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In memóriam, por el
profesor Félix Huerta
José Figuerola
José
Figuerola |
Artículo
Recuerdo a José Figuerola como un ingeniero industrial con
una mente de reflexión y especulación científica,
con ideas originales. Con una originalidad muy peculiar y distinta
a lo que suele ser habitual en los ámbitos de la ingeniería
Su reflexión parte de supuestos nuevos, su lenguaje en el que
transmite esas ideas novedosas quiere ser muy exacto para transmitir
esos nuevos conceptos y, lógicamente, lo quiere matizar y buscar
también nuevos significados de las palabras o significados
poco usuales. Por ello, algunos de los colegas del claustro del IESE
de los primeros tiempos, cuando formaba parte del mismo, hacían
la broma de que hablaba en coordenadas plückerianas.
Posiblemente fue el profesor Valero el que sintetizó cariñosa
y expresivamente de esta forma a José Figuerola.
Muy pronto se introdujo en el mundo de los ordenadores, a finales
de los cincuenta, y empezó a trabajar en los modelos financieros
con el ordenador.
No era una persona alejada de la realidad y poco útil para
la vida: Todo lo contrario. Tuvo éxito como consultor como
demuestra la valoración intelectual y económica que
en muchas empresas tuvieron sus modelos de gestión financiera,
y el éxito de los cursos que alrededor de los mismos impartió.
Tengo información, a través de mis colegas catedráticos
de la Universidad Politécnica de Madrid, de la brillantez de
sus oposiciones a la cátedra de la Escuela Superior de Ingenieros
Industriales de Terrassa, que ganó en 1970, en la que la lección
magistral que impartió (en aquellas difíciles oposiciones
que tenían seis ejercicios eliminatorios) fue muy valorada
por lo amplia, profunda y nueva.
La otra faceta que me viene a la mente es su extraordinaria bondad,
atención a los alumnos, capacidad de escuchar, sencillez de
trato, educación exquisita y elegancia en el vestir, con una
rectitud de juicio moral exigente. En resumen, una persona encantadora
con la que daba gusto dialogar y convivir.
Junto a estas dos facetas, no puedo olvidar un dato, que iba a citar
como tercero, pero que pienso es el primero, que es la calidad y simpatía
llena de alegre espontaneidad de Margarita, su esposa. Recuerdo cuando
desde el IESE, ya padres de dos o tres niños, se fueron a hacer
unos cursos a la Harvard Business School, y lo digo en plural porque
al ser una familia ya constituida y crecida, tenía que ser
así.
Agradezco mucho que se me haya invitado desde la Revista del IESE
a escribir unas líneas, sobre mi buen amigo, el profesor Figuerola,
y en ellas me uno al homenaje.
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