Cómo introducir
los criterios éticos en la toma de decisiones
¿Por qué no es fácil
ser ético?
En muchas ocasiones se toman decisiones
y omisiones que, examinadas “en frío”, son
incomprensibles, sobre todo cuando sus protagonistas son personas
que procuran conducirse según una serie de principios sólidos.
¿Por qué resulta tan difícil ser ético?
Leí una vez una frase lapidaria de un
directivo norteamericano: «La mayoría de los actos
inmorales que he visto cometer en los negocios los llevaron a
cabo personas fundamentalmente honestas». Y debe ser verdad.
La gran mayoría de los directivos son, probablemente, personas
decentes y honradas en su vida privada, y tratan de serlo también
en la empresa. Pero toman decisiones inmorales, quizá graves
–y, a menudo, sin una conciencia clara de lo que están
haciendo.
¿Por qué se producen esos fallos
morales? Hay razones personales: falta de “fibra moral”
(valores), sobre todo cuando las personas están dominadas
por fines parciales (dinero, reputación, poder...); falta
de formación moral (criterios o principios), que da lugar
a personas incapaces de reconocer lo que es bueno y lo que es
malo; debilidad de la voluntad (falta de virtudes)... Pero también
hay fallos en la organización que llevan a las personas
a comportarse de manera inmoral: las presiones de la situación
(la competencia, el mercado, la cuenta de resultados); la urgencia
en la consecución de resultados (cuando el jefe exige el
cumplimiento de los objetivos, sin importar los medios); la tiranía
del corto plazo, o el crecimiento del negocio cuando la estructura
no se ajusta a tiempo.
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