¿CUANDO PENSAR EN LA ESTRATEGIA?
Según los clásicos, "la escasez agudiza el ingenio".
Las empresas saben bien cómo aplicar este dicho. Cuando hay crisis,
problemas, dificultades, toda la organización &laqno;agudiza el ingenio»
y, con un poco de suerte, acaban reinventando la empresa, reenfocando sus
actividades, revisando su posicionamiento competitivo, redefiniendo los
negocios en que actúan, etc. En definitiva, deciden definir una estrategia
clara que les saque del agujero y les conduzca de nuevo a la senda de crecimiento
y competitividad. A veces, sin embargo, se llega tarde, demasiado tarde,
y otra empresa acaba pasando a la historia.
Si bien está claro que la estrategia es fundamental en tiempos de
crisis, ¿qué debemos hacer en este campo cuando las cosas
van bien, la empresa crece y no hay evidentes problemas? Una posible respuesta
podría ser simplemente mantener el curso. Como aquel navegante que
se enfrenta al buen tiempo, la mar en calma... seguir el curso, relajarse,
disfrutar, aprovechar para aquello que nunca hay tiempo a hacer, limpiar
el barco, ordenar... Quizás esa pueda ser una parte de la respuesta.
Es bueno aprovechar los tiempos de vacas gordas para pulir y mejorar, pero
sin olvidarse de la estrategia.
Para visualizar mejor el argumento que queremos hacer, por favor mire cuidadosamente
los datos de resultados que se muestran en la Tabla 1.
¿Qué opina de estos resultados? ¿Qué opina de
la salud de la empresa? Son, obviamente, unos pocos datos, pero muestran
un importante crecimiento en las ventas, una rentabilidad sobre ventas por
encima del 10%, y sobre recursos propios, del 26%, cayendo hasta el 23%
el último año. No parecen malos resultados. Y usted está
al timón de esta empresa, gozando del progreso, el crecimiento y
el éxito. ¿Por qué pensar en revisar su estrategia?
Antes de entrar en detalles sobre la Empresa X y los años de los
hechos, sólo unas reflexiones. Estrategia es la elección del
futuro y el modo de alcanzarlo. Por ello, la estrategia es la base para
construir el mañana, y el presente puede oscurecerlo. La salud financiera
de la empresa, que se manifiesta en sus estados contables, enmascara aquellos
factores fundamentales que la determinan. A pesar de la bondad de los números,
la Empresa X no tenía una buena salud estratégica y debería
actuar mucho antes de que se deterioraran sus resultados. Pero eso es muy
difícil de hacer sin estrategia.
La Empresa X es una empresa real española muy conocida, cuyo nombre
no desvelaremos. Los años corresponden al período 1987-1989.
Los datos presentados son reales, aunque multiplicados por un factor para
no revelar excesiva información sobre la identidad de la empresa.
Los datos de la Tabla 2 son las ventas y los beneficios antes de impuestos
en los años siguientes.
¿Por qué se produce este deterioro de los resultados? ¿Se
podría haber anticipado en 1989? Como en cualquier situación,
toda explicación es siempre más simple que la realidad; sin
embargo, las razones básicas para el deterioro tan rápido
de los resultados de una empresa, que es tecnológicamente puntera
y líder en su sector en España, deben encontrarse en la rápida
internacionalización después de la entrada de España
en la Unión Europea, y su efecto, especialmente en su negocio M.
Este negocio se internacionaliza con mucha rapidez, y la Empresa X estaba
demasiado centrada en su visión más tecnológica e industrial
asociada a su otro negocio importante, el B, que perdió su perspectiva
estratégica en su negocio M. En definitiva, su salud estratégica
en 1989 se estaba deteriorando con rapidez, pero no se manifestaba en su
cuenta de resultados. Pero su deterioro estratégico podía
determinarse en base al análisis estratégico ya en 1989.
Quisiera no dar una imagen equivocada de la Empresa X. Cabe indicar que
su reacción no esperó a 1993 y que, además, esas pérdidas
reflejan el coste de su reestructuración iniciada en 1992. De comienzos
de 1991 a finales de 1993, su plantilla se redujo, vía jubilaciones
anticipadas, en más de 500 empleados; abandonó líneas
de productos, aumentó notablemente la subcontratación, reenfocó
sus plantas, abrió una fábrica en un país menos desarrollado
pero con costes laborales inferiores, etc. En 1994 ya volvía a los
resultados positivos, con más de 1.300 millones, y empezó
a destinar recursos a su nueva fase después de la reestructuración,
profundizar en la internacionalización de sus actividades.
