| Miguel
Ángel Gallo
Aprender con rigor, enseñar con
autoridad
Miguel Ángel Gallo ha sido un ejemplo emblemático
de las sinergias que se desarrollan en un profesor del IESE entre
sus papeles de investigador, profesor y consultor. Más
allá del famoso bolígrafo rojo y una microagenda
rebosante, la leyenda del profesor Gallo recordará siempre
su impresionante capacidad de trabajo y su delicada humanidad.Con
ocasión de su jubilación, compañeros del
claustro y colaboradores destacan algunos rasgos de su carácter.
«Yo conocía el IESE por algunas personas de mi entorno
que tenían relación con la escuela. Entonces era
el director de una empresa de quinientos trabajadores y me ganaba
bastante bien la vida. Pero un día apareció Leopoldo
Abadía con la propuesta de incorporarme como profesor al
IESE. Lo pensé, lo consulté con Teresa, mi mujer,
y dije que no. La verdad es que perdía con el cambio. Sin
embargo, Leopoldo no cejó en el empeño y volvió
a la carga. De nuevo, lo consulté con Teresa, lo pensé
y acepté. La verdad es que entre dirigir una empresa y
ser profesor del IESE, merecía la pena correr el riesgo
de renunciar a una buena parte del sueldo y esperar a que las
consultas compensaran la diferencia.» Así empezó
la historia del profesor Gallo en el IESE.
Corría el año 1966. Meses antes, Carlos
Cavallé, entonces director de investigación y responsable
de contratar nuevos profesores, había pensado en Miguel
Ángel Gallo: «Iba un año por delante en la
Escuela de Ingenieros, y lo único que sabía de él
procedía de algún comentario del estilo “trabaja
como una mula”, que me había llegado de algún
conocido. Por eso, años después, recordé
ese dato y le pedí a Leopoldo Abadía, amigo suyo,
que le hablara del IESE».
Miguel Ángel Gallo se incorporó al
IESE el 1 de febrero. «El día anterior –explica
Saturnino Calzada, entonces director de compras y servicios–
me avisaron de que iba a llegar un nuevo profesor, y me pidieron
que lo atendiera y que le explicara algunas cosas del IESE. Pero
yo tenía el día muy complicado, de modo que quedé
a comer con él. Desde aquel día fuimos amigos. Y
por más que intento recordar, no ha habido a lo largo de
estos años ninguna ocasión en la que nos hayamos
enfadado, algo muy difícil.»
Enseguida empezó a impartir clases y a ofrecer
consultas con un “estilo” muy personal. «Miguel
Ángel –explica Enrique Mozo (MBA 87), colaborador
científico del IESE– siempre ha usado bolígrafos
de varios colores para tomar notas. Lo apuntaba todo, todo, en
diferentes colores, de modo que, al cabo del tiempo, releyendo
las notas, recordaba perfectamente cómo había ido
la reunión, los puntos de vista de uno, de otro, etc.»
«El esfuerzo de recordar cosas de memoria
no vale la pena –explica el profesor Gallo. Por eso tomo
nota de todo, tan fielmente como puedo, de todo lo que me dicen,
y de todo lo que me inspira la conversación: si me sugiere
algo, si no estoy de acuerdo, etc. Escribo con un bolígrafo
normal lo que se dice en la reunión, y con otro rojo anoto
lo que yo pienso.»
Además del “boli” rojo, la agenda
forma también parte de la leyenda que rodea al profesor
Gallo. Sus compañeros de claustro no han dejado de extrañarse
de que le cupiera algo en aquella microagenda: «La tiene
a reventar –explica Rafael Fraguas–, a veces hemos
tenido que vernos para hablar de algún tema de investigación
un domingo por la tarde en su casa».
«Tiene una capacidad de trabajo sobrehumana
–añade el profesor José Antonio Segarra. Por
no relajarse, no descansa ni en el avión. Se enfrasca en
sus papeles desde que despega hasta que aterriza.»
El profesor Domènec Melé recuerda
la publicación de un libro sobre ética en la empresa
familiar que editaton conjuntamente con motivo del décimo
aniversario de la Cátedra de Empresa Familiar: «Coordinó
a doce personas. Y consiguió que los plazos se cumplieran
a rajatabla, con lo complicado que resulta con tantos autores».
Esta combinación de trabajo y orden se ha reflejado, según
el profesor Segarra, en «una inusual capacidad de diseccionar
la realidad, no con intuiciones, sino con pruebas “clínicas”».
Y añade: «Miguel Ángel hace realidad la máxima
de llegar al final en todo con el 5% de inspiración y el
95% de sudor frío».
«Es metódico. Durante su etapa de director
del Programa Doctoral se reunía regularmente con los doctorandos,
con los que mantenía una relación muy buena»,
subraya Trinidad Fernández, adjunta a la dirección
del Programa Doctoral del IESE. La trayectoria de Miguel Ángel
Gallo se ha desarrollado en diferentes áreas. «En
los años setenta introdujo en España el tema de
la responsabilidad social de la empresa, una cuestión que
gracias a él se ha tratado en congresos de empresa familiar»,
señala el profesor Melé. Otro de sus fuertes ha
sido el campo de la internacionalización de las empresas,
aunque el área donde ha adquirido más prestigio
es en la empresa familiar.
