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Cómo introducir los criterios éticos en la toma de decisiones
¿Por qué no es fácil ser ético?


En muchas ocasiones se toman decisiones y omisiones que, examinadas “en frío”, son incomprensibles, sobre todo cuando sus protagonistas son personas que procuran conducirse según una serie de principios sólidos. ¿Por qué resulta tan difícil ser ético?


Leí una vez una frase lapidaria de un directivo norteamericano: «La mayoría de los actos inmorales que he visto cometer en los negocios los llevaron a cabo personas fundamentalmente honestas». Y debe ser verdad. La gran mayoría de los directivos son, probablemente, personas decentes y honradas en su vida privada, y tratan de serlo también en la empresa. Pero toman decisiones inmorales, quizá graves –y, a menudo, sin una conciencia clara de lo que están haciendo.

¿Por qué se producen esos fallos morales? Hay razones personales: falta de “fibra moral” (valores), sobre todo cuando las personas están dominadas por fines parciales (dinero, reputación, poder...); falta de formación moral (criterios o principios), que da lugar a personas incapaces de reconocer lo que es bueno y lo que es malo; debilidad de la voluntad (falta de virtudes)... Pero también hay fallos en la organización que llevan a las personas a comportarse de manera inmoral: las presiones de la situación (la competencia, el mercado, la cuenta de resultados); la urgencia en la consecución de resultados (cuando el jefe exige el cumplimiento de los objetivos, sin importar los medios); la tiranía del corto plazo, o el crecimiento del negocio cuando la estructura no se ajusta a tiempo.


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Antonio Argandoña
Profesor Ordinario, IESE
Economía
argandona@iese.edu