Debemos constantemente reflexionar
sobre la salud estratégica
de la empresa para construir mejor las bases para el mañana
El mensaje del ejercicio realizado debe ser muy claro. Como dice un colega:
"Lo que muestra la cuenta de resultados es muy importante, pero aquello
que esconde es fundamental". El análisis estratégico
permite profundizar en aquello que la cuenta de resultados esconde y que
muchas veces llamamos la cuenta de resultados subyacente. Luego, la estrategia
es útil también en los años buenos. Debemos constantemente
reflexionar sobre la salud estratégica de la empresa para construir
mejor las bases para el mañana.
¿COMO PENSAR EN LA ESTRATEGIA?
Veamos ahora algunas características de la reflexión estratégica
que las empresas deben llevar a cabo de forma permanente en buenos y en
malos tiempos. Dividiremos el proceso en cinco etapas distintas, conscientes
que sólo presentamos el esquema básico fundamental de la reflexión
estratégica.
1.- Identificar los negocios: Una
primera tarea estratégica fundamental es conocer en qué negocios
compite la empresa.
Por ejemplo, la Empresa X competía en tres negocios distintos. En
este artículo sólo hago referencia a los negocios B y M, que
tienen características muy dispares. Por ejemplo, en el negocio B,
la I+D es una actividad fundamental y una importante barrera de entrada.
Otro aspecto fundamental es el servicio a los clientes. Estos no quieren
almacenar este tipo de productos especializados en sus organizaciones esperando
un comprador que precise este tipo concreto de producto. Sin embargo, tampoco
desean hacer esperar muchos días a sus clientes. La Empresa X sirve
a sus clientes en 24 horas, desde puntos cercanos, recibiendo pedidos por
cualquier medio, teléfono, fax, correo electrónico, etc.,
las 24 horas del día. Además, da formación técnica,
servicio...
En cambio, el negocio M es diametralmente distinto. El producto es de consumo,
con una lógica de ventas que se basa en la gestión de las
estanterías del cliente. Se trata de un mercado muy segmentado en
precios y calidades, desde el segmento más sencillo a los segmentos
de marcas de lujo. La I+D es muy poco importante y, en cambio, el coste
de fabricación es fundamental, así como la publicidad y la
imagen, siempre en función de cada segmento. Las relaciones con el
canal son menos importantes, y la fuerza de ventas, mucho menos tecnificada.
Todas estas características hacen que competir en un negocio u otro
tenga muy poca relación, excepto por compartir un mismo cliente.
E incluso eso no es del todo verdad, ya que algunos segmentos de producto
del negocio M van a clientes distintos.
Tradicionalmente, la Empresa X no había diferenciado claramente sus
negocios. Ello llevaba a cierta confusión en algunas actividades,
como, por ejemplo, el tener plantas poco enfocadas, excesivamente caras
y orientadas a la I+D. El primer paso para establecer la estrategia es separar
adecuadamente los negocios para poder pensar cómo competir en cada
uno de ellos.
2.- Entender la estructura del sector:
El segundo paso es entender el contexto competitivo de cada negocio.
Ello requiere entender las características estructurales del sector
y de los competidores más importantes. Y ello debe hacerse para cada
negocio y esforzándose con analizar no el pasado, sino las tendencias
del futuro. Para la Empresa X era importante entender el cambio tecnológico
en su negocio B, la importancia de nuevas tecnologías en las que
tenía poco conocimiento, así como su futura evolución.
Era también importante analizar los cambios en la estructura del
sector de sus clientes y su posible impacto en cada uno de sus negocios.
Y era fundamental darse cuenta que un competidor más internacional
había penetrado en España gracias a las nuevas tecnologías
y ya empezaba a tener un tamaño que podía justificar mejoras
notables en su servicio a los clientes, en base a replicar la estructura
de distribución de la Empresa X; o en su negocio M, la competencia
extranjera, el papel de un gran competidor global, etc. En definitiva, no
podía dar por seguro su éxito del pasado proyectando hacia
el futuro sin entender cómo competía, cómo cambiaba
el entorno, qué hacían los competidores y, en resumen, cómo
sería su entorno competitivo en el futuro.
