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Pedro Nueno, presidente ejecutivo de la CEIBS, en su X aniversario
Hablemos de China

Siete años es el tiempo que Pedro Nueno tiene previsto haber dedicado en el momento de su jubilación a la CEIBS. Alrededor de una mesa, el actual presidente ejecutivo de la China Europe Business School explica por qué se lanzó, en la China de los ochenta, a montar una escuela de negocios.

Si quiere despertar una sonrisa en Pedro Nueno, háblele de China. El país asiático le ha robado el corazón. Ya son veinte años los que lleva embarcado en un proyecto que le ha costado tiempo y dedicación y que no le ha reportado beneficios económicos. Y de eso habla, de su trabajo por sacar adelante un proyecto imposible que ahora cuenta con un campus de 40.000 metros cuadrados, 8.000 alumnos anuales y aparece en los rankings por delante de escuelas americanas de primera línea.

En el acto de imposición de la Gran Cruz del Orden del Mérito Civil a Alfredo Pastor, explicaba que la CEIBS comenzó como los chistes...
...con un inglés, un español, un francés, un italiano... Éramos algunos de los que estábamos en la European Foundation for Management Development (EFMD), institución de la que yo era vicepresidente ejecutivo. Recuerdo, entre otros, a Maurice Saias, Claudio Dematte... Viendo cómo estaba el mundo entonces –hablo de 1983 o 1984–, comentamos que China llevaba cuatro años de apertura y nos planteamos la posibilidad de hacer alguna cosa en aquel país. Decidimos tantear el terreno y consideramos la posibilidad de llevar el management europeo a China. En aquel grupo, yo era uno más. Tal vez he sido la continuidad, el que sigue allí después de más de veinte años, pero desde el principio ha sido un proyecto internacional, abierto, y un trabajo en equipo.

¿Cómo se concretó esta idea de llevar a China el management europeo?
En 1984 lanzamos un programa MBA en Beijing. No era la CEIBS, sino el CEMI. Era un MBA, de dos años, pero funcionó. Constituimos un consejo académico, del que yo era presidente y en el que estaban representadas las escuelas líderes europeas, como INSEAD, London Business School, el IESE, Bocconi o IMD... Buscamos profesores que estuvieran interesados en el proyecto, en colaborar dando clases. Del IESE, el primero que se interesó, aunque no el único, fue Jaume Ribera, que ya estuvo en aquella primera fase.

Al comprobar que aquel “invento” iba bien, decidimos crecer, pero en Beijing el ritmo era muy lento, de modo que buscamos un nuevo socio que nos permitiera desarrollarnos todo lo que pudiéramos. El Gobierno de Shanghai mostró gran interés. Obtuvimos el apoyo de la Unión Europea y se creó una nueva escuela, la CEIBS, que se organizó como una joint venture entre la efmd y una universidad de Shanghai, la Jiaotong University.

Y a crecer...
Sí. En noviembre de 1994 se presentó la escuela. Todavía no contábamos con ningún empleado, pero conseguimos empezar en enero de 1995 con un programa MBA. Lo hicimos realquilados en las instalaciones de la Universidad de Jiaotong, aunque diseñamos rápidamente el proyecto de nuestro campus, muy ambicioso, con un arquitecto muy prestigioso: Pei. Pei es el autor, entre otras muchas obras, de la pirámide del Louvre. Hoy, el campus está acabado: 40.000 metros cuadrados y unas instalaciones muy completas que pocas escuelas tienen.

