| Coaching Directivo
¿Cómo mejorar las competencias de mis colaboradores?
Aprender a enseñar
El coaching directivo exige aprendizaje, dedicación, esfuerzo
y, en algunas ocasiones, algún disgusto. Sin embargo, los
resultados son sorprendentes. Mientras que el directivo por objetivos
tiene la vista puesta únicamente en los resultados, el
directivo entrenador consigue mucho más. El profesor Pablo
Cardona, que dirigirá un Programa Enfocado sobre el tema
a finales de marzo, en Barcelona, responde a esta entrevista
¿Como definiría el coaching directivo?
En realidad, es una faceta del trabajo de cualquier directivo.
Un buen directivo, además de fijarse en los números,
en los resultados, procura que sus colaboradores se desarrollen.
Los buenos directivos son conscientes de que los objetivos se
alcanzan a través de personas, y que deben trabajar para
conocer sus competencias y su potencial.
En muchos casos, la dirección por objetivos
ha dejado de lado este otro aspecto del trabajo de un directivo,
y se ha quedado, por tanto, incompleta, porque se centraba casi
de modo exclusivo en la obtención de resultados. Sin embargo,
el directivo coach va más allá.
Preocuparse por el desarrollo de los colaboradores
es costoso, y a veces, frustrante, porque la gente comete errores.
Según cómo tratemos esos errores, las personas pueden
aprender a remontar o, por el contrario, a temer al error y bloquearse
en la toma de decisiones e iniciativas. Esos son los aspectos
que ha de aprender a gestionar el coach.
¿Qué herramientas posee un directivo
para impulsar el desarrollo de sus colaboradores?
El instrumento principal es el propio trabajo: “on the job
training”. El directivo debe ser capaz de convertir el entorno
laboral en un entorno de desarrollo. En ese contexto, el directivo
debe detectar cuál es el reto adecuado para cada persona
en cada momento. Al final, este modo de trabajar centrado en el
desarrollo de los colaboradores se lleva a cabo de una manera
intuitiva. Entonces, se dirige formando.
En primer lugar, el directivo debería conocer cuál
es el potencial de sus colaboradores, que no es fácil.
A continuación, diseñar programas para promover
el desarrollo de este potencial, es decir, pensando qué
es lo que necesita cada uno de los subordinados en cada momento.
Y después, ser capaz de acompañarlo en este proceso
aportando los conocimientos y las motivaciones necesarias en cada
fase.
El directivo coach sabe que no depende únicamente de sus
competencias, también depende de las competencias de sus
colaboradores, y el proceso de mejora de éstos comienza
conociendo cuánto pueden mejorar las personas que trabajan
para él.
Las personas pueden mejorar relativamente: unas
más, y otras, menos. Hay que tener en cuenta a cada persona
y combinar la audacia para saber exigir lo que la gente realmente
puede dar con la prudencia, para no exigir más de lo preciso.
La dirección de personas no consiste en exigir “más
y más” a quien ya lo ha dado todo; si fuera así,
la actitud del directivo sería injusta y provocaría
mucho daño. Pero al mismo tiempo, también es injusto
no exigir todo lo que las personas pueden dar, porque las personas
se “apoltronan”.
Conocer el potencial de los colaboradores, elaborar
planes de desarrollo… ¿Dónde está la
clave de todos estos procesos?
La dirección por competencias requiere mantener una relación
mucho más personal con las personas que dependen de nosotros.
En un modelo de dirección por objetivos es posible dirigir
a distancia, pero la dirección por competencias requiere
una relación más estrecha. El directivo debe hablar
con sus colaboradores, detectar los problemas para actuar antes
de que se transformen en resultados.
La dirección por competencias es una manera
de dirigir y de evaluar distinta. No valora únicamente
los objetivos alcanzados por una persona. Por ejemplo, en el caso
de un trabajador que lleva poco tiempo en la empresa. Tal vez
no haya llegado a alcanzar las metas que se le habían marcado,
pero el coach debe valorar si está en camino de hacerlo,
el esfuerzo que ha realizado, y que el colaborador reciba un feedback
positivo.
En el mismo sentido, tal vez el coach deberá
corregir en algunos casos a los colaboradores que sí hayan
alcanzado los objetivos previstos, porque acaso podría
haberlo hecho mucho mejor. En uno y otro caso, en un modelo de
dirección por objetivos, la valoración hubiera sido
distinta.
Además de los beneficios que obtienen los
colaboradores de una dirección por competencias, ¿qué
resultados obtiene el coach?
La consecuencia más inmediata y superficial es que el directivo
por competencias obtiene mejores resultados. En un segundo orden,
también aprende mucho más de lo que sucede a su
alrededor, porque conoce las causas. Sabe más de los problemas
y de sus soluciones. Y cuenta con la satisfacción de ver
cómo mejora la gente, de cuál ha sido el impacto
de su labor directiva en sus colaboradores.
¿Cómo puede un directivo convertirse
en un coach?
En primer lugar, debería asumir cierto conocimiento del
tema. Después, ha de procurar formarse, examinando los
valores y los criterios que rigen su actuación como directivo.
Y, finalmente, la práctica, aplicando lo que se ha aprendido
y, si puede ser, contando con la ayuda de un coach que le ayude
a convertirse en coach. Evidentemente, existe material escrito
sobre el tema, pero se aprende más de la realidad, con
casos prácticos.
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