 |  |  |  |  |  | | Don Fernando Pereira El hombre que dirigió el IESE apagando luces Tras largos años de trabajo en el IESE, Pere Agell, Fernando Pereira y José Ocáriz han sido nombrados profesores eméritos. Empresarios y directivos de todo el mundo guardan de sus lecciones un recuerdo entrañable. En su nombre, la Revista de Antiguos Alumnos quiere unirse a su agradecimiento rindiéndoles un pequeño homenaje. Empezamos por don Fernando Pereira. |  | |  |  |  | |  | Al preguntarle al profesor José Ocáriz sobre cómo es Fernando Pereira, no puede reprimir una de sus características respuestas llenas de ironía, buen humor y ternura. Juntos han compartido muchos años en el IESE y se conocen como viejos compañeros de camino. «Fernando ha sido siempre muy querido inmerecidamente, por supuesto por los alumnos, y también por todo el personal. Todos lo conocían. Las secretarias, los empleados, los subalternos... Incluso con esa apariencia yo no soy nada, no valgo nada, se metía a la gente en el bolsillo siempre», comenta el profesor Ocáriz. Y continúa: «Contaba Pereira una anécdota que recuerdo más o menos así. Tenía la costumbre de ir apagando las luces que los demás nos íbamos dejando encendidas. Y una vez oyó a alguien que decía: El pobre señor Pereira cree que apagando luces se arregla el IESE». Fernando Pereira corrige y asegura que «fue cuando era director general. Y una vez, por casualidad, oí a una secretaria que decía: El pobre señor Pereira cree que dirigir el IESE consiste en apagar luces». Maestro de empresarios El profesor Pereira, uno de los más queridos en el IESE, ha conseguido enseñar la mecánica de el debe y el haber a miles de empresarios y directivos. Todos se lo han agradecido. Pocas veces se ha librado de una mención especial en el discurso de clausura al final de un programa de perfeccionamiento, o bien en el solemne acto de graduación del MBA. Según Ocáriz, «algunos alumnos de perfeccionamiento llegaban aquí sin saber nada de contabilidad. Habían intentado estudiarla alguna vez, pero no la habían entendido. El comentario casi unánime de los alumnos es que habían aprendido contabilidad con Pereira. Y así es. Y Pereira, además, a pesar de las apariencias, que no son favorables, resulta que ha hecho escuela. Yo, que soy mucho más joven que él (¡casi tres meses!), tengo que reconocer que en contabilidad ha sido un maestro, y todavía estoy repitiendo cosas que le oí a Pereira hace cuarenta años».  | |  |  |  |  | | |  | |  |