Un joven español llamado Pedro en la catedral del management

Hasta hace unas semanas, usted presidía el consejo académico. Ahora es presidente ejecutivo. ¿Qué motivos le llevaron en su día a implicarse en el proyecto?
Cuando, a principios de los años setenta, hice el doctorado en Harvard, pude conocer a gente a la que llegué a admirar profundamente, por lo que eran, habían hecho y por el modo de acogerme. Para mí, Harvard era la catedral del management, y allí, yo no era nadie. Además de no ser nadie, era muy joven, español y, encima, me llamaba Pedro. Podía haber sido perfectamente un camarero de Harvard Square, y, sin embargo, me trataron muy bien. Conocí a profesores como George Doriot o Frank Folts. Folts, por ejemplo, dirigió el esfuerzo de formación de gestores industriales en el que colaboró Harvard durante la segunda guerra mundial. Después, lanzó los programas para directivos en su escuela. También había ayudado a organizar escuelas en Europa –estuvo en el IESE–, Centroamérica y Japón. Por su parte, George Doriot había colaborado en la fundación de INSEAD. Lo que me impactó de todas aquellas iniciativas es que no las hacían con ánimo de lucro, sino por el convencimiento de que desde su posición de profesores de Harvard podían contribuir a tender puentes para impulsar el desarrollo y la paz, de modo que hice mío ese ideal de donar mi tiempo y mi esfuerzo a un proyecto como la CEIBS.

En su caso, ¿en qué se ha traducido esta donación?
Mi objetivo es haber donado, en el momento de mi jubilación, el 10% de mi vida a fondo perdido, para ayudar a promover escuelas de negocios en el mundo. De momento, creo que he dedicado cuatro o cinco años, por lo que, si al principio no le dediqué tanto tiempo, ahora debo hacer un esfuerzo. Ésta es mi contribución sin coste. De todos modos, existe otro motivo, tal vez más “egoísta”: aprender. Muchos profesores del IESE han contribuido a crear escuelas en otros países. Ésta es una verdadera experiencia internacional, porque no es lo mismo simplemente impartir clase en una escuela de Latinoamérica, África o Asia que ayudar a crearla y organizarla, obtener fondos, diseñar los programas más adecuados a las necesidades de cada zona... Y China tuvo para mí el atractivo de aprender a conocer el entorno contribuyendo a crear una escuela.

En el IESE se han impulsado estas iniciativas en muchos lugares del mundo. Sin embargo, en el caso de la CEIBS, el IESE no ha estado como tal detrás del proyecto, aunque siempre ha facilitado que sus profesores pudiéramos ayudar al desarrollo de la escuela. Y entre el grupo de docentes del IESE, algunos han sido claves en su historia, como Alfredo Pastor, que ha dirigido la escuela durante los últimos tres años, viviendo allí, y le ha dado un fuerte impulso. Además de profesores del IESE, podría citarte otros cincuenta nombres de personas clave en la historia de la escuela: su primer decano, Joachim Frohm, al que fichamos en enero de 1995 y que empezó desde cero; Gareth Dyas, que había sido el director del MBA de INSEAD y que diseñó un programa MBA, al igual que Jaume Ribera...

¿De dónde ha sacado tiempo y fuerzas para continuar al frente de la CEIBS, con viajes continuos, manteniendo su ritmo de clases en el IESE...?
Pocas vacaciones, pocos fines de semana, pocos puentes. Esto ha sido mi vida, hasta ahora lo he aguantado y mi familia lo ha entendido, porque comprende la importancia y envergadura del proyecto. Tanto mi mujer como mis hijos han estado en el CEIBS y conocen bien la situación y el desarrollo de China.

China y el mundo

Da la impresión de que en Occidente muchos se han despertado tarde con China y parecen haber descubierto hace poco la potencia de su economía.
Es cierto que hay gente que parece sorprendida de que China esté funcionando. De vez en cuando todavía me encuentro con alguien que me comenta: “Esto de China funciona, ¿no?”. Y yo les contesto que “esto de China” lleva más de veinte años funcionando. En Estados Unidos también sucede. Basta ver la sorpresa que ha supuesto que Lenovo comprara la división de ordenadores personales a IBM... En este sentido, el dean de una de las escuelas más destacadas en los rankings me comentaba recientemente que no se explicaba cómo sus profesores no se volvían locos por hacer algo en China. Esto no sucede en el IESE, donde contamos con mucho más conocimiento de China que muchos profesores de escuelas estadounidenses.

