Las nuevas exigencias de la dirección:
Globalización, tecnología
y formación

Carlos Cavallé

Creatividad, iniciativa, comunicación, son las exigencias de la globalización, de las nuevas tecnologías, de los cambios de las personas. Las nuevas capacidades nos ayudarán a hacer las cosas muy rápido y muy bien. Si no las hacemos así, seguramente estaremos fuera del mercado


   

En nuestros días, el entorno en que nos movemos está sufriendo una profunda transformación. Las empresas de hoy han evolucionado notablemente y con especial rapidez en los últimos años. Entre los principales factores de este cambio, he seleccionado dos que juegan un papel clave: la globalización y las nuevas tecnologías.

En el caso de la globalización, estamos hablando de movimientos de mercancías, de capitales y de personas, aunque antes teníamos que haber hablado seguramente de globalización de la economía, de los mercados y de la competencia. Pero se puede hablar de globalización porque alguien ha establecido unas reglas de juego que permiten una creciente libertad, legal y física, en el movimiento de mercancías, capitales y personas.


El incremento del comercio mundial

Veamos qué está ocurriendo en la realidad. Si atendemos al movimiento de las mercancías, nos damos cuenta de que, desde 1950, el crecimiento del comercio mundial ha triplicado el crecimiento del PIB (véase Figura 1). Sabemos que esto se debe a la desregulación, a que los transportes se han abaratado, a que las comunicaciones se han facilitado, a que la información cada vez es más fácil. Pero, atención: si miramos el nuevo entorno desde otro punto de vista, nos daremos cuenta de que los países avanzados, que representan prácticamente el 60% del PIB en el mundo (véase Figura 2), no han alcanzado las cotas de comercio internacional que tenían antes de 1914. El paréntesis de las dos guerras mundiales lo ha impedido. En la Figura 2 vemos el caso de los Estados Unidos, Japón, Francia, Alemania y el Reino Unido, y nos damos cuenta de que ahora están más o menos donde estaban en 1913. De aquí podemos sacar dos conclusiones. Primera: la importancia que tiene la paz, para que pueda haber comercio. Las dos guerras mundiales lo impidieron. Segunda: que, si a pesar de que en épocas anteriores a 1913 ­cuando los transportes, las comunicaciones, las desregulaciones prácticamente no existían­ se llegaron a cotas tan altas en la globalización de mercancías en relación al PIB, ¿qué puede ocurrir en los próximos años, con facilidades cada vez mayores de información, transporte y comunicaciones?

Respecto a los movimientos de capitales (véase Figura 3), ha pasado algo parecido. Observando a los países más avanzados, vemos cuál era su inversión en el exterior con relación a su PIB: ninguno de estos países ha alcanzado todavía su cota, excepto Estados Unidos. Una vez más podemos decir: si antes de 1914 teníamos una situación mejor, ¿qué puede ocurrir si ­Dios quiera que sea así­ continuamos con años de paz, de prosperidad y de disponibilidades crecientes de capital en los países ricos? ¿Qué puede suceder con la globalización?

Respecto a las personas (véase Figura 4), también estamos muy lejos de donde podríamos estar. Los países ricos tienen todavía una gran capacidad de recibir más inmigración. ¿Volverá la inmigración? No lo sabemos. De momento, las políticas migratorias son muy restrictivas, mucho mayores de lo que eran antes de la segunda guerra mundial o pocos años después, y no olvidemos que muchos países se han desarrollado gracias a esta inmigración. ¿Volverá? No lo sabemos, pero sí sabemos que las prácticas demográficas de algunos países desarrollados y las presiones demográficas de los países menos desarrollados indican que habrá más movimientos migratorios.


En los albores de la Globalizacion

Con estos tres puntos quiero alertar de que la globalización no ha hecho más que empezar. Y lo afirmo porque no la hacen los políticos, aunque los políticos hayan podido pintar el campo y marcar las reglas del juego: la estamos haciendo los empresarios. En esta globalización hay grandes oportunidades que no se nos pueden escapar. Nos lo decía, en el Encuentro del sector del automóvil, Hermann Simon, el conocido autor de "Líderes en la sombra"(1), que está siguiendo muy de cerca la evolución de la pequeña y mediana empresa. Nos decía que un mayor número de empresas españolas deben competir en los mercados mundiales. Para aquellas que se limiten a un mercado geográfico, su posición puede ser muy vulnerable ante competidores internacionales.


