro contempla las piedras preciosas. Le daba dos chupetones y la guardaba de nuevo. ¡Era rico!

Pues también he tenido cerca de mí a una persona, a la que he querido mucho, y que indudablemente está en el cielo. Era Grande de España. Aun después de muerta, no diré más que su nombre propio, y porque es muy corriente: se llamaba María. En su casa tenía muebles estupendos, un gran servicio y mucha plata... todo lo que es normal en una casa bien puesta y de abolengo. Y aquella pobrina gastaba en su persona menos que en la última de sus sirvientas. Lo daba todo; soy testigo de su generosidad.

Generosidad con el dinero

Pero la pobreza cristiana no es sólo estar desprendido. Implica también saber vivir con sobriedad y, a veces, faltando incluso lo necesario. Más adelante contaría cómo la labor del Opus Dei ha empezado en muchos lugares con la más absoluta carencia de medios materiales:

- Os voy a decir una cosa. Cuando mando a la gente lejos ­he mandado a hijos míos a Asia, a varios sitios de Africa, a toda América, a toda Europa: muchas veces danzan también al otro lado del telón de acero­, ¿sabéis con qué les envío? Como en el siglo XIII: les doy una imagen de la Virgen, una Cruz sin Crucifijo ­para que se pongan ellos en la Cruz­, la bendición... y que trabajen. Me parece que más catalán no puedo ser. No digo que hagáis eso con vuestros hijos. Pero yo, con los míos, como es una empresa sobrenatural, lo hago. Después, el dinero sale. Viene de gentes como vosotros, de gente buena, estupenda, que hay en todos los países. El último dinero que he recibido para Cavabianca, estando ya en España, una suma bastante considerable, ha venido... ¡de Holanda! Os quedáis pensativos, ¿eh?

Cavabianca es un centro internacional con trescientas plazas de capacidad que, por aquel entonces, se estaba construyendo en Roma y dónde acudirían jóvenes intelectuales de todo el mundo para mejorar su formación teológica. Muchos de ellos serían ordenados sacerdotes para trabajar después en muchos lugares de todo el mundo. Durante la tertulia explicó brevemente esta iniciativa, que calificó de "locura", pero una locura necesaria, recordando que &laqno;de vez en cuando, hay que pagar». Y, añadió, confiando en la generosidad de quienes le escuchaban:

- Si os acordáis de eso ¡Dios os bendiga!

Poner amor en el trabajo

Casi al principio, al citar el Evangelio, el Beato Josemaría se había referido a la necesidad de trabajar poniendo Amor de Dios en la tarea:

- El Señor alaba vuestros negocios. Pero si no ponéis amor, un poco de amor cristiano; si no añadís el deseo de dar gusto a Dios, estáis perdiendo el tiempo.

Es precisamente el amor lo que da valor cristiano al trabajo:

- Todos sois muy importantes en esta casa ­diría en otro momento­, los alumnos, los miembros, los profesores, los empleados y el personal que cuida el edificio. Todos sois igualmente importantes. Como cristianos, hemos de tener un sentido de la igualdad maravilloso, y saber que ­en todo caso­ es más importante aquel que trabaje con más amor. De modo que quien se ocupa de la limpieza, puede ­por amor de Dios­ hacer el mejor negocio de su vida.

La primera virtud

Un antiguo del IESE le preguntó: ¿Cuál es la primera virtud que ha de esforzarse en adquirir un empresario?

­La caridad, porque con la justicia sola no se llega. Casi no se puede hablar hoy de caridad (...) Pero es San Pablo quien enseña que es la primera virtud. Trata siempre con justicia a la gente y déjate llevar un poco del corazón. Hasta donde puedas. Sin llegar a la situación de aquella amiga mía de la que os he hablado, que eso no es lo tuyo. Vive bien, como tienes que vivir; que vivan tus hijos bien, y toda tu familia. Tranquilo, sereno, con eso no ofendes a nadie. Haz lo que puedas por los demás, por medio de tu trabajo. Y vive, con la justicia, la caridad. La justicia sola es una cosa seca; quedan muchos espacios sin llenar. Pero no hables de la caridad: ¡vívela!


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