Juan Pablo II propone un plan de acción para los cristianos del tercer milenio
La estrategia del Papa para el tercer milenio

En el inicio del tercer milenio nos encontramos en un mundo globalizado y tecnológico, con muchas posibilidades, pero también con acuciantes y dolorosos problemas. Hacen falta creatividad y audacia para revitalizar el perenne mensaje cristiano. Estamos ante una nueva era, en la que los laicos, en virtud de su propia vocación, juegan un papel protagonista

   
Domènec Melé
Profesor Ordinario, IESE, Departamento de Ética de la Empresa y Teología.
mele@iese.edu
 



En no pocas ocasiones, autores de management han hecho notar que la Iglesia Católica es la corporación más antigua de Occidente y una organización global que se extiende de un extremo a otro de la Tierra. No les falta razón, pero la Iglesia no puede comprenderse bien sin la perspectiva de la fe y el elemento divino que alienta su quehacer humano. Como todas las organizaciones serias, tiene también su estrategia y sus planes de acción, aunque sus contenidos son muy distintos de los que presentan otras organizaciones, ya sean culturales, políticas, mercantiles o humanitarias.

El Papa subraya el papel de los laicos en esta tarea que, como ya señaló el Concilio Vaticano II, deben asumirla sin apartarse de sus quehaceres diarios y sin olvidarse de sus semejantes. «Obviamente, todo esto tiene que realizarse con un estilo específicamente cristiano: deben ser sobre todo los laicos, en virtud de su propia vocación, quienes se hagan presentes en estas tareas, sin ceder nunca a la tentación de reducir las comunidades cristianas a agencias sociales. En particular, la relación con la sociedad civil tendrá que configurarse de tal modo que respete la autonomía y las competencias de esta última, según las enseñanzas propuestas por la doctrina social de la Iglesia.».