3.- Analizar el posicionamiento: En
el campo de la estrategia es bien conocido que lo importante es la posición
relativa a los competidores. Y esta posición relativa depende de
nuestra elección en la forma de competir.
Estrategia es un término que hace referencia a aquello que nos diferencia,
que nos destaca, que nos hace distintos de otras empresas. Por ese motivo
es necesario entender la posición diferencial o posicionamiento de
la empresa en el sector. La Empresa X era, en 1989, claro líder en
el sector de su negocio B, gracias a su I+D y sus relaciones y servicio
envidiable al canal. Pero la apertura del mercado español la hacía
vulnerable a empresas con mayor I+D y a empresas con mayor nivel de internacionalización,
con lo que podían repartir el coste de investigación entre
más mercados. Además, también era vulnerable por su
poco conocimiento de las nuevas tecnologías. En cambio, tenía
una importante arma competitiva en su imagen, reconocimiento de marca, distribución,
servicio al canal, etc. Entender el posicionamiento es básico para
orientar la acción.
4.- Analizar la sostenibilidad: Nada
dura eternamente. El análisis de sostenibilidad consiste en someter
nuestro posicionamiento al test del tiempo.
¿Podemos mantener una posición superior dada la esperada evolución
del sector y la previsible acción de los competidores? La posición
de la Empresa X en su negocio B no era sostenible a pesar de ser líder
y de sus ventajas competitivas. Para sostener su posición había
de actuar. Por un lado, era necesario solucionar la falta de conocimiento
en la nueva tecnología. Por otro lado, reforzar el servicio al cliente,
mejorar la posición en costes y, cuando fuera posible, profundizar
en el nivel de internacionalización. Bastante trabajo a realizar
para mantener el liderazgo.
La Empresa X inició rápidamente acciones para confrontar estos
problemas. Ello requirió establecer alianzas con otras empresas,
acometer importantes mejoras en eficiencia, realizar grandes inversiones
y desarrollar nuevas capacidades. Por suerte, su posición de partida
era envidiable, y el deterioro competitivo, lento, con lo que tuvo tiempo
para reaccionar y enderezar su posición competitiva en el negocio
B.
En el negocio M, la situación era insostenible. No se hacía
suficiente publicidad, los costes de fabricación eran excesivos y
los competidores especializados en distintos segmentos penetraban con facilidad
en España, cuya economía era progresivamente más abierta.
Se necesitaba redescubrir la fuente de ventajas competitivas y construir
una base sólida y sostenible. El presente era una mala representación
del futuro. En este negocio, la empresa había de cambiar... o salir.
Y qué mejor que cambiar cuando las cosas van bien en lugar de tenerlo
que hacer deprisa y corriendo cuando el problema es tan grave que podemos
desaparecer.
5.- Construir el futuro: Las etapas
anteriores constituyen la base para el análisis. Pero nuestra obligación
es actuar. Ello requiere combinar todo lo aprendido para plantearse qué
futuro se desea tener y empezar a trabajar en él.
Se han de determinar las acciones necesarias para mejorar el posicionamiento,
desarrollar las capacidades necesarias y preparar la organización
para acometer las necesidades del futuro. Acciones como las expuestas que
tomó la Empresa X para asegurar el futuro de su negocio B o las que
debería tomar para rentabilizar su negocio M. Con los tres tipos
de objetivos que se recogen en el Cuadro 1 llegamos al final y volvemos
adonde iniciamos el trayecto.
CONCLUSION
¿Cómo podemos dejar de pensar en la organización que
necesitamos para competir mañana? ¿Cómo podemos dejar
de pensar en las capacidades que necesitamos para competir mañana?
Y si hoy vamos bien, nada nos asegura que "más de lo mismo"
sea la receta para el futuro. Es preciso desarrollar una estrategia y de
esta forma escoger y empezar a hacer realidad el futuro. Orientar la acción
de hoy para un próspero mañana. Y mañana seguiré
haciendo lo mismo, ya que ésta es una tarea clave de la dirección
y aun en tiempos de bonanza no se puede dejar de dirigir. |