Hace
dos años, el profesor Eduardo Martínez Abascal reunió
en el auditorio a los doscientos alumnos que se graduaron el 12 de junio.
Antes de empezar a hablar dejó que sonaran los acordes que marcarían
el inicio de su graduación. Dos años después, el director
del Programa les recordaba la escena: "Acabáis de escuchar la
misma música con la que empezasteis el Master. En aquella ocasión
intenté explicar lo que teníais delante y vosotros escuchabais,
algo aterrorizados: 800 casos y notas técnicas discutidos en clase,
200 horas de reuniones de grupo, 850 sesiones, y muchas, muchas horas de
trabajo individual y en equipo. Ahora, habéis llegado al final. Dos
años de trabajo intenso. Pero también y, sobre todo, dos años
de intenso desarrollo personal y amistad. Habéis acabado una etapa
de vuestra vida."
El profesor Martínez Abascal animó a los graduados a que pusieran
afecto en su trabajo y a que lo acabaran bien, hasta el último detalle,
con pasión por las cosas bien hechas. "Poned cariño con
los que os rodean en vuestro trabajo, en vuestra familia. Dar lo mejor de
vosotros os llevará a la tolerancia, la comprensión, el espíritu
de servicio, en definitiva, os llevará a construir. Me decía
un antiguo Master: 'Al final, lo que cuenta es cuántos te quieren
y a cuántos quieres'. Ojalá que en vuestra vida profesional
y personal sean muchos, fruto de vuestro trabajo bien hecho y de vuestra
dedicación. Ése será, a fin de cuentas, el beneficio
que más os va a enriquecer."
Tras la entrega de los diplomas, en nombre de los alumnos tomó la
palabra Silvia Velasco. La secretaria de la XXXIII Promoción del
MBA también volvió la vista atrás. "Todos nosotros
éramos personas muy distintas: diferentes países, culturas,
entornos, capacidades... formábamos esa gran heterogeneidad que tanto
nos ha enriquecido. Y ahora somos todos un poco más iguales, un poco
menos diversos. Hemos compartido tanto que difícilmente podremos
ignorar estos meses."
Ernesto Suárez de Sola, presidente de la XXXIII Promoción
del MBA, dedicó un afectuoso recuerdo a todas las personas que les
habían ayudado a alcanzar este día: padres, amigos, profesores...
"Hablo en nombre de todos mis compañeros cuando digo: 'Cada
momento en el IESE, dentro y fuera de clase, ha sido una experiencia excepcional.'
Haber tenido el privilegio de estudiar bajo un grupo tan prestigioso de
educadores ha sido un gran honor para todos nosotros. El elevado nivel espiritual
y moral que nos ha rodeado estos últimos 21 meses sin duda lo recordaremos
durante toda la vida y seremos personas mejores gracias a ello. Porque,
aunque vinimos al IESE para estudiar el Master, también es cierto
que ningún diploma puede potenciar nuestro nivel cultural si no se
acompaña de un importante crecimiento espiritual. Mientras nos preparamos
para entrar en una nueva época de nuestra vida, debemos dar las gracias
a Dios por este día."
El presidente de la promoción subrayó la responsabilidad con
la que debían devolver a la sociedad lo recibido. "El IESE ha
imbuido en nosotros una serie de herramientas y principios que debemos utilizar
como un caballero usa su espada y escudo. La espada, para vencer a la adversidad,
y el escudo, como símbolo del honor. Somos los líderes del
futuro y es nuestra responsabilidad transmitir nuestros conocimientos a
otros."
Optimismo
A continuación, Josep Piqué,
Ministro de Industria y Energía, dirigió a los graduados la
lección magistral. El Ministro les animó a iniciar con optimismo
esta nueva etapa colmada de grandes oportunidades: "Sed ambiciosos,
sed emprendedores, tomad pequeños riesgos que juzguéis prudentes.
Seguro que, al final, si hacéis las cosas bien, saldréis adelante".
