| Entrevista
con Rolf-E. Breuer, presidente de Deustche Bank
Cuando la tenacidad triunfa
Deutsche Bank ha pasado de ser una institución alemana
a convertirse en uno de los proveedores de servicios financieros
líderes a escala mundial. Rolf-E Breuer, presidente de
Deustche Bank, analiza los hitos de este proceso de globalización.
Deutsche Bank ha cambiado más en los últimos
veinte años que en todo el siglo XX. Aquel banco alemán
para alemanes se ha convertido en un jugador global que opera
en 74 países de todo el mundo. Más de la mitad de
sus 66.000 empleados trabajan fuera de Alemania. El negocio del
banco también ha evolucionado. Además de los tradicionales
servicios comerciales, la entidad se ha convertido en uno de los
proveedores de servicios financieros líderes del mundo.
Durante el primer trimestre de 2005, Deutsche Bank
declaró unos ingresos netos de 1.100 millones de euros,
un 17% más que el ejercicio anterior. La mayor parte de
ese crecimiento en ingresos y beneficios se realiza fuera de Alemania,
lo que confirma el largo camino recorrido por el banco desde 1989,
cuando el 85% de sus ingresos procedía de Alemania.
¿Por qué
decidió Deutsche Bank cambiar drásticamente su cartera
de negocio y la naturaleza de su actividad?
Nos dimos cuenta de que nuestros clientes –particulares,
empresas y gobiernos– se interesaban cada vez más
por los mercados financieros y de capitales, además de
por el negocio tradicional de depósitos y créditos.
Los particulares tenían la impresión
de que había cosas más interesantes que una cuenta
de ahorros o de depósito, como, por ejemplo, la gestión
de tesorería o las acciones. Los clientes corporativos
percibían que la mera búsqueda de un préstamo
no era la vía más sofisticada: había soluciones
mejores, como entrar en los mercados financieros y realizar operaciones
de cobertura.
No se trataba de un reto para Deutsche Bank, era una tendencia
global. Pero en Alemania no estábamos preparados. No contábamos
con bancos de inversión, como en Estados Unidos y Reino
Unido, y no estábamos especializados en esta parte del
negocio. Obviamente, existían mercados financieros y de
capitales, pero constituían una actividad marginal que
no era percibida por la dirección como algo a expandir,
construir o en lo que invertir.
A finales de los ochenta –en 1989 para ser
más exactos– nos encontramos frente a la tesitura
de tomar una decisión fundamental: inclinarnos por una
mayor actividad en los mercados globales de capitales y en la
banca de inversión, o seguir siendo lo que éramos
y desarrollarnos en ese sentido. Y tomamos la decisión
de intentar ser un jugador global en el campo de la banca de inversión
internacional.
¿Hubo otros bancos
–en particular sus competidores– que afrontaran la
misma decisión?
Fuimos pioneros. Otros nos imitaron, pero con poco éxito.
No muchos lo consiguieron. Tiene usted un caso paralelo claro
en los bancos suizos. Lo consiguieron: tuvieron éxito y
por eso siguen en juego. Pero algunos bancos franceses, alemanes
y británicos lo intentaron y tuvieron que retirarse.
¿Cuáles
fueron los factores que condujeron al éxito a Deutsche
Bank?
La perseverancia. Fue un proceso largo, duró más
de diez años y siempre nos mantuvimos perseverantes con
nuestros objetivos. Para lograr algo, para alcanzar la meta, tienes
que ser perseverante: tienes que proseguir, sin desvincularte
o vacilar de tu decisión, porque hacerlo, reduciría
tu fortaleza.
Esta cualidad, ¿la inculcó
usted desde la dirección o es característica del
banco?
Sólo podía difundirse desde arriba, porque el escepticismo
estaba muy extendido en el banco, desde la dirección hasta
la base. Muchos aseguraban que aquello era muy arriesgado y caro,
y cuestionaban si tendríamos éxito y si era la politica
más apropiada de entre las posibles. Así que lo
debatimos con intensidad y lo impulsamos desde la dirección,
para asegurar así el desarrollo de la iniciativa. Obviamente,
siempre se puede pensar que se podría haber obrado mejor
o de modo diferente, pero al final fue importante haber mantenido
el rumbo.
Lo que hizo las cosas aún más difíciles
fue la evidencia de que no podíamos llevar a cabo nuestro
objetivo sólo con nuestros propios recursos. En Alemania
no existían bancos de inversión como en Reino Unido.
Nuestros leales competidores no los tenían, nuestras universidades
no enseñaban banca de inversión... No teníamos
tiempo para esperar y decidimos comprar en el extranjero.
Si el mercado alemán
hubiera sido diferente: ¿preferirían haberse quedado
en Alemania?
Sí. Nos expandimos en el extranjero por pura necesidad
y porque en Alemania no encontramos personas con la suficiente
formación. Comenzamos comprando Morgan Grenfell, un banco
comercial de Reino Unido.
