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Desacuerdos
Constructivos
Cuando una idea levanta desacuerdos indica que ha despertado interés.
Conseguir que la audiencia desacuerde constructivamente fortalece
nuestro punto de vista.
Pero, ¿cómo hacerlo?
José
Mª Rodríguez
es Profesor
Ordinario del IESE en el Departamento de Comportamiento Humano en la Organización.
En
el curso de los debates que tienen lugar en las reuniones de trabajo
es habitual que se produzcan desacuerdos. Estos desacuerdos son fruto
de que los asistentes tienen informaciones, puntos de vista y preferencias
diferentes. Por esta razón es normal que surjan los desacuerdos.
De hecho, la ausencia de desacuerdos es un indicio de falta de interés
por parte de los que asisten a la reunión. Sin embargo, cuando
los desacuerdos superan un cierto umbral, tienden a surgir tensiones
entre los asistentes. De aquí la importancia de que expresemos
el desacuerdo constructivamente. Veamos cómo emergen los desacuerdos.
Nuestra primera reacción ante un punto de vista o una propuesta
que no compartimos suele ser rechazarla de plano. Ahora bien, sea
cual sea nuestra intención, el rechazo hiere, en
cierto grado, al receptor del mismo. Esta herida puede
ser casi imperceptible para el receptor, pero tenderá a afectar
a su respuesta. La parte emocional del receptor entra en juego. Si
es un hecho aislado, la reunión no sufrirá, pero muchas
veces las expresiones de desacuerdo se encadenan en una espiral y
se producen crispaciones que degeneran en una discusión acalorada.
La cortesía reinante puede ocultar parcialmente estas reacciones,
pero ello no quita que el debate pierda eficiencia.
Entonces, ¿cómo expresar el desacuerdo constructivamente?
La opción más apropiada es hacer la pregunta por
qué, siempre que la hagamos con la sana intención
de ayudar a nuestro interlocutor a expresar sus ideas y dando por
supuesto que es una persona razonable. La respuesta que dé
nuestro interlocutor, y las sucesivas preguntas que formulemos, ayudarán
a comprender su punto de vista. De este intercambio puede surgir un
acuerdo o un desacuerdo. Si el resultado es un desacuerdo, éste
tendrá el valor de estar fundamentado en un honrado esfuerzo
por entender el punto de vista o la propuesta en cuestión.
De este modo, nuestro interlocutor estará en situación
de entender nuestro desacuerdo. El diálogo habrá limado
aspereza al debate.
Pensemos que nuestras intervenciones en una reunión de trabajo
ganan claridad y solidez cuando cumplen las siguientes condiciones:
Las propuestas se formulan acompañadas de razonamientos.
Las opiniones, los puntos de vista, los diagnósticos,
etc. se presentan acompañados de los hechos y de los conocimientos
relevantes.
Los hechos relevantes se presentan ordenados y revelando sus
fuentes.
En definitiva, se trata de discrepar con cortesía, mostrando
nuestro parecer sin "hacer sangre", evitando hipotecar reuniones
futuras. |
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