Josep Piqué destacó la contribución que supone para
la riqueza de un país la formación del capital humano. "Los
países más ricos no son los que tienen más población
ni más recursos económicos. La gente y su nivel de formación
son el punto clave en el progreso."
El titular de Industria recordó a los nuevos MBA las deudas que han
adquirido con la sociedad. "La mayoría de vosotros no habéis
hecho más que acumular deudas. Con vuestros padres, que os han pagado
los gastos, con el conjunto de la sociedad... Hoy se acaba un ciclo importante
en vuestra vida. En términos económicos, pasáis de
consumir a producir recursos para la sociedad. La tentación inmediata,
como empresarios y como ciudadanos, es volverse egoístas. Pero os
ha llegado el momento de comenzar a pagar las deudas. Estas deudas no son
entre vosotros, entre vuestros contemporáneos, sino con las generaciones
futuras. Ellas tienen derecho a disfrutar, como mínimo, de las mismas
oportunidades de las que habéis dispuesto vosotros. Esta generosidad
generacional es la base del progreso de las sociedades. Os corresponde que
vuestros países sigan mejorando su nivel de bienestar. Ésa
es la gran asignatura que os queda pendiente. Estoy seguro de que la aprobaréis,
y brillantemente. ¡Que tengáis mucha suerte!"
Aprendiendo del Titanic
El profesor Carlos Cavallé, Director
General del IESE, recordó la historia del malogrado Titanic para
subrayar la necesidad de respetar el predominio de la persona humana en
la sociedad, en el ámbito del trabajo y fuera de él, ya que
la persona es única allí donde se encuentre.
"Las organizaciones deben estar concebidas
de manera que permitan potenciar las capacidades de las personas que las
integran para ofrecerles oportunidades de mayor realización personal
y no solamente los fríos objetivos de rentabilidad y eficacia."
"Tengo la certeza de que al cabo de dos años en el IESE estos
mensajes os resultan muy familiares. Pero he querido recordarlos para que
no se os ocurra embarcaros en un nuevo Titanic, que realiza su maiden trip
seguro de su tecnología, de los muchos caballos de sus motores y
de su imponente estructura, en teoría suficiente para cruzar todos
los océanos de la vida. Espero que la historia del Titanic os reafirme
en vuestra convicción de realizar el viaje de vuestra vida profesional
en un contexto más humano que tecnológico, que, en el fondo,
es el contexto real. El único que permite sortear los icebergs que
puedan aparecer, y aparecerán, y el único que permite llegar
a puerto con toda seguridad."
El Rector de la Universidad de Navarra, José María Bastero,
tomó la palabra para clausurar el acto. "No pretendo halagaros
al afirmar que quienes hoy recibís este Diploma de graduación
constituís una minoría privilegiada; mi propósito es,
más bien, tratar de que seáis conscientes de la responsabilidad
que tenéis ante la sociedad y, sobre todo, ante vosotros mismos,
pues mucho debe dar quien mucho ha recibido."
En busca de la verdad
El Rector recordó la ceremonia de
Investidura de Doctores Honoris Causa, que se celebró en Pamplona
el 31 de enero. En aquella ocasión, el Gran Canciller de la Universidad
de Navarra, Monseñor Javier Echevarría, recordó la
importancia de trabajar en busca de la verdad. "En estos momentos de
la historia dijo el Gran Canciller la humanidad es particularmente
consciente de sus límites, y aspira con afán a cambios profundos
y radicales. La más reciente experiencia de nuestro siglo nos hace
ver que los acontecimientos que no se apoyan en una sincera búsqueda
de la verdad, son no sólo baldíos, sino, en última
instancia, trágicos. Frente a todo esto, la generación actual
no se resigna al desencanto y a la mera aceptación de la herencia
cultural que ha recibido, sino que desea encontrar un fundamento y un camino
para la esperanza auténtica. Ese camino y ese fundamento no pueden
ser otros que la búsqueda sincera de la verdad."