Desde un punto de vista político, ¿hacia dónde se dirige China?
China evoluciona hacia lo que ellos llaman economía social de mercado, una economía de mercado en la que algunos aspectos sociales son importantes: que todo el mundo tenga unos mínimos. A mí me recuerda a la Europa de los años sesenta, con una fuerte intervención del Estado, el proceso de construcción de un estado del bienestar, diferenciado de un planteamiento americano. Este planteamiento humanista de la economía lo comparten los responsables de la economía china, y en esta dirección van. Lógicamente, se enfrentan a los desequilibrios que se producen en un país pobre que está dejando de serlo, con unas zonas que crecen al 15% y otras al 3%.

¿Existe el riesgo de que el país sufra algún tipo de convulsión que ponga en riesgo su estabilidad?
No lo creo. Los chinos tienen ahorros importantes. Tienen grandes aspiraciones. Creen que el progreso económico les permitirá alcanzar esas aspiraciones. No se van a jugar todo eso. Es una situación parecida a la que vivimos en España durante la transición.

«Hay vida después de China (para Europa)»

En Europa, ¿tenemos motivos para tener miedo de la fuerza de China?
La edad, la experiencia y los viajes te facilitan cierta perspectiva. Y creo que con China puede suceder algo parecido a lo sucedido con Japón años atrás. Japón revolucionó la automoción o lanzó sus marcas de electrónica de consumo al mundo entero vendiendo productos de primera calidad. Aquí hubo mucha gente que pensaba que Japón nos sacaba de la pista, pero en los noventa, en Europa habíamos aprendido y digerido lo que podía aportar el sistema industrial japonés. Y Japón cometió algunos errores, perdió su ventaja competitiva y lleva quince años recuperándose de sus deudas.

En el caso de China, creo que pasará algo parecido. A medida que China mejore su sanidad, sus pensiones, su estado del bienestar, con 700 millones de personas trabajando en sectores industriales, tendrá que enfrentarse a desequilibrios, que tendrán un coste que repercutirá, por ejemplo, en la mano de obra. En Europa tenemos una competitividad razonable y puntos de mejora identificados. Ellos encarecerán sus costes, de modo que podremos llegar a una situación de cierto equilibrio: unos sectores mantendrán en China su ventaja competitiva y otros la mantendrán aquí. Por eso me gusta pensar que “hay vida después de China”.

El IESE y la CEIBS

¿Qué relación existe actualmente entre el IESE y la CEIBS?
No hay duda de que existe una relación particular, porque algunos profesores del IESE hemos dedicado mucho tiempo a la CEIBS. Algunos de nosotros hemos jugado un papel importante y lo tenemos en la actualidad: desde Jaume Ribera, que va a allí desde el principio, Alfredo Pastor, que es profesor y ha sido el decano, o yo mismo, que ahora soy su presidente ejecutivo. Por eso es lógico que entre el IESE y la CEIBS exista una excelente relación.

Pedro Nueno, profesor del IESE

Usted inició su carrera en el IESE. ¿Qué le debe a la escuela?
Al IESE le debo todo, porque me ha permitido desarrollar una carrera profesional muy extraña, pero de la que estoy plenamente satisfecho. Y algo que me gusta subrayar: en esta casa siempre me he sentido libre. Siempre he actuado con la máxima libertad. Otras escuelas han puesto trabas a sus profesores cuando querían dar clases en la CEIBS, por ejemplo, mientras que el IESE nunca lo ha hecho con los suyos. Estoy convencido de que todos los profesores del IESE que han querido ir a la CEIBS han podido hacerlo.

Por mi parte, yo he procurado aportar al IESE mucho trabajo, muchas ideas. He soportado la presión propia de lanzar algunos proyectos. Y creo que siempre he sido fiel a esta casa y a su director general. Pero, como siempre hemos enseñado en esta casa, muchas de las cosas que hemos logrado son fruto del trabajo en equipo. He tenido la suerte de trabajar en equipos compuestos por profesionales excepcionales y muy sacrificados, con los que hemos sacado adelante muchos proyectos.



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