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XIII Simposio Internacional Ética, Empresa y Sociedad
Contabilidad responsable

Más de cien expertos procedentes de 19 países participaron en el Simposio de Ética, celebrado los días 7 y 8 de mayo en el campus del IESE en Barcelona, para discutir, a través de las 30 comunicaciones presentadas, los problemas que pusieron de manifiesto casos como Enron, Worldcom o Parmalat.

Los participantes en el Simposio debatieron cómo las empresas pueden mantener unos estándares legales, sociales y éticos altos que garanticen la fiabilidad y la transparencia de sus cuentas.

Marc J. Epstein, profesor ordinario de investigación de negocios en la Universidad de Rice, en Houston, ciudad en la que Enron tenía su sede, pronunció la conferencia de apertura, «Factores y medidas de éxito en sostenibilidad, ética y responsabilidad». «Muchos altos directivos –explicó Epstein– afirman que están preocupados por hacer las cosas bien, pero no parecen lograrlo. ¿Por qué les resulta tan difícil?» En su opinión, es necesario mejorar radicalmente el gobierno corporativo y comenzar a usar medidas no financieras del desempeño.

El experto también recordó la necesidad de elegir a los consejeros por su independencia, diligencia, competencia y ética, y componer un consejo que determine su propia agenda, cuestione abiertamente al director general y sea él mismo responsable de las decisiones tomadas.

¿Un zorro vigilando a las gallinas?

En el panel titulado «Situación actual y tendencias en contabilidad: estándares, regulaciones y códigos éticos», participaron José Luis López Combarros, presidente de ICAC (Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas), Marilyn A. Pendergast, Chair of the Ethics Committee, International Federation of Accountants (IFAC), Pedro Rivero, vicepresidente y director general de UNESA (Asociación Española de la Industria Eléctrica) y catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Complutense, y David Young, profesor de contabilidad y control en la escuela de negocios de la Boston University y profesor visitante del IESE.

Marilyn A. Pendergast presentó un código de ética revisado para profesionales de la contabilidad, que estará acabado a finales de 2004.

El nuevo código de ética está diseñado para armonizar los estándares de contabilidad a escala mundial. Según la experta, «el código de ética revisado prestará un buen servicio a la profesión y al interés público, y es un paso importante en el restablecimiento de la credibilidad en el proceso de informe financiero».
Sin embargo, David Young cuestionó la fe de Pendergast en el nuevo código como medio para acabar con la corrupción. El profesor Young explicó que «si no alejamos la tentación del auditor, la situación empeorará más los próximos cinco años, una vez que se haya apagado el clamor de los actuales escándalos». La solución, afirmó David Young, sería que una agencia reguladora separada emplease a los auditores, porque «que una empresa emplee su propio auditor es como pedirle al zorro que guarde el corral de las gallinas».

La primera intervención de la segunda jornada, «Ética en contabilidad y auditoría después de Enron», corrió a cargo de Ronald F. Duska, titular de la cátedra Charles F. Lamont Post de ética y profesiones, en el American College, Estados Unidos. Duska reconoció que el hecho de que fuesen los clientes quienes pagasen a las auditoras era una «disposición curiosa que planteaba un dilema ético a los auditores». De hecho, fue la estrecha relación entre Andersen y Enron la que contribuyó al escándalo y quiebra de ésta.

Al considerar casos como los de Enron o Global Crossing –un caso menos conocido–, se encuentran los mismos problemas: la pérdida de la orientación ética, reemplazada por el impulso febril por acumular riqueza como único propósito. «Convertir la acumulación de riqueza en la meta primordial de la compañía es buscarse problemas», afirmó Ronald F. Duska.

«Si faltan principios o guías absolutos que orienten la dirección a seguir o que sugieran límites, lo único que frena al acumulador de riquezas son las sanciones legales, lo que le lleva a dedicar más energía a tratar de encontrar vacíos en la ley para continuar acumulando.» Duska animó a contables y auditores a redescubrir su “noble propósito” y a recuperar su “alma”.

No sirven respuestas sencillas

Por su parte, Baruch Lev, director del Vincent C. Ross Institute of Accounting Research y titular de la cátedra Philip Bardes de Contabilidad y Finanzas, en la Stern School of Business, New York University, indicó que la discusión sobre corrupción corporativa corría el peligro de adoptar una “óptica miope”: atribuirlo todo a la codicia y pensar que el único remedio es incrementar la regulación. «La codicia es sólo una de las muchas razones que hay para manipular los informes financieros», dijo. Como factores adicionales, Lev citó lo que considera un sistema contable anticuado e inflexible que a veces no refleja la realidad económica actual, así como errores no intencionados. El aspecto más destacado del desmoronamiento de Enron fue cómo logró cumplir la letra de la ley manipulándola para sus propios fines.

Los profesores del IESE Josep M. Rosanas y Manuel Velilla se refirieron a los sistemas de control y a la necesidad de desarrollar nuevos enfoques más antropológicos, de modo que favorezcan el desarrollo integral de las personas y no sólo se incentive su afán posesivo. Por último, el profesor Domènec Melé, director del Simposio, puso de relieve la necesidad de una formación ética en contabilidad que incluya no sólo normas de conducta, sino también valores éticos, radicados en los bienes de la persona, y virtudes humanas, como auténticos motores de un comportamiento con calidad ética.

Los organizadores del encuentro recogieron en sus conclusiones la necesidad de mirar más allá de la cuestión legal y ocuparse del comportamiento humano inherente a la contabilidad de negocios, y subrayaron que nos enfrentamos a un problema de carácter global y no únicamente localizado en Estados Unidos.




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