| Esteban Masifern
Independencia al servicio del IESE
Al profesor Esteban Masifern no se le puede describir con unos
cuantos adjetivos. En sus más de cuarenta años como
profesor del IESE, ha dejado una profunda huella en sus alumnos,
que en muchos casos le recuerdan como el profesor al que le gustaba,
le apasionaba, que alguien le llevara la contraria, para poder
destripar teorías de dirección y derribar mitos
Esteban Masifern se casó antes de lo previsto
por culpa del IESE. A su mujer, Carmen Cristina, no le hizo demasiada
gracia que su prometido le anunciara que se iba a estudiar un
año a Harvard. Fue Antonio Valero, padrino de boda, quien
precipitó los acontecimientos al sugerir un adelantamiento.
Y, recién casados, los Masifern partieron en 1961 hacia
Estados Unidos acompañados de los profesores Félix
Huerta y Juan Farrán. «Que el IESE nos enviara a
Estados Unidos –hasta entonces únicamente había
ido Carlos Cavallé– suponía una enorme muestra
de confianza», señala Esteban Masifern.
En su estrecha amistad con Antonio Valero –que
se reflejó ya en el nº 88, marzo de 2002, de esta
revista– se encuentra el origen de la historia del profesor
Masifern y el IESE, porque en 1959, cuando contaba con 27 años
y siendo consultor de empresas, el profesor Valero propuso a su
amigo y antiguo alumno en la Escuela de Ingenieros de Terrassa,
entrar a formar parte del claustro del IESE.
«Antonio me comentó que contaba conmigo
para el IESE», explica Esteban Masifern. Sus primeros años
de clase, según explica, fueron también años
de aprendizaje. «Antonio Valero nos dijo que si lo hacíamos
bien, siguiendo el método del caso, los primeros beneficiados
de las clases íbamos a ser nosotros. Y así fue.
Tuve grandes alumnos, grandes empresarios. Y yo, que soy una esponja
tremenda, no paraba de absorber. Y si los sabías entender,
aprendías de ellos. Los primeros profesores del IESE tuvimos
esta suerte.»
El profesor Manuel Velilla lo conoció como
profesor mientras participaba en el Programa MBA. «Durante
el MBA fue el profesor que más artículos y notas
técnicas nos hizo leer de las últimas corrientes
de pensamiento relacionadas con la organización y la planificación.
Esteban ha sido enciclopédico en sus lecturas, pero sabiendo
a la vez –quizá como Juan Antonio Pérez López–
ir más allá de la pura erudición de los temas
académicos para formular sus propias síntesis, que
siempre han sido refrescantes, originales y poco convencionales.»
Un hombre con ideas propias
Durante algunos años, el profesor Joaquim
Vilà tuvo a Esteban Masifern como jefe de departamento
–«un privilegio por el que casi habría que
pagar», señala. «Es un hombre de pensamiento
propio. Tiene un “armazón conceptual” muy bien
elaborado. Se aplica a sí mismo lo que enseña: pensar
de forma deductiva, indagando con profundidad en el “porqué”
de las cosas, y se queda incómodo si no puede llegar a
formarse una opinión de algo contrastada con hechos reales.
La conexión lógica de los temas le da una coherencia
que puede interpretarse como contundencia en sus manifestaciones.
En sus ideas, que le son propias, y en su forma de llegar a ellas,
es un avanzado a su tiempo.»
En este sentido, a lo largo de estos años
ha procurado generar debates con sus alumnos, en los que mostraba
una gran capacidad dialéctica y polémica con un
fin: trabajar todas y cada una de las ideas hasta el final y no
aceptarlas sin más.
Siempre ha preferido enfrentarse a un auditorio crítico
que a un público dócil y sumiso. «Esteban
Masifern siempre se ha distinguido por tener un gran espíritu
crítico –señala Manuel Velilla. Cuando lo
tuve como profesor, se ofrecía para valorarnos uno por
uno como futuros directivos. Y al que le seguía la corriente
durante sus clases, al que le “hacía la rosca”,
le daba una valoración muy baja. Por el contrario, daba
la mayor valoración cuando el alumno mostraba poseer espíritu
crítico»
Director del MBA
Esteban Masifern fue el segundo director del Programa
MBA, cargo en el que sustituyó en 1966 (el programa se
inició en 1964) al profesor Carlos Cavallé. «Tanto
él como el profesor Cavallé fueron muy exigentes
en los primeros años del MBA, y dejaron un nivel muy elevado»,
asegura Carmen Rossinés.
Pero, al mismo tiempo, son los alumnos de aquellos
años quienes conservan un mejor recuerdo: «Como director
del MBA, dejó una huella en los alumnos, que lo recuerdan
con veneración», señala Vicente Font.
Un carácter único
Sus colaboradores y compañeros de trabajo
coinciden en manifestar que la personalidad de Esteban Masifern
es difícilmente clasificable. Pero coinciden en que se
trata de una persona de gran corazón, aunque en algunas
ocasiones, la vehemencia de su carácter pueda ocultarlo.
«Esteban tiene un gran corazón: siempre se vuelca
en darte el mejor consejo al alcance de su dilatada experiencia,
en los ámbitos más diversos que trascienden temas
puramente de dirección», señala el profesor
Vilà.
«Muchas personas del IESE le deben favores
–apunta Carmen Rossinés–, porque el profesor
Masifern se ha movido por los demás. Los que hemos trabajado
de un modo más directo con él, lo hemos visto. Y
si ha podido ayudar, solucionar problemas, lo ha hecho procurando
pasar desapercibido.»
Lealtad hacia el IESE
Según confiesa, a lo largo de estos años
se ha interrogado periódicamente sobre su futuro profesional
–una vez al año, por lo menos–, puesto que
se consideraba –y se sigue considerando– un ejecutivo.
Pero, año tras año, en este debate interno, el IESE
y su actividad docente se han llevado el gato al agua. Y a pesar
de que ha pasado a ser –oficialmente– profesor emérito,
continúa manteniendo proyectos de investigación
en marcha y mantiene sus actividades relacionadas con el mundo
empresarial
El profesor Masifern ha ocupado muchos cargos en
el IESE, y en su trayectoria se ha guiado por dos principios:
cariño y lealtad al IESE. De hecho, éstos han sido
los únicos argumentos que han servido, tras un amistoso
tira y afloja, para que aceptara la publicación de este
artículo en la Revista. |