El profesor Bastero animó a los graduados a &laqno;mostrar con hechos»
que es posible avanzar hacia una finalidad humanamente digna, aspirar noblemente
a lograr los máximos galardones profesionales armonizando esta aspiración
con una preocupación eficaz y desinteresada por atenuar las lacras
sociales, materiales y espirituales de la sociedad post-industrial. Para
ello es necesario, concluyó el Rector, que acompañemos nuestras
actuaciones en todos los órdenes de la vida de un fuerte empeño
ético. "Todo el quehacer humano ha de pasar por el tamiz de
los postulados de una genuina ética personal."
Cuando no se puede, ni se quiere, decir
adiós
Hace cuarenta años era díficil
soñar con que la promoción del MBA 98 pasaría a la
historia por ser la primera en graduar a jóvenes profesionales rusos,
húngaros, búlgaros o eslovacos
Silvia Velasco, la secretaria de la XXXIII
Promoción del Programa Master, terminó su discurso en el acto
de graduación con estas palabras: "Han pasado veintiún
meses y no puedo, ni quiero, deciros adiós. Espero que todos podamos
decir, no que dejamos el IESE, sino que nos llevamos el IESE con nosotros.
En una frase de Balzac: 'El recuerdo es el paraíso del que nadie
nunca nos podrá arrojar'. Yo espero que el futuro lo sea también.
Amigos, no nos olvidemos nunca".
La recién graduada promoción del Programa Master en Economía
y Dirección de Empresas está formada por MBA de 34 países,
de tres continentes. Es la primera promoción que incorpora a un grupo
de alumnos de los países del Este. Los que se van lejos saben que
pasará bastante tiempo antes de que se vuelvan a encontrar con sus
compañeros.
András Sharle, húngaro, llegó hace dos años
a Barcelona para hacer el MBA. Su apuesta por el IESE era firme: con él
viajaban su mujer, Zsuzsanna, y Anna, András, Csilla, sus tres hijos.
Hoy, más de 600 días después, asegura que está
viviendo una sensación extraña parecida a la que describía
Silvia en la graduación: "Por un lado, tengo ganas de trabajar,
de acabar de estudiar. Pero, por otro lado, sé que voy a echar de
menos al IESE y a mis compañeros".
Lejos han quedado ya los días del primer curso, cuando tenían
que convencerse y hacer verdaderos esfuerzos para compartir sus opiniones
con los demás en las reuniones de equipo o en las discusiones en
clase.
"Estamos educados en una cultura donde no es bueno dar tu opinión,
sobre todo si es diferente a la del resto. Hemos tenido que convencernos
de que dar tu opinión es bueno para ti y para los demás, porque
si no compartes tu opinión, no puedes enriquecer la sabiduría
de tus compañeros con otros puntos de vista", dice András.
Katalin Karpati también ha vivido dos años inolvidables. "En
el IESE hemos sido expuestos a una rica variedad cultural. Es impresionante
la escena que vives a la hora de comer, cuando compartes mesa con un coreano,
un alemán, un eslovaco... he tenido la oportunidad de disfrutar de
una riqueza cultural fantástica."
Alexander Shipilov, ruso, valora sobre todo la formación recibida
en el IESE. "He tenido tiempo para pensar. Algo que era difícil
de conseguir en mi trabajo de consultor. Ahora regreso a Rusia, donde espero
desempeñar mi tarea de un modo más profesional y prudente,
porque dispongo de una visión más completa del mundo de los
negocios. En Rusia las empresas se están empezando a desarrollar.
Todavía no hay reglas, y la formación que he recibido en el
IESE me permite ver hacia dónde vamos." Alexander confía
en que dentro de unos años pueda formar la Agrupación de Antiguos
Alumnos del IESE en Rusia.
Emanuela Grosmann, eslovaca, ha conseguido realizar los objetivos que se
había propuesto al iniciar el programa. "En Eslovenia no tenemos
todavía los problemas de las empresas de Occidente, pero conociéndolos,
podemos saber hacia dónde vamos. En pocos años nos han invadido
las multinacionales y tenemos que digerirlo."
Emanuela recomienda a las nuevas generaciones de MBA de los países
del Este de Europa que aprovechen todas las oportunidades que les brinda
el IESE. |