En nuestros días, el entorno en que nos movemos está sufriendo
una profunda transformación. Las empresas de hoy han evolucionado
notablemente y con especial rapidez en los últimos años. Entre
los principales factores de este cambio, he seleccionado dos que juegan
un papel clave: la globalización y las nuevas tecnologías.
En el caso de la globalización, estamos hablando de movimientos de
mercancías, de capitales y de personas, aunque antes teníamos
que haber hablado seguramente de globalización de la economía,
de los mercados y de la competencia. Pero se puede hablar de globalización
porque alguien ha establecido unas reglas de juego que permiten una creciente
libertad, legal y física, en el movimiento de mercancías,
capitales y personas.
El incremento del comercio mundial
Veamos qué está ocurriendo en la realidad. Si atendemos al
movimiento de las mercancías, nos damos cuenta de que, desde 1950,
el crecimiento del comercio mundial ha triplicado el crecimiento del PIB
(véase Figura 1). Sabemos que esto se debe a la desregulación,
a que los transportes se han abaratado, a que las comunicaciones se han
facilitado, a que la información cada vez es más fácil.
Pero, atención: si miramos el nuevo entorno desde otro punto de vista,
nos daremos cuenta de que los países avanzados, que representan prácticamente
el 60% del PIB en el mundo (véase Figura 2), no han alcanzado las
cotas de comercio internacional que tenían antes de 1914. El paréntesis
de las dos guerras mundiales lo ha impedido. En la Figura 2 vemos el caso
de los Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania y el Reino Unido,
y nos damos cuenta de que ahora están más o menos donde estaban
en 1913. De aquí podemos sacar dos conclusiones. Primera: la importancia
que tiene la paz, para que pueda haber comercio. Las dos guerras mundiales
lo impidieron. Segunda: que, si a pesar de que en épocas anteriores
a 1913 cuando los transportes, las comunicaciones, las desregulaciones
prácticamente no existían se llegaron a cotas tan altas
en la globalización de mercancías en relación al PIB,
¿qué puede ocurrir en los próximos años, con
facilidades cada vez mayores de información, transporte y comunicaciones?
Respecto a los movimientos de capitales (véase Figura 3), ha pasado
algo parecido. Observando a los países más avanzados, vemos
cuál era su inversión en el exterior con relación a
su PIB: ninguno de estos países ha alcanzado todavía su cota,
excepto Estados Unidos. Una vez más podemos decir: si antes de 1914
teníamos una situación mejor, ¿qué puede ocurrir
si Dios quiera que sea así continuamos con años
de paz, de prosperidad y de disponibilidades crecientes de capital en los
países ricos? ¿Qué puede suceder con la globalización?
Respecto a las personas (véase Figura 4), también estamos
muy lejos de donde podríamos estar. Los países ricos tienen
todavía una gran capacidad de recibir más inmigración.
¿Volverá la inmigración? No lo sabemos. De momento,
las políticas migratorias son muy restrictivas, mucho mayores de
lo que eran antes de la segunda guerra mundial o pocos años después,
y no olvidemos que muchos países se han desarrollado gracias a esta
inmigración. ¿Volverá? No lo sabemos, pero sí
sabemos que las prácticas demográficas de algunos países
desarrollados y las presiones demográficas de los países menos
desarrollados indican que habrá más movimientos migratorios.
En los albores de la Globalizacion
Con estos tres puntos quiero alertar de que la globalización no ha
hecho más que empezar. Y lo afirmo porque no la hacen los políticos,
aunque los políticos hayan podido pintar el campo y marcar las reglas
del juego: la estamos haciendo los empresarios. En esta globalización
hay grandes oportunidades que no se nos pueden escapar. Nos lo decía,
en el Encuentro del sector del automóvil, Hermann Simon, el conocido
autor de "Líderes en la sombra"(1), que está siguiendo
muy de cerca la evolución de la pequeña y mediana empresa.
Nos decía que un mayor número de empresas españolas
deben competir en los mercados mundiales. Para aquellas que se limiten a
un mercado geográfico, su posición puede ser muy vulnerable
ante competidores internacionales.
La llave de la tecnologia
Pasemos ahora al segundo aspecto, que es el de la tecnología. Decíamos
que la llave de la tecnología ha abierto también los mercados
mundiales y ha hecho posible este nuevo entorno, este nuevo paisaje en el
que nos encontramos. Un primer aspecto importante de la tecnología
es la caída de su coste (véase Figura 5). Observemos, por
ejemplo, el coste de la información transmitida mediante ordenador.
La caída, como se puede observar en la Figura 6, es dramática.
