A propósito del documento "Dominus Iesus"
¿Es el cristianismo la religión verdadera?

Juan Belda-Plans.
Doctor en Teología y Filosofía, es Profesor Asociado de Historia de la Teología en la Universidad de Navarra. Actualmente imparte un ciclo de conferencias en el Programa de Continuidad en la sede del IESE en Madrid. jbelda@pasanet.es

Resumen

El 6 de agosto de 2000 se publicó en Roma la Declaración "Dominus Iesus", emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe que dirige el cardenal Joseph Ratzinger. Este documento romano provocó un cierto revuelo en los medios de comunicación (sobre todo europeos y americanos). ¿Por qué? ¿De qué se trataba? Una información sucinta sobre este fenómeno contemporáneo interesará sin duda a los lectores y al público en general.

La Declaración salía al paso de ciertas opiniones de algunos teólogos en torno al diálogo interreligioso (cristianismo y religiones no cristianas), que ponían en cuestión aspectos fundamentales de la fe católica, en aras de un mayor acercamiento entre estos ámbitos religiosos. Veamos cuál fue el contexto en el que se produjeron los hechos.

En el mundo actual de la globalización y de la tecnificación generalizada, a algunos sectores del movimiento ecuménico cristiano lo que les preocupa acuciantemente es el diálogo interreligioso entre las grandes religiones monoteístas del mundo. Frente a una sociedad mundial pluralista y mayoritariamente atea (o agnóstica), se debería buscar urgentemente el mayor entendimiento posible dentro de lo que podríamos llamar el mundo teísta (es decir, aquellos que tienen una creencia religiosa en un Dios); frente al mundo de la increencia (o sea, quienes tienen una visión del mundo cerrada a la trascendencia religiosa). En efecto, una visión puramente materialista y pragmática del mundo y del hombre da lugar a ciertas estructuras globales (sociales, políticas, culturales, y hasta económicas) que contrastan fuertemente con la concepción teísta de las cosas. En otras palabras, frente al reto de una civilización globalizada atea, se debería reaccionar netamente presentando la alternativa contraria de tipo teísta, que conduciría a un mundo más humano y pacífico.

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