| Adriano
Morozini, alumno del Global Executive MBA
Acelerando, en la vía rápida
A partir de una modesta educación
en Brasil, Adriano Morozini aceleró hasta convertirse en
el líder del equipo de seguridad pasiva de Porsche.
En este reportaje, Morozini explica su historia y por qué
está haciendo el Global Executive MBA del IESE
En el suburbio industrial y humilde de Sao Paulo en el que creció,
Adriano Morozini parecía tener ya trazado su destino: muy
probablemente sería trabajador manual en la fábrica
local de componentes de automoción Volkswagen, como ya
lo fueran su padre y su hermano mayor. Durmiendo en la misma habitación
que sus padres hasta los 25 años, un Porsche era la clase
de coche con la que sólo podía soñar. Nunca
podría haberse imaginado que un día trabajaría
para la codiciada compañía alemana mientras participaba
en un MBA en el IESE.
Actualmente, con 38 años, Morozini es líder
de un equipo de seguridad pasiva de Porsche. Entre sus funciones
se incluyen: definir y dirigir todas las pruebas sobre desarrollo
de los airbags de tórax y cortina; planear y supervisar
todas las pruebas de choque lateral, trasero y de vuelco; definir
estrategias de desarrollo de la carrocería; y supervisar
la resistencia del sistema de combustible en todas las pruebas
de colisiones. En otras palabras, el niño de Brasil cuya
familia jamás pudo comprarse un coche –y mucho menos
un Porsche–, vive ahora “estampando” coches
contra las paredes, algunos de ellos de más de 100.000
euros.
Morozini pasará los próximos dos años
cursando el Global Executive MBA del IESE, diseñado para
directivos expertos y exitosos como él. El diseño
del programa permite combinar el estudio con el exigente y ajetreado
estilo de vida de un ejecutivo, sin perder por ello la estructura
de comunidad y el apoyo de un MBA a tiempo completo. Desde el
IESE se reconoce que los participantes, atareados y cansados por
el jet-lag, prestan poca atención en clase, son incapaces
de aprovechar al máximo el tiempo que no están en
la oficina, y no aplican lo que aprenden en clase. Por esta razón,
el programa se desarrolla a lo largo de 16 meses. Comprende siete
módulos residenciales de dos semanas en Barcelona, Silicon
Valley y Shanghai, con el fin de ampliar la visión global
de los participantes y de proporcionarles el tiempo necesario
para centrarse en aprender y entablar relaciones con sus profesores
y compañeros. El programa libera las semanas anterior y
posterior a cada módulo, para que los participantes puedan
preparar su ausencia de la oficina y ponerse al día, respectivamente.
Entre estos módulos residenciales, los participantes estudian
a distancia. Este planteamiento flexible es la clave para atraer
a participantes de alta calidad procedentes de todo el mundo.
«La posibilidad de combinar un MBA de primera
fila sin interrumpir mi trabajo actual en Porsche, fue clave en
mi decisión de solicitar plaza en el Global Executive MBA
del IESE. De esta manera puedo estudiar, al tiempo que desarrollo
las facetas técnica y ejecutiva inherentes a mi trabajo
actual», asegura Morozini, acostumbrado a combinar las responsabilidades
académicas y laborales.
Auténticamente internacional
Compatibilizar los estudios del MBA y un trabajo
a tiempo completo resulta relativamente sencillo comparado con
el horario que llevaba a los 20 años en Brasil. Se levantaba
al alba para cumplir con sus dos horas de servicio militar obligatorio,
trabajaba un turno de ocho horas en la planta de Volkswagen y
asistía tres horas a la escuela nocturna, situada a 80
kilómetros de su casa. Dedicaba los sábados a sus
obligaciones militares y escolares, y las vacaciones de verano
a viajar, para ampliar horizontes. Encontró tiempo hasta
para estudiar inglés. Tras siete años de duro trabajo,
recibió su título de ingeniería industrial,
especializado en mecánica.
Durante una de sus “excursiones” al
extranjero en 1992, cuando había vendido todo para financiarse
el viaje a España, la firma de Volkswagen en Barcelona,
Seat, se fijó en él. Terminó trabajando allí
seis años, llegando a ser el ingeniero jefe de pruebas
de colisión. Diseñó y desarrolló,
entre otras cosas, el airbag integrado (no visible) en la puerta
de pasajero del modelo Ibiza, y el sistema de absorción
de impacto lateral para el Toledo.
Realizando este proyecto colaboró con los
ingenieros de Porsche, que en 1998 le ofrecieron la posibilidad
de asumir la responsabilidad total de la seguridad en el proyecto
de desarrollo del nuevo todoterreno de Porsche. Lo cogió
al vuelo. «Era una oferta que no podía rechazar.