Desde el año 1975, el coste del transporte de información
se ha dividido por diez mil. La tecnología al alcance de todos es
debida en buena parte a la caída del coste. Pero también es
importante, en buena parte, saber qué nuevo impacto va a tener esta
caída.
La Figura 7 nos muestra lo que está ocurriendo en Estados Unidos.
La inversión en informática ha ido creciendo constantemente
desde 1970, hasta el punto de que en estos momentos, de todas las inversiones
en bienes de equipo que se hacen al año, el 40% son en informática.
Esto quiere decir que va a existir una brecha tecnológica enorme
con respecto a Europa mientras no se ponga al día y España
en particular en inversiones en tecnologías de información.
Antes, disponer de una tecnología marcaba las diferencias; ahora,
la tecnología está al alcance de todos. Lo que marca las diferencias
es la rapidez y la intensidad de su difusión. En este aspecto, la
ventaja tecnológica de Estados Unidos es importante, y no debido
gracias a Microsoft, sino gracias a la cultura de un pueblo que ha sabido
utilizar, y está utilizando extensamente, las tecnologías
de información, que le permiten bajar el coste, aumentar la inversión
y conseguir una ventaja competitiva.
La Figura 8 nos induce a pensar en la ventaja diferencial de un país
respecto a otro en la utilización de tecnologías de información.
En la línea de arriba vemos a Estados Unidos en número de
ordenadores por habitante: 35; en la línea de abajo, España:
10 por habitante. Nos damos cuenta de que, si Estados Unidos superan en
más que el triple la situación de España, nos costará
un cierto tiempo alcanzar su nivel. Hará falta, en primer lugar,
fomentar que en los planes educativos se incluyan seriamente las tecnologías
de información. No es de extrañar que nuestros profesores
Rafael Andreu, Joan Enric Ricart y Josep Valor nos digan que es urgente,
que es preciso "integrar en las estrategias de las empresas todas las
posibilidades que tienen los sistemas de información, y las tecnologías
de información en la estrategia de las organizaciones".
El capital humano
Entonces nos podemos preguntar: ¿Estamos en un mundo global? ¿Estamos
en un mundo tecnológicamente avanzado? ¿Por qué? ¿Por
la desregulación? ¿Por el transporte? ¿Por las comunicaciones?
¿Por la información? Y la respuesta será siempre sí.
Pero a mí me gusta pensar que todo ello se debe más al capital
humano. El capital humano ha hecho posible todos estos factores y es el
que actualmente los impulsa. Y del capital humano quiero abordar tres aspectos:
los nuevos conocimientos, las nuevas capacidades directivas y las nuevas
aspiraciones y actitudes.
Los nuevos conocimientos
Entremos brevemente en los nuevos conocimientos. Hace diez años,
las demandas de directivos con conocimientos de inglés e informática
eran muy escasas. Hermann Simon nos dijo en Barcelona que un reto particular
de las empresas españolas es el idioma. Decía: "Entrar
en Europa implica hablar inglés sin intérpretes". En
los Países Bajos, el 28% de la población habla inglés;
en Alemania, el 15%; en España, el 1%.
La atención preferente al "knowledge
worker" más que la atención a las materias primas
o al dinero, será lo que marcará la gestión de
conocimientos, cada día más importante
Estamos en una era de conocimientos y con un protagonista que Peter Drucker
calificó de knowledge worker, del trabajador de conocimientos. Actualmente,
"la única ventaja competitiva dice Drucker de las
economías desarrolladas es la mayor disponibilidad de personas formadas,
de knowledge workers"(2). Y añade: "Es una ventaja cuantitativa
en la que el mundo desarrollado lleva una gran delantera". No cualitativa,
porque en el mundo menos desarrollado se encuentra gente cualitativamente
tan formada como se puede encontrar en el mundo avanzado, pero lo cuantitativo
es lo que marca la diferencia.
Si los conocimientos son un recurso, y un recurso importante, nuestro futuro
dependerá mucho de que seamos capaces de gestionarlos adecuadamente.
Y querrá decir gestionarlos, como mínimo, tan bien como gestionamos
la tesorería, los materiales, la logística, y mucho mejor
de lo que gestionamos la información.
Es necesario hacer la distinción entre tener información y
gestionarla. En estos momentos, en España, el 90% de la gestión
de la información hace referencia a la manipulación de datos
internos. Es algo así como mirarse al espejo. Y esto no es lo que
se espera en los años que tenemos por delante. Se nos exigirá
que utilicemos todas estas tecnologías de información para
gestionar conocimientos sobre lo que está fuera de la empresa: nuestro
entorno, nuestros mercados, nuestros competidores, los desarrollos técnicos
y tecnológicos que tienen lugar. En definitiva, aspectos que pueden
ser cruciales en la definición de nuestras estrategias, en las que
debemos incluir las tecnologías de información.