Además de esta
tenacidad, ¿qué otras cualidades son necesarias
para convertirse en un líder en la banca? En particular,
¿qué cualidades son necesarias hoy tras los cambios
vividos?
Creo que el negocio de los mercados de capitales es distinto al
de la banca comercial, es decir, que se basa en la atracción
de depósitos y la concesión de créditos.
La volatilidad cotidiana de la banca de inversión requiere
perfiles diferentes, colegas diferentes, organizaciones diferentes.
Por ejemplo, la retribución y compensación es absolutamente
distinta de lo que solíamos ofrecer. Está relacionada
con el desempeño. Los ingresos fijos son muy pequeños,
pero si se rinde a alto nivel, el potencial de ganancia es superior.
Este modelo de compensación es completamente diferente
al que estaba acostumbrado el encargado de los créditos
o el responsable de particulares. De repente, el compañero
del despacho vecino, si le va bien, gana varias veces lo que del
departamento de créditos. Así que, en muchos aspectos,
éste es un mundo nuevo, en el que se enfrenta la plantilla
tradicional y las personas que se incorporan, sin experiencia
de la historia de Deutsche Bank. Están acostumbrados a
distintos modos de compensación y motivación, de
relación con los clientes y de concepción del negocio.
Ustedes son el Deutsche
Bank. Ser el buque insignia nacional, ¿ha ayudado o ha
frenado sus planes de expansión?
Ha ayudado. Cuando preguntas a cualquier persona en cualquier
lugar del mundo por qué no hace negocios con Deutsche Bank,
lo primero que considera es nuestro historial, especialmente en
casa. Si no disfrutas de la primera posición en tu mercado
doméstico, los extranjeros comenzarán a tener dudas
de si, en el exterior, aportas el suficiente valor para que te
consideren como un nuevo interlocutor. Así que la fortaleza
interna es uno de los prerrequisitos para ostentar una posición
de liderazgo global. No conozco entidad financiera que ostente
una posición de liderazgo global y no sea líder
en su mercado doméstico.
Alemania es una economía y un mercado importante en Europa,
que usted sea capaz de “aportar Alemania”, ¿apoya
su “propuesta de valor” en mercados como Estados Unidos
y Reino Unido?
Opera en los dos sentidos. Puede ayudar a que algunos clientes
particulares y corporativos penetren financieramente en Estados
Unidos pero también funciona en sentido contrario, en la
medida en que los americanos que desean hacer negocios e invertir
en Alemania buscan un socio financiero que disponga del saber
hacer y de una red de contactos locales que pueden ser de suma
importancia. Ayuda mucho contar con una marca que funciona en
los dos lados del Atlántico. Y Deutsche Bank es una marca
que funciona muy bien en Estados Unidos.
¿Puede pensar
en alguna desventaja?
En cierto sentido sufrimos cierta prensa crítica de vez
en cuando. Durante los últimos años, el desarrollo
de mi país se ha rezagado respecto a otros países
europeos. Obviamente, esta circunstancia no es un elemento comercial
muy bueno para el negocio. Sí, vienes de un país
en el que eres el líder, pero el país mismo no es
lo que solía ser... Ser el número uno de un país
depende, en cierta medida, de si ese país rinde o no.
Preparando la sucesión
¿Puede hablarnos
del proceso de sucesión por el que han pasado y compartir
con nosotros algunas pistas para los que estén pasando
por un proceso de sucesión o tengan que reflexionar sobre
él?
Se trata de una tarea y un proceso en constante ejecución,
en el que se debe estar permanentemente implicado. No es algo
que se comience en un momento determinado porque tengas uno o
dos colegas de edad avanzada que haya que reemplazar un año
después: ése es un mal modo de plantear la cuestión.
Hay que mantener constantemente la atención puesta en las
personas de gran potencial de la empresa y mantener un diálogo
continuo con ellos sobre cómo cultivar talentos específicos,
cómo optimizar los puntos flacos existentes y cómo
fortalecer los puntos fuertes. ¿Qué sería
lo mejor para darles un empujón adicional: enviarlos a
una escuela de negocios o a un Advanced Management Program? ¿Encargarles
un proyecto en el exterior durante un par de años? Aparte
de esta planificación de carrera y de este contacto sostenido,
debes favorecer una rotación por distintos puestos, para
que se hagan idea de las capacidades directivas, así como
de capacidades menos tangibles, como las emotivas y motivacionales.
Esto requerirá un tutor o mentor que actúe como
compañero de diálogo.
Después, llegado el momento, se debe presentar
el candidato a los colegas, para brindarle la oportunidad de darse
a conocer, en el marco de una presentación o seminario.
