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Homenaje al profesor Josep Faus con motivo de su jubilación

Curiosidad, tenacidad y rigor

Es un genio. Así lo piensan sus amigos. Podría haber sido profesor de la Harvard Business School, en la que batió récords con su doctorado. Es uno de los micólogos más expertos del país. Cuando se lo propuso, pescó 150 kilos en Comarruga y provocó las iras de más un profesional. Juega al golf, toca la flauta, “sabe” de finanzas...

¿QDesde Puigcerdà contestó alguno de los correos electrónicos, en plena ola de frío siberiano: «Podemos hablar cuando vuelva a Barcelona. Aquí estamos a 10º bajo cero y se me congelan las ideas». De acuerdo. En Barcelona, aunque hace también frío, siempre se está mejor que en el corazón del Pirineo, de modo que el profesor Faus no duda en volver la vista atrás y recordar con sus mejores amigos algunos de los mejores momentos pasados en el IESE.

Cuando hablan de él, lo llaman Faus. Pero algunos de ellos, como Antoni Subirà o Josep Riverola, lo conocen desde hace mucho, mucho tiempo (de verdad, mucho). Han compartido horas de despacho, ordenadores... Fueron algunos de los pioneros de la informática. Coincidieron en Estados Unidos. Han montado algunas de las fiestas más sonadas del IESE. Y han visto crecer al Faus experto en pesca, micología, golf o esquí, además de, por supuesto, finanzas, análisis cuantitativo de decisiones o de cualquier cosa que se haya propuesto. «Cuando Faus se plantea un desafío, hace lo posible para que deje de serlo, llega hasta el final, hasta que domina el tema completamente», explica el profesor Riverola.

De setas, golf y pesca

«Vamos a ver, profesor –le comentaban un día. No logro entender cómo se puede ser un micólogo experto, o un profesional de la pesca, y superar en conocimientos a quienes se han pasado toda una vida dedicados al tema.» Faus se encoge de hombros. «Bueno –contesta–, es divertido.» Uno de los hallazgos legendarios de este profesor es el descubrimiento de una nueva especie de seta. «No es del todo cierto. Sólo descubrí algunos ejemplares de dos especies rarísimas, una encontrada en Francia y otra en Japón cincuenta años después, y en otros países, pero nunca en Europa. Durante un tiempo se pensó que era la misma, pero tuve la suerte de encontrar una y otra en Valldoreix –una en un felpudo–; con el microscopio las analicé, vi que no pertenecían a la misma especie, llevé el felpudo de mi casa a Madrid, para hablar allí con un catedrático de micología…» Al final, contactó con un micólogo escocés, describieron las diferencias entre las dos especies en un journal, de modo que Faus se hizo un nombre en el sector y pasó a ser un micólogo de referencia.

Faus y Tàpies, Josep los dos, se encontraban un día trabajando en el despacho de Tàpies, que entonces estaba en el tercer piso del Edificio B y daba a la entrada del IESE. Aprovecharon un momento para hablar de setas. «Faus me dijo: “Mira, allí hay un pinatell”. Yo miré por la ventana y vi uno de los faroles en forma de seta que entonces había en aquel trozo de jardín y creía que me estaba tomando el pelo. Pero insistió: “No, hombre, no, diez metros más atrás.” Efectivamente, allí había algo parecido a una seta, pero era complicado desde un tercer piso distinguir a qué especie pertenecía. Tal cual, bajamos a buscarla. La secretaria de Faus le detuvo para intentar pasarle una llamada, pero él le dijo: “Dígale que el profesor Tàpies y yo hemos ido a buscar setas y que ya le llamaré, por favor.” Y así fue. Comprobamos que era un pinatell, lo cogimos, volvimos al despacho y Faus se fue a contestar la llamada.»

Arruinando a las cofradías de pesca

Así es Faus. «Tiene una inteligencia privilegiada –explica el profesor Antoni Subirà. Y es capaz de hacer sencillas las cosas más complicadas.» Al igual que con las setas, «se enfrenta a los retos con una mezcla de curiosidad y afán de divertirse –señala Antoni Subirà–, hasta descubrir los secretos más profundos y quedarse con la esencia de cada tema. Que te cuente lo de la pesca. Casi arruina a los pescadores de Comarruga».