En nuestras empresas tenemos que aprender a gestionar los conocimientos,
y tendremos que hacerlo ayudando al desarrollo de las personas. El cambio
está precisamente aquí, en esta cita de Charles Handy: "Los
beneficios son como la sangre arterial en la empresa. Sin ella, sin sangre
arterial, no puede haber vida. Pero la vida es mucho más que el flujo
de sangre. Por ello las empresas se preocuparán más y más
de enriquecer las vidas de sus colaboradores(3). La atención preferente
al knowledge worker más que la atención a las materias
primas, al dinero o a la información, y la búsqueda de su
productividad será lo que marcará la gestión de
conocimientos, cada día más importante. En Estados Unidos,
el mercado del asesoramiento en este campo se ha valorado en 3,6 billones
de dólares para 1998.
Las nuevas capacidades directivas
Respecto a las capacidades directivas, no podemos olvidar que están
cambiando las reglas del juego. Estamos hablando ahora de reglas sobre mercados
globales. Han pasado ya a la historia los mercados más o menos regionales
de vendedores, donde probablemente IBM, por ejemplo, se estableció
durante mucho tiempo. Han pasado a la historia los mercados de compradores
donde los organismos públicos o grandes empresas podían dominar
las materias primas. Estamos hoy en un mercado que podríamos llamar
de creadores, y conseguir cuota en este nuevo mercado es cada vez más
decisivo.
De esto se ha dado cuenta Juan Pablo II, que con su gran sentido sobrenatural
y su gran sentido común nos dice en la Centesimus Annus: "Así
como en otros tiempos el factor decisivo era la tierra y luego lo fue el
capital, hoy día es más decisivo el hombre mismo. Es decir,
su capacidad de conocimiento, mediante el saber científico, su capacidad
de organización solidaria, y su capacidad de intuir las necesidades
de los demás y darles satisfacción"(4). En esta última
frase, Juan Pablo II nos recuerda que hoy día estamos en un mercado
de creadores. La creación es lo más importante.
Estamos hoy en un mercado que podríamos
llamar de creadores, y conseguir cuota en este nuevo mercado es cada vez
más decisivo
Las nuevas capacidades exigen también cambios organizativos al
tiempo que las reglas del juego. Y cambia también lo que se espera
de la persona al pie del cañón. Hace años era alguien
que obedecía órdenes. Hoy es una persona que debe dirigir
con iniciativa, con un conocimiento de la cultura local, sabiendo lo que
se juega él y lo que se juega su organización. Las nuevas
capacidades son una respuesta a la necesidad de cambio. En este cambio,
es necesario sustituir la pura disciplina por un mayor grado de autonomía,
y los procesos rígidos por la flexibilidad y la iniciativa. Pero
todo esto sólo es posible si se dispone de una buena capacidad de
comunicación. Hay que hacer llegar mensajes, y hacerlos llegar con
nitidez. Sin comunicación no seríamos capaces de dirigir.
Creatividad, iniciativa, comunicación, son las exigencias de la globalización,
de las nuevas tecnologías, de los cambios de las personas. Las nuevas
capacidades nos ayudarán a hacer las cosas muy rápido y muy
bien hechas. Si no las hacemos pronto y bien, seguramente estaremos fuera
del mercado de trabajo.
Hay que descubrir nuevos talentos, inconformistas,
que aporten creación, innovación y, si es necesario, ruptura
Y finalmente, la capacidad de liderazgo. Ya no se trata sólo de
motivar, sino de motivar con un estilo personal, de liderar por medio de
un estilo personal. Nos dicen Prahalad y Hamel que lo verdaderamente importante
hoy día es descubrir personas con esas capacidades: "En demasiadas
empresas los mejores talentos ocupan puestos de responsabilidad en unidades
de negocio seguras. Como consecuencia, en estas empresas se tiende a mantener
el statu quo. Hay que descubrir nuevos talentos, inconformistas, que aporten
creación, innovación y, si es necesario, ruptura"(5).
Las nuevas aspiraciones y actitudes
Hemos visto rupturas en forma de reestructuraciones de empresas internacionales
como IBM, y cooperaciones internacionales y grandes alianzas estratégicas
en las que se combinan el competir y el colaborar. Hemos visto fusiones
y adquisiciones en el mundo de las telecomunicaciones o en la banca. Cada
uno de estos sectores representa porcentajes muy importantes del PIB. Estamos
viendo también el impacto del outsourcing.
