¿Ayuda
el MBA del IESE a seguir una trayectoria internacional?
Ejecutivos trotamundos
Argentinos en Francia, chinos
en España, americanos en Países Bajos... Seis Antiguos
Alumnos del IESE que han desarrollado una trayectoria internacional
nos cuentan por qué eligieron este camino. Coinciden en
recordar que la inmersión en globalización y diversidad
que vivieron en las aulas del MBA, les ha ayudado a enfrentarse
a los retos de una carrera global.
José Luis Carbonell (MBA ’78) tiene
ocho hijos de cinco nacionalidades. Nacieron en Londres, Frankfurt,
Barcelona, Stamford (Connecticut) y París. Director financiero
de Eurodif –filial europea del gigante energético
AREVA–, siempre quiso desarrollar una trayectoria profesional
internacional. Por eso, al concluir sus estudios de contabilidad
en la Universidad de Tucumán (Argentina) eligió
el IESE. En su decisión, valoró sobre todo la internacionalidad
del claustro y el perfil de la promoción. «Tener
la oportunidad de trabajar con personas de diferentes nacionalidades
y disciplinas es muy enriquecedor. Un ingeniero entiende los problemas
desde una perspectiva diferente a la de un abogado.»
Las aulas del IESE son un microcosmos de diversidad.
La promoción de 2005, por ejemplo, está formada
por representantes de 44 nacionalidades. Los alumnos acuden a
Barcelona desde todas las esquinas del planeta. Mientras las escuelas
norteamericanas apenas cuentan con un 30% de estudiantes extranjeros,
el IESE supera desde hace años el 60%.
José Luis Carbonell recuerda agradecido al
profesor Harald Burmeister: «Fue un auténtico mentor
para ayudarme a desarrollar mi carrera profesional». Para
Michael Brandenburg (MBA‘89), vicepresidente de Capgemini
Alemania, fueron los consejos de los profesores Paddy Miller y
Nuria Chinchilla los que le resultaron particularmente útiles.
Brandenburg dejó un trabajo estable en la
RWE de Alemania por el IESE. Ingeniero nuclear, deseaba mejorar
su formación en dirección de empresas. Al concluir
el MBA, Michael aceptó el puesto de asistente del consejo
de dirección de SEAT. En aquel entonces, la empresa aplicaba
un programa de reestructuración de 4.000 millones de euros.
«Me impresionaron los directivos y trabajadores españoles
por su agilidad y capacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias.
Era muy diferente en Alemania», explica. Medio en broma,
asegura que le hubiera resultado útil un par de consejos
sobre «cómo te perciben las personas de otras nacionalidades».
Kathleen Malaspina (MBA‘01), directora de
marketing en Philips, aprendió esa lección en clase
con sus compañeros. «Todos tenían una opinión
sobre Estados Unidos que me permitió reflexionar y aprender
sobre mi misma.» Malaspina se incorporó al programa
de marketing associate de Philips poco después de terminar
su MBA. Trasladarse a los Países Bajos no le supuso un
choque cultural: había pasado ocho años en el departamento
de marketing, ventas y desarrollo de negocio de Sanyo, en Estados
Unidos, y de Motorola, en Singapur, Australia y Estados Unidos.
«Después de haber vivido en Asia –subraya,
Países Bajos es una “expatriación light”,
es una cultura muy abierta.» Eso sí, aconseja aprender
algo de holandés: «es crucial si uno se propone seriamente
integrarse en la cultura local».
Justo lo contrario le sucedió a Yongsheng
Wang (MBA ‘01). Pertenece a la misma promoción que
Kathleen y decidió quedarse en Barcelona. Yongsheng Wang,
directiva de Tecniacero, se enfrentó a algunas dificultades
para adaptarse a una cultura tan diferente a la suya. «La
cultura china –comenta– está muy marcada por
el confucianismo. Además, la cultura latina se contrapone
a otra cultura europea, como la alemana, con la que sí
estoy familiarizada.» Yongsheng había visitado Europa
antes de realizar el programa, mientras trabajaba para una joint
venture con Volkswagen en China. «Crecí en el noreste
de China y pasé cinco años estudiando en Beijing.
