Robert Selander,
presidente de MasterCard, participó en las Key Note Speaker
Series
El ”impagable” cambio de MasterCard
Robert Selander, consejero delegado y presidente de MasterCard,
participó en la serie de conferencias que organiza el Programa
MBA del IESE. Selander analizó la evolución de su
marca, que ha logrado situarse entre las líderes gracias
a una acertada campaña publicitaria.
«Hay cosas que no se pueden comprar con dinero»,
sentencia el lema de la campaña de MasterdCard. Para su
consejero delegado, Robert Selander, un gran reconocimiento de
marca es una de esas “cosas”. Con un presupuesto anual
para publicidad de 360.000 millones de dólares, para Selander
revitalizar la marca MasterCard y elevar su posición en
el sector global de pagos, no tiene precio.
El lema de MasterCard ha convertido a su tarjeta
–alguna vez considerada como “la otra”–
en uno de los mayores jugadores globales. Esta metamorfosis fue
analizada con detalle por Robert Selander en una conferencia de
las Keynote Speaker Series del IESE.
Poco después de su nombramiento, en 1997,
Selander se percató de que MasterCard necesitaba urgentemente
un reposicionamiento total. Había ido reduciendo su cuota
de mercado durante diez años. Carecía del prestigio
de Visa y American Express. Al contrario, su imagen de marca era
“fragmentada, vulgar y genérica”. Se requería,
urgentemente, un planteamiento nuevo, «que captase los corazones,
las cabezas y las carteras de los clientes», aseguró
Selander ante un concurrido auditorio de estudiantes del MBA del
IESE.
«Adoptamos una estrategia simple y directa,
que puede resumirse en tres frases: atención a los consumidores
como centro de todo lo que hacemos; mejora de nuestros servicios
esenciales, y diferenciación mediante servicios y soluciones
individualizadas.»
Para diferenciar MasterCard de la imagen de “consumo
patente y materialismo” cultivada en los anuncios de sus
competidores, Visa y American Express, MasterCard optó
por centrarse en “las compras cotidianas”. «Nos
basamos en la idea de que lo importante no son las compras aisladas,
sino las experiencias del individuo.» Así, en vez
de mostrar aristócratas y millonarios alardeando de su
tarjeta ante la cámara, el “impagable” anuncio
de MasterCard mostraba un padre y un hijo fortaleciendo su vínculo
al asistir a un partido de béisbol.
Estos valores familiares entrañables tocaron
el corazón de la gente, al destacar que las mejores cosas
de la vida son gratuitas. Al mismo tiempo, alimentaron la conversión
de la compañía en una empresa de varios miles de
millones de dólares, registrada en la SEC. Los 645 millones
de tarjetas MasterCard en circulación son aceptadas en
24 millones de lugares de todo el mundo, consiguiendo que Mastercard
«se utilice en más países que en los que se
puede comprar una Coca-Cola», presumió Selander.
«El nivel de sofisticación es tal hoy en día
que podemos medir cuántos dólares de gasto con la
tarjeta se han producido por cada dólar invertido en publicidad.»
La escena de cada anuncio puede cambiar (fútbol,
en Brasil; cricket, en India; hockey, en Canadá), pero
el mensaje fundamental es el mismo en los 99 países y 47
idiomas donde se muestran los anuncios de “no tiene precio”.
Al calibrar hasta qué punto se habría de ajustar
la campaña internacional para tomar en cuenta los gustos
y costumbres locales, Selander señaló: «Supusimos
que somos más parecidos que diferentes, que las cosas que
tenemos en común son más numerosas que las que nos
separan. Nuestros anuncios abarcan culturas, geografías
e idiomas diversos».
Este planteamiento universal ha resultado tan exitoso
que Selander aseguró que «todas las nuevas promociones
tienen que trabajar con “no tiene precio” en vez de
a la inversa. Y suponiendo que tengamos una respuesta positiva
del mercado, pensamos mantener en marcha la campaña “no
tiene precio” unos años más. Creemos que tiene
“patas”».
El director general de IESE, Jordi Canals,
alabó «esta estrategia global, que combina la tecnología
con el marketing y la innovación».
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