Cuando a Faus se le interroga sobre el tema de la pesca, salta con un: «¡Nada, como a todo el mundo, de vez en cuando iba a pescar…!». Pero, rascando un poco, confiesa: «Un día saqué 150 kilos de pescado». Para llegar a eso, estudió las temperaturas del agua a distintos niveles, perfeccionó redes y palangres…

El golf ha sido, tal vez, una de las aficiones que más se le han resistido. «Cuando Faus entra en un tema –señala el profesor Josep Tàpies–, si no consigue que salga perfecto, no sirve. Y el golf le ha supuesto más esfuerzo que otras aficiones, pero eso no quiere decir que juegue mal, más bien lo contrario. Recuerdo una vez que me invitó a jugar en Puigcerdà, él jugaba y yo perdía bolas.»

Los récords de Faus

Cuando un día alguien le comentó que había publicado en journals más artículos especializados sobre micología que sobre management, decidió poner remedio. «Pedí un año sabático –explica Faus. Y decidí enfocar las finanzas como hobby –bromea.» Y para que no quedara duda, «escribió ¡nueve libros! –asegura Josep Riverola».

Hace unos años –no muchos– recibió una carta del director del Programa Doctoral de la Harvard Business School. En ella, el profesor norteamericano le manifestaba su admiración por el hecho de que hubiera realizado todo el programa en un tiempo récord: once meses.

Faus fue el primer profesor del IESE que se doctoró en Estados Unidos. De aquella época, el grupo de profesores del IESE que estudiaba en Boston conserva muchos recuerdos. «Algunos días quedaba con Faus para cenar –recuerda Antoni Subirà. Lo pasaba a recoger por el centro de cálculo y aparecía por la puerta completamente concentrado. Hasta que no pasaban algunos minutos, Faus no “volvía a la tierra”. Se veía en seguida que su cabeza estaba todavía trabajando a pleno ritmo.»

Conoció el IESE a través de Rafael Termes. Fue en los meses previos al comienzo del primer programa, el PADE. «Entonces me pidió que le ayudara a elaborar un caso sobre finanzas –continúa el propio Faus–, porque el material que tenía se refería a sistemas financieros muy diferentes del que teníamos aquí.» Uno de los primeros casos de la escuela, “Industrias Soriano”. Poco después llegó el archiconocido “Rius y Camps”.

Tiempo después, en 1960, Faus se incorporó al claustro del IESE, se fue a Harvard para participar, al igual que otros profesores, en el International Teachers Program (ITP). Entabló relación con el profesor de la HBS Howard Raiffa, especialista en análisis cuantitativo de decisiones, y participó en un curso del Programa MBA y en un seminario especializado en esta área.

Raiffa quiso entonces quedarse con él y le propuso hacer el doctorado, aunque ya se había cerrado el plazo de inscripción. «Me dijo: “No hay problema”. Y nos fuimos a ver al director del Programa Doctoral. Raiffa le dijo: “Vengo a inscribir a Faus”. Y me inscribí, con dos meses de retraso», recuerda. Durante su segundo año en Boston, Faus ejerció de veterano del grupo de profesores del IESE que aterrizaban en Estados Unidos para estudiar.

Antoni Subirà recuerda cómo fue recibido una vez por un japonés a quien Faus había enseñado a felicitar las Navidades en catalán. «Decidimos quedar en Nochebuena. Cuando fui a recogerle con mi mujer, en la puerta de la residencia de estudiantes apareció un japonés que, con una inclinación, me “insultó” en perfecto catalán. Yo, ante la sorpresa de este recibimiento, agradecí el saludo con la mejor sonrisa que pude. Inmediatamente, vi aparecer a Faus tronchándose de risa detrás del cortés oriental. “Ya sabía yo que tenías madera de diplomático”, comentó.»