Me atraían otras culturas. En el aspecto profesional, es
muy fácil entenderse con los españoles, fuera de
la oficina viven relajados y felices.»
El programa de intercambio:
despejando las últimas dudas
Muchos alumnos del MBA complementan la experiencia
internacional del IESE participando en un programa de intercambio.
Así lo hizo Miguel Ángel Rebolledo (MBA‘94),
director de inversiones de Skanska BOT. Miguel Ángel considera
que el trimestre que pasó en la London Business School
«estimuló la experiencia internacional que me aportó
el IESE». Para este directivo, como para muchos de los alumnos
con espíritu cosmopolita, el IESE se convirtió en
el trampolín definitivo para abordar una carrera internacional.
Rebolledo ha trabajado en Colombia, Arabia Saudita y en su país,
Argentina. Hace cinco años se trasladó a Washington
para hacerse cargo de Skanska BOT, la compañía privada
de finanzas para proyectos de infraestructura del grupo Skanska.
«La cultura norteamericana es muy distinta de la latina
y la europea, en las que siempre me había sentido como
en casa», apunta. Sin embargo, este director de inversiones
está entusiasmado. «Trabajar en Estados Unidos ofrece
un acceso ilimitado a las mejores prácticas y tecnologías
del mundo, así como un enfoque pragmático de los
negocios.»
Cuando el destino lo impone él
Casi todos los Antiguos Alumnos del IESE que han
escogido trabajar en el extranjero aseguran que fue la oportunidad,
más que el país, lo que les atrajo a sus puestos.
Una excepción es Leslie Baxter (MBA‘01), casada con
Gian Luigi Casetta, compañero del MBA. «Renuncié
a una oferta de trabajo en Estados Unidos y me esforcé
muchísimo por encontrar un trabajo aquí, en Turín.»
Antes de llegar al IESE, Leslie ya había
decidido abandonar su Detroit natal. Cuando cumplió 17
años, hizo un viaje por Europa y quedó entusiasmada.
«Después de aquel viaje, hice el propósito
de viajar por todo el mundo y conocer otras culturas.»
Baxter trabajó unos años como consultora para la
empresa de la familia de su marido, Laghi Baite, antes de aceptar
un puesto en TOROC, el Comité Organizador de los Juegos
Olímpicos de Invierno, que tendrán lugar en Turín
en 2006.
Según explica, su experiencia en el IESE
le sirvió como paso intermedio para ir a trabajar a Italia.
«Como el programa es tan internacional, hay un gran respeto
por perspectivas y culturas distintas, y tiempo para descubrir
esas diferencias.»
Explica, por ejemplo, que se encuentran bastantes
diferencias entre el modo de trabajo anglosajón y el italiano,
lo que se hace evidente en las interacciones con sus compañeros.
«Debo tener mucho cuidado para no ser demasiado informal,
lo que podría ser visto como falta de respeto. Afortunadamente,
descubrí muchas de estas diferencias culturales durante
el MBA del IESE.»
Todos son testigos de excepción para
responder a una pregunta: en un mundo en el que la economía
es global, ¿están convergiendo también las
prácticas empresariales? «Es cierto que los entornos
de trabajo se están homogeneizando en todo el mundo –responde
Wang–, pero la cultura local todavía domina.»
Para José Luis Carbonell, siempre habrá diferencias
entre los líderes de negocios, algo de lo que ha tenido
experiencia de primera mano como miembro del consejo de EMANI,
que representa a las cinco mayores operadoras nucleares de Europa.
«Debes adaptarte y adoptar nuevas ideas para hacer tu trabajo.
No puedes pasar por encima de las personas al tomar una decisión.
Debes hacer evidente a todos que la decisión será
fructífera, y mantenerlos de tu parte.»
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