¿Bonanza empresarial?

Qué debieran hacer las empresas

Esteban Masifern

El empresario debe identificar los escollos que han impedido que prácticas buenas no hayan alcanzado su plenitud. La razón principal, aunque no la única, que explica muchos fracasos, es que no se piensa, no se trabaja con objetivos, sino con metas


RESUMEN    Ante la actual situación económica, se plantea cuál debería ser el comportamiento de las empresas, considerándose una serie de circunstancias. Para ello, se analizan las tres crisis principales. La primera, coyuntural, parece ser que está siendo resuelta, pero persisten todavía la crisis europea ­cuyos aspectos se detallan­ y la crisis de la dirección empresarial, obviada a veces con trampantojos, pero aún no solventada, pues no se trabaja con objetivos, sino con metas. Como conclusión, se señalan los cuatro pilares sobre los que se asentará el éxito económico en el próximo siglo.
SUMMARY    Faced with the current economic situation, the question is raised as to how companies should behave, taking into account a series of circumstances. To answer this question, an analysis is performed of the three main crises. The first crisis, temporary and dependent on the development of events, seems to be in the process of being solved. However, there still persists the European crisis ­whose aspects are discussed­ and the business management crisis, sometimes got round by ruses but still not settled as managers are not working with objectives but with goals. The article states the four pillars on which economic success in the next century be based.

Actualmente parece que vivimos en un ambiente de euforia debido a que la situación empresarial ha superado la crisis coyuntural (esa de las vacas flacas y gordas). Como siempre ocurre, las cosas se desgastan, los stocks se agotan y el consumidor se cansa de llevar el cinturón apretado. ¿Quiere esto decir que hemos entrado en una época de opulencia? ¿Vienen unos años de bonanza para las compañías? En mi opinión, todavía siguen existiendo otras dos crisis ­esas de las que vengo hablando desde finales de los ochenta­, la crisis europea y la crisis de la dirección empresarial.

Además, la primera crisis ­la coyuntural­ ha sido superada por hechos más bien atípicos, entre otros, el más importante e irrepetible, la espectacular disminución del coste del dinero ha dejado al ciudadano que paga una hipoteca un buen pellizco disponible para gastar, ha saneado las cuentas al Estado y ha permitido mejorar las cuentas de resultados de las empresas e, incluso, reducir capital en beneficio de sus accionistas. Por otro lado, tras una subida en vertical de los precios de bastantes materias primas hace tres años (y la inmediata repercusión en los precios), hace un año se volvió a los niveles de partida y, como es habitual, esa caída no se reflejó en los precios, sino en los beneficios de las empresas.


SEGUNDA CRISIS: EUROPA

Como escribía en 1996 en esta misma Revista(1), Europa tiene gobiernos que piensan en ciudadanos trabajadores, mientras que Estados Unidos piensa en ciudadanos clientes y consumidores. Esa es una gran diferencia, pues la UE no ha liberalizado sus mercados de bienes, productos y servicios (no compran donde son más baratos a igual calidad/prestaciones), pues protege a sus industrias al igual que a su agricultura, la cual recibe unos subsidios muy superiores a los de Estados Unidos, Nueva Zelanda, etc. En resumen: la UE es proteccionista, lo cual hace que sus ciudadanos paguen más impuestos y consigue que su comida y el resto de su compra les cueste bastante más caro que al ciudadano norteamericano.

Paradójicamente, los Estados que piensan en términos de trabajador tienen un nivel de desempleo mucho más elevado, pues ­como demuestran diferentes estudios(2)­ se crea más empleo liberalizando el mercado (sin suprimir la competencia) que liberalizando el empleo.

Los políticos de esos gobiernos del llamado "Estado del Bienestar" mandan vía regulaciones y vía relaciones privilegiadas, lo que hace que el impacto de los políticos en el mercado alcance cotas muy por encima de lo que es beneficioso para los ciudadanos y la mayor parte de las empresas. Es decir, esta omnipresencia de los gobernantes es muy perniciosa para los gobernados.

La coyuntura se verá influida por impactos muy importantes para la empresa europea: la crisis asiática y el euro. En mi opinión, las consecuencias de la crisis asiática (el mantenimiento o descenso de los precios de las materias primas, la disminución del consumo y la caída de precios de sus fabricados originada por la devaluación de sus monedas) nos afectará. Sin embargo, no debemos olvidar que ésta ha sido una crisis debida a la especulación y fragilidad de las finanzas asiáticas, y que las inversiones industriales no han desaparecido. Al contrario, su crecimiento sigue siendo fuerte, más del doble que el europeo.