La Cátedra de Empresa Familiar
Curiosamente, la empresa familiar no se encontraba
entre sus prioridades. Fue el entonces director del IESE, Carlos
Cavallé, quien le propuso esta línea de investigación:
«En la segunda mitad de los ochenta –recuerda el profesor
Cavallé–, el IESE planeaba lanzar varias cátedras
de investigación, y tenía mucho interés en
el área de la empresa familiar. Cuando obtuvimos soporte
financiero para ponerla en marcha, empezamos a pensar en el profesor
titular. Se lo propusimos a Miguel Ángel, por su capacidad
de trabajo y de investigación y por su vinculación
y experiencia profesional en empresas familiares. Cuando se lo
planteé, aceptó inmediatamente».
En 1990, con cincuenta y muchos años, se
desplazó a Estados Unidos, al MIT, para continuar investigando
en el área de internacionalización. «En Estados
Unidos localicé a los tres mejores especialistas en empresa
familiar del país. El IESE tiene un gran prestigio, y si
vas con esa marca y además eres profesor visitante del
MIT, se abren todas las puertas», recuerda.
El profesor Gallo es un ejemplo emblemático
de las sinergias que se desarrollan en un profesor del IESE entre
sus papeles de investigador-profesor-consultor. «Miguel
Ángel –indica el profesor Joan Enric Ricart–
sabe llevar al aula el nivel de discusión de los consejos
de administración, y viceversa. Hace pensar y trabajar
de manera efectiva a los miembros de un consejo, y transmite la
orientación a la toma de decisiones a los alumnos del IESE.»
«Juan Antonio Pérez López me
enseñó a investigar. Siempre me ha apasionado la
búsqueda de la verdad, conocer las razones por las que
suceden las cosas, es algo que me ha apasionado –recuerda
el profesor Gallo. Además, las consultas sin investigación
se entienden mal.»
La relación de libros, ponencias, documentos de investigación,
artículos y consultas, es muy extensa. Su labor ha sido
reconocida con numerosos premios, hasta el punto de que uno de
ellos ha recibido su nombre, el que otorga la Family Business
Network, que ha pasado a llamarse “The Family Business Network/Miguel
Ángel Gallo Research Award”. Pero el reconocimiento
que más ilusión ha despertado lo recibió
en la Asamblea de Antiguos Alumnos celebrada en noviembre de 2002.
Todos los presentes recordarán la emoción con que
recogió aquel reconocimiento a su trayectoria investigadora,
en la primera edición de los Premios a la Excelencia Investigadora.
Siempre dispuesto a dar
Todos los que le conocen subrayan, sin excepción
y por encima de otras cualidades, su enorme humanidad, su disponibilidad
para atender a amigos, colegas, alumnos, colaboradores, etc. «Es
una persona amable y detallista –explica Manolita Vega–,
que siempre tiene un rato para dedicar una palabra de agradecimiento
a todo el mundo.» Y Mª Carme Parés, colaboradora
del profesor Gallo desde el año 1991, lo subscribe: «Siempre
he admirado su gran sentido del orden, lo cual facilita enormemente
el trabajo; cómo sabe marcar las prioridades y su total
disponibilidad para atender a todos los que a él se dirigen.»
«Es muy generoso, una persona que le gusta
compartir su conocimiento. Tiene un gran entusiasmo por descubrir
la verdad y sabe contagiar esa curiosidad para animarte a descubrir
las respuestas. Sólo puedo estar agradecida por haber sido
una discípula muy afortunada de este grandísimo
profesor y una persona con gran calidad humana», señala
una de sus más jóvenes colaboradoras, Kristin Cappuyns.
El profesor Gallo es padre de una gran familia.
Muchas de las personas que trabajan en el IESE conocen a alguno
de sus hijos, que siempre han demostrado admiración y un
inmenso cariño por su padre. Pero, de modo especial, existe
unanimidad en el momento de destacar la figura de su esposa, Teresa,
empezando por el propio profesor: «Sin la ayuda de Teresa
no se pueden concebir muchas cosas: la reducción del sueldo
que acepté al entrar al IESE, las consultas que durante
mucho tiempo he hecho en toda España y en otros países.
Ella ha estado dispuesta a que yo investigara. Me ha enseñado
a escribir, porque ella lo hace con naturalidad y soltura, y yo
soy ingeniero. La que me dejaba invitar a cenar a gente en casa.
Y la que dijo: nos vamos a Estados Unidos con siete hijos...».
La famosa agenda del profesor Gallo ha desaparecido:
también él se ha pasado a la Palm. «Sí,
me la compré hace poco. Me permite programar a largo plazo.
Además, caben muchos libros, de modo que en los viajes
no tienes que llevarlos.» Poco más ha cambiado. Tras
la jubilación, sigue investigando. «Es increíble
que siga interesado en aprender, en investigar –explica
José Antonio Segarra. Es como las pilas Duracel, que duran,
duran y duran...».
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