Todas estas rupturas del nuevo entorno que acabo de describir tienen seguramente
un impacto en las nuevas actitudes de las personas. La primera es de una
cierta inseguridad: estudios realizados recientemente en Europa y Estados
Unidos han descubierto que, de las personas empleadas, aproximadamente un
70% siente un cierto grado de inseguridad. Y no es de extrañar, vistos
los desequilibrios producidos en el nuevo entorno. Esta situación
de inseguridad tiene su lado negativo, pero tiene también su lado
positivo, que es la reacción que ha provocado. La reacción
se llama mayor interés por la formación.
La situación de inseguridad tiene
su lado negativo, pero tiene también su lado positivo, que es la
reacción que ha provocado. La reacción se llama mayor interés
por la formación
Durante mucho tiempo se pensó que la formación tenía
una edad, tenía un lugar para cada tipo de persona. Y llegaba un
momento en que la formación en el sentido estricto y riguroso ya
no era necesaria. Uno de los grandes avances de la sociedad actual es que
para toda persona no hay edad ni lugar exclusivos en la formación.
En todo lugar y a cualquier edad es posible y cada vez más necesario
adquirir la formación que facilite el desempeño de una actividad
profesional de la mejor manera posible.
Por ello no nos sorprende oír hablar de cifras dedicadas a la formación
sólo en el mundo de la empresa. En Estados Unidos se invierten unos
40 billones de dólares al año en la formación de futuros
directivos y directivos en ejercicio. En Alemania, Estados Unidos y Japón
se estima que se dedica a formación el 11% de la masa salarial bruta.
En España es todavía sólo el 3,5%. Por tanto, es evidente
que el cambio en las exigencias planteadas al capital humano está
teniendo un impacto muy importante, y me atrevo a decir que creciente, también
en su capacitación.
En Estados Unidos se invierten unos 40
billones de dólares al año en la formación de futuros
directivos y directivos en ejercicio
Entre las nuevas actitudes destaca también la preocupación
por el desarrollo de una carrera profesional sólida y progresiva.
Los dos factores que cuentan más hoy día al contemplar la
propia carrera profesional son la posibilidad de aprender y lo que podríamos
llamar la empleabilidad, es decir, aquella condición de la persona
que la hace apta para desempeñar nuevos servicios a distintas empresas
si así lo exigen las circunstancias.
La etica del comportamiento
Pero todo lo dicho hasta ahora no sería viable sin una nueva ética
del trabajo. Una ética que, en primer lugar, es la ética del
fair play. Como dice un autor americano, "los resultados cuentan, pero
cada vez deben contar más los procesos empleados para lograrlos.
Los procesos correctos inciden muy positivamente en las actitudes y en el
comportamiento humano. Infunden confianza y facilitan la creación
de ideas".
Sobre la nueva concepción ética
es donde se debe construir la globalización, la tecnificación,
la creatividad y los demás valores
La ética puede contemplarse desde dos ángulos. Uno, ya
superado, es la ética del conflicto, que se basa prácticamente
en principios obvios tales como no robar, no matar, no mentir, no cometer
desastres ecológicos. Nadie se puede conformar fácilmente,
ni ningún nuevo talento se puede apuntar a hacer una carrera profesional
en empresas donde estos principios obvios no se tuvieran en cuenta. El segundo
ángulo es el que se llama ética del comportamiento. Una ética
en la que lo que cuenta es el recto conocimiento de la persona, de las organizaciones
y de la sociedad. Esto exige unos principios y unos valores personales y
sociales que no son siempre evidentes. Pero son seguramente más sólidos,
y se puede construir sobre ellos, porque explicitan determinados conceptos
que constituyen la base de la organización social de Occidente. Estoy
hablando, naturalmente, de aspectos tan básicos como el reconocimiento
de la dignidad de la persona, de su libertad, de su participación
en las decisiones y en los resultados, de su solidaridad y de la subsidiariedad.
Sobre ellos hay que asentar la nueva ética del trabajo. Y se puede
hacer con garantías porque son principios que ha trabajado desde
hace años la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el Occidente
cristiano y la civilización occidental que los tiene como propios.
Sobre estas bases, según la nueva concepción ética,
es donde se debe construir la globalización, la tecnificación,
la creatividad y los demás valores.
Pero estos principios no se adquieren sin esfuerzo. Hay que trabajarlos.
Hay que tenerlos presentes como líneas maestras del cambio económico
y social y como base de la formación de los dirigentes en un mundo
cada vez más global. |