En cuanto al euro, pienso que se le corea demasiado, dando por descontado su triunfo como si sólo fuera a traer un sinfín de bienes. Sin embargo, a pesar de que no hay alternativa a la integración europea, en mi opinión el euro introduce un gran número de interrogantes: ¿El cumplimiento de los criterios de Maastricht es puntual u obedece a una consolidación sostenida de la economía? Las medidas que vemos que están tomando algunos Estados para paliar el desempleo, ¿auguran la mejora de su competitividad en la mundialización de los mercados? ¿Los gobernantes y los ciudadanos aceptarán las medidas necesarias de reformas estructurales políticas y económicas (fiscales, laborales, financieras, ampliación comunitaria, etc.) que son imprescindibles para afianzar el euro? ¿Podrán los países mantener controlada su deuda cuando no han abordado las reformas precisas para rebajar los gastos del Estado (la UE, 20 puntos más que Estados Unidos)? ¿Puede el euro, sin la libra esterlina, ser moneda de referencia? Si la moneda única no ha rebajado las diferencias entre el norte y sur de Italia, ni entre el este y el oeste de Alemania, ¿por qué debe hacerlo en la UE?


TERCERA CRISIS: LA DEL GOBIERNO DE LAS EMPRESAS

Pasemos a la tercera crisis, la del gobierno de las empresas. Llevamos más de dos décadas en que las mejoras a la forma de conducir las instituciones empresariales se han caracterizado por las modas y trampantojos en los que se han empleado tiempo, dinero y esfuerzo. Estos últimos años se han multiplicado los programas de cambio. Sobre este tema, hasta 1994 se habían publicado más de 800 libros, todos ellos presentando enfoques novedosos y metodologías definitivas que resuelven todos los problemas, pues han hallado la gran idea(3). "Muchas empresas prueban la última moda únicamente para comprobar que son un fiasco o, si hay suerte, logran un resultado que queda muy por debajo de lo prometido"(4). "La consultoría Bain & Co. estudió 500 empresas para comprobar qué nuevas herramientas (tales como reingeniería empowerment, learning organization, etc.) habían adoptado. En un período de cinco años, como promedio habían usado una nueva herramienta cada cinco meses. Es decir, es como si hicieran una puesta a punto constante a un motor que necesitaba cambiarse"(5). La Figura 1 refleja ese enorme auge en la oferta de herramientas milagro.

Se puede deducir:

1 Que las compañías ven la necesidad de mejorar su organización y dirección para adecuarse a los continuos impactos que sufre su ecosistema.

2 Que si bien las buenas prácticas tradicionales siguen dando buen juego cuando las necesidades son meramente de cambios incrementales, no debemos caer en aquello de "¿por qué cambiar si vamos bien?", sobre todo cuando se precisa pasar de estrategias de mejoras de coste a estrategias de acelerada innovación de productos; y/o de una rápida respuesta a los clientes y competidores; y/o de recobrar la identificación del empleado con la empresa y su maestría profesional; y/o incrementar la autonomía de los directivos y empleados; y/o desarrollar al personal para ensanchar su empleabilidad, y/o adecuarse al fenómeno de la mundialización... En todas esas situaciones no son suficientes esas buenas prácticas.

3 Que ha habido un lanzamiento precipitado al mercado de nuevas herramientas que han intentado minimizar las deficiencias de la cimentación y azotea remodelando la fachada; una vez más se ha confundido el movimiento con la eficacia, se ha visto el cambio (hacer cosas nuevas sin cambiar la base) en lugar de la regeneración (construir sobre una nueva filosofía, dirigir con nuevos valores y creencias); una cosa es ser eficiente operativamente y otra serlo en el uso de los fondos propios y deuda a largo; hoy, esto último es lo importante, pues así lo exige la dinamicidad de los entornos que obliga a reconsiderar sistemáticamente la cartera de negocios.

En definitiva, aunque la primera crisis parece controlada, hay nuevas situaciones no fáciles, no se ha avanzado en la segunda crisis, la de UE, y más de veinticinco años de trampantojos no han facilitado la decidida voluntad de una mayoría de empresas de enriquecer su quehacer directivo para adecuarse a los nuevos contextos de mercado y de no mercado. Pero no debemos temer a las crisis, pues las necesitamos para abrir nuestros ojos.


¿COMO DISTINGUIR UN TRAMPANTOJO DE UN AVANCE REAL?

Por lo general, han olvidado uno o varios de los asertos que siguen:

a La empresa y el mercado son mundos con personas.

b La empresa está en un ecosistema; el análisis de un sector reduce la pluralidad de opciones

c El modelo microeconómico tradicional, reducido el mercado, debe actualizarse tanto en profundidad como ampliándolo a la macroeconomía, tecnología y regulaciones, así como a los factores de no mercado (sistemas cross-sectoriales o codependientes, como redes económicas, alianzas, redes empresariales... y a las relaciones privilegiadas [amiguismo, intereses financieros, confianza, lealtades, intereses políticos, mafias, actuaciones de poder...]).