Como empezábamos desde cero, tenía ante mí
un reto y la oportunidad de mostrar mi creatividad.» Gracias
a ello, también pudo aprovechar la oportunidad de añadir
el alemán a la lista de los cinco idiomas que habla.
Con un perfil tan internacional, Morozini buscaba
un programa de MBA. «El Global Executive MBA del IESE me
impresionó por su internacionalidad. El concepto de un
campus internacional que se extiende a tres continentes –Europa,
Asia y Norteamérica–, con estudiantes procedentes
de 18 países, demuestra que la expresión “internacionalidad”
no es sólo un clisé, sino una experiencia real y
cotidiana.»
La dimensión ética
Otro aspecto importante para Morozini fue el énfasis
que pone el IESE en los valores humanos y éticos indispensables
para el desarrollo humano, la sostenibilidad corporativa y la
responsabilidad social. «El objetivo de un buen ejecutivo
debería ser alcanzar un marco de actuación que permitiese
equilibrar los objetivos económicos y la inclusión
social», dice, añadiendo que él está
muy motivado por su fe cristiana. «Creo que los negocios
no son un fin en sí mismos, sino un medio para crear desarrollo
y erradicar la pobreza. Tengo un gran interés por el impacto
social de las decisiones empresariales, especialmente de las que
afectan a los niños.»
Para este fin, Morozini dedica sus vacaciones y
mucho de su tiempo libre a enmendar la lamentable historia de
inseguridad infantil de su país. Según Safe Kids
Worldwide, una red global de organizaciones dedicada a la prevención
de daños infantiles no intencionados, una de las mayores
causas de muerte de niños menores de 14 años en
Brasil son los accidentes de coche. «Las estadísticas
muestran que aproximadamente 1.500 niños mueren cada año
a causa de accidentes de tráfico, y que 160 arrastran toda
su vida complicaciones de salud», dice Morozini. Resulta
escalofriante comparar estas cifras con los 40 niños menores
de 11 años que mueren anualmente en accidentes automovilísticos
en un país europeo como Reino Unido.
«Como experto en seguridad y padre de un niño de
tres años, no puedo escapar de estas estadísticas.
Mi sueño es utilizar mi preparación técnica
para promover la democratización del conocimiento en las
comunidades pobres, y ayudar a reducir las muertes de niños
en accidentes de coche.»
El primer paso fue la organización del Forum
on Child Safety, celebrado el año pasado en Sao Paulo.
El Secretario de Transporte de Brasil asistió al acto,
que incluyó participaciones de expertos en educación,
salud e ingeniería, para discutir asuntos relacionados
con la seguridad infantil.
Además, Morozini está coordinando
un equipo de trabajo de España, Brasil y Alemania para
desarrollar un asiento infantil para coches asequible para prácticamente
todos los padres brasileños. Según Morozini, un
asiento infantil importado estándar para coche supone aproximadamente
dos meses de la paga media de una familia brasileña. Además,
según Safe Kids Worldwide, las leyes brasileñas
no exigen adecuadamente que los niños deban ir en asientos
especiales. Morozini está buscando vías para desarrollar
un producto autóctono que utilice fibras naturales más
baratas –como la del coco, proveniente del Amazonas–,
sin sacrificar ningún aspecto de seguridad. En la actualidad,
este filantrópico proyecto ha topado con un muro debido
a la falta de fondos.
«Este programa me ayudará a desarrollar
mis capacidades»
Además de su preocupación por la dimensión
ética de los negocios y las prácticas directivas,
la decisión de Morozini de solicitar plaza en el Global
Executive MBA del IESE estaba basada en la posibilidad de desarrollar
su perfil profesional. «Hasta ahora, la mayor parte de mis
capacidades eran técnicas –dice Morozini–.
El Global Executive MBA me ofrecerá la posibilidad de ampliar
el conjunto de mis herramientas directivas y me pondrá
casos y situaciones diferentes de las que experimento habitualmente
en mi trabajo.»
«Me parece que este programa me ayudará
a desarrollar una base amplia de capacidades necesarias para dirigir
mejor equipos multinacionales. Además, estoy seguro de
que la sinergia con mis compañeros y profesores me dará
la posibilidad de ampliar mi red de contactos con diferentes compañías
y proyectos.»
Para Morozini, el Global Executive MBA del
IESE suponía «la combinación perfecta entre
mis necesidades personales y profesionales y el programa mismo».
Para este emprendedor ingeniero cuya carrera parece haber acelerado
de 0 a 100 en un abrir y cerrar de ojos, parece que el Global
Executive MBA del IESE le va a asegurar una conducción
tranquila hacia el futuro.
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