El “trío Surifa”

Subirà, Riverola y Faus (el trío “Surifa”, según el propio Faus) asesoraron al IESE en la compra del primer ordenador del IESE. En uno de los pasillos del Edificio B estaban concentrados los tres alrededor de la máquina. Fueron años de mucho trabajo, pero también de mucha diversión. «Cuando entrabas en aquel pasillo, podías escuchar la maquinaria de los cerebros trabajando –recuerda Josep Riverola. A veces, cuando en verano hacía un calor insoportable, tomábamos un descanso y organizábamos concursos de rapidez mental. “La inversión extranjera es buena para España”, por ejemplo. Defienda esta idea. Y Faus elaboraba un razonamiento que justificaba que era buena. Pero a continuación le pedías que defendiera la tesis opuesta y también lo hacía, con un planteamiento sin aparentes fisuras.»
Esta capacidad de argumentación y discusión se ha manifestado en su dominio del método del caso. Sin embargo, en una ocasión se enfrentó a una situación desconocida en el IESE: «No hace muchos años, en el MBA, empezamos a discutir un caso. Yo notaba algo raro. Le pedí el caso a un alumno. Y resulta que les habían distribuido la solución. Cuando me di cuenta, no sabía qué cara poner. Uno de los alumnos salió al quite: “Esto que nos han repartido, ¿para qué es? Porque no están los números y sí la solución. ¿Verdad, que mirando la solución, podemos sacar los números?”. Y yo contesté: “Exacto”. Y dedicamos toda la clase a obtener los números, porque el equipo de aquel alumno había discurrido de esta manera y lo habían trabajado así... Tuvimos discusión para la hora y cuarto.»

De ese pasillo en el que se oía “el ruido de los cerebros” surgió la idea de organizar un seminario para empresarios en el que se explicaba algo tan raro como lo que es un ordenador y para qué sirve. Fue el primero de España de este tipo. «Faus, Subirà y Riverola formaron una piña en el IESE –señala el profesor Masifern, cuñado de Faus. Siempre han sido muy amigos. Nada ni nadie ha roto aquella piña que se formó alrededor de aquel departamento de matemáticas.»

Profesor en la Harvard Business School

«Con Faus he compartido varias cosas –comenta el profesor Eduard Ballarín. Consultorías, viajes, una alopecia prematura... Bueno, esto no sé si se puede decir, pero es cierto. Tanto en su caso como en el mío, nos quedamos calvos muy jóvenes...» Ya en serio, Eduard Ballarín reconoce que uno de los motivos por los que decidió ir a Harvard para realizar su doctorado fue el prestigio del profesor Faus. «Pensé que, además de sus cualidades, la formación también habría tenido su papel para que el profesor Faus fuera así, de modo que decidí doctorarme en el mismo sitio.»

Sus amigos reconocen que tiene una gran facilidad para conectar con la gente. «Faus tiene empatía. Durante el año que dio clase en Harvard, obtuvo magníficas calificaciones de los estudiantes del MBA, impartiendo sesiones con el método del caso y en inglés.»

El profesor Ballarín abre de esta manera un nuevo capítulo: Faus en Harvard, pero esta vez como profesor. Le invitaron como profesor visitante, y allí se fue, con la intención de estar un curso académico, pero le llegó la propuesta de quedarse en la HBS como profesor ordinario.

«Uno de los profesores estaba de año sabático y me invitaron a sustituirle como profesor visitante durante un año –recuerda el propio Faus. Utilicé su despacho, dejó a mi disposición todos los materiales docentes... El coordinador de mi área me dijo que si quería quedarme, pero ya como full professor. Pero mi mujer y yo pensamos que no queríamos que nuestra familia fuera americana, que a nuestros hijos –que entonces eran muy pequeños– les gustara el béisbol en lugar del fútbol, de modo que regresé.»

Con la excepción de estos dos paréntesis en Harvard, Faus ha visto el IESE prácticamente desde sus inicios. Y ahora, aparcado el ritmo diario de clases, ¿a qué se dedicará? «Bueno, mantengo contactos con las empresas –reconoce–, la investigación y estoy escribiendo algunos casos.» Inasequible al desaliento, continúa cultivando sus “otras profesiones”. Ha dejado el esquí y se dedica a hacer excursiones con raquetas para la nieve. «Y según me comenta Margarita, su mujer, ya está estudiando todo lo estudiable sobre los diferentes tipos de raquetas», señala el profesor Masifern.

De momento, ahora que hemos descubierto que el “trío Surifa” toca la flauta, esperamos que se reúnan para poder asistir a un buen concierto.



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