d Un enfoque o una herramienta novedosa, si no tiene raíces, hay que ponerlo en cuarentena, salvo que tenga una base conceptual/técnica muy sólida y no voluntarista o forzada (por ejemplo, las matemáticas no hacen buenos unos malos supuestos). Otros ejemplos, la reingeniería (identificar los procesos clave) tiene unas raíces en el enfoque de sistemas de la década de los sesenta, y al no conocerlas o ignorarlas, a sus autores les salió raquítico y frágil su omotocia; el empowerment tiene numerosísimas raíces desde Mary P. Follet, del siglo pasado; la filosofía del personalismo de E. Mounier y otros; Douglas Mc Gregor, Rensis Likert y R. Bennis; el movimiento para la calidad de vida laboral de los setenta, y un largo etcétera. Este entronque con trabajos, experiencias y prácticas anteriores permite evitar tropezar en la misma piedra, avanzar superando lo anterior (por ejemplo, los sucesivos fracasos de la participación: Scanlon, en los años treinta, esfuerzos de los sesenta, círculos de calidad en los ochenta...).

e Para la buena implantación de una idea o herramienta debe elaborarse el conjunto de medidas organizativas que formen un todo coherente. La empresa es un sistema formado por varios subsistemas; dicho de otro modo, en una organización nada ni nadie es una isla, todo se interacciona. Por ello, aunque un concepto surja de una especialidad/disciplina, no puede llevarse a la práctica sin ver las modificaciones que conllevará, determinando un paquete de actuaciones sincronizadas.

 

¿Qué deben hacer las empresas ante estas crisis que exigen nuevos contextos de pensamiento para actuar con éxito en los nuevos contextos de mercado y de no mercado?


En primer lugar, identificar los escollos que han impedido que prácticas buenas no hayan alcanzado su plenitud. Por ejemplo, ¿por qué ha fracasado la planificación estratégica?, ¿por qué ha fracasado la dirección por objetivos?, ¿por qué la delegación no ha sido una buena práctica normal? La razón principal, pero no única, es que no se piensa, no se trabaja con objetivos, sino con metas (veáse Figura 2). La estrategia, casi por definición, se formula fijando propósitos u objetivos, y no costes, actividades o salidas (que son metas). Tenemos que hacer notar que formas de pensar y de hacer muy arraigadas en la empresa y sus dirigentes han impedido e impiden la regeneración. Así, como siempre se ha pensado en términos de coste, tiempo, calidad y cantidad (es decir, en entradas, actividades y salidas), eso impide pasar a propósitos, finalidades y objetivos; es el permanente y muy antiguo dilema; se piensa en eficiencia (hacer bien las cosas) y no en eficacia (hacer las buenas cosas). Se sigue definiendo productividad como eficiencia, en lugar de eficacia (grado de logro de lo que se pretende) dividido entre eficiencia (coste, en el amplio sentido).

Otro ejemplo es el sucesivo fracaso desde la planificación a largo hasta la planificación estratégica, pues el dentro (el presupuesto) se ha comido al fuera, impidiendo encontrar el necesario equilibrio entre ambos; en el mismo error, aunque por otros motivos, han caído los consultores y académicos, pues han ido dando golpes de péndulo entre el dentro y el fuera, o viceversa.

Otra fuente potentísima de distorsión es el poder. En la actualidad, el poder no se cede, ya que quien debe cederlo no se siente cómodo al descentralizar o delegar; o bien no considera conveniente para sus intereses personales perder capacidad de dirección. Cuando hoy, por muchísimas razones, la empresa no debiera ser un reducto de la jerarquía basada en el poder (por ejemplo, para acercar las decisiones al usuario o cliente, para resolver los problemas y tomar las decisiones donde surge la necesidad, para tener rapidez de respuesta, para recobrar el gusto de las personas por su trabajo, para tener directivos que sean verdaderos empresarios de sus negocios, para lograr innovar productos y marcas, para renovar el mismo concepto de gobierno corporativo...), sin embargo, existe un empecinamiento que ciega a los que tienen el poder e impide que los directivos y el personal ejerzan los nuevos roles que hoy precisan un buen número de empresas. Las relaciones en las economías industriales y de servicios son verticales, es decir, de jerarquía; en la economía del conocimiento, en la que estamos destinados, son horizontales, es decir, de fraternidad. El poder, para muchos, cae en el terreno de lo emotivo, y no se puede ver lo que emocionalmente es difícil de ver.

En el próximo siglo, el éxito económico se sustentará en cuatro pilares:

- La persona, o sea, la plenitud del individuo vía autonomía y capacitación para la empleabilidad (poder cambiar de empleo y aun de profesión). Liberar el cerebro de los empleados.

- La creatividad, es decir, imaginación, intuición e inventiva para innovar productos, procesos, mercados y organizaciones.

- La capacidad tecnológica; es más fácil enseñar management a un técnico que tecnología a un directivo.

- El saber relacionarse y cooperar para compartir y colaborar (veáse Figura 3).

Véase el Cuadro de la página siguiente en el que a modo de check-list anotamos las características para el éxito empresarial en el siglo XXI.




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