La llave de la tecnologia

Pasemos ahora al segundo aspecto, que es el de la tecnología. Decíamos que la llave de la tecnología ha abierto también los mercados mundiales y ha hecho posible este nuevo entorno, este nuevo paisaje en el que nos encontramos. Un primer aspecto importante de la tecnología es la caída de su coste (véase Figura 5). Observemos, por ejemplo, el coste de la información transmitida mediante ordenador. La caída, como se puede observar en la Figura 6, es dramática. Desde el año 1975, el coste del transporte de información se ha dividido por diez mil. La tecnología al alcance de todos es debida en buena parte a la caída del coste. Pero también es importante, en buena parte, saber qué nuevo impacto va a tener esta caída.

La Figura 7 nos muestra lo que está ocurriendo en Estados Unidos. La inversión en informática ha ido creciendo constantemente desde 1970, hasta el punto de que en estos momentos, de todas las inversiones en bienes de equipo que se hacen al año, el 40% son en informática. Esto quiere decir que va a existir una brecha tecnológica enorme con respecto a Europa mientras no se ponga al día ­y España en particular­ en inversiones en tecnologías de información. Antes, disponer de una tecnología marcaba las diferencias; ahora, la tecnología está al alcance de todos. Lo que marca las diferencias es la rapidez y la intensidad de su difusión. En este aspecto, la ventaja tecnológica de Estados Unidos es importante, y no debido gracias a Microsoft, sino gracias a la cultura de un pueblo que ha sabido utilizar, y está utilizando extensamente, las tecnologías de información, que le permiten bajar el coste, aumentar la inversión y conseguir una ventaja competitiva.

La Figura 8 nos induce a pensar en la ventaja diferencial de un país respecto a otro en la utilización de tecnologías de información. En la línea de arriba vemos a Estados Unidos en número de ordenadores por habitante: 35; en la línea de abajo, España: 10 por habitante. Nos damos cuenta de que, si Estados Unidos superan en más que el triple la situación de España, nos costará un cierto tiempo alcanzar su nivel. Hará falta, en primer lugar, fomentar que en los planes educativos se incluyan seriamente las tecnologías de información. No es de extrañar que nuestros profesores Rafael Andreu, Joan Enric Ricart y Josep Valor nos digan que es urgente, que es preciso "integrar en las estrategias de las empresas todas las posibilidades que tienen los sistemas de información, y las tecnologías de información en la estrategia de las organizaciones".


El capital humano

Entonces nos podemos preguntar: ¿Estamos en un mundo global? ¿Estamos en un mundo tecnológicamente avanzado? ¿Por qué? ¿Por la desregulación? ¿Por el transporte? ¿Por las comunicaciones? ¿Por la información? Y la respuesta será siempre sí. Pero a mí me gusta pensar que todo ello se debe más al capital humano. El capital humano ha hecho posible todos estos factores y es el que actualmente los impulsa. Y del capital humano quiero abordar tres aspectos: los nuevos conocimientos, las nuevas capacidades directivas y las nuevas aspiraciones y actitudes.

Los nuevos conocimientos

Entremos brevemente en los nuevos conocimientos. Hace diez años, las demandas de directivos con conocimientos de inglés e informática eran muy escasas. Hermann Simon nos dijo en Barcelona que un reto particular de las empresas españolas es el idioma. Decía: "Entrar en Europa implica hablar inglés sin intérpretes". En los Países Bajos, el 28% de la población habla inglés; en Alemania, el 15%; en España, el 1%.


La atención preferente al "knowledge worker" ­más que la atención a las materias primas o al dinero­, será lo que marcará la gestión de conocimientos, cada día más importante

Estamos en una era de conocimientos y con un protagonista que Peter Drucker calificó de knowledge worker, del trabajador de conocimientos. Actualmente, "la única ventaja competitiva ­dice Drucker­ de las economías desarrolladas es la mayor disponibilidad de personas formadas, de knowledge workers"(2). Y añade: "Es una ventaja cuantitativa en la que el mundo desarrollado lleva una gran delantera". No cualitativa, porque en el mundo menos desarrollado se encuentra gente cualitativamente tan formada como se puede encontrar en el mundo avanzado, pero lo cuantitativo es lo que marca la diferencia.

Si los conocimientos son un recurso, y un recurso importante, nuestro futuro dependerá mucho de que seamos capaces de gestionarlos adecuadamente. Y querrá decir gestionarlos, como mínimo, tan bien como gestionamos la tesorería, los materiales, la logística, y mucho mejor de lo que gestionamos la información.

