En el Centenario del beato Josemaría Escrivá de Balaguer Palabras que encienden los corazones El beato Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei, abrió nuevos caminos de santidad en la Iglesia Católica recordando que todos los hombres y mujeres pueden alcanzar la santidad realizando su trabajo y sus actividades diarias con un espíritu cristiano. La mejor manera de conocer su mensaje es leer directamente las palabras que dejó escritas Resumen "A pesar de sentirme vacío de virtud y ciencia escribió Josemaría Escrivá con 28 años, querría escribir unos libros de fuego, que corrieran por el mundo como llama viva, prendiendo su luz y calor en los hombres, convirtiendo los pobres corazones en brasas para ofrecerlos a Jesús como rubíes de su corona de Rey." Setenta años después, aquel deseo parece cumplido. Josemaría Escrivá es uno de los autores espirituales más leídos de nuestro tiempo. Sus palabras han sido traducidas a más de cuarenta lenguas, llevando el mensaje cristiano a cientos de miles de personas. El Dr. José Miguel Ibáñez, sacerdote chileno reconocido como una de las principales figuras de la poesía hispanoamericana actual, ha publicado recientemente un ensayo sobre la obra de Josemaría Escrivá en la editorial Rialp. En "Josemaría Escrivá como escritor", el poeta subraya: "La obra de Josemaría Escrivá de Balaguer viene a renovar felizmente esa antigua alianza entre la mayor efervescencia del espíritu cristiano y el mejor esplendor de la palabra hablada y escrita. La suya es una espiritualidad coherente, compacta, completa, rigurosa, que abarca la vida secular en su totalidad". El Dr. José Miguel Ibáñez compara la obra de Escrivá con la de Santa Teresa de Jesús. Al igual que la santa dice, Josemaría Escrivá escribió una prosa coloquial y fulgurante muy lejos de toda pretensión de escritora y sin saber siquiera que lo fuese por pura obediencia, en pésimas condiciones, a toda carrera, en la más completa inocencia creadora, así Josemaría Escrivá llenó miles de páginas de gran belleza en condiciones de parecida penuria material, en medio de sus innumerables trabajos apostólicos, y movido por el más puro amor a Dios, a la Iglesia y a las almas, es decir, muy lejos de los motivos literarios por los que un escritor suele escribir." La fuerza y la eficacia del mensaje del beato estriban, según este autor, en que sus palabras traslucen la vida vivida, nunca el relleno ni la mera retórica. El periodista Antonio Fontán coincide con esta apreciación: "Camino es un libro vivido. El autor invita a los lectores a levantar su mirada y su acción a horizontes en que la piedad se hace vida; la convivencia, caridad; y el trabajo, servicio a Dios y a los hombres". Monseñor Escrivá muestra unas condiciones excepcionales de comunicador. "Escribe una prosa brillante y suelta, de estructura dialogada. En casi la mitad de sus párrafos hay, explícito o implícito, un yo el autor, que llama, alienta, invita, enseña. Y un tú el lector que no puede hacer oídos sordos a lo que tan bella y sugerentemente se le ha dicho", apunta Antonio Fontán. "Era elocuente asegura Fontán, sin petulancias; brillante, sin pedanterias; claro, sin familiaridades; sencillo, sin vulgaridades. De él se ha dicho con razón que era uno de los pocos oradores o conversadores cuyas palabras, pronunciadas o dichas espontáneamente, podían ponerse por escrito tal cual él las dijo, sin necesidad de corregir el estilo. Por ello, resultaba un escritor excelente y eficaz." La prosa del beato Escrivá establece dicen una familiar y cálida relación entre el Evangelio y la vida, entre la doctrina de Jesús y la existencia ordinaria del cristiano. "Es la vida misma del cristiano, en la que al paso de Cristo lo divino y lo humano se entrelazan sin confusión, pero sin solución de continuidad", decía su sucesor, Monseñor Álvaro del Portillo. La obra de Escrivá no está dirigida a los miembros del Opus Dei solamente: es para todos, aun para los no cristianos... aunque, ciertamente, para entender la profundidad de su mensaje se debe leer con rectitud de intención, un mínimo de visión espiritual, vida interior y afán apostólico. Convendría quizá dar un aviso a navegantes para que nadie se sienta decepcionado. A pesar de la amenidad de su prosa, las palabras de Escrivá no son una lectura cómoda. "Camino", por ejemplo, es un libro lleno de latigazos verbales, que el autor escribió así lo dice en la introducción en confidencia de amigo, "para que se alce algún pensamiento que te hiera: y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor". "Camino" acompaña al lector en ese plano inclinado de la vida interior que consiste, en palabras de Escrivá, en "buscar a Cristo, encontrar a Cristo y amar a Cristo"; "Surco" presenta una atractiva visión de las virtudes humanas y "Forja" sigue el itinerario interior de un cristiano que anhela la progresiva identificación con Cristo. "Amigos de Dios", "Es Cristo que pasa" y "Amar a la Iglesia" contienen homilías que invitan al lector al encuentro personal con Cristo. "Es Cristo que pasa" recoge 18 homilías pronunciadas por el beato Josemaría entre 1951 y 1971, en diversas fiestas distribuidas a lo largo del ciclo litúrgico. El hilo conductor de este tomo es la filiación divina, que implica la llamada universal a la santidad, la santificación del trabajo ordinario, la contemplación en medio del mundo, la unidad de vida. "Amigos de Dios" es la primera obra póstuma del beato Josemaría. Recoge 18 homilías pronunciadas entre 1941 y 1968. Su objetivo es ayudar a vivir la amistad con un "Dios cercano al lector" utilizando como punto de referencia una serie de virtudes humanas y sobrenaturales. Son homilías en las que el autor toma las virtudes cristianas como hilo conductor de su coloquio filial con Dios. "Santo Rosario" y "Via Crucis" ofrecen, también con textos breves, profundas reflexiones sobre estas prácticas de piedad cristiana. Por último, "Conversaciones" recoge diversas entrevistas que el beato Josemaría ofreció en los años sesenta a algunos medios de comunicación, en las que responde a cuestiones que, en gran parte, mantienen plena actualidad. En cualquiera de sus obras, el lector encontrará en las palabras del beato fogonazos que le animarán a ser mejor. Como apuntó, en 1939, el prelado que prologó la primera edición de "Camino": "Detrás de cada sentencia hay un santo que ve tu intención y aguarda tus decisiones" |      | | |