De esta manera habrá más gente, aparte de uno mismo,
que pueda enjuiciar al candidato. En el mejor de los casos se
establecerá un período sucesorio en el que el nuevo
líder y la persona en proceso de jubilación tendrán
la oportunidad de trabajar estrechamente, sin que se dé
un cambio abrupto de uno a otro. No obstante, si se comienza demasiado
pronto el proceso de transición y se les tiene trabajando
en paralelo un tiempo excesivo, uno de ellos se convertirá
por fuerza en un jugador suplente. O sea, que ha de darse una
mezcla de ambos extremos: un salto no demasiado abrupto, pero
que no dure, quizá, más de seis meses.
La ética empresarial
y la responsabilidad social son elementos nucleares del ethos
del IESE. ¿Cómo han respondido ustedes al interés
del público por la responsabilidad corporativa?
Es una necesidad absoluta. Hoy no se juzga a los líderes
por los hechos tangibles o por su rendimiento, sino también
por factores menos tangibles como: ¿qué has aportado
a la sociedad?, ¿qué has hecho para desarrollar
a tu gente? Debes ser abierto y abordar el tema. Tienes que mostrar
a los demás que haces lo que te corresponde, que estás
implicado personalmente y que te importa. No basta con firmar
cheques y decir que hagan con el dinero lo que les parezca conveniente.
Es importante que la empresa desarrolle un programa que muestre
que se está centrando en iniciativas de responsabilidad
social corporativa.
El abanico de responsabilidades que debe controlar
un líder es hoy mucho más amplio que hace unas décadas.
Se trata de algo nuevo, y es estupendo que esta escuela de negocios
lo esté enseñando. En mi época no había
nada, y teníamos que resolver los problemas a tientas.
Deutsche Bank se ha
unido a otras empresas alemanas para crear un fondo de compensación
para las víctimas del Holocausto. ¿Sería
éste un ejemplo de lo que hace falta hoy para que una empresa
actúe de modo responsable?
Ése es un muy buen ejemplo de algo en lo que he estado
muy involucrado. Lo vi venir. El debate [sobre la compensación
a las víctimas del Holocausto] había comenzado en
Suiza y, lamentablemente, los bancos suizos no se condujeron con
diligencia. Acabó siendo una batalla muy emotiva sobre
nuestras responsabilidades con respecto a las víctimas
y supervivientes nazis. En mi opinión, este debate no se
limitaría a Suiza, inexorablemente llegaría a Alemania,
a las empresas y bancos alemanes. Por lo que convenía estar
preparado.
Así que hicimos muchas cosas, especialmente
en investigación. Encomendamos una investigación
a fondo por parte de unos profesores de historia independientes
provenientes de Norteamérica y Alemania, entre otros países,
con el fin de indagar en la historia de Deutsche Bank durante
los años nazis. Resultaba vital que la investigación
fuese absolutamente neutral, que no camuflase nada que pudiera
surgir. No les encomendamos que dijeran únicamente lo favorable.
Queríamos descubrir la verdad y nada más, actitud
que está relacionada con la transparencia a la que me referí
anteriormente.
Cuando la cuestión llegó
finalmente a Alemania, estábamos preparados y demostramos
que habíamos hecho nuestros deberes. No todo fue bonito.
Algunos de los hallazgos resultaron embarazosos. Pero tuvimos
que decir: ésta es nuestra historia y tenemos que
aceptarla. Aunque éramos demasiado jóvenes para
haber estado implicados en ella, teníamos que estar dispuestos
a contribuir al esfuerzo general alemán de compensar lo
que se había hecho. Y teníamos que hacer algo rápido
por los supervivientes que les pudiese beneficiar, porque en ese
momento ya pasaban de los ochenta años de edad. Sabíamos
que había llegado el momento de hacer algo y que hacerlo
rápido era vital.
¿Cuál
ha sido su implicación en el lanzamiento del AMP-Munich
del IESE? ¿Por qué es tan importante esta región
alemana en la que también se ha estado fijando Deutsche
Bank?
Baviera es un estado muy interesante dentro de la República
Federal de Alemania. Es una red de sectores innovadores imbatida
en Alemania. Ser líder en un campo de desarrollo futuro
hace que esta región sea fértil para cualquier nueva
iniciativa, lo que, por supuesto, incluye iniciativas educativas.
Baviera se caracteriza por el Mittelstand, poblado fundamentalmente
por pequeñas y medianas empresas familiares, que representan
más del 90% de la economía alemana. Baviera está
también cerca de los países de la ampliación
y nuevos miembros de la Comunidad Europea, lo que permite relaciones
transfronterizas naturales si uno quiere expandirse, más
allá de las fronteras, hacia una Comunidad Europea en sentido
más amplio.
¿Qué valora usted de
su implicación con IESE Business School como miembro de
su International Advisory Board?
Admiro esta escuela. Es una de las mejores escuelas de negocios.
Con mi humilde contribución, quizá pueda mejorar
la educación de la generación actual y ayudar a
que estén mejor preparados para los retos de la vida empresarial.
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