Es necesario hacer la distinción entre tener información y gestionarla. En estos momentos, en España, el 90% de la gestión de la información hace referencia a la manipulación de datos internos. Es algo así como mirarse al espejo. Y esto no es lo que se espera en los años que tenemos por delante. Se nos exigirá que utilicemos todas estas tecnologías de información para gestionar conocimientos sobre lo que está fuera de la empresa: nuestro entorno, nuestros mercados, nuestros competidores, los desarrollos técnicos y tecnológicos que tienen lugar. En definitiva, aspectos que pueden ser cruciales en la definición de nuestras estrategias, en las que debemos incluir las tecnologías de información.

En nuestras empresas tenemos que aprender a gestionar los conocimientos, y tendremos que hacerlo ayudando al desarrollo de las personas. El cambio está precisamente aquí, en esta cita de Charles Handy: "Los beneficios son como la sangre arterial en la empresa. Sin ella, sin sangre arterial, no puede haber vida. Pero la vida es mucho más que el flujo de sangre. Por ello las empresas se preocuparán más y más de enriquecer las vidas de sus colaboradores(3). La atención preferente al knowledge worker ­más que la atención a las materias primas, al dinero o a la información, y la búsqueda de su productividad­ será lo que marcará la gestión de conocimientos, cada día más importante. En Estados Unidos, el mercado del asesoramiento en este campo se ha valorado en 3,6 billones de dólares para 1998.

Las nuevas capacidades directivas

Respecto a las capacidades directivas, no podemos olvidar que están cambiando las reglas del juego. Estamos hablando ahora de reglas sobre mercados globales. Han pasado ya a la historia los mercados más o menos regionales de vendedores, donde probablemente IBM, por ejemplo, se estableció durante mucho tiempo. Han pasado a la historia los mercados de compradores donde los organismos públicos o grandes empresas podían dominar las materias primas. Estamos hoy en un mercado que podríamos llamar de creadores, y conseguir cuota en este nuevo mercado es cada vez más decisivo.

De esto se ha dado cuenta Juan Pablo II, que ­con su gran sentido sobrenatural y su gran sentido común­ nos dice en la Centesimus Annus: "Así como en otros tiempos el factor decisivo era la tierra y luego lo fue el capital, hoy día es más decisivo el hombre mismo. Es decir, su capacidad de conocimiento, mediante el saber científico, su capacidad de organización solidaria, y su capacidad de intuir las necesidades de los demás y darles satisfacción"(4). En esta última frase, Juan Pablo II nos recuerda que hoy día estamos en un mercado de creadores. La creación es lo más importante.


Estamos hoy en un mercado que podríamos llamar de creadores, y conseguir cuota en este nuevo mercado es cada vez más decisivo

Las nuevas capacidades exigen también cambios organizativos al tiempo que las reglas del juego. Y cambia también lo que se espera de la persona al pie del cañón. Hace años era alguien que obedecía órdenes. Hoy es una persona que debe dirigir con iniciativa, con un conocimiento de la cultura local, sabiendo lo que se juega él y lo que se juega su organización. Las nuevas capacidades son una respuesta a la necesidad de cambio. En este cambio, es necesario sustituir la pura disciplina por un mayor grado de autonomía, y los procesos rígidos por la flexibilidad y la iniciativa. Pero todo esto sólo es posible si se dispone de una buena capacidad de comunicación. Hay que hacer llegar mensajes, y hacerlos llegar con nitidez. Sin comunicación no seríamos capaces de dirigir.

Creatividad, iniciativa, comunicación, son las exigencias de la globalización, de las nuevas tecnologías, de los cambios de las personas. Las nuevas capacidades nos ayudarán a hacer las cosas muy rápido y muy bien hechas. Si no las hacemos pronto y bien, seguramente estaremos fuera del mercado de trabajo.


Hay que descubrir nuevos talentos, inconformistas, que aporten creación, innovación y, si es necesario, ruptura

Y finalmente, la capacidad de liderazgo. Ya no se trata sólo de motivar, sino de motivar con un estilo personal, de liderar por medio de un estilo personal. Nos dicen Prahalad y Hamel que lo verdaderamente importante hoy día es descubrir personas con esas capacidades: "En demasiadas empresas los mejores talentos ocupan puestos de responsabilidad en unidades de negocio seguras. Como consecuencia, en estas empresas se tiende a mantener el statu quo. Hay que descubrir nuevos talentos, inconformistas, que aporten creación, innovación y, si es necesario, ruptura"(5).

Las nuevas aspiraciones y actitudes

Hemos visto rupturas en forma de reestructuraciones de empresas internacionales como IBM, y cooperaciones internacionales y grandes alianzas estratégicas en las que se combinan el competir y el colaborar. Hemos visto fusiones y adquisiciones en el mundo de las telecomunicaciones o en la banca. Cada uno de estos sectores representa porcentajes muy importantes del PIB. Estamos viendo también el impacto del outsourcing.

Todas estas rupturas del nuevo entorno que acabo de describir tienen seguramente un impacto en las nuevas actitudes de las personas. La primera es de una cierta inseguridad: estudios realizados recientemente en Europa y Estados Unidos han descubierto que, de las personas empleadas, aproximadamente un 70% siente un cierto grado de inseguridad. Y no es de extrañar, vistos los desequilibrios producidos en el nuevo entorno. Esta situación de inseguridad tiene su lado negativo, pero tiene también su lado positivo, que es la reacción que ha provocado. La reacción se llama mayor interés por la formación.


La situación de inseguridad tiene su lado negativo, pero tiene también su lado positivo, que es la reacción que ha provocado. La reacción se llama mayor interés por la formación

Durante mucho tiempo se pensó que la formación tenía una edad, tenía un lugar para cada tipo de persona. Y llegaba un momento en que la formación en el sentido estricto y riguroso ya no era necesaria. Uno de los grandes avances de la sociedad actual es que para toda persona no hay edad ni lugar exclusivos en la formación. En todo lugar y a cualquier edad es posible y cada vez más necesario adquirir la formación que facilite el desempeño de una actividad profesional de la mejor manera posible.

Por ello no nos sorprende oír hablar de cifras dedicadas a la formación sólo en el mundo de la empresa. En Estados Unidos se invierten unos 40 billones de dólares al año en la formación de futuros directivos y directivos en ejercicio. En Alemania, Estados Unidos y Japón se estima que se dedica a formación el 11% de la masa salarial bruta. En España es todavía sólo el 3,5%. Por tanto, es evidente que el cambio en las exigencias planteadas al capital humano está teniendo un impacto muy importante, y me atrevo a decir que creciente, también en su capacitación.


En Estados Unidos se invierten unos 40 billones de dólares al año en la formación de futuros directivos y directivos en ejercicio

Entre las nuevas actitudes destaca también la preocupación por el desarrollo de una carrera profesional sólida y progresiva. Los dos factores que cuentan más hoy día al contemplar la propia carrera profesional son la posibilidad de aprender y lo que podríamos llamar la empleabilidad, es decir, aquella condición de la persona que la hace apta para desempeñar nuevos servicios a distintas empresas si así lo exigen las circunstancias.


La etica del comportamiento

Pero todo lo dicho hasta ahora no sería viable sin una nueva ética del trabajo. Una ética que, en primer lugar, es la ética del fair play. Como dice un autor americano, "los resultados cuentan, pero cada vez deben contar más los procesos empleados para lograrlos. Los procesos correctos inciden muy positivamente en las actitudes y en el comportamiento humano. Infunden confianza y facilitan la creación de ideas".


Sobre la nueva concepción ética es donde se debe construir la globalización, la tecnificación, la creatividad y los demás valores

La ética puede contemplarse desde dos ángulos. Uno, ya superado, es la ética del conflicto, que se basa prácticamente en principios obvios tales como no robar, no matar, no mentir, no cometer desastres ecológicos. Nadie se puede conformar fácilmente, ni ningún nuevo talento se puede apuntar a hacer una carrera profesional en empresas donde estos principios obvios no se tuvieran en cuenta. El segundo ángulo es el que se llama ética del comportamiento. Una ética en la que lo que cuenta es el recto conocimiento de la persona, de las organizaciones y de la sociedad. Esto exige unos principios y unos valores personales y sociales que no son siempre evidentes. Pero son seguramente más sólidos, y se puede construir sobre ellos, porque explicitan determinados conceptos que constituyen la base de la organización social de Occidente. Estoy hablando, naturalmente, de aspectos tan básicos como el reconocimiento de la dignidad de la persona, de su libertad, de su participación en las decisiones y en los resultados, de su solidaridad y de la subsidiariedad. Sobre ellos hay que asentar la nueva ética del trabajo. Y se puede hacer con garantías porque son principios que ha trabajado desde hace años la Doctrina Social de la Iglesia Católica, el Occidente cristiano y la civilización occidental que los tiene como propios. Sobre estas bases, según la nueva concepción ética, es donde se debe construir la globalización, la tecnificación, la creatividad y los demás valores.

Pero estos principios no se adquieren sin esfuerzo. Hay que trabajarlos. Hay que tenerlos presentes como líneas maestras del cambio económico y social y como base de la formación de los dirigentes en un mundo cada vez más global.




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